La Dama Duende, Pedro Calderón de la Barca

Comedia en tres actos y en verso del genial dramaturgo es­pañol Pedro Calderón de la Barca (1600- 1681), escrita probablemente en 1629.

La «Dama duende» es Ángela, una viuda joven y despreocupada, a quien dos hermanos, don Luis y don Fernando, tienen casi se­cuestrada en su casa paterna. Ángela sale de escondidas, tapadísima, y cierto día don Luis se encapricha, sin reconocerla, de su hermana y la sigue; la libera de la perse­cución don Manuel, un gran amigo de don Fernando; éste, llegando a tiempo, hace cesar el desafío nacido por una causa tan extraña. Don Manuel, ligeramente herido, es hospedado en casa de los hermanos, y doña Ángela, aprovechándose de un pasaje secreto que lleva de sus habitaciones a las del huésped, en parte por sentirse tentada por la prestancia del huésped que ha arries­gado su vida por ella, y en parte por extravagancia, se divierte entrando en la es­tancia de don Manuel y dejando trazas de su paso: poniendo regalos, descolocando objetos, apagando luces, etc. El criado de don Manuel está convencido de que se tra­ta de un fantasma e incluso su señor em­pieza a creerlo. Pero cuando todos están convencidos de que la habitación está po­blada por los espíritus, sorprenden a Án­gela en ella, la verdad se abre camino y todo acaba con un matrimonio, pues la «dama duende» se ha enamorado en serio de su víctima.

La acción de la comedia es muy compleja en sus detalles y la obra, que se basa en mantener el ánimo suspen­so, gracias al brío del juego escénico y la maliciosa gracia de la invención, es cierta­mente la más divertida entre las que Cal­derón ha escrito del género de enredo. La Dama duende ha sido imitada a menudo fuera de España: la imitación más afortu­nada, diríamos mejor, traducción, es cier­tamente L’esprit follet, comedia en verso del francés Antoine Le Metel d’Ouville (m. 1657), representada en 1642.

A. R. Ferrarin

La Dama de «Chez Maxim», Georges Feydeau

[La dame de chez Maxim]. Comedia en tres ac­tos de Georges Feydeau (1862-1921), repre­sentada en 1899. Un joven médico, al re­gresar de una noche de juerga, se lleva a casa una bailarina, olvidándose de que está casado. De la necesidad de ocultar a su mujer la presencia de la muchacha, nacen las peripecias más impensadas, entre las que descuella la situación del segundo acto, cuando a la bailarina, creyéndola esposa del médico, la hacen presidir una fiesta nupcial en provincias, y allá sus maneras desenfadadas son tomadas por modales de suma elegancia e imitadas por las señoras del país. Aquí la mujer descubre que el novio es un ex amigo suyo y huye con él. La obstinación del tío del joven médico, que quiere reconciliar al sobrino con su presunta mujer, crea una serie de peripe­cias y de invenciones escénicas, que ter­minan con la pacificación general de es­posos y novios.

La comedia es uno de los ejemplos más perfectos de técnica, en la especie de teatro cómico todo hallazgos y movimiento, teatro que a mediados del si­glo pasado, tuvo su maestro en Labiche, y el modelo en el Sombrero de paja de Ita­lia (v.). No faltan expedientes de grose­ra vistosidad, como el de la butaca fija, en la que el médico inmoviliza a los per­sonajes, ni situaciones inextricables, reuni­das con tal destreza y justificadas con tal agudeza de observaciones, que los efectos cómicos más extravagantes resultan natu­rales. Es la farsa típica, perfecta, en la que la persona humana obra con la des­nuda e incongruente rigidez de un polichi­nela, fuera de las leyes normales de la verosimilitud, con un lenguaje de afilada expresividad, rico en rasgos satíricos, con frecuencia bien dirigidos. De esta obra, se ha hecho recientemente una película que lleva el mismo título.

M. Ferrigni

La Dama Ciudadana, Philip Massinger

[The City Madam]. Comedia inglesa en cinco actos y en verso, de Philip Massinger (1583-1640), representada en 1632, publicada en 1659. Un rico comerciante, sir John Frugal, vive con su mujer, sus dos hijas y su hermano Lu­cas, arruinado por la prodigalidad. La ri­queza ha maleado el carácter de las tres mujeres, que son caprichosas y altivas. Las dos hijas son pedidas en matrimonio, pero rechazan a sus pretendientes, imponiendo condiciones inaceptables. Entonces el co­merciante finge quererse retirar a la vida religiosa y dejar la administración de los bienes de la familia a su hermano Lucas, que siempre se ha mostrado sumiso y de­voto, y quiere probarle por este medio. En su nueva posición, Lucas arroja la máscara y se revela como un verdadero monstruo de ingratitud, de hipocresía y perfidia, im­poniendo a la familia duras condiciones. Así es que cuando el comerciante toma de nuevo las riendas de la casa, es para las mujeres una verdadera liberación. La triste experiencia ha curado de sus caprichos y su altivez también a las hijas, que ahora aceptan las proposiciones de sus enamora­dos.

En ésta, como en las demás comedias de Massinger, es evidente la influencia de Jonson, en cuyas obras se nota la falta de una verdadera vis cómica y la inhumanidad en que acaban los personajes por la exageración extrema de sus características y la de las circunstancias adversas. En un personaje como Lucas, que incluso parece anticiparse al Tartufo (v.) de Moliére, no puede hablarse de sátira; se trata de un monstruo tan integral como nadie puede presumir que pudiera hallarse, y aunque el desenlace sea feliz, un personaje como él, colocado en el centro de una comedia, basta, con su perversidad e inverosimilitud, para apagar toda comicidad.

S. Rosati

La Dama Boba, Lope de Vega

Comedia en tres ac­tos y en verso de Lope de Vega (1562-1635), publicada en 1617. Octavio, rico vecino de Madrid, tiene dos hijas casaderas, Nise y Finea; la primera es una sabihonda, mien­tras la segunda es tan necia que a pesar de sus veinte años, no ha sido todavía ca­paz de aprender el alfabeto. La pobre boba ha sido prometida a un joven provinciano, llamado Liseo; pero cuando éste se da cuen­ta de la simpleza de su prometida, halla de­masiado grande el sacrificio y se pone a cortejar a Nise, el águila de la familia. Lorenzo, joven calculador, que era el secreto amor de Nise, tan pronto tiene noticia de que la boba. disfrutará de una dote supe­rior a la de la hermana, piensa en sustituir al novio demasiado melindroso y se declara a la joven necia.

Y lo que no consiguieron los padres ni los maestros resulta cosa fá­cil para el malicioso Cupido: Finea se con­vierte de improviso en una joven prudente y discreta. Liseo, en vista del cambio y pensando en los ducados de la dote, quiere volver a su noviazgo con Finea; pero ésta, fingiéndose más boba que antes, desbarata la maniobra; y la comedia termina con una serie de matrimonios, porque también los criados han encontrado modo de imitar las iniciativas amorosas de sus señores. Los tipos de la comedia tienen poca consistencia: los masculinos puede decirse que no existen, y el personaje de Nise, la hermana intelectual, está más sugerido que representado. La comedia gira alrededor de la figura de Finea, divertida y singular, si bien se halla más de acuerdo con la lógica espectacular que con la de la vida. Hay en la comedia una escena que merece especial mención: aquella en que Clara, la camarera de la boba, y también tonta, por añadidura, aunque sólo por interesado mimetismo, describe a su dueña el parto de la gata, recurriendo a la deliciosa parodia de una balada épica, que se anticipa al brío con que el gran dramaturgo español había de escribir su Gatomaquia (v.). La más célebre derivación de esta comedia fue La escuela de las mujeres (v.) de Molière, que recientemente y con título español, ha sido reducida a libreto por Mario Ghisalberti, para ser musicada por Ermanno Wolf-Ferrari.

A.R. Ferrarin

La Dama Blanca, François Adrien Boieldieu

[La dame blanche]. Ópera cómica en tres actos, de François  Adrien Boieldieu (1775-1834) con libreto de  Eugéne Scribe, estrenada en París en 1825.

La escena se desarrolla en una comarca de las montañas de Escocia; la Dama blan­ca es una estatua misteriosa del castillo de los difuntos condes de Avenel, que el vulgo cree sea el espíritu protector de la noble familia y de la aldea toda. El intendente Galveston, que custodia el castillo, trata de hacerse propietario de él y prepara una subasta pública para poderlo comprar a buen precio; pero a tal designio se opone secretamente Ana, una huerfanita protegida de los Avenel, que juró a la condesa mo­ribunda velar sobre los derechos de un hijo suyo, desaparecido de la aldea por obra del propio Galveston, y que hace llegar a Dickson — un cartero que se cree en deuda con la Dama blanca por un beneficio recibido — una misteriosa invitación para que se halle en el castillo la próxima noche. Pero como él no se atreve, va en su lugar George Brown, joven oficial que luego se descubre que es el heredero de los Avenel. Llegado al lugar de la cita, el fantasma de la Dama Blanca (bajo el que se oculta Ana), le exhorta a comprar el castillo, prometiéndole que obtendrá la suma necesaria y, como premio, el amor de la muchacha que él quiere. Tiene lugar la subasta pública, y tras de una animada puja con Galveston, George compra el castillo por 500.000 fran­cos.

Al día siguiente, al llegar la hora del pago, aparece la Dama blanca, y ofrece a George la suma, tomada del tesoro secreto del castillo. Galveston, airado, arranca el velo que oculta el rostro de Ana, y, viéndose vencido, ya no le queda más recurso que partir. La obra termina con la boda de Ana y George, entre cantos y danzas jubilosas de los paisanos. Para tan modesto argu­mento, supo Boieldieu encontrar la música más apropiada, graciosa y simple, en el estilo para él familiar de la «ópera comique» francesa de su tiempo, tan semejante al género de la opereta, pero, en un sentido mucho más digno del propio de la opereta moderna. La estructura es, en efecto, si­milar a la del melodrama serio francés y alemán de la primera mitad del siglo XIX: arias, conjuntos de las más diversas clases, recitales acompañados, algún intento de «melólogo» (declamación acompañada por la orquesta), y precediéndolo todo, una obertura de corte clásico. Si el espíritu de esta música es, en general, de una calidad más bien mediocre, la elaboración es bas­tante fina y revela, en la forma y en la orquestación, la mano de un músico for­mado en la tradición de Cherubini, e in­directamente de Haydn y de Mozart.

La música está caracterizada, en el fondo, por un aura de misterio poético, a cuyo logro colaboran notablemente los colores instru­mentales, sobre todo en los trozos en que aparece o en que se evoca la Dama blanca, a menudo acompañados con las sonoridades del arpa. La melodía, de nivel en general modesto, alcanza algunas veces mayor al­tura, como en el aria «Viens, gentille da­me» (2.° acto) con acompañamiento de trompa. La escena más lograda, es la del encantamiento (2.° acto), de ágil movimien­to, y que, según se dice, fue admirada por Rossini.

F. Fano