Aben Humeya o La Rebelión de los Moriscos, Francisco Martínez de la Rosa

Drama histórico de Francisco Martínez de la Rosa (1787-1862), escrito primero en francés y luego traducido al es­pañol por el mismo autor, estrenado el 19 de julio de 1830 en el Teatro de la Porte St.-Martin de París. Pone en escena un episodio de la guerra de los moriscos en el siglo XVI. El drama empieza con un co­loquio de Aben Humeya, jefe de los moris­cos, y su mujer Zulema que se atormenta viéndole inquieto, y teme que oculte algo. En tanto entra Fátima, su hija, a quien unos soldados han intentado arrancar el velo. Mientras todos los presentes expresan su indignación llega Aben Abó trayendo otra triste noticia: el padre de Aben Humeya ha sido encarcelado. La cólera del morisco estalla terrible; en medio de sus amigos, resume los ultrajes que ya ha soportado, y mientras, reunidos en la caverna del Alfaquí, venerable anciano, expresan su odio hacia sus opresores y ruegan a su Dios, se oye tañer una campaña: es Navidad.

Sus­pensos la escuchan. «Hijos de Ismael, los infieles os llaman para ir a idolatrar en su templo», dice el Alfaquí, incitándoles a la guerra. Y las voces de Aben Humeya y de todos los moriscos resuenan: «No; es la hora de la venganza y la voz de la muerte! ¡La muerte!» Y se precipitan a Cadiar al grito de «¡Mueran los castellanos!» pasan­do a cuchillo a cuantos encuentran dentro y fuera de la iglesia. El anciano Muley Ca- rime; padre de Zulema, salva la vida al hijo de una viuda, pero este acto de pie­dad es criticado por los moriscos, quienes sospechan que favorece la rendición pro­puesta por los cristianos y desdeñosamente rechazada por Aben Humeya y los demás moriscos. Aben Abó y Aben Farax acusan de traición a Muley Carime, y Aben Hu­meya obliga al anciano suegro a beber el veneno. A partir de este punto la lucha se desarrolla entre los mismos moriscos, una parte de los cuales, capitaneados por Aben Abó y Aben Farax toman al asalto el cas­tillo de Aben Humeya. La acción se preci­pita: mientras fuera se oyen disparos, Mu- ley muere ante los ojos de su hija, a la cual, con perfidia extremada, Aben Farax denuncia a su marido como asesino del suegro. La matanza no ha acabado. Los traidores matan incluso a Zulema y a Aben Humeya, y el drama acaba con la elección de Aben Abó como rey. El drama fue la primera tentativa de asimilación del teatro romántico al estilo de Víctor Hugo en el viejo tronco del teatro histórico nacional; y pese a no tener un significado artística­mente notable en el movimiento de tran­sición del clasicismo al romanticismo, da sin embargo la medida de un poeta equi­librado en sus concepciones, sensibles a los ideales éticos de su tiempo y presto ya a abandonarse a las olas del sentimiento para revivir sus contrastes más tumultuosos.

C. Cremonesi

Abafi, Miklós (Nicolás) Jósika

Novela histórica del escritor hún­garo Miklós (Nicolás) Jósika (1794-1865) publicada en 1836. Señala la aparición en Hungría de la novela histórica popularizada en todo el mundo por obra de Walter Scott. En la descripción de la Transilvania del siglo XVII, tiene escaso relieve el espíritu de la época; por el contrario, está muy par­ticularizada — al estilo de Scott— la des­cripción de los exteriores, y es evidente la finalidad moral. Los personajes históricos tienen, en la novela, una parte más bien secundaria, mientras los protagonistas están inventados. El héroe es el joven Oliverio Abafi que, sumido en una sociedad poco re­comendable, acaba teniendo remordimien­tos. Se enamora de él, sin esperanza, Isido­ra, hija de un jefe de bandoleros que a su vez es amada por un ladrón. Éste atenta contra la vida de Abafi, pero hiere por error a la muchacha, y el protagonista, corregido de su extravío, encuentra una compañera más digna de él. Con Abafi y sus restantes novelas históricas, Jósika dirigía hacia este género el gusto del pú­blico húngaro, sobre todo por la delicadí­sima pintura de los caracteres femeninos.

M. Benedek

Zriny, Theodor Körner

Tragedia en verso, en cinco ac­tos, de Theodor Körner (1791-1813), estre­nada en Viena en 1812. El argumento es la defensa que en 1566 hizo Nicolás Zriny de la fortaleza de Szigetvár, deteniendo al inmenso ejército que Solimán II había lan­zado contra Viena y contra la Europa occi­dental. La gesta fue también celebrada en el poema épico Sitio de Szig’et o Zriniada (v.), que dedicó a su gran antepasado el poeta y capitán Miklós Zrinyi.

El empe­rador Maximiliano confió al capitán húngaro la defensa de la fortaleza de Sigeth (Sziget), amenazada por los turcos. Zrinyi se batió heroicamente contra los infieles, muy superiores en número, pero no menos he­roicamente que él se comportaron Junantisch, el enamorado de su dulce hija Elena, la propia Elena y Eva, su mujer. Cuando ya no fue posible defender la fortaleza, se decidió a volarla. Eva, después de que los hombres lucharon hasta la muerte, encen­dió la mecha y quedó sepultada junto con los turcos invasores. Particularmente paté-ticas son las escenas de despedida entre los dos viejos cónyuges y aquella en que Junantisch traspasa con su espada el corazón de Elena, que quiere morir en sus brazos y no a manos de los turcos. En Viena el público acogió la tragedia con verdadero entusiasmo; el éxito valió a Körner el cargo de poeta del teatro de la corte. Es uno de los últimos seguidores del «Sturm und Drang» (v.); no se separó, como hicieron otros ro­mánticos, de Schiller, y este drama lo de­muestra.

G. F. Ajroldi

Zingareida o El Campamento de los Zíngaros Poema Heroicosatírico, Compuesto en Doce Cantos por el Maestro Cantor Leonachi Dianeu, Enriquecido con Muchas Notas y Apuntes Críticos, Filosóficos, Históricos, Filológicos y Teológicos por Mitón Perea, Budai Deleanu

[Tiganiada sau tabāra Tiganilor, poemation iroicomico-satiric, alcătuit in 12 cântece de ‘ maestrul cântăreţs Leonachi Diatneu, imbogăţită cu multe ínsemnări şi băgări de seamă, critice, filozofice, istorice, filologice şi telogice de către Mitón Perea]. Obra ru­mana de Ion Budai Deleanu que anagramatizó su nombre en el de Leonachi Dianeu (17629-1820), publicada en 1877.

A la noticia de que los turcos están a punto de marchar contra los rumanos, el señor del país, el terrible Vlad Tepeş (El Empalador) reúne a todos los zíngaros formando con ellos una especie de ejército. Pero privados de espí­ritu militar y glotones, sólo avanzan cuando ven ante su columna los carros de las vitua­llas. Vlad Tepeş para probar su valor, dis­fraza de turcos a algunos de sus soldados y los manda contra los zíngaros, que en se­guida se someten, felices al darse cuenta del engaño. Encuéntranse después de veras con los turcos, van al asalto a ojos cerrados, y matan una manada de bueyes en lugar de matar a los turcos, que quedan desbarata­dos por Vlad Tepeş llegado entre tanto con su ejército. Pero convencidos de haber sido ellos los vencedores, los zíngaros deciden fundar un Estado, impelidos por las suge­rencias de los dragos, protectores de los tur­cos. Surgen así tantas discordias, que mu­chos, entre ellos el héroe principal, Tandaler, pierden la vida; y todo termina con una con­fusión zingaresca.

Junto a la acción principal se desarrolla la aventura del noble húngaro Becikerek Iştok, de antigua estirpe zíngara. Sabiendo que su amada, Angelina, ha sido raptada por los dragos, se arma y, seguido por un criado, parte para libertarla. Llega al campo de los zíngaros, corre peligro de muerte, y al fin, al saber la muerte de An­gelina, vuelve a casa. Es evidente la imi­tación de los modelos clásicos. No falta al comienzo la invocación a la musa de Ho­mero, ni la tradicional exposición. El vale­roso Becikerek, que para libertar a Angelina se reviste de armas que el tiempo y el agua caída por una gotera han recubierto de óxi­do, y parte seguido de un sirviente a guisa de escudero, está directamente derivada del Quijote (v.) de Cervantes. La batalla en­tre los dragos protectores de los turcos y los santos defensores de Vlad Tepeş re­cuerda muy de cerca la lucha entre los ángeles y los demonios de la Jerusalén li­bertada (v.) de Tasso. Pero más que en es­tos arreglos artificiosos, halla el poema su clima original en el espíritu popular, que hace surgir páginas de neto humorismo re­sultante del contraste entre el espíritu gue­rrero necesario a los soldados y el temeroso natural de los zíngaros.

G. Lupi

El Zar Fëdor Joannovič, Alejo Tolstoi

Tragedia histórica rusa del poeta y dramaturgo Alejo Tolstoi (Alsksej Konsiantinovič Tolstoj, 1817-1875), publicada en 1868.

Es la se­gunda parte de una trilogía, las otras dos partes de la cual son La muerte de Iván el Terrible (v.) y El zar Boris (v.). No sólo constituye el núcleo de la trilogía, sino que es la mejor de las tres tragedias, tanto desde el punto de vista historicoliterario como desde el artístico. El estudio psicoló­gico de la personalidad del zar Fëdor Joan­novič, sucesor de Iván IV el Terrible y antecesor de Boris Godunov, es la base de la tragedia, pero se trata de una psicología basada en indicios, pues la imagen que la Historia nos ha dejado de este zar. de tan escaso valor intelectual y tan poco apto para el gobierno, es completamente exterior. En la tragedia de Tolstoi aparece debatién­dose entre la incapacidad física y moral y ciertos impulsos y deseos que pueden lla­marse nobles y consecuentes, capaces in­cluso de realización en un momento menos trágico de la Historia rusa.

Artísticamente, el cuadro de todo el período preparatorio de la llamada época de las revueltas (1584- 1613) está bastante bien tratado, digno si no de ponerse al lado, al menos de compararse con el presentado por Pushkin en su Boris Godunov (v.). De las tres partes de la trilo­gía tolstoiana, esta segunda ha tenido un éxito enorme en las escenas rusas, especial­mente en el «Teatro de Arte» de Moscú, dirigido por Stanislavski y Nemirovic- Dancenko. Para poner en escena, a zar Fëdor Joannovič, el propio Tolstoi expuso en un escrito suyo sus propias ideas, análogas a las del famoso teatro de Meiningen.

E. Lo Gatto