La Retirada de Laguna, Alfred d’Escragnolle Taunay

[La Re­tirada da Laguna]. Relato del escritor bra­sileño de familia francesa Alfred d’Escragnolle Taunay (1843-1899), publicado en 1871.

Refiere la retirada de un cuerpo ex­pedicionario brasileño formado por tres mil hombres, de los cuales un centenar iban acompañados de sus respectivas esposas, en una operación en la provincia de Matto Grosso durante la guerra entre Paraguay y Brasil – Argentina – Uruguay (1864 -1870): en treinta y cinco días, durante la primavera de 1866, recorrió 39 millas desde la ciudad paraguaya de Laguna al puerto fluvial bra­sileño de Canuto, sobre el Aquidauana. Las dos primeras partes de las cinco en que se subdivide el relato ofrecen los precedentes de la retirada propiamente dicha: presen­tan entre otros al comandante, de carácter bueno pero irresoluto e impulsivo, coronel Cario de Moráes Camisáo, y el llamado «hombre del sertao» José Francisco Lopes, que debía ser el heroico guía de la colum­na; y describe la imprudente marcha avan­zando hasta Laguna.

Dada la orden de re­tirada, el enemigo muestra su peligrosa presencia: emboscadas, ataques de caballe­ría, hostilidades nocturnas, incendio de los prados por donde la columna se retira, crueldad con los dispersos. Aunque iniciada y conducida Con orden y sin precipitación, la maniobra siembra el terreno de pérdidas, cada vez más graves, en hombres y mate­rial: todo ello complicado con desconfianzas y fatigas, y en tales condiciones la retirada se convierte en derrota y los que logran salvarse lo deben a la impresionante vo­luntad y espíritu de sacrificio del viejo Lopes, que guía la columna diezmada. A los males precedentes se añade el cólera; y el que deserta o se pierde, en la penosa tentativa de salvar hombres todavía válidos, cae en manos de un enemigo despiadado. Entre otros muere también el comandante, víctima del cólera, pero el viejo Lopes con­tinúa la retirada y cae también víctima del cólera cuando los supervivientes dan vista a su factoría.

La odisea del cuerpo expe­dicionario, reducido a la sexta parte, ter­mina después de haber pasado «por todas las miserias que el hombre puede sufrir sin sucumbir». El autor, que formó parte de la expedición, expone los hechos con una objetividad rica en «pathos» dramático y con un arte narrativo que hallará empleo más directo en numerosas novelas de la vida «sertaneja» o campestre. Más que las consideraciones técnicas, los errores del co­mandante y el espíritu de la tropa, lo que resalta en las páginas del relato es «el hom­bre» con sus miserias y nobleza de ánimo, con sus extravíos y su tenacidad, con su ferocidad y trágicos sufrimientos. Docu­mento histórico precioso que, además de aportar una notable contribución a la his­toriografía brasileña, encierra gran impor­tancia para el estudio de las costumbres de algunas poblaciones que en ciertos aspectos se hallan todavía en estado primitivo. Por todo ello La retirada de Laguna ocupa un puesto destacado en la literatura memoria­lista que va del Anabasis (v.) de Jenofonte a los Despachos de Wellington, etc.

G. C. Rossi

Resurgimiento sin Héroes, Piero Gobetti

[Risorgi­mento senza eroi]. Obra histórica de Piero Gobetti (1900-1926), publicada después de su muerte, en 1926.

Está constituida por capítulos sólo en parte preparados para la imprenta, y por ensayos y artículos que correspondían cada uno al proyecto de un desarrollo particular. Como indica el título, esta reconstrucción polémica del tiempo de la independencia y de la unidad de Italia parte del presupuesto de que el «Risorgimento» no había realizado las premisas idea­les de la Revolución francesa, y que las fuerzas conservadoras habían perjudicado el desarrollo de la nación y de su nueva idea de libertad individual y social. De tal forma, el movimiento, en su conjunto, debe considerarse fracasado, porque se apo­yó en compromisos y no encontró los hom­bres dignos de fe que merecía.

El autor afirma que, por obra de espíritus fervorosos y vigorosos, el «Risorgimento» ha sido una obra de pocos sin conexión con el pueblo y con la nación: de este modo la vida po­lítica italiana se ha apartado de los pro­blemas de la Europa contemporánea y no se ha desarrollado según los derechos histó­ricos de la libertad. Los acontecimientos registrados después de lograda la unidad lo demuestran, particularmente desde que Roma se convierte en capital, con gra­ves consecuencias para la educación del pueblo. Esta tesis, inspirada en un con­cepto de «revolución liberal», basado total­mente en unas condiciones de lucha por una superior moralidad política y nacional, se nos aparece débil porque no tiene en cuenta los motivos del «Risorgimento», de sus hombres y su incesante adaptación a los acontecimientos; por otra parte, el rigoris­mo crítico de Gobetti no reconoce cuánto hay de positivo y eficazmente ideal en la obra de un Cavour e incluso de un Mazzini.

C. Cordié

Resumen de la Historia Antigua y Moderna de Venezuela, Rafael María Baralt

Obra de Rafael María Baralt (1810-1860). Para las letras venezolanas, Rafael María Baralt es el escritor de mayores y más firmes rai­gambres clásicas. Pocos, en las repúblicas continentales ni en España, han escrito un español tan pulcro y tan fiel a las normas académicas del idioma.

Su Diccionario de galicismos y su Resumen de la Historia Antigua y Moderna de Venezuela son dos modelos de impecable pureza que demues­tran de un modo absoluto las grandes ca­pacidades lingüísticas y el asombroso ta­lento del fecundo erudito venezolano. Ela­borado y escrito por los años de 1838 y 1840, este Resumen histórico de Rafael María Baralt — el primer ensayo de su género que se escribiera en Venezuela — es ya una obra básica _en la formación de la cultura venezolana. Los méritos del libro, desde luego, abarcan por igual las excelencias de estilo y forma en que fuera escrito, una sobria imparcialidad y un indiscutible sen­tido crítico de casi todos sus análisis, mu­chos de los cuales han conservado plena­mente su justeza hasta nuestros días.

Histo­riador de una época en que todavía los su­cesos descritos estaban demasiado frescos para una interpretación desapasionada, Ba­ralt, sin embargo, logró elevarse por en­cima de todos los escollos hasta ofrecernos una obra que — dadas su espléndida prosa y la hondura de sus interpretaciones histó­ricas referentes a la Venezuela de su tiem­po — lo convierte en uno de los pensadores más excepcionales del mundo de habla es­pañola.

A. Lameda

Rerum Italicarum Scriptores, Ludovico Antonio Muratori

[Es­critores de la Historia de Italia], Monumental antología recogida de los historia­dores italianos del año 500 al 1500, conce­bida y llevada a término por el príncipe de los eruditos italianos, Ludovico Antonio Muratori (1672-1750).

A este descomunal esfuerzo se había preparado Muratori desde que, como doctor de la Biblioteca Ambrosiana, había publicado los tres volúmenes de las Anécdotas latinas [Anécdota Latina, 1697/98-1713] y el volumen de Anécdotas griegas [Anécdota Graeca, 1709]. La idea de una gran colección de los historiadores italianos había sido durante mucho tiempo intentada por Apostolo Zeno (1688-1750), el cual, después de la lectura del segundo volumen de las Anécdotas latinas, escribió a Muratori comunicándole que estaba pen­sando en una edición de historiadores que se titularía «Rerum Italicarum scriptores hactenus desiderati», a la manera que de los historiadores de Alemania lo habían hecho Meibornj y Goldasto.

Pero, hacia fines de 1714, Zeno había renunciado al so­berbio propósito; y Muratori, que ayu­dando a su amigo había recibido «incluso en el espíritu, su proyecto, como idea pú­blica y propia», sintióse impelido a llevarlo a término. Al terminar 1719, Muratori tenía ya dispuestos cuatro volúmenes y, en mar­zo de 1721, en la tipografía de la Sociedad Palatina, se iniciaba la impresión del pri­mer tomo; entre 1722 y 1737 aparecieron veintisiete grandes volúmenes «in folio», a los que siguieron en 1751, un año des­pués de morir Muratori, un vigesimoctavo, con un apéndice de crónicas y opúsculos e índices. La gran antología comienza con la Historia varia (v.), «que es como la espina dorsal que enlaza la Edad Media a la Antigüedad» (Carducci); siguen Pro- copio de Cesarea y Jordanes, compendiado­res de la historia gótica de Casiodoro. Si­guen los catálogos más antiguos de los pontífices romanos, el Libro pontifical (v.) de la Iglesia romana y el Cronicón de los obispos napolitanos y las obras más des­tacadas del período longobardo, las histo­rias de Pablo Diácono y la de Erchemperto, que cuenta la vida de los longobardos de Benevento hasta 889.

Pero ya del cú­mulo de las crónicas menores, panegíricos y memorias de monasterios, destaca la «gente de Italia, con sus muchos aspectos», y van apareciendo germanos y latinos como ele­mentos yuxtapuestos; en el panegírico de Berengario I se habla de los «itali» y en el Antapodosis (v.) de Liutprando, de los «ítalienses». Liutprando, «conceptuoso, agrio, convulso como un moderno», es el escritor más fervoroso y animado de este período más antiguo. Entre las crónicas más nota­bles que vienen a continuación, figuran la Crónica de la Novalesa (v.), el Liber Maiolichinus, que narra la gesta ultramarina de los písanos contra las Baleares, la Crónica de Otón y de Acerbo Morena, testimonios de la lucha entre Federico I y los munici­pios, Ricardo de San Germano y Saba Malaspina que, como Salimbene, conocieron a Federico II.

Con Riccobaldo de Ferrara, que traza una historia universal, se llega a las crónicas del siglo XIII, vasta aportación muy notable. La recopilación de las cró­nicas del siglo XIV y de la sucesiva histo­riografía humanística es tanta que com­prende casi los dos tercios de la monumen­tal antología. A dos siglos de distancia, aproximadamente, se constituyó, bajo el alto patronato de Carducci y por impulso de Margarita de Saboya, una nueva Socie­dad Palatina que emprendió una reedición del Rerum Italicarum. Nuevas crónicas vi­nieron a incrementar la mole muratoriana mientras los textos de las antiguas se bene­ficiaban con los progresos de los estudios históricos, que habían hecho posible conocer redacciones más correctas y códices origi­nales. Muchos textos, además de su riqueza de aparato crítico, contienen grandiosos co­mentarios extraídos de fuentes archivistas.

Todos ellos se hallan apoyados por copiosos índices cronológicos y de materias. Des­pués de la muerte de Carducci y de su fiel colaborador Vittorio Fiorini, el «Instituto Histórico Italiano» asumió el patronato de la obra, confiando la dirección a Pietro Fedele. Desde el año 1900 hasta hoy, han visto la luz más de trescientos fascículos de la nueva edición.

G. Franceschini

Novelas Cortas, Ludwig Tieck

Publicadas entre 1821 y 1840 aproximadamente — el mismo autor dirigió, entre 1823 y 1828, una colección en siete volúmenes—, señalan un punto de partida en la literatura narrativa alemana.

Ludwig Tieck (1773-1853) fue el primero, en efecto, que formuló el carác­ter de la novela corta, definiéndola como una composición poética con el fin de «po­ner claramente de manifiesto un hecho grande o pequeño, que, aunque desenvol­viéndose de una manera fácil y natural, es maravilloso y quizás único».

Precisamen­te en este paso de lo real a lo maravilloso estriba el interés de la narración que tiene que actuar sobre las fantasías del lector. Siguiendo esta receta, basada en lo impre­visto, Tieck construyó sus numerosos re­latos, que se dividen en cuentos de socie­dad y cuentos históricos. Los primeros, más que evocarlo, comentan su tiempo.

En ellos se satiriza el dilettantismo de los salones literarios y la insolente reacción del mo­vimiento antirromántico de la Nueva Ale­mania, que Tieck, procediendo de un mun­do espirituálmente más profundo y de gus­to más fino, no podía aprobar.

«Los cua­dros» es una sátira de los coleccionistas de obras de arte, y al igual que muchos otros cuentos, da ocasión al autor a manifestar sus opiniones estéticas. «Los misteriosos» se dirigen contra la mentira convencional. «Las penas y las alegrías de la música», contra el mundo extravagante de los mú­sicos, que Tieck había conocido bien junto a Reichardt. «El 15 de noviembre» es uno de los pocos relatos de sociedad que no tiene un fondo satírico. Entre los históricos es conocido entre otros «Vidas de poetas», en dos partes, situado en el Londres de la reina Isabel, y referente a los precursores de Shakespeare, Marlowe y Green, que mueren trágicamente después de ver sur­gir la nueva estrella.

La figura de Sha­kespeare, un Shakespeare por supuesto plas­mado según el gusto de Tieck, apenas re­sulta bosquejada en la primera parte — pu­blicada en 1826 — donde todavía dominan los precursores, y se desarrolla luego en la segunda — publicada en 1831 —, que es notablemente inferior. Esta novelita es una expresión del culto que Tieck profesó al gran poeta inglés y que culminó con su hermosa traducción aún hoy muy apre­ciada.

Las narraciones históricas, entre las que tenemos que recordar «Muerte del poeta», dedicada a Camoes, La rebelión de las Cevenas (v.) y también la novela in­acabada Victoria Accoromboni (v.), son una detallada descripción de costumbres que intenta reconstruir en los detalles «lo que efectivamente fue», pero envuelta en la confusa atmósfera de un lejano pasado. También los personajes, arqueológicamente bien reconstruidos, carecen de consistencia histórica en sus discursos, que, aunque in­conscientemente, representan siempre esta­dos de ánimo del autor.

Si Tieck como es­critor de cuentos supera al Tieck román­tico, por la mayor claridad de visión y el mayor equilibrio técnico, de todos modos no lo niega: el color realista de sus cuen­tos es, desde cierto punto de vista, un re­torno a tendencias de su poesía juvenil; realismo y romanticismo cabían ambos en su naturaleza. [La única de las novelas cortas de Tieck traducida al castellano es Lo superfino en la vida, por Jaime Bofill y Ferro (Barcelona, 1943)].

G. F. Ajroldi