La Saga de Teodorico

[Thidhrekssaga]. Relato compuesto en Noruega hacia mediados del siglo XIII. Narra las leyendas que habían florecido en torno a Teodorico, de tal manera que entreteje una vida suya completa.

Comienza con la descendencia, la infancia y las empresas juveniles, y pasa sucesivamente a describir la subida al tro­no del famoso rey ostrogodo, sus relaciones con Atila y con el rey Ermanarico, su vic­torioso combate con el célebre Sigurd de la leyenda nibelúngica, su fuga ante Er­manarico, incitado por un mal consejero, Sifka; su refugio junto a Atila y, final­mente, su infeliz expedición contra su tío Ermanarico; la reconquista, después de un largo destierro, de su reino legítimo contra el usurpador Sifka, sus bodas con la bella Isolda y, finalmente, su desaparición mon­tado en el diabólico caballo negro. Como se ve, está ligada estrechamente al ciclo de Teodorico la leyenda de Ermanarico. Pero otras leyendas heroicas germánicas se insertan, para hacerla más variada, en la narración; las nibelúngicas en primer lu­gar, y después las de Guaterio e Ildegunda, de Velent (Wieland) y de su hijo Vidga, así como otros relatos de aventuras y ca­ballerías. El autor de la novela se propuso manifiestamente escribir una obra de en­tretenimiento, como declara explícitamen­te él mismo en el «Prefacio».

Las admira­bles empresas narradas en esta obra, de Teodorico y de sus compañeros, de Sigurd, matador de Fafnir y de los nibelungos, de Unni y de Russi, y el escenario, que ora está en Italia, ora en Hungría o en Rusia, ora en otros países del septentrión y de Oriente, no podrían dejar de causar vivo deleite en el lector. Para entender el clima histórico en que se produjo esta obra, con­vendrá recordar que por aquellos años, bajo el rey Hákon Hákonarson, Noruega acogía de buen grado los elementos de la cultura europea que estaba en disposición de asi­milar. Las fuentes de esta novela, com­puesta en su mayor parte de leyendas ger­mánicas continentales, fueron, en efecto, canciones y relatos alemanes. Y como esos textos se perdieron después, La saga de Teodorico conserva gran valor para la tra­dición legendaria. En la historia literaria se la sitúa junto a la obra posterior Saga de los volsungos (v.), muy próxima también a ella por su materia y la técnica de compo­sición. De este modo surgió en Noruega en el siglo XIII, sobre la antigua tradición in­dígena de la Saga (v.), la novela heroica, mientras que en Alemania había nacido poco antes con el poema de los Nibelungos (v.) y la Gudrún (v.) el poema heroico.

Obsérvese, además, que aproximadamente por la misma época en que se publicó esta novela se componía la colección de los cantos de los Edda (v.). Las diversas partes de la Saga tienen un valor muy desigual, lo que no sorprende en una obra de compila­ción. Añádase que abunda en ella lo mara­villoso y exótico de fácil efecto (luchas con dragones alados, elefantes, etc.), mientras le falta el esfuerzo constructivo y la profun­dizaron de situaciones psicológicas que se notan, por ejemplo, en el poema de los Nibelungos, que nuestro espíritu recuerda espontáneamente por la parcial identidad de materia, y por lo que tienen de común aquellos espíritus caballerescos y corteses.

V. Santoli

El Sacrificio, Agostino Beccari

[Il sacrificio]. Fábula pastoril en tres actos de Agostino Beccari (1510?-1590); inició la fortuna de aquel gé­nero de drama que se afirmó con el Pastor fido (v.) y el Aminta (v.).

Fue estrenada el 11 de febrero de 1554, con música de Alfonso dalla Viuola, en el palacio de Fran­cesco d’Este, en Ferrara, y después edita­da el año siguiente, con estructura diversa, y dedicada a Eleonora d’Este, presente en la segunda representación. «Argumento: Erasto ama a Callinome, ninfa, pero se ve despreciado por ella. Y Tarico continúa en el ya conquistado amor de Stellinia, la cual lo deja y se da a seguir a Erasto, nuevo amante. Todos estos diversos amores últimamente alcanzan el deseado fin, con intromisión de un sátiro, que con placen­teros engaños intenta gozar de aquellas nin­fas : y con engaños también es por ellas burlado. La escena es en Arcadia». Ya en la Egle de Giraldi se puede reconocer un primer paso hacia un drama de carácter pastoril y el propio autor dejó un fragmento que lleva la indicación de «fábula pastoril»; El sacrificio tiene pastores por personajes y no se apoya en la mitología; pero su ma­teria no es nada nueva.

Bajo el ropaje teatral atento a las reglas esperonianas (v. Canacea) continúa el hilo ininterrumpido de la tradición bucólica en sus variadas for­mas. Tiene resabios de muchas influencias, entre ellas naturalmente la de Petrarca. En cuanto al Sátiro, se notan semejanzas con el de Egle y con el tipo de Ruzzante. La novedad del endecasílabo suelto, respecto a la antigua octava del género dramático, la comparte con Giraldi. Carducci encuentra en esta obra un «diálogo, por fin, regular en versos sueltos, mediocres pero cultos». Fuera del diálogo, los cantos son estrofas rimadas. El espíritu pastoril se mezcla, ade­más, con las falsas galas literarias propias del género, en la intriga cómica, a la que ayudan oportunos efectos de magia. Bien dice Carrara que ahora se comprende que es ya imposible el retorno a la sencillez bucólica antigua.

M. T. Dazzi

Ruslan y Ludmila, Alejandro Pushkin

[Ruslan i Ljudmila]. Poema épico de Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevic Puskin, 1799-1837), escrito entre 1817 y 1820, que no llegó a publicarse hasta 1822 a causa de sobrevenir el destierro del autor, acusado de ideas de­masiado liberales. Constituye el primer tra­bajo serio de este poeta, pero en él se nota todavía la influencia de sus lecturas juve­niles. En muchos aspectos, Ruslan y Ludmila guarda relación con la «bylina», la antigua canción épica rusa, pero la materia del poema está tomada de la epopeya hu­morística de Ariosto. Al valeroso príncipe Ruslan le raptan, la misma noche de su boda, a su esposa Ludmila.

El raptor es un mago, un horrible jorobado, el cual en vano trata de conquistar el favor de su prisionera. Ruslan, con la ayuda de otro mago, tras muchas y diversas peripecias que recuerdan las del esforzado Roldán (v.), llega al gélido reino del raptor, situado más allá de las montañas del Norte; des­pués de una violenta batalla que dura tres días, ata al mago y encuentra, en un jardín encantado, a Ludmila y con ella su feli­cidad. Las aventuras de Ruslan aparecen continuamente complicadas con luchas tra­gicómicas, sostenidas con espíritus y con caballeros: unas veces combate el príncipe con una enorme cabeza sin tronco, la cual pretende matarlo con la potencia de su so­plo; otras veces contra un rival en amor y finalmente con el mago jorobado, quien, en el furor de la batalla, obliga a que Rus­lan haga un largo viaje por los aires, llevándole prendido de sus larguísimas barbas. El poema es, realmente, la obra de un prin­cipiante, un mosaico de influencias extra­ñas a la inspiración espontánea del poeta; no obstante, ya se percibe en él la maestría de lenguaje y aquella facilidad poética que hicieron de Pushkin el más grande de los poetas rusos.

M. Kraisky

* Del poema del Pushkin se extrajo el libreto para el melodrama fantástico en cinco actos Ruslan y Ludmjila, de Michail Glinka (180-1857). Esta ópera, la segunda del compositor, fue estrenada en San Petersburgo en el año 1842. La música, aparte de algunas páginas de gusto  italiano, sigue estrechamente el programa «nacionalista» de los «Cinco». Es muy refinada y fantástica, favorecida en este aspecto por el asunto, que participa de la fábula, del ambiente y de la época en que se desarrolla. Como las demás óperas de los componentes del grupo de los «Cinco», sin exceptuar a Mussorgsky, tam­bién ésta se complace en un orientalismo que no debía hallar el favor del público y de la crítica, y por ello el éxito de la pri­mera representación fue muy inferior al obtenido por la primera ópera de Glinka, La vida por el zar (v.). No obstante, la obertura, el prólogo del bardo Bayan (que es presentado como si la acción que va a desarrollarse fuese narrada y evocada por él), los coros nupciales, los cantos del ma­go Finn y de la maga Naina, el coro persa, el nocturno de Ratmir, las danzas en el jardín encantado del mago y el final son páginas dignas de mención.

E. M. Duffolcq

Producto de un ingenio maduro que al­canzó el último estadio de su evolución… Es una ópera de primer orden y puede parangonarse con las grandes obras maestras de su género. En ella, Glinka señala nuevos horizontes y abre nuevos caminos que antes de él eran insospechados. (Cui)

El ingenio de Glinka es esencialmente dúctil y vario. Su estilo tiene la rara con­dición de saberse adaptar, según el deseo del compositor, a las exigencias y al ca­rácter del tema tratado. Glinka puede ser sencillo e incluso ingenuo sin verse obli­gado a transigir con una frase vulgar. Sus melodías presentan desarrollos insos­pechados y están construidas sobre temas que desconciertan por su singularidad y rareza. Es un gran orquestador, y el cui­dado con que emplea los instrumentos y el perfecto conocimiento de sus más íntimos recursos, convierten su orquesta en una de las más nuevas, brillantes y modernas que sea posible oír. (Berlioz)

La Rusalka o la Ondina, Alejandro Pushkin

Drama del poeta ruso Alejandro Pushkin (Aleksandr Sergeevic Puskin, 1799-1837), escrito en 1832 y publicado postumamente, incompleto, el año 1837. Según I. N. Zdanov se trata de un arreglo basado en la ópera Das Donauweibchen del alemán Karl Friedrich Gensler.

El desarrollo pushkiniano se man­tiene todavía enteramente en el terreno de la tradición poética folklórica rusa y narra la vida de una muchacha, hija de un moli­nero, la cual, seducida por un príncipe, se arroja al río Dniéper y queda transfor­mada en «rusalka». Un día envía a su hija a buscar al padre, quien después de casarse es atraído por una fuerza mágica hacia el río. El drama de Pushkin se detiene en el momento en que la hijita de la «rusalka» llega a la orilla y dice al príncipe que su madre no le ha olvidado, que le sigue aman­do y esperando. Más que de la obra de Gensler se sirvió el poeta ruso de las nu­merosas leyendas que sobre la mítica figura de la «rusalka» se han conservado en las canciones y fábulas y también en las su­persticiones del pueblo ruso, y que fueron interpretadas por él con una profunda com­prensión de su valor universal, si bien con­servando el colorido nacional en las diver­sas figuras y escenas (por ejemplo, la figura del viejo molinero, padre de la muchacha seducida y la escena del banquete nupcial). Es obra de segundo orden en el conjunto de la actividad pushkiniana y que, por otra parte, dejó incompleta su autor.

E. Lo Gatto

Indiscutiblemente [Pushkin] llevó consigo a la tumba algún gran secreto. Y ahora intentamos nosotros, en su ausencia, desci­frar este secreto. (Dostoiewski)

A pesar de todos los elogios y todos los honores tributados a Pushkin, a pesar de todos los estudios e interpretaciones, él continúa siendo para nosotros un enigma, y se diría que cuanto más nos aproximamos a él, se hace tanto más inaccesible e ines­crutable. (Merezchowski)

*    Del escritor alemán Frank Wedekind (1864-1918) recordaremos el drama Die Fürstin Russalka, estrenado en 1897.

*    El drama de Pushkin se hizo famoso sobre todo por haber proporcionado base para el libreto de la ópera en tres actos La Russalka de Alejandro Dargomzyski (1813- 1869), estrenada en San Petersburgo en 1856. «Yo aspiro a que las notas sean el equiva­lente de las palabras: quiero la verdad y el realismo», escribió el autor. A pesar de este propósito, la Russalka no es completa­mente realista. Pero lo es en tan alto grado en la parte del molinero loco, que este per­sonaje ha entrado en la historia de la ópe­ra como un papel extraordinario, interpre­tado por las grandes figuras clásicas (Petrov, Chaliapin). Dargomzyski terminaba diciendo: «Ellos (críticos y público) no pue­den comprenderme». A pesar de esta me­lancólica afirmación, por lo menos el loco de la Russalka fue tan bien comprendido, que todos los maestros realistas han estu­diado a fondo su lenguaje y, por decirlo así, su mímica verbal, para crear sus personajes. La parte mejor de la ópera es el final, cuando el príncipe, volviendo junto al río y al molino en ruinas, habla a la pequeña ondina, hija suya, y cuando el loco, riendo, lo arroja al río.

E. M. Dufflocq

*    Un ballet pantomima con el título La Russalka, de Lucien Lambert (n. en 1861), fue estrenado en París en 1911; Vasily Kalinnikov (1866-1901) compuso una balada La Russalka, para solistas, coro y orquesta; Nicolás Kasanli (n. en 1869) creó una can­tata homónima que fue estrenada en Munich en 1897. Russalka es también el título de una colección de piezas para canto, de Catterino Cavos (1776-1840) y de otra debida a Georg Catoire (1861-1926). Existe también una «ópera checa» titulada Russalka, que compuso Antón Dvorak (1841-1904), en el año 1901.

La Rosa y el Anillo, William Makepeace Thackeray

[The Rose and the Ring]. Cuento del escritor inglés William Makepeace Thackeray (1811-1863), publicado en 1855 bajo el pseudónimo de Michael Angelo Titmarsh, con ilustraciones del autor, y reimpreso en 1857 en el volu­men The Christmas Books of Mr. M. A. Tit­marsh.

A la corte de Valeroso XXIV, rey usurpador de Faflagonia, llega el príncipe Bulbo, hijo de Padela I, rey usurpador de la Crimea tártara (Krim Tartary). Bulbo, que posee una rosa hechizada que ha tenido la virtud de hacer de su figura rechoncha y desgarbada un personaje alto y desen­vuelto, pretende entrar en relaciones con la princesa Angélica, hija de Valeroso, a pesar de que ella está ya prometida a su primo, el príncipe Lirio, rey legítimo de Pafiagonia, aunque privado del trono por su tío al morir su padre Savio. La propo­sición de Bulbo es acogida favorablemente, tanto por Valeroso y también por su hija, la cual se pelea con su prometido, lo abofetea y le arroja el anillo que éste le había dado. El anillo es recogido por la vieja condesa Gruffanuff, que se considera viuda desde la desaparición del marido, convertido en hoja de la puerta real por el hada «Maza negra» (Blackstick), por haberle querido negar el acceso a la real morada. Tanto es el poder del anillo, que Lirio se enamora de la vieja y le dirige por escrito una pro­posición matrimonial. La alegría de la viu­da es tal que en un momento de júbilo entrega el anillo hechizado, cuyo poder des­conoce, a Betsinda, la camarera de An­gélica, lo cual tiene como consecuencia que Bulbo, Lirio y el mismo rey Valeroso se enamoren a un tiempo de la joven.

El pa­lacio es un hervidero y Valeroso ordena que Lirio sea ahorcado y que Betsinda marche al destierro. Pero Lirio consigue huir y durante el viaje encuentra a su hada ma­drina «Maza negra», la cual le aconseja estudiar, y así se dirige a la universidad del Bosforo, donde pasa brillantemente un examen. Betsinda se refugia en un bosque, donde es reconocida como la princesa Rosalba, hija del rey Coliflor, de la Crimea Tártara, destronado por Sartén y muerto en la batalla de Blunderbusco. En torno a Rosalba se agrupan los fieles nobles, que la reconocen como reina e inician la guerra contra el usurpador Sartén. Pero el anillo embrujado hace que todos se enamoren de ella, incluso el propio Sartén, quien la ha hecho prisionera y la condena a ser des­pedazada por dos leones al rechazar su amor. Pero los dos leones, que son precisa­mente los que habían amamantado a Rosalba, la reconocen y la perdonan. El príncipe Lirio, que entretanto ha terminado sus es­tudios en la universidad del Bosforo, corre en auxilio de Rosalba. Encuentra al capitán de la guardia de Valeroso, Hedzoff, el cual se pone a sus órdenes con todos sus solda­dos. Puede así reconquistar el reino pa­terno, derrocando al usurpador, que es obli­gado a hacerse monje de la orden de los disciplinantes, declarar la guerra a Sartén, vencerlo y obligarle a que lo reconozca como legítimo soberano.

Todo se arregla entonces: Angélica se casa con Bulbo, des­pués de haber recibido de Rosalba el anillo embrujado que le hace reconquistar su amor; la condesa Gruffanuff querría que Lirio mantuviese su promesa de casarse con ella, pero el hada «Maza negra» libera al ahijado de su imprudente promesa, hacien­do que reaparezca su marido, con lo cual Lirio puede casarse con Rosalba. El cuento está desarrollado con gracia, agilidad y des­envoltura, y el interés se mantiene cons­tantemente con numerosos aciertos que, a menudo, complican la situación. El estilo es llano, como requiere el género fabules­co, pero de cuando en cuando se muestra el humorista y hasta el mismo humorismo se tiñe de ironía.

B. Cellini