Bayan Al-Mugrib, Ibn ‘Idárí al-MarrákusI

Obra del historia­dor marroquí Ibn ‘Idárí al-MarrákusI (fines del siglo XIII y principios del XIV), aca­bada algo después de 1312, cuyo título com­pleto es Al-Bayán al-Mugrib fi ijtisár aj- bdr mulük al-Andalus wa-l-Magrib [La ex­posición sorprendente en el resumen de las noticias de los reyes de al-Andalus y del Mogreb]. Es una historia del occidente is­lámico, desde el momento de la conquista árabe, y cuyo contenido podemos dividir en tres partes: la primera de ellas narra la conquista de Ifriqiyya así como la histo­ria de las dinastías que allí se sucedieron hasta la época de los almorávides; la se­gunda sigue un plan parecido: conquista e historia posterior, pero referido a al-An­dalus; en cambio, la tercera parte entre­mezcla los datos de ambas regiones, expli­cando la historia de los almorávides y de los almohades así como de las dinastías que sucedieron a éstas: hafsíes en Ifriqiyya; hudíes y nasríes en al-Andalus, y benimerines en Marruecos. Además, nos consta que el autor se proponía escribir un apéndice. Al redactar su obra, Ibn ‘Idárí puso a con­tribución una serie de fuentes — que enu­mera en el prólogo y de algunas de las cuales sólo conocemos los pasajes que han tenido cabida en Al-Bayán al-Mugrib — y también se valió de documentos oficiales.

Dedica su atención casi exclusivamente a los soberanos, recogiendo no sólo los hechos más destacados del reinado de cada uno de ellos, sino incluso intercalando las poesías que fueron recitadas en actos oficiales. La obra fue apreciada por los historiadores musulmanes posteriores, en especial por Ibn al-Jatlb, que la utilizó en su Iháta (v.). Aunque toda ella tiene su valor y utilidad, la tercera parte resulta más impor­tante, porque se refiere a una época de la que aún hoy no se conocen demasiadas co­sas. Las dos primeras partes fueron edita­das por R. Dozy (Leyden, 1848-1851) y reeditadas por E. Lévi-Provençal (París, 1930), y de ellas existe una traducción cas­tellana por F. Fernández y González, con el título Historias de al-Andalus (Granada, 1860), y otra francesa, mucho mejor, debida a E. Fagnan (Argel, 1901-1907). Los textos que se habían dado a conocer con el nom­bre de anónimos de Madrid y de Copenha­gue, se han identificado como fragmentos del Bayán al-mugrib. En cuanto a la ter­cera parte, que aún sigue inédita, existe una recientísima traducción castellana de los textos referentes a la dominación de los almohades, en al-Andalus, que abarca des­de el año 1173 al 1267, por Ambrosio Huici Miranda (Tetuán, 1953-1954, 2 vols.).

D. Romano

Batalla de Reinas, Serafí Pitarra

[Batalla de reynas]. Drama histórico en tres actos y en verso del dramaturgo catalán Serafí Pitarra (seudónimo de Frederic Soler, 1839-1895), estrenado y publicado en 1887. Basándose en dos fragmentos de los Anales de Cata­luña (lib. XIII, caps. XIX y XX) de Feliu de la Peña, concibió el autor la obra en la rivalidad entre Sibila de Fortiá, última es­posa de Pedro IV el Ceremonioso, y Violant de Bar, esposa de Juan I de Aragón, hijo del matrimonio de don Pedro con doña Leonor de Sicilia. La muerte del rey, ocu­rrida en 1387, pone frente a frente a las dos damas en su ambición de poder. Sibila ha­bía conseguido del rey que nombrara here­dero al hijo de don Juan y le fuera confia­do. Pero en el momento de la muerte del rey los partidarios del príncipe ganan la par­tida, y Sibila huye con su fiel enamorado Berenguer d’Abella, llevándose consigo al niño. Ello crea una situación sentimental tópica: cualquier acto que don Juan lleve a término contra los rebeldes costará la vida al pequeño príncipe. Sibila y sus parti­darios se refugian en el castillo de Sarroca. Llega allí Violant, disfrazada; al ser descubierta consigue el favor de Huc, el guardián de Sibila. Se entabla después un vivo diálogo entre las dos reinas, durante el cual Violant ofrece a Sibila cuanto desee a cambio de su hijo. Llega también don Juan, con un mensaje de Berenguer, a quien tie­ne prisionero. Sibila, al leerlo, lo cambia por otro preparado de antemano, lo cual deja a don Juan, que por caballerosidad no lo había leído, en una situación confusa. Llama Sibila a sus servidores, pero éstos capitaneados por Huc, que desea vengar una antigua afrenta, la traicionan. Después de algunos lances logran apresar a Sibila y recobrar el niño. Sibila y Berenguer son condenados a muerte. En la cárcel se juran amor hasta la muerte. El rey desea otor­gar el perdón al caballero, y a pesar de que éste lo rehúsa, cursa la orden de indulto. Violant lo intercepta y Berenguer es ajus­ticiado. Así Violant somete a Sibila, a quien ha jurado odio eterno, a un tormento ma­yor. Ella será enviada al destierro. La obra termina en el momento en que Berenguer muere en el patíbulo. Don Juan, en señal de dolor por la muerte del caballero, man­da arrodillar a las dos enemigas. A pesar de sus falsas situaciones y de su poca agi­lidad teatral —prescindiendo ya de la fi­delidad histórica —, es una de las mejores obras del popular dramaturgo catalán.

A. Comas

Batalla de Maldon

[The Battle of Maldon]. Pequeño poema épico- histórico anglosajón de época y autor des­conocidos, que lleva también este título: La muerte de Byrhtnoth. Nos queda casi completo en la publicación de Th. Hearnius [Johannis Glastoniensis Chronica, Oxonii, 1726, pp. 570-7], habiéndose quemado el manuscrito original en el incendio de la Biblioteca Cottoniana de 1731. En el año 991, una flota de noventa y tres buques corsa­rios de vikingos recorrió el río Panta (aho­ra Blackwater), pero encontró la resistencia de un pequeño grupo de sajones de Essex, guiados por el viejo y valeroso «ealdorman» (jefe) Byrhtnoth. La batalla fue encarniza­da y los heroicos sajones fueron derrotados y exterminados a causa de la preponderan­cia del número y de la muerte de su jefe. El canto nos presenta a Byrhtnoth que reúne sus héroes y da una altanera contestación a un mensajero de los piratas, el cual ha ve­nido a exigir un tributo; él se declara pre­parado para la lucha, sin miedo, y para la victoria. Vikingos y sajones se aprestan a la pelea, separados por la corriente del Pan­ta, invadeable a causa de la alta marea. Dos valientes, Aelfere y Maceus, defienden de tal manera el puente que el jefe de los enemigos, comprendiendo que no podrá nunca cruzar, para conseguir ventaja en la lucha, pide poder tener libre el paso.

Byrhtnoth, demasiado confiado en sí mismo y en los suyos, lo permite, y los vikingos cruzan libremente el río y se disponen en orden de batalla. Empieza una pugna en­carnizada y el jefe de los sajones, después de haber matado a los enemigos más fuer­tes, ya gravemente herido, no pudiendo aguantar ni defenderse, da gracias a Dios por su vida y le pide misericordia, mientras los vikingos cobardemente le apuñalan y matan a los que lo defienden. Algunos, in­citados por un traidor, huyen, pero el grupo de los que restan juran vengar al amado jefe y todos luchan, exhortándose mutua­mente y compitiendo en valor y habili­dad. El pequeño poema acaba citando el nombre de los más importantes héroes, atribuyéndoles las mayores virtudes; esta parte recuerda, por su épica sencillez, la batalla homérica por el cadáver de Patroclo. El viejo guerrero Byrhtnoth, que ríe cuando está herido y, a punto de morir pide a Dios la salvación de su alma, hace pensar en Roldán moribundo en Ronces- valles. El espíritu que anima a los héroes de la batalla de Maldon, y que seguramen­te ha influido en las canciones guerreras de Tennyson (The Battle of the Baltic y The Siege of Lucknow), es típicamente nacional, expresión histórica del odio invencible que se profesaban entonces sajones y vikingos.

G. Lupi

La Batalla De Brunanburh

[The Battle of Brunanburh]. Bajo este título se conoce una composición anglosajona de 73 versos aliterativos de época y autor des­conocido, que se encuentra completa en cuatro manuscritos de la Anglo-Saxon Chronicle. La vivacidad de las expresiones y el interés por los personajes, inclinan a supo­ner que el poeta sea contemporáneo o ape­nas posterior al acontecimiento. Celebra la gloriosa victoria del rey Aethelstan, sobrino del gran rey Alfredo, contra Constantino, rey de Escocia y sus aliados: los celtas de la Strathclyde, Owen con los Bretones de la Cumbria, Anlaf rey de los vikingos de Ir­landa y los daneses rebeldes de Yorkshire. La batalla tuvo lugar en 937 en Bruanaburh, localidad seguramente del Lancashire, no bien identificada. El poeta exalta con líricas expresiones el valor de Aethelstan y de su hermano Eadmund, que en una en­carnizada lucha que dura todo el día han matado a cinco jóvenes reyes, han puesto en fuga a los enemigos, obligando a los pi­ratas vikingos a refugiarse en sus barcos. El viejo rey Constantino, «el caudillo de gris melena», «no tuvo de qué reírse»; con despreciativo humorismo el poeta sajón le llama «astuto» porque incautamente ha creí­do vencer teniendo muchos aliados. Ahora ha tenido que huir hacia sus áridos Highlands nórdicos, dejando muerto en el cam­po a su hijo mozo y a sus mejores guerre­ros.

Y los dos hermanos victoriosos, el rey y el «etheling» Eadmund, «se fueron hacia su país, la tierra de los sajones de Occiden­te, dichosos por la lucha gloriosa» dejando a «los cuervos negros de pico puntiagudo» y la «fiera gris, el voraz lobo de la selva» saciarse con los cadáveres. El altanero bar­do sajón concluye diciendo que «antes que ésta, en la isla no hubo nunca matanza tan grande de gente a filo de espada, a juzgar por lo que se lee en los libros de los anti­guos sabios», desde el tiempo en que «de Oriente llegaron los sajones y los anglos cruzando el ancho mar para alcanzar la tierra británica y como soberbios forjadores de batallas, derrotaron a los velscios (cel­tas)». El canto, enfáticamente alabador para los sajones y sus jefes, no carece de una imaginativa fuerza descriptiva. Tiene alguna eficaz expresión lírica y es importante, sobre todo, por la reevocación de la mayor victo­ria conseguida por la dinastía sajona de Alfredo sobre los pueblos enemigos, que de­terminó la definitiva unión del elemento de la primera gran invasión danesa con el pueblo anglosajón.

G. Lupi

Batalla Campal de Perros y Lobos, Alfonso de Palencia

Obra del humanista español Alfonso de Palencia (1423-1492), de la que se conser­va una edición de fines del siglo XVI en la Biblioteca del Real Palacio. En 1876 fue reeditado por D. Antonio M.a Fabié en «Libros de Antaño» (Dos tratados de Al­fonso de Palencia con un estudio biográfico y un glosario). El texto que se nos ha con­servado en el ejemplar de la citada Bi­blioteca es una traducción castellana hecha por el mismo autor del original latino. Pa­rece ser que fue escrita en 1457 tras una estancia de Palencia en Italia. La obra, bajo la aparente forma de fábula, trata de problemas históricos, lo cual ha hecho suponer que quizás aluda a los hechos políticos acae­cidos en tiempo de Enrique IV de Castilla. Las palabras del autor, por una parte, pa­recen confirmarlo: «…que en el proceso de las fablas podrán los curiosos mejor ver cuánto mueve en las deliberaciones que en los comienzos de las empresas se facen el artificio del bien fablar i las razones colo­radas con esperanzas de grandes provechos». Así pues, perros y lobos, serían, respectiva­mente, los partidarios de Enrique IV y del infante don Alfonso. En contra de esta opinión está su actitud como historiador oficial del reinado de Enrique IV. A Pa­lencia como historiador lo han estudiado Paz y Melia y Sánchez Alonso, y el primero de ellos afirma que Palencia todavía se quedó corto al censurar la época de En­rique IV.

A. Comas