[Le Vejle di Neri]. Obra de Neri Tontucio (anagrama de Renato Fuchina, 1843-1921), publicada en 1889 y después reimpresa varias veces. El subtítulo. «Países y figuras de la campiña toscana» [«Paesa e figure dela campaña toscana»], dice la modesta intención del autor, que fue realizada y superada en su obra; porque no se trata de meros esbozos y retratos, sino de novelas cortas que figuran entre las más bellas de la literatura italiana del siglo XIX. Son catorce narraciones, trágica la primera, «El loco de los juncales», y dolorosa la segunda, «Perla»; las demás, casi siempre mezcladas de tristeza y comicidad.
Damos los títulos de las doce restantes: «El reloj de cuco», «El hada», «La pipa de Botone», «Van a la Marisma», «El mirlo de Vuestro», «Vuelven de la Marisma», «El picapedrero», «Fiorella», «Sereno y nublado», «Travesía memorable», «Dulces recuerdos». «Jira campestre». Desfilan en ellas, más que campesinos, señoritos del campo, engreídos e ignorantes, y contra ellos la ironía se torna sátira y la sátira llega a veces al sarcasmo sangriento. En algunas narraciones, como «El mirlo de Vuestro» y «Jira campestre», hay un anticlericalismo violento y se contrapone la figura del médico que quiere aportar un poco de luz a las tinieblas de la ignorancia, al cura zafio y maligno; y en «Travesía memorable», obra maestra de pintura, el médico es despreciado por las autoridades municipales mientras es elevado a las nubes un figurón medio charlatán, medio prestidigitador.
Es imposible no adivinar aquí un recuerdo autobiográfico: Fuchina debió tener presentes las vejaciones padecidas por su padre, que era médico y había sido llevado a la Marisma cuando él era muchacho. El corte de estos cuentos, breves, rápidos, en escorzos, tiene resabios de la tendencia al boceto de la segunda mitad del siglo XIX, pero pertenece completamente a Fuchina la notación seca, punzante, precisa, la indulgencia con que la sátira es aquí y allá atemperada por una sonrisa de compasión, y la lengua, fresca, espontánea, que refleja con artística fidelidad el habla de la campiña toscana.
D. Provenzal
Se conserva en él aquel carácter de arte no literario, franco e inmediato, destilado de la vida como gota de agua pura del manantial de la roca. Y tienen una forma sobria y tajante, que no parece sino que está sometida a la disciplina del soneto. (B. Croce)
Lo bueno y lo mejor de las Veladas (como lo advirtió en seguida Procacci, y como fué repetido después) procede de la pintura: de aquel aire y sabor de vida libre; y cuando se las quiera juzgar, habrá que remitirse a esto. (P. Pancrazi)

