El Sátiro o El Hombre Selvático, Josip Stjepan Relkovic

[Satir ili divji covik]. Poema de Josip Stjepan Relkovic (1754-1801), escritor croata de la Ilustración y máximo representante de la literatura regional de Eslavonia. Pu­blicado en Dresde en 1762, fue ampliado más tarde con una segunda parte y refor­mado definitivamente en la edición apare­cida en Osijek el año 1779.

En la primera parte («El Sátiro canta en verso al eslavón» [«Satir piva u verse Slavoncem» ]) se cuenta cómo, yendo a buscar leña, un eslavón topa con un sátiro, con el que, pasado el primer espanto, simpatiza. Se ha­cen amigos y el sátiro le habla sobre los defectos de sus semejantes: sobre la gran falta de instrucción, la resistencia a enviar los hijos a la escuela, sobre las tertulias, escuela de escándalo y vicio para las mu­chachas, sobre las danzas, que incitan a ilícitas distracciones durante las fiestas re­ligiosas, sobre la costumbre, entre los cam­pesinos, de ayudarse mutuamente en las labores del campo, que en realidad encubre una deshonesta pereza y la codicia de ro­bar al prójimo; sobre las largas reuniones de los ancianos y los hombres, pretexto para rehuir los trabajos y para fumar y emborracharse. En la segunda parte, añadida en 1779, «El eslavón responde en verso al Sátiro» [«Slavone odpiva u verse Satiru»], se nos informa de los progresos mo­rales y educativos registrados en el país.

Típico representante del culto que aquella época rinde a la instrucción, Relkovic se muestra original e interesante sobre todo en la descripción de las costumbres que él quiere corregir: la vieja Eslavonia, con sus características usanzas y sus tipos, halla un relieve bien preciso en su metro ende­casílabo.

L. Salvini

Los Sátiros Cazadores, Sófocles

De este modo fue titulado por Ettore Romagnoli, en su traducción, el único drama sa­tírico de Sófocles (496-406 a. de C.) que se ha conservado. El título griego significa los «Rastreadores». Es un largo fragmento pu­blicado por vez primera por A. S. Hunt en el vol. IX de los Papiros de Ossirinco; el descubrimiento es reciente, de 1912.

Son 393 versos, de los 900 que aproximadamen­te se supone contenía la obra, y de ellos sólo son totalmente legibles 250; los 150 res­tantes están reconstruidos mediante con­jeturas aproximadas por los modernos filó­logos. No obstante cabe formarse una cierta idea con lo que se conserva, y al menos se puede deducir el tema de la pieza, que justifica nuestro interés. Los personajes son: Apolo, Sileno, Cilene (nodriza de Mercu­rio) y un coro de sátiros. Ha sido robado el rebaño de Apolo; Sileno y los sátiros, animados por los dones prometidos, se dis­ponen a la caza; descubren las huellas de los bueyes, y guiados por ellas entran en la cueva donde se halla Cilene. En reali­dad ha sido Mercurio, que hace poco nació, quien los robara. De pronto, un rumor inau­dito se eleva y llena de confusión a los sátiros; es Mercurio que hace sonar su lira, que acaba de inventar. Aquí se inte­rrumpe el papiro. La obra es graciosa y ligera, podría decirse musical; es viva y fragante, por la ingenuidad de las criatu­ras que en ella toman parte.

L. Polacco

El Sátiro o El Fauno Divinizado, Wolfgang Goethe

[Sátiros oder der vergótterte Waldteufel]. Breve drama satírico en verso, en cinco actos, de Wolfgang Goethe (1749-1832) es­crito hacia fines del año 1773, después de la última experiencia del íntimo círcu­lo de Darmstadt, en el que se había sa­turado el autor de las nuevas auras rousseaunianas, y Hamman y Herder le ha­bían abierto nuevos horizontes. En junio del mismo año había madurado su Goetz de Berlichingen (v.), casi afirmación in­consciente de su propia personalidad, y tras algunos meses de meditación da nacimien­to a esta sátira, crítica y superación de sí mismo.

El Sátiro, fauno de los bosques, se convierte en profeta de la nueva reli­gión y atrae hacia sí al pueblo, que le adora como a un nuevo dios, condenando al antiguo anacoreta que hasta entonces había sido objeto de toda veneración. Pero en el instante en que éste se halla a punto de ser sacrificado, se descubre que el nuevo profeta está dedicado a sus amores con Eudora, mujer de Hermes, su sacerdote. La sátira contra el profeta, refiriéndose a Herder, que en la vida privada descendía de la sublimidad de sus vastas visiones, cayendo en debilidades más que humanas, es lo que resalta a primera vista. La parte más inte­resante es la que va dirigida contra la exal­tación religiosa del «Sturm und Drang» (v.) de la que había sido víctima el propio Goethe. Éste, por decirlo así, se aparta de sí mismo para ironizar este impulso sen­timental que le embriagó, pero que ahora siente que no posee poder suficiente para dominar la vida. De todo este humorismo retrospectivo brotan versos de maravilloso lirismo, frenado por la misma ironía, y vi­siones íntimamente vividas, como la cos­mogonía del Sátiro.

Este demonio pagano y campestre no es satánico como Mefistófeles (v.) ni plantea ni resuelve problemas éticos o gnoseológicos; no es tentador ni humano. Es la bestialidad alegre de los sentidos elevada sentimentalmente a reli­gión. Representa un punto límite de la vida de Goethe, en la que el amor no es todavía pasión ni elevación: el momento estético está a punto de superarse y el meditativo comienza a apuntar como factor crítico. Las alusiones a personajes famosos son evi­dentes: aparte el Sátiro, que representa a Herder y en’ parte a Hamman, el anacoreta es el propio autor, y Psiquis, que se entre­ga ciegamente al nuevo dios, es Carolina Flachland, la esposa de Herder; pero todos ellos son vistos con parcialidad en función de Goethe, por el impulso momentáneo que ejercieron sobre él y por el eco que des­pertaron en su espíritu. El protagonista es Goethe y tan solamente Goethe, desdobla­do entre su titánica vida presente y la pa­sada. [Trad. de Rafael Cansinos Assens en Obras completas, tomo III (Madrid, 1951)

G. F. Ajroldi

Saqi Name, Sams al-Din Muhammad

[El libro del copero]. Com­posición poética de 138 dísticos, en metro épico, de Sams al-Din Muhammad, que literariamente recibió el sobrenombre de Hafiz (m. en 1389).

El poeta invita al joven copero a escanciarle un vaso de vino fuerte, para poder descubrir en él todos los secre­tos del mundo, como en la copa de Gemshld. Esta cita le lleva a meditar sobre la fugacidad de la vida humana, por lo que es insensato aferrarse a las cosas del mun­do. El destino tiene a los hombres a su merced, abatiendo de súbito a los más po­derosos soberanos y elevando a los humildes a los más altos pináculos de la gloria. Sólo la copa de vino, símbolo de la vida eterna, puede dar la verdadera alegría y si el mundo es fuente de descontento y dolor, se debe mantener la fe en Dios, fuera de la cual nada existe en realidad. El poeta termina loando al príncipe Mansür-Shah, afirmando que Nizami es el más grande de los poetas y dedicándole tres dísticos. El poemita, por muchos detalles, es una obra juvenil de Hafiz.

El empleo del metro épico de Nizami y de Firdusi, la imitación evi­dente de apelativos, atributivos y frases del Libro de los Reyes (v.) llevan a pen­sar que el autor se hallaba todavía en su período de formación cuando compuso esta obra. En esta composición son frecuen­tes *los recuerdos de la épica mitológica persa, a la que hace referencia también, a veces, en el Diwán (v.): el rey Gemshld, Zerdusht (Zaratustra, v.), el rey Kavüs, etcétera. A pesar de sus defectos, el poema es sin duda alguna interesante como ex­presión artística y Filosófica De La Persia De Aquel Tiempo.

G. Lupi

El Saporeto, Simone Prodenzani

[Il Saporetto]. Poema en sonetos de Simone Prodenzani, de Orvieto (m. en 1440). Describe una alegre estancia de dos semanas en la fantástica tierra de Buengobierno y constituye un fiel documento de las costumbres de fines del siglo XIV. Bailes y músicas, canciones italianas y francesas, juegos y cacerías son los temas de que se ocupa, a través de los cuales el autor muestra una atenta y cu­riosa capacidad de observación, y la sabi­duría de la vida que más tarde la sociedad italiana del siglo XV, en su máximo flore­cimiento, vio idealizada en el Cortesano (v.) de Baldassarre Castiglione. En el curso del poema se incluyen algunas novelas que forman otra composición en metro de ba­lada, en octavas: El Solaz (v.).

C. Cordié