[Der Schleier der Beatrice]. Drama en cinco actos del escritor austríaco Arthur Schnitzler (1862- 1931), estrenado en Breslau en 1900.
César Borgia amenaza con un poderoso ejército a Bolonia. En la ciudad, bajo la angustiosa pesadilla de la inminente ruina, se alternan el terror y la embriaguez, la locura y el deseo de goces supremos. El centro de esta locura es Beatriz Nardi, seductora y bellísima, hacia la cual convergen todos los deseos. Ella ama al poeta Filippo Loschi, que por ella abandona a su casta prometida; rechazada por Loschi, celoso por un sueño que de ella ha tenido, acepta pasivamente prometerse al joven artista Vittorino Monaldi; pero, poco después de la promesa, le abandona para casarse con Lionardo Bentivoglio, duque de Bolonia. Durante la fiesta nocturna que sigue a la ceremonia nupcial Beatriz se siente irresistiblemente atraída al ver de nuevo a Filippo Loschi, y, escogiendo el momento en que el duque es llamado para ordenar la defensa de la ciudad, vestida de novia y cubierta con un velo precioso, corre a casa de él.
Éste la recibe con alegría, pero cuando, en lugar de los soñados goces, él le propone morir juntos, Beatriz vacila, duda, y finalmente se niega. Filippo se envenena y Beatriz al huir pierde su velo. En el palacio ducal se han desarrollado entretanto escenas de desenfrenadas danzas y feroces represalias contra los espías y enemigos capturados; más tarde fue también notada la desaparición de Beatriz. Cuando vuelve, dice haber estado en San Petronio para rezar; pero la falta del velo, que no sabe justificar, la pierde. Pretende el duque que le conduzca allí donde el velo fue extraviado, y una vez más, para huir de la muerte que tanto pavor le inspira, guía a Bentivoglio a casa de Loschi. Delante del cadáver del envenenado se descubre todo; Bentivoglio perdonaría la vida a la inconsciente Beatriz; pero Francesco, su hermano, aparece y, vengador del honor familiar, la mata de una puñalada.
Este es el drama que en su aparición fue saludado con tan encendidos elogios en un tiempo de esteticismos y falsos «pathos», de pasión por lo que era o parecía vuelta al Renacimiento italiano, con materiales extraídos de Burckhardt, y con maneras poéticas copiadas de D’Annunzio, etc. Versos bellos no faltan en algún que otro pasaje; el carácter de Beatriz, inconsciente sembradora de desventuras y ruinas entre hombres superiores a ella, tiene su humanidad. Pero el resto del drama es convencionalismo, retórica, decoración: toda una moda que con el tiempo ha desaparecido.
B. Allason

