Cartas sobre el Régimen de Gobierno Conveniente al Perú, José Faustino Sánchez Carrión

Escritas en 1822 por José Faustino Sánchez Carrión (1787-1825), expresan en forma clara y elo­cuente los propósitos que animaron a los gestores de la independencia nacional. De acuerdo con los designios del Protector José de San Martín, y de su ministro Bernardo Monteagudo — que temían una acción de la Santa Alianza contra la libertad de Améri­ca —, habíase organizado la Sociedad Pa­triótica, y en su sesión inaugural corrió el discurso de orden a cargo del clérigo José Ignacio Moreno, quien hizo la apología del régimen monárquico. Para combatir sus ar­gumentos, Sánchez Carrión publicó entonces dos cartas con el pseudónimo de «El Solita­rio de Sayán»: la primera (en «La Abeja Re­publicana», Lima, 15-VIII-1822), sobre la in- adaptabilidad de la monarquía a las condi­ciones históricas y sociales del Perú, y la segunda (en «El Correo Mercantil Político- Literario», Lima, 6-IX-1822), sobre la con­veniencia del sistema republicano de gobier­no. Controvierte brillantemente la arbitra­ria aplicación de las observaciones políticas de Montesquieu — en las cuales se apoyaban los monárquicos — y en sus conclusiones atiende a la necesaria asociación entre la libertad nacional y la libertad ciudadana exigida por el gobierno representativo. Le inspiró su fe en las virtudes patrióticas del pueblo peruano, y a ella debieron las Car­tas su influencia en la organización defi­nitiva del país.

A. Tauro

Cartas Políticas, Gabriel-Honoré Riquetti-Mirabeau

Se comprenden bajo este título algunas de las Cartas originales de Mirabeau, escritas desde la torre de Vincennes, en los años 1777, 78, 79 y 80 (v. Cartas a Sofía), publicadas, en vida del autor, por P. Manuel, procurador de la Commune de París, con quien fueron ciertamen­te pródigos los archivos de la policía. Sirven para iluminar con viva luz la figura de Gabriel-Honoré Riquetti-Mirabeau C1749-1791), el arriesgado y tempestuoso artífice de una vida que se anunciaba extravagante y rui­nosa, caído varias veces, por voluntad de su padre, bajo el golpe de «lettres de cachet» y obligado a sufrir, sin pública sen­tencia. la arbitrariedad de un encarcela­miento sin fin. Con orgullosa honradez, des­deñosa de servilismo, confía a estas cartas la protesta del ciudadano que no encuentra protección en las leyes del Estado, porque, en virtud de los mismos privilegios de que disfrutaba su clase social, era víctima de la autoridad de su padre, que le sustraía a un proceso regular y le tutelaba con una con­dena fuera de toda discusión. Citemos la carta «Al Rey», donde todas las cuerdas de la rica personalidad del autor, sabiamente pulsadas, resuenan con soberbia armonía de exposición, con movimientos ya amplios ya ceñidos, siempre bajo la huella de la digni­dad de quien pide con la frente alta y se­rena. Mirabeau pide que se le escuche; la majestad del rey no puede considerarse ofendida porque hable la voz de la verdad «aunque sea en traje de corte, disfrazada»; pero la máscara que adopta es la vestidura clara y relumbrante de una lógica ágil y seductora. Las otras cartas se agrupan en torno a ésta, la preparan, la flanquean; es­tán dirigidas a hombres de la corte y del gobierno. Mesurada y discreta, se afirma en estas páginas de amplio aliento, considera­das como de las mejores entre las suyas, la fuerza persuasiva de la futura oratoria política de Mirabeau. Otras cartas políticas forman la Histoire secrete de la cour de Berlín (1788-1789).

L. Rodelli

Cartas Rurales, Nathaniel Parker Willis

[Rural letters and Other Records of Thought and Leisure]. Co­rrespondencia del periodista, poeta y dra­maturgo norteamericano Nathaniel Parker Willis (1806-1867), publicada en Nueva York, en un volumen, en 1849. En la colección, que fue preparada por el autor, no figura nada que fuese inédito por aquella fecha. Con­tiene : «Cartas dé un Inválido desde Ale­mania», escritas durante un tercer viaje a Europa, en 1845 (el viaje debía terminar en Viena, donde Willis tenía un amigo, pero su inestable salud le retuvo primero en Leip­zig, junto a su hermano, después en Dresde, y en Berlín; desde allí, enfermo todavía, vol­vió a Inglaterra y de Inglaterra a América) y publicadas por el «Evening Mirror» de Nueva York, por separado, y luego en vo­lumen, en Lugares y personajes famosos [Famous persons and places]; «Cartas deba­jo un puente» [«Letters from under a Bridge»],la primera de las cuales es de julio del 1838, que fueron enviadas al mismo perió­dico, y después publicadas aparte en un vo­lumen con el título En el refugio o la tienda alzada [A l’abri, or the tent Pitched], desde la casita de Glenmery, en Owego Creek, donde Willis habitó cinco años.

Esta edi­ción contiene dos cartas no incluidas en la colección precedente: «Vagabundeos al aire libre por la ciudad» [«Open Air Musings in the City»], breves crónicas e impresiones de la vida neoyorquina publicadas ya en dia­rios y revistas, cartas desde Sharon Springs y Trenton Falls, del verano de 1848, y un cuento: «El amor de un hombre sencillo» [«A plain Man’s Love»]. La colección es im­portante y representativa de la obra en pro­sa de Willis, sobre todo en las «Cartas de­bajo un puente», y por las escenas, impre­siones y breves crónicas neoyorquinas que contienen. La época del rígido y duro rea­lismo, y del más serio empeño narrativo y artístico, que comenzó viviendo todavía Willis, y le hizo parecer entonces un anti­cuado, acentuó su crítica negativa, en per­juicio de este escritor impresionista, total­mente superficial, elegante, y, aun a veces, rebuscado y preciosista en su estilo, pero siempre rico en sabor, alegría y felices ocu­rrencias. Si Poe, a-quien Willis ayudó y de quien fue amigo, expresa un aspecto trágico de la vida en los grandes centros de la sociedad moderna, o cuando menos de la sensibilidad que de ella puede originarse, Willis supo extraer, a lo menos en algunas de estas páginas, su sabor singular, burlón y voluble. C.

Pellizzi

Carta sobre la Historia de Francia, Henri-Eugéne-Philippe-Louis d’Orleans

[Lettre sur l’histoire de France] Escri­to político de Henri-Eugéne-Philippe-Louis d’Orleans, duque de Aumale (1822-1897), cuarto hijo del rey Luis Felipe de Francia y de María Amalia de las Dos Sicilias, pu­blicado en 1861 e inmediatamente requisa­do y destruido por la policía de Napo­león III, tanto más cuanto que su autor castigado con el destierro después de la caí­da de la familia real, había osado hacer im­primir en tierra francesa una obra encami­nada a censurar con increíble aspereza al gobierno imperial. Dirigida al príncipe Je­rónimo Napoleón, esta declaración política responde a los ataques contra la obra de Luis Felipe y de su Gobierno y lanza las críticas más violentas — y muy precisas des­de el punto de vista histórico y jurídico — contra la acción, personal e irregular, por todos conceptos, del Emperador. El duque de Aumale hace votos por la independencia y la unidad de Italia, tierra a la que estaba unido no sólo por su origen materno y por su casamiento con Carolina, hija del prín­cipe de Salerno, sino también por su actitud favorable a la libertad y a los gobiernos to­lerantes y predispuestos en favor de la bur­guesía y el pueblo.

C. Cordié

Cartas Finlandesas, Ángel Ganivet

Obra del gran pensador español Ángel Ganivet (1862-1898), escrita durante su estancia en Helsingfors como cónsul de España (1898). En ellas ofre­ce al lector español una serie de cuadros y observaciones de un país nórdico visto por un meridional. Se diría que Ganivet, en el capítulo I, alude a Pedro Antonio de Alarcón y a sus fantásticas narraciones nórdicas — como El año en Spitzberg, etc. — cuando escribe: «porque la imaginación meridional, reforzada por el desconocimiento no ya me­ridional, sino universal, que de este rincón del mundo se tiene, concibe a su antojo cuadros boreales». Realmente, en la obra de Ganivet no es tanto el color y la escenogra­fía de un lejano paisaje septentrional lo que se nos ofrece, como una serie de considera­ciones acerca de la organización política de Finlandia, el progreso y el amor a la técnica, las costumbres, la condición de las mujeres finlandesas, las diversiones y fies­tas, la literatura y el arte, etc. Las Cartas Finlandesas de Ganivet participan de la ín­dole perspectivística, tan frecuente en el gé­nero epistolar y en el costumbrismo lite­rario.

Finlandia es — muchas veces — un pretexto para ejercitar una especie de mi­rada oblicua que si, de hecho está fijada en ese país nórdico, de rechazo y en sus con­secuencias está orientada hacia España. Pues en las Cartas Finlandesas de Ganivet, Espa­ña está siempre presente, vista desde el con­traste, desde la observación irónica y desde el amor. El estudio de la organización polí­tica de Finlandia lleva a Ganivet a formu­lar agudas opiniones sobre la libertad y el sufragio universal: «La verdad no surge del concurso de muchos hombres, sino del es­fuerzo de las inteligencias. Y en España no habrá que molestarse mucho, porque el pue­blo, reconociéndose sin inteligencia bastante para intervenir, no vota sino cuando le es­polean». A propósito de los nombres de hombres y mujeres en Finlandia, Ganivet le­vanta una ingeniosa teoría: «Es innegable que los nombres tienen una fisonomía pro­pia, adquirida por el uso, aparte de la que algunos poseen ya por su significación. Don Juan es un conquistador de corazones, don José un señor muy patriarcal y don Pedro un hombre adusto». En el último capítulo la consideración ganivetiana de la muerte personal se acerca a la tan conocida de R. M. Rilke. Las Cartas Finlandesas desbor­dan el usual límite de lo costumbrista, el fácil colorismo local, para incidir en lo uni­versal y perdurable.

M. Baquero Goyanes