La Catrina, Francesco Berni

Es un simple juguete có­mico de Francesco Berni (1497?-1535), pu­blicado en 1567. Beco, enamorado de Ca­trina, esto es, Caterina, y ardiendo en ira contra Mecherino (Domenico), que le ha suplantado, se enfrenta con él al encontrarlo. Su amigo Nanni se entromete y acaba por participar también en la riña. Interviene Giannone, rector del pueblo, y, sabiendo el motivo de la cuestión, decide que Catrina, la cual no es aún esposa de Mecherino, es­coja. Ella elige a Beco, y el casamiento es festejado al mismo tiempo que la reconci­liación general. Juguete cómico rural, de los que tanto complacían a los refinados li­teratos de las cortes del XVI, está dominado por el sentido del lenguaje, que prevalece sobre la misma pintura de los personajes. Berni sólo busca el gozo de las palabras, y derrama su despreocupado ingenio.

U. Déttore

Cartas del Caballero de la Tenaza, Francisco de Quevedo

Donde se hallan muchos y saluda­bles consejos para guardar la mosca y gas­tar la prosa. Opúsculo satírico humorístico del gran autor español Francisco de Quevedo (1580-1645), escrito hacia 1600 con el título de El Caballero de la Tenaza, y que circuló manuscrito hasta 1627, en que fue impreso. En 1629, cuando Quevedo revisó sus’ escritos juveniles, reuniéndolos bajo el título de Juguetes de la niñez y trave­suras del ingenio, recibió la forma definitiva con la que ha llegado hasta nosotros. El éxito de la obra fue considerable. Se tra­dujo a diversas lenguas, fue imitada por di­versos autores de la época (Jacinto Polo de Medina, etc.), el mismo Quevedo se sir­vió de ella en diversas ocasiones e incluso llegó a ser conocido en la corte con el nom­bre de «Caballero de la Tenaza». Todavía hoy estas cartas conservan la gracia ten­sa de su estilo y la finura intelectual de su humor caricaturesco.

Se inician con una dedicatoria «A los de la guarda»: «Habiendo considerado con discreta miseria la sonsaca que corre, me ha parecido advertir a los descuidados de bolsa para que, leyendo mis escritos, restriñan las faltriqueras y que pro­curen antes merecer el nombre de guardia­nes que el de datarios, y el dar sea en las mujeres, y no a las mujeres, para que así merezcan el nombre de cofrades de la Te­naza de Nihildemus o Nequedemus, que has­ta ahora se decía Nicodemus por el poco conocimiento desta materia»; de ahí que su abogado deba ser «el ángel de la Guarda, que con razón se llaman días de guardar los días que son de fiesta, y todos son de fiesta para guardar». Siguen, después, un «Ejercicio cotidiano que ha de hacer todo caballero para salvar su dinero a la hora de la daca», una «Triaca de embestimientos masculinos» y, finalmente, el corpus propia­mente dicho de la obra: veintidós cartas del Caballero de la Tenaza (excepto la IX, que es de la «atenazadora») a sus amigas, que desde diversos ángulos no dejan de pedirle dinero, y a las que invariablemente con­testa que «yo, señora, me hallo tan bien con mi dinero, que no sé por dónde ni cómo echarle de mí».. La obra es de un desenfadado cinismo, de una realización estilística densa y contenida, de múltiples reflejos creadores, y el chiste, ya intrascen­dente, ya trascendente, salta en la esquina de cada palabra.

Una Carta Perdida, Ion Luca Caragiale

[O scrisoare pierdutá]. Es la comedia más famosa del escritor rumano Ion Luca Caragiale (1852- 1912), representada en el año 1885. La se­ñora Zoé (v.), mujer de Zacarías Trahanache, presidente de varios comités y co­micios y principal defensor del partido gu­bernativo en su país, pierde una carta que le ha enviado su amante Esteban Tipátescu, prefecto de la provincia y amigo de su ma­rido. La carta es encontrada por un desco­nocido borrachín que el autor llama el Ciudadano Maniático, el cual se la deja quitar con malas artes por el jefe de la oposición, el abogado Nae Catavencu (v.). Éste comprende en seguida que aquel do­cumento puede servirle y, ante la inminen­cia de unas elecciones, amenaza al prefecto con publicarla, si no le ayuda a ser elegido diputado. El prefecto no se deja intimidar; manda detener a Catavencu y ordena un registro en su casa; pero la carta no se encuentra y él, por fin, se compromete a sostener su candidatura. Pero el prefecto recibe entretanto un telegrama del gobier­no que le manda proponer otro candidato, Agamitá Dandanache. Catavencu, ya segu­ro de ser elegido como candidato, recibe un golpe inesperado cuando, reunidos los re­presentantes de los diversos partidos bajo la presidencia de Zacarías Trahanache, sale el nombre de Dandanache; el prefecto ha podido faltar a su promesa, por haberse enterado de que se puede contestar con otro golpe a Catavencu, puesto que es culpable de hurto y falsificación, de lo cual posee pruebas el marido de su amante. Al saberlo Catavencu, se contenta con avenirse a los deseos de la señora Zoé (a quien mien­tras tanto, el Ciudadano Maniático ha traí­do la famosa carta, perdida también por el abogado socialista), capitaneando una ma­nifestación pública en honor de Dandana­che. La comedia no sólo es un sátira del sistema electoral, sino que ataca especial­mente a los pequeños burgueses de la Ru­mania de fines del siglo XIX, los cuales, habiendo prosperado en el ambiente del «mahala» (suburbio) semioriental, se habían revestido de los oropeles de la civilización occidental, sin poseer la educación nece­saria.

G. Lupi

Carmosina, Alfred de Musset

[Carmosine]. Comedia en tres actos de Alfred de Musset (1810-1857), publicada en 1850 y estrenada en París el 7 de noviembre de 1865. En Palermo, re­cién conquistada por Pedro de Aragón, la joven Carmosina está enferma de languidez mortal, contra la cual nada puede el arte de su padre médico. La vuelta de Perillo, su prometido, doctorado en Padua, la turba más aún. Sólo el trovador Minuccio explica su mal: se ha enamorado del rey, viéndole en el torneo, y quisiera que él lo -supiese para morir consolada. Minuccio escribe el nombre de ella en un lamento amoroso, se lo recita al rey y le explica la historia que la poesía insinúa. Pedro queda pensa­tivo; la gentil reina Constanza, enterada del hecho, va junto a Carmosina, dulce­mente la persuade de que puede amar con amor puro al rey y seguir viviendo, casarse con Perillo, que la ama, y que, desespe­rado, quería sentar plaza de soldado. La muchacha queda conmovida, convencida. Promete obedecer y recibe en la frente un beso del rey. Es la 7.a novela de la X jor­nada del Decamerón (v.), oportunamente retocada, porque, en lugar del rey, la mis­ma reina habla a la joven con femenina delicadeza. El autor añade el enamorado tierno y dolorido, Perillo, y una pareja gro­tesca y divertida: el fanfarrón Ser Vespasiano, que busca la dote de Carmosina, y la madre de ella, vieja extravagante. Un cálido colorido italiano, una luz de idealis­mo platónico reavivan la gentil fábula: Ita­lia continúa siendo el país del amor, pero éste no es ya olvidadiza locura, como para el joven Musset, sino noble virtud armo­niosa, serena.

V. Lugli

Carnavalada del Padre Brey, Falso Profeta, Johann Wolfgang Goethe

[Fastnachtspiel vom Pater Brey, dem falschen Profeten]. Sátira de Johann Wolfgang Goethe (1749-1832), pu­blicada en volumen en 1774 junto con el Prólogo a la marioneta moral y política, las Peregrinaciones del artista (v.) y la Feria de Plundersweilen (v.), bajo el nombre de Klinger. Lleva la indicación: «ha de representarse, sin embargo, después de Pascua para instrucción, utilidad y deleite de la cristiandad, y en particular, para que sirva de áureo espejo a las mujeres y a las don­cellas». El padre Brey, aquí satirizado, que busca, en ausencia de Balandrino, con in­sípidas zalemas, suplantarlo en el corazón de Leonor, su esposa, representa a Franz Michael Leuchsenring que dirigía las con­ciencias del círculo de Darmstadt, al que pertenecían, entre otros, Jacobi, Julia Bon- deli y Sofía la Roche. Leuchsenring era el confidente íntimo, una especie de confe­sor, que, profesando conceptos de falsa pureza, desnaturalizaba el amor en insul­sas ternuras, y, para elevar a la mujer, ha­cía de ella un ser evanescente al que qui­taba toda espontaneidad y todo gozo de amar. Estuvo a punto de ser víctima de esas doctrinas Carolina Flachsland, durante la ausencia de Herder, pero al regresar éste, en 1773, desvaneció aquellos humos senti­mentales y se casó con ella. En el astuto Balandrino, que se presenta en la sátira disfrazado de oficial del ejército, para pro­bar el corazón de su Leonor, de la cual se figura que no es amado, y la descubre siem­pre fiel y apasionada, se representa a Her­der, mientras el droguero atormentado por la pedante orden del padre Brey figura a Merck. Cuando Balandrino descubre la im­postura y la inconsciencia de la doctrina de Brey, éste, burlado, es enviado a la pocilga para enseñar a los cerdos, que necesitan «orden y sentimiento», sus lemas. El epi­sodio final está inspirado en la «novella» boccaciana de Buffalmacco (v. Decamerón, VIII, 9) mientras que el desarrollo de la sátira se ajusta a las maneras del viejo Hans Sachs.

G. F. Ajroldi