[Le veglie di Siena, ovvero I varii humori della música moderna]. Composiciones musicales para voces solas en estilo madrigalesco de Orazio Vecchi (1550-1605), publicadas en Venecia en 1650 y al año siguiente en Nuremberg con el título Noctes ludicrae.
En un largo prólogo «Al lector», Vecchi se defiende contra los denigradores del Amfipamaso (v.) apoyándose especialmente en la. autoridad estética de Aristóteles, aunque citando también a autores de su tiempo, como Castiglione y Marino. El texto de las Veladas, posiblemente, es también del mismo Vecchi. Los «humori» indicados en el título son la expresión musical de los varios matices de los sentimientos y caracteres humanos («el humor grave, alegre, doliente, afectuoso, amable, pérfido, sincero, licencioso», etc.), a cada uno de los cuales tendría que corresponder teóricamente una establecida escala modal. Pero esto se refiere de un modo particular a la última parte de la obra, que es sencillamente una serie de catorce madrigales de cinco y seis voces.
Las partes anteriores, en cambio, tienen un mayor carácter de acción y movimiento: el conjunto contrapuntístico varía de dos a seis voces, y el mismo coro se escinde en varios grupos, produciendo así la impresión del diálogo; es el género del madrigal representativo en el que la acción pantomímica y el canto se confían a distintos grupos de ejecutantes. Por lo que se refiere al argumento, las Veladas son una representación de los entretenimientos y juegos de sociedad que abundaban en Siena al igual que en otras ciudades de Italia en tiempo de Vecchi. Son tres «veladas», en cada una de las cuales el Príncipe (el aristocrático anfitrión) propone determinados entretenimientos. En la primera velada el Príncipe sugiere el «juego de las imitaciones» y encontramos la imitación de un «Siciliano», de una «Pastor- cilla que se cree la más hermosa», de un «Alemán italianizado», de un «Español que habla a su dama con gran dolor», de un «Francés obstinado que se halla en amoroso estado», y por fin de los judíos.
En la segunda velada se hace la «Caza de Amor», caza que resulta imposible porque «Amor cuerpo no es sino espíritu». La tercera velada, como dijimos, es un verdadero conjunto de madrigales. El vínculo que la une con las anteriores puede parecer algo ficticio: sin embargo, debido al carácter de alegría despreocupada que tiene la obra, al igual que las otras de Vecchi, de Banchieri (v. Locura senil), no hay motivo para desear una unidad más íntima. Quizás las Veladas son una obra algo más ligera que el Amfipamaso. Sin embargo, es rica en vena y espíritu musical; el género, al fin y al cabo, es siempre el del madrigal de caracteres, es decir, imitación del lenguaje y costumbres locales. El contrapunto vocal es ágil y rico en imitaciones y los ritmos sabiamente variados. Para cada caricatura de personajes Vecchi encuentra unos rasgos graciosos que nos recuerdan aspectos de la vida social y popular del tiempo, logrando así impresionar la imaginación de su auditorio con un buen número de pinturas fluidas y originales.
F. Fano

