El Pirata, Walter Scott

[The Pírate]. Novela de Walter Scott (1771-1832), publicada en 1822. El argumento transcurre principalmente en Zetland (o Shetland), isla al norte de Esco­cia, y el novelista, que había hecho un viaje por aquellos mares hiperbóreos con el abue­lo de R. L. Stevenson, pinta los usos y cos­tumbres de aquellas remotas playas (cantos de bardos, danza de la espada, caza de la ballena, etc.), en agradables cuadritos que constituyen la parte mejor de la obra.

El argumento trata de la aparición en aquellas costas, después de un naufragio, del pirata Clemente (Clement) Cleveland, monstruo de valor y crueldad, de maneras elegantes y refinado en el vestir, descendiente del héroe fatal de Byron y antepasado de los corsarios rojos y negros de Salgari; de él se enamora Minna Troil, hija de Magno (Magnus) Troil, rico shetlandés de noble origen noruego; en tanto que la hermana de Minna, Brenda, se enamora de Mordaunt, simpático y valeroso joven, que después de haber salvado a Cleveland, termina siendo su enemigo. Al fin, los piratas, que habían capturado a Magno y a sus hijas, son de­rrotados y hechos prisioneros; Minna y Cleveland se separan para siempre, en tanto que Brenda se une a Mordaunt.

Es notable el personaje de Ulla Troil, conocida con el nombre de Norna, una medio loca dotada de poderes mágicos, que luego resulta ser la madre de Cleveland, fruto ¿Le su primer amor con Basilio (Basil) Mertoun, padre de Mordaunt; así es que los dos adversarios son casi hermanos; muy agradables figuras son las de Triptolemo (Triptolemus) Yelowley, agricultor del Yorkshire, y la de su caprichosa hermana Bárbara. La novela de Scott, que ha sido traducida a casi todos los idiomas cultos, inspiró también a varios compositores de ballets románticos; del éxi­to del argumento son buena prueba asimis­mo El Pirata, de Bellini, y una reducción, en versos sueltos, de un anónimo, Minna, cuento histórico tomado del Pirata, de W. Scott (1832).

M. Praz

Los Pioneros del Silverado, Robert Louis Stevenson

[The Silverado Squatters]. Libro de viajes de Robert Louis Stevenson (1850-1894), publi­cado en Londres en 1883. En ésta obra pa­rece descubrirse un nuevo Stevenson: el hombre que tanto amaba las aventuras, en su duro viaje a California se puso en con­tacto con una realidad que, de la aventura, no sólo tiene el recuerdo visible en todo el paisaje y en los restos de una ciudad de pioneros (junto a Calistoga), sino también la dureza y el sentido del esfuerzo.

El libro tiene el mérito de una simplicidad que tal vez lo hace parecer menos personal, pero que lo acerca a las realidades esenciales de la vida. El sentimiento de soledad de los antiguos pioneros, la comprensión de caracteres humanos que se ve obligado a inventar observando el paisaje, están logra­dos con una prosa más seca y menos vigo­rosa que la acostumbrada en Stevenson; menos matizada pero de más exacto sentido humano. Las imprevistas bellezas que des­cubre despiertan en él un sentido religioso de admiración y de simpatía por la fatiga humana que en aquel mismo escenario tuvo lugar no muchos años antes.

No es pura contemplación, sino participación fra­terna: participación que probablemente no fue muy característica de Stevenson, y que hace de él, escritor elegante, estilista y de coloridas aventuras, un hombre capaz de comprender a los hombres y vivir con ellos y, esta vez, capaz de revivir eficazmente la historia de los buscadores de oro llenos de vigor, de vida y del rudo poder de creación que los distingue.

A. Camerino

La Piedra Lunar, William Wilkie Collins

[The Moonstone]. Novela de aventuras del inglés William Wilkie Collins (1824-1889), publicada en 1868. El autor, utilizando la técnica que adoptó ya en La dama de blanco (v.), narra, a través de una serie de relaciones escritas por «testigos oculares de los he­chos», las complicadas vicisitudes del robo y el hallazgo de la «piedra lunar», enorme diamante antaño engastado en la frente de una divinidad india de la luna y cus­todiado a través de los siglos por tres brah­manes obligados por juramento a perder incluso la vida con tal que la piedra no sufra menoscabo.

John Herncastle, ofi­cial inglés, se apodera de la sagrada piedra durante el saqueo de la ciudad de Seringapatam, matando a los tres guardianes. Pero la mala acción no aportará fortuna: ni a él, debido al hecho, repudiado por su familia, ni a su heredera Raquel Verinder. La piedra fatal, que permaneció hasta en­tonces en los subterráneos de una banca, es robada por ladrones desconocidos el mismo día en que es entregada a la joven- cita. Se sospecha de tres juglares indios que han merodeado en torno a la casa du­rante aquellos días; pero pese a la inter­vención del sargento Cuff, policía célebre, el misterio no se aclara.

Por el contrario, otras desgracias acompañan a la pérdida de la piedra preciosa: la brusca ruptura del noviazgo entre Raquel y Franklin Blake, su primo; el suicidio de una camarera sospe­chosa y la muerte de la madre de Raquel, debida al disgusto… Todos ellos, golpes escénicos en torno a los cuales Collins traza con habilidad la intriga sin descuidar el estudio del carácter de los autores de las diversas narraciones, entre los cuales tiene extraordinario relieve la simpática y hu­morística figura del mayordomo Betteredge. Se descubre al fin que el diamante fue ro­bado, bajo la influencia de una dosis de opio inadvertidamente ingerida, por Franklin Blake. Raquel descubrió la verdad, pero por fidelidad amorosa se había negado a denunciarlo, aunque careció de ánimos para convertirse en la mujer de un ladrón.

La piedra, sin embargo, fue arrebatada de las manos del inconsciente Franklin por cierto Godofredo Ablewhite, que a su vez aspiraba a la mano de la rica Raquel. Pero los in­dios, que saben quién está en posesión de la piedra, lo vigilan, y el relato termina con la muerte de Godofredo, asesinado por los brahmanes, y con la completa aclaración de los hechos y las bodas de Raquel y Franklin. El sargento Cuff, alejado al prin­cipio por la misma Raquel, reaparece al fin para dar las últimas explicaciones indispen­sables y revelar así su olfato de perfecto investigador. Esta figura, de la que deriva en línea recta Sherlock Holmes (v.), rei­vindica para Collins derechos de prioridad que no siempre le son reconocidos. La no­vela, que tuvo enorme éxito, fué traducida a muchos idiomas. [La trad. española, en «Lecturas para todos», se titula El diamante de la luna].

L. Krasnik

La Pícara Justina, Francisco López de Úbeda

Con este título se conoce generalmente la novela picaresca publicada en Medina del Campo en 1605 y atribuida al español Francisco López de Úbeda, de fines del siglo XVI y princi­pios del XVII.

Ciertas alusiones satíricas de Cervantes en el Viaje del Parnaso (v.) («Haldeando venía y trasudando/el autor de La pícara Justina, / capellán lego del contrario bando»), la cultura y los abun­dantes leonismos del léxico indujeron a pensar que bajo el nombre de Úbeda se escondiese el dominico Andrés Pérez; pero como la existencia de Francisco de Úbeda, médico toledano, está probada documen­talmente, otros se inclinan a ver en él al autor. El libro no posee grandes méritos de invención, y su novedad fundamental con­siste en tomar como protagonista a una picara en lugar de un pícaro. La novela está precedida barrocamente nada menos que por tres prólogos, y consta de cuatro libros divididos en partes y capítulos o números.

Cada capítulo va precedido por un resumen en verso, en los más diversos y artificiosos metros del siglo XVII, y ter­mina con un «aprovechamiento» a guisa de moraleja, que indica el provecho que hay que sacar de la lectura. En el primer libro, «La pícara montañesa», Justina refiere su ascendencia y narra su educación, pero en lugar de comenzar como el Lazarillo (v.) o el Guzmán (v.) por sus padres, taberneros ambulantes, se remonta hasta sus bisabue­los, como para mostrar de qué lejanías atá­vicas provienen sus impulsos a la vida irre­gular y su afición a la aventura. El segundo libro, «La pícara romera», narra las aven­turas que le ocurren a Justina durante una serie de peregrinaciones o romerías; rap­tada por una banda de estudiantes, está a punto de perder la honra, pero se libra de los trúhanes emborrachándolos y dejándolos burlados; se arriesga a mil otras burlas, rozando siempre el código penal, pero sin pasar nunca de la raya; el tercero, «La pícara pleitista», narra los pleitos que sus hermanos intentan contra Justina, quien abandona su casa y se va a vivir a Kioseco, donde prosigue sus fechorías hasta que entra en la gracia de una vieja hechicera mora, y a su muerte, fingiéndose su sobrina, consigue heredar sus bienes con loos que vuelve a su pueblo.

El cuarto libro, «La pícara novia», narra las burlas que Justina hace a sus pretendientes, casándose con el peor, el escudero Lozano, jugador y disoluto. El libro quinto promete una segunda parte que debía de estar ya escrita, pues en el prólogo-resumen el autor enumera los títulos de cada libro: según el último de ellos, Justina, después de quedar viuda, se casaba con el pícaro Guzmán de Alfarache (v.). La novela es un mal logrado intento de imitar la feliz mezcolanza de ética y de picaresca que constituye el equilibrio intrínseco de la obra maestra de Alemán. Pero en La Pícara Justina la reflexión moral está introducida subrepticiamente, y los motivos satíricos que dan vida al relato de las experiencias de guzmán, se pierden en los límites de la predicación moralizadora, con una moral que las exigencias de la costumbre convierten en divagación anecdótica y en giro truhanesco, y que casa mal con la inspiración de un relato en que los desvíos de la degradación y las bufonerías del encanallamiento son expresados en un idioma admirable, rico en color, de una inventiva que a menudo recuerda a Quevedo.

C. Capasso

El que escribió La pícara Justina era hombre de poca inventiva, de  perverso gusto y de ningún jicio, y en este concepto mereció la sátira de Cervantes; pero poseía un caudal riquísimo de dicción picaresca y una extraña originalidad de estilo, en la cual cifraba todos sus conatos, esforzándose siempre por decir las cosas del modo más reve­sado posible. (Menéndez Pelayo)

Peripecias de la Vida, Ruayard Kipling

[Life’s Handi­cap]. Colección de treinta cuentos de Ruayard Kipling (1865-1936), publicados pri­mero en la «Civil and Military Gazette» y en el «MacMillan’s Magazine» entre 1888 y 1889 y reunidos en volumen en 1891. Aun formando parte de la primera producción narrativa de Kipling y adoleciendo de va­rias influencias, desde Poe a Maupassant, con evidentes tendencias a los aconteci­mientos sombríos y truculentos, revelan ya una precisa personalidad de escritor y su capacidad de interpretar el mundo indio como elemento mágico que espontáneamen­te viene a insertarse en el espíritu europeo.

No faltan en ellos episodios cómicos de los que siempre gusta Kipling: así las aventuras de tres soldados que le quitan a un halconero un palanquín de rey, dentro del cual uno de ellos, durante una fiesta en el templo de Prithi Devi, consigue que varias reinas y princesas indias le tomen por Krishna, y les saca dinero y joyas. Pero predomina el tema trágico: en el «Pequeño Tobrah», este niño, después de haber quedado solo en el mundo, arroja de un empellón a un pozo a su hermanita ciega, para no hacerle pasar hambre, y después se duerme tranquilo; en «Bertrán y Bimi», un orangután mata, por celos, a la joven esposa de su amo, y es muerto por éste; en el «Regreso de Imray», el espíritu de un asesinado hace descubrir a su asesino en un musulmán que lo había suprimido por estar convencido de que ha­bía hechizado a su hijito; la «Ciudad de la noche espantosa» describe una tórrida no­che india.

Pasan ante nosotros delicadas figuras femeninas, santones alucinados, ru­dos soldados, heroicos funcionarios, alegres figuritas; atrae sobre todo a Kipling la va­riedad de los tipos con aquel interés que caracteriza su primera producción y que poco después le hará dar gracias al Cielo por haber creado tan diversas criaturas.

G. Pioli