El Citarista, Menandro

Comedia del autor griego Menandro (343-292 a. de C.), de la cual se han identificado un centenar de versos, hallados en un papiro egipcio. El fragmento no es suficiente para informarnos con cierta precisión de su trama. Sólo se de­duce que se trata de una de aquellas intri­gas amorosas en un ambiente burgués, que proporcionan continuamente los temas a las comedias de Menandro y a la comedia ática nueva en general.

A. Brambilla

Cistellaria, Plauto

[La cesta]. El título de esta comedia de Plauto (255?-184 a. de C.) vie­ne de la cestita, con chucherías para ser reconocida, en que había sido abandonada la pequeña Selenia. Había cuidado de recogerla la hetaira Melenis, la cual, a pesar de su vida poco casta, había querido que la niña fuese criada honestamente. Pasados al­gunos años y hecha mujer, Selenia conoce al joven Alcesimarco, cuyo padre le ha pro­hibido casarse con la hija de una cortesana, y que además quiere emparentarse con un rico vecino, Demifón. Pero Demifón había violado en su juventud a una muchacha y ésta había tenido una niña que había sido abandonada. Queriendo reparar su culpa se había casado después con la madre, y hacía años que se dedicaban a buscar a la hija perdida. El astuto criado de ellos, Lampadión, siguiendo ciertos indicios, consigue descubrir — precisamente cuando los dos amantes están reducidos a tal desesperación que ya piensan en un doble suicidio — que Selenia es nada menos que la muchacha buscada, y su reconocimiento no sólo evitará a la bella Selenia seguir el mismo camino que su madre adoptiva, sino que le per­mitirá realizar su sueño de amor, casándose con el joven Alcesimarco. Menandro ha su­gerido aquí a Plauto una delicada repre­sentación de afectos humanos, aunque el ambiente principal sea el equívoco de las cortesanas, y los precedentes converjan en una escena de violencia carnal. El tempera­mento de Plauto está aquí oprimido por la personalidad del original de que se sirve, pero en lugar de palidecer, consigue par­ticipar en su clima y darnos una comedia que, sin duda, hubiera merecido las simpa­tías de un Terencio. La comedia nos ha lle­gado incompleta. [Traducción española de P. A. Martín Robles en Comedias de Plauto, tomo III (Madrid, 1944) con el título La arquilla].

F. Della Corte

El Círculo o la «Soirée» de Moda, de Alexandre Poinsinet

[Le cer ele, ou La soirée á la mode]. Comedia en un acto de Alexandre Poinsinet (1735-1769), representada en 1771. Satiriza los salones burgueses que trataban, como los aristocrá­ticos, de ser intelectuales, a través de una serie de brillantes escenas, llenas de acier­tos. Damone, poeta arruinado y sin inspi­ración, quiere imponer la lectura de una tragedia suya a un grupo de damas que prefieren escuchar desvergonzados madriga­les de un viejo y libertino abate. Araminta, falsa beata, se entretiene peligrosamente coqueteando con un marqués cínico y audaz. Entre estos personajes, revolotea un médico sin clientela, que precisamente trata de buscarla entre aquella gente sin posición, hala­gando, para conseguirlo, sus vicios y sus de­fectos. La ligera comedia es una eficaz re­presentación costumbrista, es una obra que representa la mejor tradición francesa y su éxito se prolongó a lo largo de muchos años.

G. Alloisio

La Cintia, Giambattista della Porta

Comedia en cinco actos de Giambattista della Porta (1535-1615), escrita probablemente en su primera juventud. Vuelven con ella los motivos de Plauto y de la comedia del XVI, pero, en el fondo, pre­valece la vivacidad acertada del diálogo cómico, en el empeño, propuesto por los pri­meros comediógrafos del XVI, de actualizar la comedia latina. Eraste y Cintio son muy amigos, pero Cintio es en realidad Cintia, es decir, una muchacha a la que su madre hace pasar por chico, porque de haber sa­bido que no era varón, el padre no se hu­biese casado con su madre. Cintia ama a Eraste, pero éste, desconociendo su verdade­ro sexo, no piensa en ella y está, por el contrario, enamorado de Amasia, la que a su vez es un muchacho, vestido de chica para poder estar cerca de su amada Lidia, hermana de Eraste. La doble mentira trae como consecuencia una serie de confusiones: Eraste, creyendo encontrarse con Amasia, hace madre a Cintia, que la ha sustituido; el padre de Cintia, creyéndola hombre, quie­re darle a Lidia como mujer; Eraste, dis­gustado de que Cintia rehúse casarse con su hermana, la desafía a un duelo. Por último, todo se aclara. Eraste se casa con Cintia, y Amasia, mejor dicho, Amasio, se casa con Lidia. Es una comedia hábil, que inserta motivos patéticos en escenas muy movidas, según el gusto teatral de la se­gunda mitad del siglo. Una técnica escénica más experta, renueva los viejos motivos del teatro clásico reavivándole con un mayor conocimiento de la farsa.

U. Déttore

Cicerón, Carlo Passeroni

[Cicerone]. Poema burlesco en octavas, de 101 cantos, obra de Carlo Passeroni (1713-1803), publicado de 1755 a 1774. Con esta obra, que finge ser una traducción del manuscrito caldeo de un cierto Giambartolomeo, el autor se proponía evocar en verso la biografía del famoso orador roma­no, en tres grandes partes, tratando de su vida privada, de su vida de patriota desde el final de sus estudios hasta su elevación al Consulado y, por fin, desde el Consulado hasta su muerte; pero, en realidad, el tema le sirvió de pretexto para infinitas digre­siones, trayendo de continuo alusiones a la época del autor, y poniendo de relieve nu­merosísimos episodios y cuadros que son una amplísima y divertida sátira de las costumbres de su tiempo. Con gran facili­dad, Passeroni deja oír su opinión llena de buen sentido y de agudeza, sobre los vicios de la nobleza, sobre las modas, sobre las ocurrencias de las mujeres, sobre las voca­ciones monásticas forzadas, sobre el amor a las cosas frívolas, sobre las murmuraciones y las manías mundanas del XVIII. En con­junto, la obra es fastidiosa por su excesiva prolijidad y, sin embargo, en su fundamen­tal seriedad moralizante, que anuncia al Día (véase), de Parini, y en la vivacidad casi humorística de las disquisiciones autobio­gráficas de que tanto gustaba Sterne, este poema de «nueva invención» se puede leer hoy todavía con interés. Hacia el final de la obra, el escritor se acuerda de Cicerón e inserta su biografía sacada de un histo­riador inglés, Conyers Middleton; según el buen abate, el orador latino es un ejemplo de virtud y de sinceridad, tanto en su vida privada como en la civil. En estos trozos de clara intención moral, Passeroni deja sen­tir el soplo innovador de su siglo, un senti­miento de humanidad y de gentileza social y, sobre todo, la exigencia de una vida que no pierde su tiempo en fruslerías, sino que juzga los males en el sentido de favorecer al bien y al triunfo de la justicia.

C. Cordié

A los dardos de Passeroni les falta la pun­ta y le falta también la gracia a su sal. (De Sanctis)