Daniel Cortis

[Daniele Cortis]. Pro­tagonista de la novela de su nombre (v.), segunda de Antonio Fogazzaro (1842-1911). De sensibilidad delicada y, al mismo tiempo, enérgico, no se deja absorber por Elena (v.), de la que se ha enamorado tan profunda y generosamente que llega a encontrar en ella un obstáculo a su actividad política, social y nacional.

Gracias a que su razón, sometida a la fe religiosa, es más fuerte aún que su mismo e intensísimo sentimien­to, acaba renunciando a Elena, la cual, por estar casada, quedaría al margen de la ley social si se dejase llevar por aquel amor. El personaje es un reflejo de su autor, más como hombre de ideas que como hombre pasional. En la persona de Daniel Cortis, que en el transcurso de la novela es ele­gido diputado, Fogazzaro presenta su propia batalla política, augurando el advenimiento de una monarquía fuerte, capaz de atrevi­das reformas sociales sin la guía y tutela de las mayorías parlamentarias, y la ins­tauración de un Estado libre de todo víncu­lo con cualquier Iglesia pero convencido de que los problemas sociales no pueden afron­tarse debidamente sin la cooperación del sentimiento religioso, que en Italia sólo puede estar representado por la Iglesia Ca­tólica.

P. Nardi

Semanario del Nuevo Reino de Granada, Francisco José de Caldas

Fundado en Santa Fe de Bo­gotá en 1808 por el físico neogranadino Francisco José de Caldas, y clausurado en 1810. El Semanario del Nuevo Reino de Granada fue quizá la primera y más im­portante publicación científica de Hispano­américa al iniciarse el siglo XIX. Al lado de Caldas trabajó un grupo de hombres de estudio, unidos por su fe en la ciencia como ‘medio de progreso social de su Pa­tria y por la creencia en la fecundidad del método experimental como instrumento de investigación de la naturaleza, ideas que habían surgido de la expedición botánica dirigida por el sabio español José Celestino Mutis. Sus más destacados colaboradores fueron: Jorge Tadeo Lozano, Joaquín Camacho, Eloy Valenzuela, Frutos Joaquín Gutiérrez, José Fernández Madrid, Francis­co Antonio Ulloa, Mariano del Campo Larraondo y José Manuel Restrepo.

Se pu­blicaron en el Semanario numerosos ar­tículos de estadística demográfica, junto a pequeños ensayos sobre cuestiones educa­tivas y literarias; pero entre los trabajos que aún hoy siguen siendo fuentes indis­pensables para el estudio de la geografía, la historia y la sociología de Colombia en el siglo pasado, merecen citarse los si­guientes: «Estado de la geografía del Vi­rreinato de Santa Fe de Bogotá en relación con la economía y el comercio» y «El in­flujo del clima sobre los seres organizados», por Francisco José de Caldas; la «Memoria sobre las serpientes», Jorge Tadeo Lozano; «Ensayo sobre la geografía de Antioquia», José Manuel Restrepo; «Geografía de las plantas o cuadro físico de los Andes equi­nocciales», por Alejandro de Humboldt, tra­ducido por Jorge Tadeo Lozano y anotado por Caldas.

Suspendido en 1810 como pu­blicación periódica, los editores del Sema­nario, por iniciativa de Caldas, publicaron posteriormente once memorias sobre diver­sos temas de ciencias naturales y sociales.

J. Jaramillo Uribe

Arjuna

Nombre de un héroes indio cu­yas hazañas se celebran en el Mahābhārata (v.). Es el tercero de los Panduidas o hijos de Pāndu y Kuntī. Su principal ras­go es la magnanimidad, pero además es hombre valeroso, recto, generoso y su fi­gura destaca por encima de las de sus her­manos.

Precisamente por estas dotes, es el preferido del dios Krşna (v.). Arjuna da muerte a Bhīşma y a Karṇa, por astucia, hay que reconocerlo, pero esta astucia debe considerarse un medio lícito de guerra en un combate sin cuartel entre adversarios poderosísimos. Antes de la batalla decisiva entre los dos ejércitos de linajes consanguí­neos (ya que Panduidas y Kuruidas eran primos), Arjuna experimenta un profundo y delicado sentimiento de piedad, y parece estar más dispuesto a morir que a dar muerte; pero entonces se le aparece el divino Krşna y le dicta la palabra de la fe (v. Bhagavadgītā).

En las palabras del héroe resuena la voz de la conciencia hu­mana que se revela contra el mal, opo­niéndole las razones del corazón, la aspira­ción al bien y el amor hacia todas las criaturas. En él se reconocen en el más alto grado las virtudes de un valiente cru­zado: inteligencia, valor y suprema abne­gación por la causa que defiende, además de tener, como el piadoso Eneas (v.) de Virgilio, una consciente y ejemplar sumi­sión a la voluntad del hado.

A. M. Pizzagalli

Amata

Personaje de la Eneida (v.) de Virgilio. Es esposa del rey Latino (v.) y madre de Lavinia (v.), y por haber prometido su hija a Turno (v.), rey de los rútulos, ve con hostilidad a Eneas (v.), el nue­vo pretendiente extranjero; en realidad, Juno, enemiga de los troyanos, envía a Alecto para que enfurezca a Amata, la cual apostrofa a su marido recordándole la pro­mesa hecha a Turno; pero ello es inútil, y entonces Amata, arrebatada por las furias y semejante a una bacante, seguida por un cortejo de madres latinas, recorre la ciudad y los bosques, donde esconde a su hija diciendo consagrarla a Baco (la escena virgiliana se inspira en Las Bacantes, v., de Eurípides).

Más tarde, al ver que Eneas avanza hacia la ciudad, Amata, creyendo que Turno ha muerto ya, se suicida colgándose de una viga; según Servio, empero, Fabio Píctor narraba que se había dejado morir de hambre. Una tradición, en la que se mezclan nuevos motivos fabulosos, aña­de que Amata dio muerte a dos hijos suyos porque eran partidarios de Eneas. La crí­tica moderna, aunque no unánimemente, ve en Amata una hipóstasis de Vesta; según Gelio, Amata fue el nombre de la primera vestal.

A. Ronconi

Scherzos de Chopin

Bajo este título se conocen, sobre todo, cuatro composicio­nes para piano de Frydrik Franciszek Chopin (1810-1849): «Scherzo en si menor, op. 20» (1835); «Scherzo en si bemol menor, op. 31» (1838); «Scherzo en do sostenido menor, op. 39» (1840), y «Scherzo en mi mayor, op. 54» (1843). El título de «scher­zo» no se entiende como refiriéndose al carácter y a la estructura del «scherzo» de la forma-sonata tradicional: al «scherzo» de Chopin le podría también convenir el título de «Capricho» o de «Improvisación».

Su forma es libre y construida esencialmen­te sobre el contraste entre dos temas prin­cipales, que dan lugar a episodios en que son desarrollados alternativamente el ele­mento dinámico y brillante y el lírico y expresivo. El «Scherzo op. 20» se inicia «presto con fuoco», después de dos acordes «fortissimo» (a los que no faltó la califica­ción de audazmente disonantes), con el desarrollo impetuoso de un diseño cromá­tico sostenido por un insistente diseño del bajo, para llegar a un «molto piü lento» de carácter dulce y expresivo, y sucesivamente a la repetición de la idea inicial a una pre­cipitada «coda» conclusiva. El «Scherzo op. 31», que es el más frecuentemente ejecuta­do, se inicia también con un «presto»; constituye su elemento propulsor, y su distensión melódica. El episodio central introduce luego una nueva idea, «cantabile». Después del desarrollo que se origina en ella, se une a una nueva exposición del episodio inicial y obtiene una conclusión vigorosa y brillante.

El tercer «Scherzo op. 39», que debe considerarse como una de las más bellas composiciones de Cho­pin, después de una breve introducción ex­pone un tema viril e incisivo: en «octavas» a dos manos; el desarrollo de este tema, sobrio y eficacísimo, conduce a una segunda idea, la cual se desarrolla en acordes que se alternan con rápidos dise­ños de arpegios descendentes hasta la re­petición del episodio inicial. Sigue la nue­va exposición del segundo episodio, y la pieza termina con una «coda» animada de intensa vitalidad sonora y expresiva. El cuarto «Scherzo op. 54» es de forma más fragmentaria, a modo de improvisación, y es toda un alternarse de momentos líricos y de fragmentos movidos y brillantes.

L. Córtese

El genio de Chopin es el más rico de sentimiento y de emoción que existió ja­más. Ha hecho pasar a un solo instrumento el lenguaje del infinito. Ha resumido en diez líneas, que hasta un niño podría tocar, poemas de elevación inmensa y dramas do­tados de energía sin igual. (Sand)

¡Descubríos, señores! ¡Es un genio!… Yo me inclino ante la instintiva genialidad de Chopin, ante la grandeza de lo que se pro­pone, ante su maestría. (Schumann)

No fue ni un «compositor de salón» ni un «compositor enfermo», como se ha dicho, sino un poeta del piano y del pensamiento musical, un poeta de imaginación impetuo­sa y casta, de sentimiento intenso y profun­damente nacional, y muy variado en su es­tilo; cualidades que (unidas con su libertad de escritura) permitirían definir con sufi­ciente exactitud una forma del romanticis­mo musical. (Combarieu)

Chopin es, sobre todo, un músico instin­tivo: pertenece a la clase de artistas mara­villosamente dotados que no tienen casi nada que aprender, pues tienen innatas en sí las cosas del arte y escriben de manera en absoluto impulsiva. (Poirée)