Henry Kingsley

Nació en Bamack (Northamptonshire) el 2 de enero de 1830 y murió en Cuckfield (Sussex) el 24 de mayo de 1876. Formóse en Clovelly y Chelsea, y recibió una óptima educación en el King’s College de Londres y en el Worcester College de Oxford. Sin embargo, en 1853, y antes de graduarse, interrumpió los estudios univer­sitarios y embarcóse hacia Australia; la atracción del lejano continente había aumen­tado con la noticia de los descubrimientos de fabulosas minas de oro. En sus libros, Kingsley no refirió nunca de una manera directa sus experiencias australianas; con todo, sa­bemos que perteneció a la policía montada. En 1858 volvió a su patria y escribió Los recuerdos de Geoffrey Hamlyn [The Recollections of Geoffrey Hamlyn, 1859], obra en la que, como ocurre en The Hillyars and the Burtons (1865), narra la existencia pri­mitiva y audaz de los primeros colonizado­res de Australia.

Ravenshoe (v.), con escenas de Crimea, aparecida en 1861, es la obra maestra de nuestro autor. Fue muy leída su narración infantil El muchacho de gris [The Boy in Grey, 1871]. Contrajo matrimo­nio en 1864 y en 1869 se trasladó a Edim­burgo para encargarse de la dirección del periódico liberal Daily Review. Fracasado el diario actuó como corresponsal de guerra. Cuando no está basada en una experiencia vivida, la producción de Kingsley tiende al tono noble que conmovía al lector de la época; sin embargo, su obra carece del rigor y el estilo propios del escritor genuino.

A. Rizzardi

Charles Kingsley

Nació en Holne, cerca de Dartmoor (Devonshire), el 12 de junio de 1819, y murió en Eversley (Hampshire) el 23 de enero de 1875. Sacerdote anglicano aficionado al estudio de las ciencias natura­les y novelista, fue, junto con F. D. Maurice, el principal representante del socialismo cristiano en Inglaterra. Luego de haber es­tudiado en el King’s College de Londres y en la Universidad de Cambridge, recibió, en 1849, el nombramiento de capellán de la reina Victoria. Entre 1860 y 1869 fue profe­sor de Historia moderna en Cambridge, y en 1873 llegó a canónigo de Westminster.

Sus ideas liberales le contrapusieron a Newman; uno de sus artículos, concreta­mente «What, then, does Dr. Newman», apa­recido en una revista, inició el debate que dio lugar a la famosa Apología de su adver­sario. Además de los sermones, reunidos en Twenty-Five Village Sermons, y de nume­rosos opúsculos y artículos sueltos de pro­paganda político-religiosa, como The Message of the Church to Working Men, escribió un pequeño poema en hexámetros (Andró­meda, 1858) y varios ensayos descriptivos (Prose Idylle, 1873). Kingsley, sin embargo, debe su mayor popularidad a las novelas de fondo social (Levadura, 1848, v.; Alton Locke, 1850) o histórico (Hipatia, 1853, v.; ¡Hacia el Oeste!, 1855, v.; Hereward the Wake, 1866), que en realidad son una continuación de su actividad de publicista y reformador. En realidad, el arte fue para él sólo un medio destinado a la difusión de sus ideas y a la exhortación al trabajo. De sus narra­ciones para muchachos, las más célebres son The Heroes (1860) y Los niños del agua (1853, v.). Narrador de fácil inspiración, marcó en la historia de la novela inglesa el tránsito del género histórico según la tra­dición de Scott y Thackeray al de ideas y aventuras.

F. Méí

Alexander William Kinglake

Nació en Wilton House, cerca de Taunton, el 5 de agosto de 1809, y murió en Londres el 2 de ene­ro de 1891. Realizados los estudios de juris­prudencia en el Trinity College de Cam­bridge, actuó hasta 1856 como criminalis­ta, profesión que abandonó este año para dedicarse enteramente a la política y a la literatura. Tras un largo viaje a Pales­tina, Egipto y el Líbano escribió Eothen (1844, v.), una de las narraciones sobre viajes a Oriente más populares de la época; en la figura del protagonista se halla refle­jada la personalidad animada, multiforme y alegre del autor.

Luego estuvo con el ejér­cito francés en Argel (1845) y Crimea, don­de entabló amistad con el comandante in­glés lord Raglan y participó en la batalla de Alma. Vuelto a la patria, a instancias de lady Raglan dedicóse a la laboriosa compi­lación de Invasión of Crimea: its Origin, and its Progress down to the Death of Lord Raglan (1863-1887), apología y estudio com­pleto, al mismo tiempo, de la campaña de Crimea. La crítica contra Napoleón con­tenida en la obra provocó su prohibición en Francia durante el Segundo Imperio; en conjunto, y a pesar de su prolijidad y par­cialidad, sigue siendo uno de los principales textos históricos del siglo pasado.

A. Rizzardi

Hans Ernst Kinck

Nació en Oksfjord el 11 de octubre de 1865 y murió en Oslo el 13 del mismo mes de 1926. Es el representante más ilustre del movimiento neorromántico y nacional de Noruega durante el tránsito de uno a otro siglos. Todavía estudiante se interesó por las tradiciones populares y la antigua literatura nórdica. Graduado en 1890, enseñó algún tiempo en Cristianía, y luego trabajó en la biblioteca universitaria. Em­pezó a escribir de acuerdo con el naturalis­mo; sin embargo, las novelas Huldren (1892, v.) y Jóvenes [Ungt folk, 1893] presentan ya los temas que posteriormente habrían de prevalecer en la producción del autor: el alma popular y la oposición al racionalismo. En 1893 contrajo matrimonio con Minde Ramm, y pasó un año en París, donde co­noció a Hamsun y Lie y maduró el misti­cismo nacionalista y racista que en ade­lante inspiraría sus narraciones y novelas — Las alas del murciélago [Flaggermusvinger, 1895], El pastor [Driftekaren, 1908], Hermán Ek (1922).

En 1896 estuvo por vez primera en Italia, donde vivió en Roma hasta 1899 y en Florencia hasta 1903; este país, al que volvió repetidamente, y cuyo gobierno .por el fascismo vio con cierta simpatía — por lo menos al principio —, ins­piró gran parte de su producción narrativa (en la cual resulta característico el con­traste romántico entre el Norte pagano y heroico y el Sur cristiano y afeminado), los dramas eróticos (Las bodas de Genova [Brylluppet i Genua, 1911]) y los históricos de ambiente italiano, en los que el «genio de la estirpe» aparece concretado en la con­traposición entre Aretino (El último hués­ped [Den sidste Gjest, 1910]) y Maquiavelo (Hacia el carnaval [Mot kameval, 1915]), y numerosos ensayos y estudios sobre la cultura y la historia de Italia: Italianos [Italienare, 1904], Tierra antigua [Gammel Jord, 1907], La voz de la estirpe [Stammens Røst, 1919], Figuras del Renacimiento [Renaessance Mennesker, 1916]. Se le debe también un retrato histórico de Aretino: Un aventurero de la pluma [En Penneknegt, 1911]. De los dramas cabe citar, además, Agilulfo el sabio [Agilulf den Vise, 1906]. Los cuentos, donde Kinck se ve forzado a la brevedad, figuran tal vez entre lo mejor de su producción.

M. Gabrieli

Kikamatsu Monzaemon

(En el si­glo Sugimori Nobumori). Nació en Kyoto en 1653 y murió en Ōsaka en 1725. Es el más ilustre de los dramaturgos japoneses. Poco se sabe acerca de su vida en el período anterior al de sus grandes éxitos como escritor teatral. Hay, por lo menos, diez tradiciones distintas en cuanto al lugar de su nacimiento y tres referentes al de su muerte. En general, se cree que fue hijo de una familia de «samurai» y sirvió, du­rante algunos años de su juventud, en casas nobles de la capital, Kyoto. Sus obras nos le muestran como amplio y profundo conoce­dor de la literatura de su país y muy fami­liarizado con los clásicos chinos, a quienes cita con abundancia y frecuencia; lo mismo puede afirmarse respecto a los libros sagra­dos del budismo. Se sabe, además, que en sus años mozos fue un hábil compositor de «haikai» (poesías breves de diecisiete sílabas); según parece, debió de estudiar en el convento budista de Gonjōji, en la actual prefectura de Shiga. Con K., los dramas para el teatro popular, «kabuki», y el de marionetas, «jōruri», aparecen divididos en dos tipos: históricos, «jidai-mono», y socia­les, «sewa-mono».

Estos últimos, inspirados comúnmente en sucesos contemporáneos, ;se fundan en el conflicto entre las exigencias del sentimiento y de la naturaleza humana, «ninjo», y los deberes de la moral confuciana entonces vigente, «giri»; el litigio suele resolverse con el suicidio de los dos amantes («shinjū», doble suicidio de amor). En la carrera artística de K. cabe reconocer cuatro períodos. El primero (1675-85) empieza con El espíritu perverso de la dama Wistaria [Fujitsubo no onryō], obra escrita para el gran actor Sakata Tōjūrö (1645- 1709), que actuaba en Kyotō y la representó, según algunos, en el año 1677, y, en opinión de otros, en 1686; sea como fuere, en esta última fecha K. había alcanzado ya, induda­blemente, la notoriedad. Con todo, sus pri­meros textos fueron, esencialmente, adapta­ciones de «nó» (dramas clásicos). El segundo período (1686-1703) se inicia con la presen­tación de Kagekyo el triunfador [Shusse Kagekyo, cinco actos, 1686] en el escenario del Takemoto-za, teatro fundado en 1685 en Osaka por Takemoto Gidayū (1650-1714). Durante esta fase escribió en general «ka­buki», varios de ellos concretamente para Tōjūrö; en algunas de estas obras se dan ya, a veces, escenas situadas en los burdeles, lo cual supone un avance de la evolución futura.

La tercera etapa se abre con el primer drama social, El doble suicidio de amor en Sonezaki [Sonezaki Shinjū, tres ac­tos, 1703], que llevaba al teatro un hecho real y reciente. Hasta este momento había compuesto «kabuki» para Tōjūrö, y «jōruri» destinados a cantores como Inoue Harima- no-jō (1632-85), Uji Kaga-no-jō (1635-1711), etcétera; como es natural, no había olvidado tampoco a Takemoto Gidayū. Sin embargo, en 1705, pasado de Kyoto a Osaka, escribió solamente para el Takemoto-za. En este centro de la cultura burguesa la atención del autor fue atraída por los «sewa-mono», que trataban los problemas de los «chōnin» (burgueses). El cuarto período (1714-25) empieza a la muerte de Gidayū, quien había designado como sucesor a su joven discípulo Takemoto Masadayü (1691-1744), con lo que provocó el resentimiento de los actores más viejos, los cuales, juzgando al sucesor in­digno de su maestro, comenzaron a desertar del teatro, imitados pronto por los especta­dores. K., empero, apreciaba las facultades de Masadayū, y se propuso rehabilitarle; a tal fin compuso Las batallas de Kokusenya [v. Kokusenya Kassen, cinco actos, 1715], que hizo palidecer todos los éxitos anterio­res y mantuvo el teatro lleno durante dieci­siete meses seguidos.

El drama no sólo con­solidó la posición de Masadayū sino que aumentó la fama de K. Durante diez años más siguió escribiendo para aquél obras que hicieron conocer al Takemoto-za tiempos de una gloria superior todavía a la alcan­zada mientras vivía Gidayū. El gran dra­maturgo murió el día 22 de la lunación XI del noveno año de la era Kyōhō (7 de enero de 1725). Ha sido llamado el Shakes­peare japonés; en realidad no puede ne­gársele una refinada habilidad en la des­cripción de los caracteres de sus personajes, envueltos en el torbellino de las pasiones y admirablemente trazados y palpitantes. K. es un verdadero mago de la pluma, y domina a la perfección un variado y abun­dante repertorio lingüístico en el que figu­ran desde la lengua china hasta el idioma clásico nacional, y de los motivos de la poesía culta al dicho popular e incluso el dialecto de Osaka, elementos que sabe dosi­ficar adecuadamente para la obtención de los efectos deseados. Su estilo, original y siempre florido y expresivo, anima la escena y da calor y profundidad a los sentimientos de los personajes. Muchas partes de sus dramas están escritas con un ritmo particu­lar de sorprendentes resultados, creado con­cretamente para su adaptación a los movi­mientos de las marionetas o a las notas del «samisen», la típica guitarra de tres cuerdas.

Y. Kawamura