Cyriel Buysse

Nació el 21 de septiembre de 1859 en Nevele, cerca de Gante, y murió el 26 de julio de 1932 en los alrededores de esta ciudad.

Escritor flamenco, inició su ac­tividad literaria como seguidor de Zola y de C. Lemonnier, y describió con un vio­lento naturalismo la vida de los obreros y campesinos de la comarca situada entre Gante y Brujas (El derecho del más fuerte [Het Recht van den Sterkste, 1890]).

Muy pronto, empero, su interpretación de la exis­tencia de los humildes se hizo menos uni­lateral y acercóse a la de Maupassant. Junto con Vermeylen, De Bom y Prosper Langendonck fundó en 1893 la revista Van Nu en Straks, casi tan importante para la cultura flamenca como lo ha sido Nieuwe Gids res­pecto de la holandesa.

Algunos años des­pués separóse del grupo, y fundó en Ho­landa, con L. Couperus y Van Nouhuys, la revista Groot Nederland. Entre sus novelas cabe citar La vida de Rosa de Dalen (v.), La pélotita [Het Bolleken, 1906], El borrico [Het Ezélken, 1910].

Escribió también para el teatro; frecuentemente sus comedias son refundiciones de novelas: tal ocurre con María (1900), basada en el argumento de El derecho del más fuerte. La familia de Paemel [Het Gezin van Paemel, 1902] es considerada el más intenso drama social fla­menco.

Otras obras teatrales de este autor son La justicia [Het Recht, 1908], Jan Bron (1921) y El defensor [De Plaatsvervangende verdediger, 1930]. El teatro de B. presenta matices intensos y un diálogo conciso; no obstante, la acción no siempre resulta bien construida.

A. H. Ltujdjens

Gerolamo Cardano

Nació en Pavía el 24 de septiembre de 1501, murió en Roma el 21 de septiembre de 1576. Fruto de la unión ilegí­tima (legitimada en 1524) de Clara Micheli con Fazio, milanés, jurista y matemático de gran erudición, amigo de Leonardo de Vinci (de donde, quizás, el parangón intenta­do a menudo entre Leonardo y Gerolamo).

Criado en medio de malos tratos, enferme­dades y desgracias, fue de una precocidad extraordinaria en el estudio y llegó a tener fama de astrólogo y adivino antes de dar pruebas de un talento «más que divino» en las disciplinas naturales y matemáticas.

Se doctoró en Medicina en 1526, iniciando in­mediatamente el ejercicio de la profesión en Saecolongo (Padua), donde se casó en 1531; volvió a Milán en 1532 y en el 34 ob­tuvo la enseñanza de las Matemáticas, aun­que continuó en el ejercicio de la Medi­cina, mezclada con prácticas astrológicas y mágicas.

Desde sus primeros opúsculos de Medicina, De malo metendi usu (1536), y de Matemáticas, Práctica aritmética (v.), ya se manifiesta su estilo retorcido y confuso, característico en su abundantísima produc­ción literaria (reunida en los diez volúme­nes Opera omnia, Lugduni, 1663), y que alcanza su máxima oscuridad en De regula aliza (1570). (La propia palabra «aliza» no se sabe bien qué significa, aunque algunos la interpretan como «difícil».) En sus obras evi­dencia una cultura enciclopédica, poderosa inteligencia unida a una credulidad pueril, sensibilidad exasperada por pavores inven­cibles y desmesurados sueños de grandeza; en resumen, una personalidad psíquica des­equilibrada, que Lombroso tomó como ejem­plo de su teoría sobre el genio y la locura.

Sabedor por las disputas públicas de Mate­máticas, entonces en boga, de que Niccoló Tartaglia poseía la regla para resolver ecua­ciones de tercer grado, logró también cono­cerla bajo promesa, quizá jurada, de no divulgarla y prometiendo a su vez, en re­compensa, introducir a Tartaglia en los am­bientes universitarios y humanistas, hostiles a éste.

Cardano mantuvo la promesa durante seis años; pero cuando averiguó que el boloñés Scipione Dal Ferro había hallado antes que Tartaglia la misma fórmula, creyó poder romper la promesa hecha y divulgó el pro­cedimiento en Ars Magna (v.), obra célebre en la historia de las Matemáticas porque en ella C., después de ampliar los casos de apli­cación de la fórmula de Tartaglia, inicia la teoría de las ecuaciones algebraicas, dando algunas relaciones entre raíces y coeficien­tes de una ecuación.

Tartaglia no perdonó a C. el haber divulgado el método y en sus Problemas e invenciones varias (v.) le ata­có con «calumniosas y mordaces palabras» (a las que respondió el yerno de C., Ludo- vico Ferrari, de donde nacieron aquellos seis Cartelli di matematica disfida, pinto­resca fuente de los usos científicos del si­glo XVI), contestados por Tartaglia en el Tratado general de números y medidas (v.), que, por ser muy conocido de los mate­máticos, contribuyó no poco a desmerecerante la posteridad la personalidad moral de C.

Aunque desde 1543 desempeñaba la cátedra de Medicina en Pavía, en 1150 pu­blicó De la sutileza (v.) y en 1557 el gran suplemento de esta obra, De la variedad de las cosas (v.), los dos libros más concien­zudos de C., vastas enciclopedias que se di­fundieron rápidamente. En 1560 lo «abrumó un nuevo dolor: en las cárceles de Pavía fue ajusticiado su primogénito, el desven­turado Giambattista, acusado de uxoricidio. Abrumado por el golpe, y acaso sospechan­do que la severa condena era fruto del odio de sus propios enemigos, C. hace todo lo que puede por salvar a su hijo y, fracasadas todas las tentativas, solicita y obtiene una cátedra en la Universidad de Bolonia, adon­de se traslada en 1562.

Es encarcelado en 1570 por el Tribunal de la Inquisición, acu­sado de haber hecho el horóscopo de Jesu­cristo; permaneció en la cárcel durante dos meses, siéndole prohibido sostener lecturas públicas y privadas.

En 1571 se traslada a Roma, donde es afectuosamente acogido por el papa, y se le otorga una renta vitalicia, que disfrutó hasta su muerte, ocurrida, se­gún se dijo, el mismo día que él había pre­visto. Esta existencia ardiente y visionaria, mezcla de sabiduría y locura, de supersti­ciones medievales y premoniciones, es na­rrada por sí mismo en su Autobiografía (v.), donde la sinceridad y la indagación son llevadas hasta la confesión más íntima.

M. Gliozzi

 

Enrico Annibale Butti

Nació el 19 de fe­brero de 1868 en Milán, donde murió el 25 de noviembre de 1912. Sus estudios abarcaron varias ramas del saber, desde la medicina y la música hasta la jurisprudencia y las matemáticas.

De carácter esencialmente me­ditabundo, inició su carrera literaria con una serie de novelas, no demasiado excep­cionales en cuanto a gracia y viveza: L’automa (1892), Del alma (1893), l’immorale (1894), L’incantesimo (1897).

Mientras tan­to, a partir de 1893 había empezado a tra­bajar para la escena con Frutto amaro (en colaboración con Hanau), obra a la que si­guieron Il vórtice y L’utopia (1894). Siguien­do el modelo de Ibsen, reaccionó contra el teatro verista de inspiración francesa e in­tentó poner de manifiesto los valores deno­minados «espirituales» que entonces se ha­llaban en conflicto con la ciencia, la política y el progreso.

Con todo, sus personajes no presentan sino problemas intelectuales, y ca­recen de un verdadero dramatismo. Contra los malos hábitos y la «miopía» de algunos contemporáneos, así como también para rei­vindicar el humanismo apoyado en una só­lida fe religiosa, compuso la tetralogía titu­lada Los ateos (de la cual quedaron termi­nadas las tres primeras partes: La carrera en pos del placer; Lucifer, v.; Una tempes­tad), destinada a denunciar la falsedad de los placeres, la supuesta omnipotencia intelectual del hombre y la ideología socialista.

Las mismas tesis inspiraron la más famosa de las obras teatrales de B., Llamas en la sombra (1904). Nuestro autor cultivó asi­mismo el género satírico y jocoso, en el que logró notables éxitos. En su producción figuran también un repertorio de estudios críticos (Né odi né amori) y una especie de testamento espiritual que fue su creación predilecta: el poema dramático en cuatro cantos El castillo del sueño.

G. Debenedetti

Rambertino de Buvalelli

Trovador boloñés en lengua provenzal que pertenece al primer grupo de poetas italianos que imi­taron a los autores poéticos de Provenza en su mismo idioma.

No se sabe exactamente la fecha de su nacimiento; pero sí, en cam­bio, el año de su muerte (1221). Desempeñó varios cargos públicos en Brescia, Milán, Bolonia, Módena, Parma, Mantua, Génova y Verona, donde murió. Las escasas Poesías (v.) que dejó resultan completamente aje­nas a los acontecimientos de su vida y de su época. En ellas canta a una mujer que, probablemente, debe de ser Beatriz de Este.

Dichas composiciones líricas son documen­tos de los ocios literarios de un hombre en­tregado a la vida pública, pero, al mismo tiempo, atento a los intereses culturales con­temporáneos. Sin profunda originalidad poé­tica, pero con una hábil capacidad de ver­sificación, es uno de los poetas italianos más notables en lengua provenzal.

C. Cremonesi

Samuel Butler

Nació el 4 de diciembre de 1835 cerca de Bingham (condado de Nottingham, y murió el 18 de junio de 1902 en Londres.

«Escritor filosófico», humorista y novelista, cultivó asimismo la pintura, la música y las ciencias biológicas. Inclinado a los estudios religiosos por tradición fami­liar, luego de una crisis interior dedicóse, entre 1860 y 1864, a la cría de ovejas en Nueva Zelanda.

Al regresar a Londres, las exhortaciones de su amiga espiritual Mary Anne Savage (la «Alethea» de El camino de la carne, v.) le indujeron a escribir li­bros (casi todos ellos publicados por su pro­pia cuenta), en los que satirizó duramente las tradiciones religiosas y los conformis­mos morales de la sociedad victoriana (v. Erewhon y Retomo a Erewhon), así como también los sistemas educativos de que él mismo había sido víctima.

Hombre metódico y solitario (permaneció soltero y, cosa rara tratándose de un inglés, no perteneció a ningún club), viajó mucho, sobre todo por Italia, país del cual describió con simpatía las tradiciones, costumbres y obras de arte (Alpes y santuarios del Piamonte y del can­tón Ticino, v., Ex voto).

Fue un espíritu singular; y así, en los estudios de biología, que, sin embargo, llevó a cabo sólo como aficionado, manifestó su propia independen­cia y se opuso a las teorías darwinistas (v. Vida V’ costumbre), y en el campo de los problemas filológicos formuló la peregrina hipótesis según la cual la Odisea habría sido escrita por una mujer siciliana (Sobre el origen trapanés de la Odisea, La autora de la Odisea (v.), «Humour» de Homero).

Admirador de Haendel, compuso también obras musicales, por lo general oratorios al estilo de los de este gran músico. Los con­temporáneos le juzgaron un ecléctico y un polígrafo; G. B. Shaw revalidó su obra. B. influyó más o menos directamente en Galsworthy, Walpole, Wells y Orwell, y en la actualidad se le considera un clásico, parangonable a Sterne y Swift.

L. Fuá