El Avaro Fastuoso, Carlo Goldoni

[L’avare fastueux]. Es la última comedia del venecia­no Carlo Goldoni (1707-1793), escrita y re­presentada en francés en 1773 y traducida al italiano por el mismo autor en 1776. El conde de Casteldoro, muy avaro, simula gran prodigalidad para conseguir como mu­jer a Eleonora, hija de la rica viuda Araminta. El lujo del conde asusta a la viuda, en tanto Eleonora, que ama al caballero Del Bosco, trata de evitar las bodas. Llega entretanto a casa del conde el marqués del Bosco, padre del caballero del Bosco, gran manirroto, que hace todo lo posible por ex­plotar la situación, casando a su hijo con Eleonora y dando al conde por mujer a una hija suya. Pero enterado de la tacañería de su futuro yerno cambia de idea: Eleo­nora se casará con su amado y el marqués con la viuda Araminta, quedando el avaro fastuoso abandonado por todos. Agradable la trama, pero desfigurada por la tentativa de imitar los modos del afectado teatro francés, con la moralidad sentenciosa, so­lemne y ampulosa de sus personajes y sus escenas. La vivacidad italiana de Goldoni recibe más influencia de los defectos que de los aciertos de este género de teatro, y, fatalmente, termina por decaer.

U. Déttore

El Avaro Castigado, Giovan Battista Fagiuoli

[L’avaro punito]. Comedia del italiano Giovan Battista Fagiuoli (1660-1742), representada en 1708 y publicada en 1734. El avaro es Anselmo Taccagni (v.), personaje predilecto de Fa­giuoli que, aunque se inspira en los muchos avaros que le precedieron, no es igual a ninguno. Anselmo riñe con su anciano co­lono Ciapo, por no querer dar cuenta de la tutela que viene ejerciendo sobre un nieto del campesino. La madre del niño, Lena, hija de Ciapo, apela entonces a otros me­dios: finge acceder al senil amor de Ansel­mo y le da una cita a la que el viejo debe acudir vestido con traje femenino. En lu­gar de acudir Lena, manda a su padre Cia­po, vestido de mujer, con un traje de la propia Lena y el campesino, fingiendo no reconocer a su dueño, le da una soberana paliza, dejándolo luego al cuidado de Ora- zio, enamorado de Isabella, hija de Ansel­mo. Entretanto, Meo, criado de Orazio y enamorado de Lena, roba el tesoro de An­selmo del lugar donde se lo había visto esconder al viejo y lo da a Lena para resarcirla del dinero que la debe el avaro tutor. Y éste, obligado a disimular para no descubrir a todo el mundo su intento de enredo con Lena, se resigna desesperado.

El viejo motivo de la Aulularia (v.) de Plauto se entrecruza aquí con los disfraces de la «commedia dell’arte» en una trama viva y bien urdida. La burla de la cita con vestidos de mujer está seguramente tomada del Errore de Della Porta, aunque luego fue un lugar común en el teatro italiano; y en la astucia de Lena se nota sin duda un precedente de las agudas mujeres goldonianas.

U. Déttore

Audiencias Del Rey Don Pedro, Lope de Vega

Comedia histórico-legendaria de Lope de Vega (1562-1635), que, entre las muchas del «Fénix», había quedado inédita en la Bi­blioteca del Duque de Osuna, hasta que Menéndez Pelayo la publicó en las edicio­nes de la Real Academia, aunque ya la había estudiado — manuscrita — Shack. Pa­rece que Lope debió escribir esta obra en Sevilla, pero la fecha no se ha precisado, debiendo pertenecer a su etapa «media». Recoge el tema del rey don Pedro como «justiciero» y no «cruel», según fue usual en el teatro de nuestro Siglo de Oro y aun en el Romanticismo. Se mezcla la parte que da título a la obra con una intriga de amor, ajena al rey. Éste hace sus «justicias y fa­llos», en un lugar de Sevilla, próximo al Alcázar, como recordó en la misma época Rodrigo Caro. Uno de los temas que se apuntan en la obra es el del zapatero y el prebendado (que pasó a la primera parte de El zapatero y el rey, v., de Zorrilla). En la obra se recogen motivos estrictamente históricos, como la del cautiverio de don Pedro en Toro, y la de la muerte «del rey Bermejo» en Sevilla, según la IV Crónica General. Lope quiere justificar este hecho ordenado por el rey, presentando como traidor al Bermejo, en cuya escena dice don Pedro estos versos lapidarios: «Rey que delitos abona / es indigno de ser rey / porque ejecutar la ley / es conservar la co­rona». Se trata de una obra excelente y variada. Entre las escenas extrañas al rey, es delicioso el ambiente muelle, sevillano, de la «noche apacible y fresca», con que empieza la comedia. Alaba Lope la «gran­deza, lealtad y liberalidad» de la Sevilla semiárabe del siglo XIV. Puede el drama relacionarse, en parte, con El montañés Juan Pascual y Primer Asistente de Sevi­lla, de Hoz y Mota.

A. Valbuena Prat

Atta Troll. Sueño de una Noche de Verano, Heinrich Heine

[Atta Troll, ein Sommernachtstraum]. Breve poema satírico de Heinrich Heine (1799-1856), en veintisiete capítulos; con un complemento y un prefacio en pro­sa en que el autor expone los orígenes de la obra; compuesta en 1841 y publicada en parte en el «Elegante Zeitung» y, en vo­lumen, en 1847, en contestación a las acu­saciones de inmoralidad, jacobinismo y ca­rencia de sentimientos. Heine polemizó largamente desde su destierro parisiense contra sus acusadores, hasta que en este poema desahogó toda su hiel y al mismo tiempo se aisló de toda escuela en una des­deñosa soledad. Preceden, como lema, algu­nas estrofas del Príncipe Moro de Freiligrath, que durante todo el poema sirve de cabeza de turco. Atta Troll, el oso protago­nista, es un personaje negativo, que cam­bia de forma y color, como todos los per­sonajes de la poesía que son sólo un pre­texto; más veces el oso representa al filis­teo burgués que intenta dar sabias ense­ñanzas morales y teológicas a los oseznos hijos, poniéndoles en guardia contra la per­fidia de los hombres bárbaros; otras veces representa al «poeta tendencioso», favorito de la «Joven alemania», que reviste la poe­sía- de política y la política de poesía, a costa de una y otra. La entonación del poe­ma, como dice el mismo autor, es román­tica; ha de ser el «canto del cisne» de aquel Romanticismo antaño amado y pro­fesado por el poeta y que él mismo mata ahora en sus degenerados epígonos.

Especie de elogio fúnebre del Romanticismo es en efecto la «Caza salvaje», visión fantástica, donde las rubias reinas, y las «nisas» y los elfos y los héroes pasan en espectral cabal­gata ante un Heine de carne y hueso que caza al oso Atta Troll. Y éste es positiva­mente el protagonista del poema, este Heine real que se burla de la cómica danza del viejo oso tradicionalista, le persigue con su palabra y le mata. Escepticismo e im­piedad, invectivas contra el «nazarenismo» retrasado romántico, y gritos de libertad contra los torvos gobernantes reacciona­rios armados de censuras y de esbirros, chi­rrían con diabólico sarcasmo entre los ver­sos de robusto ritmo. El poema no es siem­pre bello y carece de unidad: la ironía lleva continuamente de la mano a la poe­sía y no siempre el compromiso estilístico resulta bien: los pinchazos agudos y pene­trantes perjudican en muchos aspectos la armonía del conjunto. Atta Troll, el buen oso germánico, vivió largamente en la polémica literaria y política, incluso fuera de alemania. Cuando Atta Troll fue pu­blicado en alemania, atrajo naturalmente sobre la cabeza de su autor todos los relám­pagos de la censura; incluso en tiempos posteriores ha brindado el punto de partida para una polémica antiheiniana siempre re­novada.

G. Federici Ajroldi

En la malicia y en la maldad de Enrique Heine (que no son escasas) hay siempre sin­ceridad y, permitidme la palabra, primiti­vismo infantil; hay inocencia del instinto. (Carducci)

Aun después de tantos años, con tantos cambios ocurridos en el mundo, se ríen y se gustan las deliciosas imágenes con las que da fuerza y relieve. Sólo un bromista, provisto abundantemente de moneda poé­tica suelta, podría conseguir este efecto… Atta Troll no se eleva a verdadero perso­naje, y no puede ser un ensayo juguetón. (B. Croce)

El Atril Viviente, Jean Baptiste Louis Gresset

[Le lutrin vivant]. Breve poema de Jean Baptiste Louis Gresset (1709-1777), publicado en 1734. Des­pués de la dedicatoria a su amigo Segonzac y una protesta contra los censores pe­dantes, que, insensibles a la gracia de la broma, se escandalizaron de ella, el poeta nos relata una grotesca historieta, que trans­curre en una vieja villa, donde el clero vive estrechamente y la miseria impera in­cluso en la casa del canónigo. La vieja ama de éste se da cuenta de que un joven cantor, un hijo de nadie, lleva los calzones escandalosamente raídos. No sabiendo qué hacer para substituirlos, tiene la idea de arrancar y coser luego juntos unos folios de un viejo antifonario de pergamino que sólo se pone en el atril los días de gran solemnidad. Pero, por desgracia, elige pre­cisamente la parte donde está la misa del santo patrono, y el día de la fiesta el maes­tro cantor, después de largas búsquedas, descubre sus versículos en la zona de los pantalones a cuya defensa los ha dedicado la caridad de la anciana. El tiempo apre­mia; se opina que el muchacho, izado en el lugar debido, «con la fachada inmóvil», haga a la vez de atril y de libro. Las cosas van estupendamente hasta el Evangelio; en este momento una avispa entra amenazado­ramente en los calzones y el atril viviente huye como alma que lleva el diablo. El poema, que siguió de cerca al afortunadí­simo Ver-Vert (v.), es muy inferior a éste; menos fresco y espontáneo, aunque tiene en común con él la gracia, la sonrisa y la delicadeza de tacto al tratar asuntos es­cabrosos.

E. Ceva Valla