Las Armas y el Hombre, George Bernard Shaw

[Arms and the Man]. Comedia de George Bernard Shaw (1856-1950), fue representada en 1894, comprendida en las Comedias agradables [Plaus Pleasant, 1898]. La acción tiene lu­gar en 1885, durante la guerra búlgaro-ser­bia. En el primer acto Raina, una jovencita búlgara, se entera por su madre de que su novio, Sergio, valeroso oficial, ha consegui­do una victoria con una espléndida carga de caballería. Poco después entra por la ventana uno de los enemigos fugitivos, el capitán Bluntschli, un suizo que por espí­ritu de aventura se ha lanzado a la vida militar combatiendo en las filas serbias. Con una pistola (descargada) intima a Rai­na que le oculte. La joven, viéndole ham­briento, se compadece de él, le da chocola­te y, para ayudarlo a huir le presta el ca­pote de su padre, el mayor Petkoff. En el segundo acto el padre y el novio, acabada la guerra, regresan al hogar. Han conocido a Bluntschli, cuya experiencia militar apre­cian, y cuando llega éste para devolver el capote (y volver a ver a Raina) es bien recibido; como los dos oficiales búlgaros encargados de dar disposiciones para la marcha y el aprovisionamiento de algunos regimientos, se encuentran sin saber qué hacer, Bluntschli les ayuda con su sentido práctico.

En el último acto, Sergio, debido a una serie de circunstancias, entre otras por indiscreción de la camarera de Raina, Lonka, a quien galantea, se entera de que Bluntschli, cuando andaba herido pasó una noche en la habitación de Raina. Por poco no se produce un duelo; pero los hechos se aclaran y como Bluntschli recibe la no­ticia de la muerte de su padre, riquísimo propietario de no pocos hoteles, se dispone a volver a su patria. Pero Raina, ofendida por la infidelidad de Sergio, prefiere a Bluntschli, su «soldadito de chocolate» y se promete con él. El autor ha querido poner en contraste el heroísmo y la técnica que lo sustituye, el idealismo bélico y la realidad de los servicios logísticos que son los verdaderos vencedores de las campañas: en resumen, satirizar la concepción román­tica de la guerra. El motivo polémico hace algo cómicas las actitudes de los personajes y las paradojas del autor no son siempre convincentes; pero el vigor del diálogo y el juego escénico dan vida a la comedia que tuvo mucha popularidad. [Trad. espa­ñola de V. Brouta en el volumen Comedias agradables con el título de Héroes (Madrid, sin fecha) ].

E. di Carlo Sereni

Arlequinadas, Jean-Pierre Claris de Florian

[Arlequinades]. Así son llamadas algunas de las más briosas com­posiciones del teatro de Jean-Pierre Claris de Florian (1755-1794), recopiladas en tres volúmenes en 1784. Los temas tradiciona­les de las comedias de máscaras personifi­cados en la figura de Arlequín (v.) son tra­tados aquí con sonriente alegría: el personaje de la antigua Commedia dell’Arte italiana revive de un modo que revela nue­vos tiempos. Si al principio Arlequín era más que nada un pobretón apaleado y bur­lado, ahora ha adquirido viveza y agilidad, es un hombre entre los demás hombres, pa­dre de familia y preocupado por las cues­tiones que preocupan a los demás espíritus. Es un Arlequín típicamente del Setecientos, y aun conservando el carácter cómico es «sencillo sin ser estúpido e ingenuo sin caer en tonto». Comprende que hay algo nuevo en la sociedad, no basta con el juego ame­no, pues siempre acaba recibiendo los gol­pes; una nueva voz palpita en su pecho por la humanidad que nos une a todos en la vida de cada día, y sabe también llorar, sin esfuerzo, por los variados sucesos de su vida.

Este tono sentimental, que atestigua las actitudes idílicas y pastoriles del autor aun con una materia de motivos tan distin­tos como es la comedia de máscaras, es la característica de las composiciones escé­nicas donde el autor consigue una agilidad y un garbo que le hicieron popular durante mucho tiempo. Entre las Arlequinadas más notables están Los dos billetes [Les deux billets], La buena madre [La bonne mere] y, sobre todo, El buen hogar [Le bon ménage]; en esta última Arlequín es incluso apasionado y tierno, como un honrado pa­dre de familia. El tono bonachón que trans­forma al tradicional personaje se debe so­bre todo a la influencia que Rousseau y Gessner ejercieron en Florian; pero tam­bién está claro que, con la tendencia a la intriga sentimental y al idilio bucólico, el autor perdió aquellas virtudes cómicas que daban el mayor interés a las aventuras de Arlequín, siempre en conflicto entre un amo insoportable y un amor desgraciado.

C. Cordié

Arlequín o Las ventanas, Ferruccio Busoni

[Arlecchino oder die Fenster]. Capricho teatral en un acto, música y libreto del compositor ita­liano Ferruccio Busoni (1866-1924), repre­sentado en Zurich en 1918. La acción se desarrolla en Bérgamo, patria de Arlequín (v.). Para librarse de Ser Mateo, sastre presumido y literato, incansable lector de la Divina Comedia, Arlequín, que corteja a su mujer, le hace creer que la ciudad ha sido invadida por los bárbaros; después rea­parece disfrazado de capitán encargado del reclutamiento y le alista, mientras entran en escena el Doctor y el Abate que, a la noticia de la invasión enemiga, se refugian en la taberna. Entre tanto Colombina, es­posa abandonada y celosa de Arlequín, aun alabándose de ser absolutamente fiel a su marido, cede a las palabras encantadoras del bello Leandro. Arlequín descubre a los amantes, hace caer a Leandro con su espa­da de madera y corre a reemprender el amoroso diálogo con la mujer de Ser Ma­teo. Pero Leandro no ha muerto; se pone en pie cuando el Doctor y el Abate tratan de cargarlo sobre una carretilla. Y Arle­quín, dominado todo rencor, permite filo­sóficamente a ambos amantes que se ale­jen: por su cuenta, prefiere quedar libre, sólo fiel a sí mismo, sin inclinarse ante nadie.

El asunto, por su contenido irónico y satírico, estaba especialmente adaptado a la vena humorística de Bussoni, que lo trató con sutil sensibilidad caricaturesca, divirtiéndose sobre todo en copiar los gi­ros de las antiguas y desusadas formas del melodrama italiano. Busoni revela sobre todo este espíritu mordaz al tratar la figu­ra de Leandro, el tipo clásico del enamo­rado que para expresarse necesita acompañarse con el laúd o la guitarra: la sátira llega a la cumbre en la serenata de Lean­dro, que, a diferencia del resto del libro, escrito por Busoni en alemán, tiene letra italiana, y en el cuarteto entre Leandro resucitado, Colombina, el Abate y el Doc­tor; mientras se desarrolla con una filoso­fía más amarga y humana el epílogo reci­tado por Arlequín, que lanza un himno al mundo y al amor libre. Arlequín no canta nunca (en la primera representación fue interpretado por el incomparable actor dra­mático Alessandro Moissi) y unas veces es personaje de la obra, y otras se arranca de la acción escénica para dirigirse al público filosofando o comunicándole las considera­ciones del autor.

L. Fuá

Aridosia, Lorenzino de Médicis

Comedia en cinco actos de Lorenzino de Médicis (1514-1548), escrita en 1536. El autor es un notable representan­te del teatro del XVI de inspiración clásica que, a través de una evocación erudita, la cual sirve de tema a propósito para las va­riaciones, trata de dar forma y leyes a la lengua hablada. Aridosio y Marcantonio son hermanos de carácter perfectamente opuesto: avaro, grosero y pusilánime el primero, generoso y bonachón el otro. De los dos hijos de Aridosio, uno de ellos, Erminio, ha sido adoptado por su tío y educado li­beralmente; lo cual no impide que Marcan­tonio se oponga a sus amores con Fiammetta, muchacha destinada al claustro. El otro hijo, Tiberio, está enamorado de Livia, es­clava del alcahuete Ruffo que pretende una fuerte suma para cederla. Finalmente una hija de Aridosio, Cassandra, ama a César, cuyo padre no quiere aceptarla por nuera porque no tiene dote. Estos amores desgra­ciados son favorecidos por el criado Luci­do, quien, para impedir que Ruffo encuen­tre juntos a Tiberio y Livia, le hace huir diciendo que la casa está invadida por los espíritus. Lo cual induce a Aridosio, espan­tado, a enterrar su dinero, que luego le ro­bará César. A través de los engaños de Lu­cido los sucesos se encaminan a buen fin: César devuelve el dinero a cambio de la mano de Cassandra; Tiberio se casa con Livia, reconocida como hija de un rico mercader, y Erminio se casa con Fiammetta que, hecha madre, no puede ya tomar el velo. El motivo del dinero escondido y ro­bado está tomado de la Aulalaria (v.) de Plauto, el episodio de los espíritus de la Mostellaria (v.) del mismo autor y la ma­yor parte de la intriga de los Adelfos (v.) de Terencio.

U. Déttore

La Arcaria, Ludovico Ariosto

[La Cassaria]. Comedia en cinco actos de Ludovico Ariosto (1474- 1533) escrita en prosa en 1508 y refundida en verso en 1528-1529. Como advierte el au­tor en el prólogo, esta obra se propone desprenderse de la imitación clásica presen­tando acciones extrañas al teatro latino, y también, en este sentido, puede ser consi­derada como la primera del teatro regu­lar italiano. Erófilo, enamorado de Eulalia, esclava del alcahuete Lúcrano, por no te­ner dinero para rescatarla, sigue los conse­jos de su criado Volpino y substrae un arca con lingotes de oro confiados a la guarda de su padre, ahora ausente, y se los da en prenda a Lúcrano.

El improviso regreso del padre, Crisóbolo, pone en pe­ligro la situación, ya comprometida por la intempestiva intervención de criados que ignorantes de todo habían creído que la muchacha era raptada para otros, pero Vol­pino hace creer al viejo que el arca había sido salvada por el propio Lúcrano. El arca es recuperada y al mismo tiempo se des­cubre el engaño. Mal irían las cosas para Volpino si su criado Lucio no hiciera creer a Crisóbolo que el alcahuete se propone acudir a la justicia y no obtuviese de él el dinero para rescatar a la muchacha y al mismo tiempo a otra muchacha a quien ama un amigo de Erófilo. Todos estos en­redos no se hallan en el teatro de Plauto y Terencio, pero el ambiente y el carácter general son todavía los mismos de las es­cenas clásicas y también los personajes: viejos, criados, jóvenes calaveras, alcahue­tes, esclavos, etc. El diálogo, en realidad poco vivaz, es sin embargo notable por al­gunas expresiones de la jerga canallesca, que prueban en el teatro la adaptación de las expresiones juglarescas con la aten­ción puesta constantemente en la comedia clásica.

U. Déttore

Su comedia es una reconstrucción, no una creación, y atento al mecanismo se deja escapar las mejores situaciones y efectos cómicos. (De Sanctis)