Bautismo no Hace al Cristiano, Roger Williams

[Christenings do not make Christians]. Obra del americano Roger Williams (1604- 1648), publicada en 1645 y comprendida en los seis volúmenes de las obras completas del autor, publicadas entre el 1866 y el 1874. Fautor de una Iglesia democrática, William se hizo apóstol de la tolerancia re­ligiosa, y a base de una interpretación per­sonal del Evangelio, creyó descubrir con­ceptos profundamente revolucionarios de la filosofía de Cristo. Su ideal era una libre sociedad cristiana, en la que los más hu­mildes hijos de Cristo gozasen de los bie­nes de la tierra tanto como los grandes. Adversario irreductible del principio jerár­quico sostenido por los presbiterianos de su época, Williams fue propugnador de uno mo­vimiento separatista que reconoce para todo cristiano la más completa libertad de con­ciencia. Pretende, en la obra citada, que el Cristianismo es antes un hecho moral que litúrgico. El individuo se hace digno de pertenecer a la Iglesia de Cristo, a través de la libre consecución de una conciencia cristiana; y no por mera virtud taumatúr­gica de ritos formales.

C. Izzo

El Bautismo en el Save, Francé Preséren

[Krst pri Savici]. Poema épicolírico del poeta eslo­veno Francé Preséren (1800-1849), publica­do en 1836. Sobre el fondo de las luchas políticas y religiosas del 772, el poeta can­ta el amor de Crtomir, caudillo de los eslo­venos paganos, por Bogomila, hija del sa­cerdote pagano Staroslav, en la isla del Lago de Bled. Los eslovenos cristianos, a las órdenes de Valjhun, doblegan la resis­tencia de los paganos con la ayuda de Tesel (Tasilo), duque bávaro. Ertomir, ten­tado por ideas de suicidio, supera su crisis y envía un pescador a Bled para tener no­ticias de Bogomila. Ésta llega en compañía de un misionero. Se ha convertido al cris­tianismo e induce a Crtomir a que se deje bautizar. Convertido también él, Crtomir se dirige hacia Aquileya para predicar el evangelio al propio pueblo. El poema, ento­nado con el Romanticismo de la época, es la primera y mejor obra eslovena del géne­ro. Compuesto en metros italianos (la in­troducción en tercetos, el resto en octavas), el Bautismo quiere ser una llamada al amor y a la fraternidad lanzado al pueblo eslo­veno, dividido en la época del poeta, como más de un milenio antes, por luchas intes­tinas. La afirmación de la renuncia cristia­na y del sacrificio personal para el bienes­tar superior de la nación y de la humani­dad son también reflejo del amor desgra­ciado del poeta por Julija Primié y de la pérdida de su amigo Matija Cop.

A. Budal

Batalla de Viejas contra Jóvenes, Franco Sacchetti

[Bataglia di vecchie e di giovani]. Son cuatro «cantares» en octava rima (a la ma­nera de los que por las plazas entonaban los «cantores» italianos, «rerum francigenarum», y que más pulidamente declamaba Bocaccio en las reuniones amistosas) con los que Franco Sacchetti (hacia 1330-1400) quiso divertirse un poco, celebrando, a tra­vés de una sencilla ficción narrativa, las más bellas jóvenes de la nobleza femenina de su tiempo y vituperando las viejas y feas; estas últimas por contraposición a las primeras, y con nombres evidentemente su­puestos. La fábula está pronto explicada: en un delicioso vergel, se reúnen las más bellas de las jóvenes nobles de Florencia para divertirse con honestos y delicioso? pasatiempos, bajo la presidencia de Cos- tanza Strozzi, cuando la vieja Oliente («ma­lolientes»), envidiosa del solaz de las jóve­nes, quiere introducirse en aquel paraíso, y es asesinada. Se enciende entonces una gran batalla promovida por las mujeres viejas y feas que quieren vengarla, al mando de Ghisola. Pero las mujeres hermosas —cu­ya emperatriz es Costanza y la capitana Elena Strozzir fuertemente apoyadas por el «duque de los amantes leales» y por otros caballeros enamorados de las bellas, hacen estragos en las viejas, librando así al mundo de esa peste.

De cuya peste no quedan ni si­quiera huellas porque lobos y cuervos aca­ban hasta con las carroñas. Elena Bombeni, que fue muerta en la lucha promovida por Ghisola, es milagrosamente resucitada por el primer rayo de sol, y todo se convierte en fiestas y juegos en el jardín. A pesar de muchas estrofas mediocres e incluso malas, la narración es en general viva, desenvuelta, rica de colorido aunque inevitablemente un poco monótona por repetirse los mismos «golpes» y por la presentación de las bellas en el primer cantar; las octavas, fluidas y de feliz acento popular superan en mucho a las trabajadas y mecánicas, y, como aquí y allá se hallan esmaltadas con versos más inspirados y de mayor lucimiento, dejan traslucir una inspiración más culta. No fal­tan las rarezas propias del tiempo: el canto segundo comienza como los cantares popu­lares con una invocación a la Virgen, in­vocación que va seguida por otra a Venus. Estamos ya en la plena mezcla cristiano- pagana del Renacimiento.

B. Chiurlo

La Batalla De Rávena

[Die Rabenschlacht]. Pequeño poema en alemán me­dieval, compuesto hacia 1280, seguramente por el mismo autor de la Fuga de Teodorico (v.), es decir, Heinrich der Vogler. Narra que Dietrich (v. Teodorico de Verona) se casó con Herrat en la corte de Etzel (v. Atila), quien le proveyó de un ejér­cito del que formaban parte sus dos hijos Ort y Scharf. Comienza la expedición con­tra Rávena; pero Ort y Scharf junto con Diether, hermano de Dietrich, sin escudo ni coraza, luchan contra Witege y resultan muertos. Entre tanto, Dietrich vence a Ermenrich, pero, apenas conoce la muerte de los tres jóvenes, sigue a Witege hasta el mar, donde es tragado por las olas que le protegen. Cuando tienen noticias de la muerte de sus hijos, Etzel y su mujer sien-ten gran dolor; pero a pesar de ello, es­cuchando las palabras conciliadoras de Rüdiger, perdonan a Dietrich.

M. Pensa

Batalla de Reinas, Serafí Pitarra

[Batalla de reynas]. Drama histórico en tres actos y en verso del dramaturgo catalán Serafí Pitarra (seudónimo de Frederic Soler, 1839-1895), estrenado y publicado en 1887. Basándose en dos fragmentos de los Anales de Cata­luña (lib. XIII, caps. XIX y XX) de Feliu de la Peña, concibió el autor la obra en la rivalidad entre Sibila de Fortiá, última es­posa de Pedro IV el Ceremonioso, y Violant de Bar, esposa de Juan I de Aragón, hijo del matrimonio de don Pedro con doña Leonor de Sicilia. La muerte del rey, ocu­rrida en 1387, pone frente a frente a las dos damas en su ambición de poder. Sibila ha­bía conseguido del rey que nombrara here­dero al hijo de don Juan y le fuera confia­do. Pero en el momento de la muerte del rey los partidarios del príncipe ganan la par­tida, y Sibila huye con su fiel enamorado Berenguer d’Abella, llevándose consigo al niño. Ello crea una situación sentimental tópica: cualquier acto que don Juan lleve a término contra los rebeldes costará la vida al pequeño príncipe. Sibila y sus parti­darios se refugian en el castillo de Sarroca. Llega allí Violant, disfrazada; al ser descubierta consigue el favor de Huc, el guardián de Sibila. Se entabla después un vivo diálogo entre las dos reinas, durante el cual Violant ofrece a Sibila cuanto desee a cambio de su hijo. Llega también don Juan, con un mensaje de Berenguer, a quien tie­ne prisionero. Sibila, al leerlo, lo cambia por otro preparado de antemano, lo cual deja a don Juan, que por caballerosidad no lo había leído, en una situación confusa. Llama Sibila a sus servidores, pero éstos capitaneados por Huc, que desea vengar una antigua afrenta, la traicionan. Después de algunos lances logran apresar a Sibila y recobrar el niño. Sibila y Berenguer son condenados a muerte. En la cárcel se juran amor hasta la muerte. El rey desea otor­gar el perdón al caballero, y a pesar de que éste lo rehúsa, cursa la orden de indulto. Violant lo intercepta y Berenguer es ajus­ticiado. Así Violant somete a Sibila, a quien ha jurado odio eterno, a un tormento ma­yor. Ella será enviada al destierro. La obra termina en el momento en que Berenguer muere en el patíbulo. Don Juan, en señal de dolor por la muerte del caballero, man­da arrodillar a las dos enemigas. A pesar de sus falsas situaciones y de su poca agi­lidad teatral —prescindiendo ya de la fi­delidad histórica —, es una de las mejores obras del popular dramaturgo catalán.

A. Comas