De la Guerra, Karl von Clausewitz

[Vora Kriege]. Tratado de arte militar de Karl von Clausewitz (1780- 1831), publicado póstumo en 1832-37. Clau­sewitz es un apasionado defensor de la corriente que a la exagerada valoración de las fuerzas numéricas y de los medios, opo­nía la superioridad de los valores morales. En la guerra, los medios materiales tienen desde luego su importancia, que, sin em­bargo, no es decisiva, ya que la guerra no se puede considerar como un episodio apar­te en la historia, puesto que en realidad está íntimamente vinculada a la psicología y a la conciencia del pueblo. Decisiva es, por lo tanto, únicamente la fuerza del espíritu frente a la cual carecen de valor y de sig­nificado los más complejos esquemas teóri­cos. Elemento de capital importancia es el «genio del caudillo», que se sirve especial­mente de los medios morales. El genio del jefe se traduce en su voluntad eminente­mente ofensiva, que se impone al enemigo y es garantía de victoria. La superioridad del número y de los medios puede adquirir toda su potencia en el campo táctico y en el estratégico solamente si está coordinada y se emplea oportuna y sabiamente, lo cual depende sólo de la genialidad del jefe, que los gregarios saben seguir si están moral­mente fuertes y preparados.

El dominio de los hombres y de los acontecimientos cons­tituye el resultado más completo de esta perfecta armonía entre las fuerzas morales y materiales. Atacar al enemigo de la ma­nera más rápida, sorprenderlo sin demoras, actuar contra él violenta e inexorablemen­te, obligarle a aceptar combate en cuanto se tengan concentradas todas las fuerzas, son las finalidades hacia las que ha de orientarse el pensamiento del jefe. De estas pre­misas nacen los principios de la masa, de la ofensiva, de los esfuerzos combinados, a los que el Mando, órgano directivo y su­premo, debe atenerse al trazar el plan de batalla. Perfectamente conforme al espíritu y a la mentalidad alemana, la doctrina de Clausewitz se basa en los principios funda­mentales de aquella ideología: la superio­ridad de la raza germánica, y el concepto «de la nación armada» sostenido por Blume, Von der Goltz, Guillermo II. Nunca rí­gido, siempre equilibrado, amplio, genial en las ideas, nuevo en las concepciones, Clausewitz es verdaderamente el fundador de la doctrina militar creada por alemania en el siglo XIX.

G. Gherardini

El Fuego. Diario de una escuadra, Henri Barbusse

[Le feu Journal d’une escouade]. Escrito en 1916, este libro de Henri Barbusse (1873- 1935) se impuso en seguida como el primer libro de guerra franca y crudamente «mo­derno»; obtuvo el premio Goncourt y dió gran popularidad al autor del Infierno (v.). Se trata de un libro de guerra, pensado y escrito según los principios más rigurosos del «naturalismo»; un libro en el que la desesperada lucha que ensangrentaba a Eu­ropa desde hacía más de dos años está pre­sentada bajo una luz particularmente cru­da, sin sombra de retórica. El libro está escrito en primera persona; es el descui­dado relato de un humilde soldado de infantería, el cual, sin embargo, no se pre­senta como protagonista; el verdadero pro­tagonista es «l’escouade», la escuadra de la que forma parte, a las órdenes del capitán Bertrand. Monótonos días de trinchera, en­tre fango y suciedad, bajo la lluvia, terri­bles noches de bombardeo, afanosos des­cansos en la retaguardia, avances, angustio­sos reconocimientos en la obscuridad, fe­briles asaltos entre el humo que cubre la tierra revuelta por una pesadilla tenebrosa, desgarrada por las explosiones…

Una mo­nótona sucesión de acontecimientos que, por su misma frecuencia, pierden toda gran­diosidad, interrumpida por extraños y ca­racterísticos episodios (las botas robadas al cadáver, el sueño del combatiente, las dos misas de campaña celebradas al mismo tiempo en los dos campos adversarios): tal es el tema del libro. En este infierno vive y sufre una humanidad doliente y sacrifi­cada, reducida a piadosas manifestaciones sentimentales primitivas por completo. Todo esto en un pintoresco lenguaje que preten­de reproducir con un sentido artístico la jerga de las trincheras; una mescolanza de compases brutales y geniales, de vulgaridad alternada con delicadas notas sentimentales en las que el viejo poeta crepuscular pa­rece tomarse la revancha. Interesante do­cumento humano, cuya elocuencia se eleva a veces a verdadero arte, el libro inauguró en cierto modo todo un género literario, destinado a tener en sus extremos las de­sesperadas crónicas de Remarque.

M. Bonfantini

La Ceituníada, Mcrtich Bescigdaschlian

[Zeytunzi Aghcik]. Poema épico armenio de Mcrtich Bescigdaschlian (1829-1866). Con este canto guerrero claramente inspirado en los motivos de la poesía del Resurgimiento italiano, Bescig­daschlian ha querido lograr dos fines: in­yectar en la nueva literatura armenia un género épico libre de clasicismo redundan­te, del que el típico ejemplo es Hayk el héroe (v.) de Bagratuni, y despertar la con­ciencia nacional de sus compatriotas, tratan­do de sacudir con elementos sentimentales la sensibilidad que debía responder a la lla­mada. En la Ceituníada, Bescigdaschlian canta la sublevación de un pequeño núcleo de montañeses armenios de Ceytun, un po­blado arracimado junto a las rocas, que des­de milenios ha regado con su sangre el te­rritorio nacional contra la opresión turca. La principal figura es una muchacha, sím­bolo de la conciencia renaciente de la na­ción, que, en un momento crucial de la vida de los que ama, agarra el fusil y com­bate junto a ellos para darles ejemplo y alentarles. Hay en este poema tal claridad y tan íntimo candor que superan al Roman­ticismo del que, sin embargo, toma los mo­tivos: el sentimiento no se trastorna por el completo desorden, todo impulso y rápidas decaídas, propio de la espiritualidad ro­mántica, sino que corre en cristalina vena en lo íntimo de la naturaleza con simplicísima sencillez. Ágilmente Bescigdaschlian pasa de las actitudes elegiacas a las épico- simbólicas y a las contemplativas; cuando a veces aflora el sentimiento irredentista, lleva una nota de amargura, pero nunca esta nota se convierte en pesimismo, pues está supe­rada por una concepción heroica y guerrera de la vida, derivada del carácter popular de la nación.

A. Piloian

La Burla de Büccari, Gabriele d’Annunzio

[La beffa di Büccari], Publicada en 1918 en forma de libro de apuntes, es el relato que hace Gabriele d’Annunzio (1863-1938) de la le­gendaria empresa, en la que él participó como voluntario, de tres torpederos ita­lianos que penetraron para llevar la ofen­siva al puerto austríaco de Büccari, la noche del 10 al 11 de febrero de 1918. Mejor que en los contemporáneos discursos guerreros Por la Italia más grande (v.) y El Desquite (v.) la ficción del diario permite que el estilo se conserve claro y sencillo como en las Chisvas del mallo (v.) resolviendo en mera anotación de los hechos la embriaguez del riesgo, que vuelve a ser inspiradora de las breves páginas. Explíci­tamente se habla aquí, en efecto, del «en­canto» del riesgo; algo que, luego, deja el alma triste «como después de la volup­tuosidad»; un rapto indecible «como la tre­gua de la poesía». Así pues, una vez más, como en los discursos, el tema guerrero se adapta al estremecimiento de las Chis­pas; con similar y aún mayor felicidad de paisajes, relámpagos que aparecen y des­aparecen de los semblantes humanos, le­ves imágenes (como cuando las botellas con el cartel de desafío son lanzadas al mar) donde la burla no supera a la inventiva.

Hay que excusarle por lo tanto, si incluso la seca absorción de la retórica es retórica también: la de la complaciente contempla­ción de sí mismo en la ruda conducta; hay que excusar la repetida exaltación de ir realizando figuras de su propia poesía, la enumeración metódicamente lisonjera de los compañeros de aventura, los marginales contagios de sentimiento guerrero y de lenguaje místico. Continúa el diario (ade­más de citar algunos documentos referen­tes a la empresa) con «La canción del Quarnaro» [«La canzone del Quarnaro»], en la que reaparecen, con ficticia popularidad de lenguaje y de ritmo, la misma embria­guez absorbente, el mismo amor del pai­saje, la misma oratoria y retórica. Sin em­bargo dentro de dichos límites no le falta segura eficacia. Más tarde será recopilada en los Cantos de la guerra latina (v.); ade­más, junto con el diario de Búccari, en la edición de 1932 de Por la Italia más grande.

E. De Michelis

Batalla Allende El Don

[Zadonséina]. Poema épico ruso anónimo, del que se conservan una primera versión de fines del siglo XV y otras de los siglos XVI y XVII. Se refiere a la famosa batalla entre los ru­sos y los tártaros en el campo de Kulikovo en 1380, ganada por el príncipe moscovita Dimitrij Ivanovic contra el Khan Mamaj. La Zadonscina ofrece en el contenido y en la forma tan numerosas y evidentes analo­gías con el antiguo Canto de Igor (v.) que ha sido considerada siempre como un pla­gio desde el punto de vista artístico. El poe­ma empieza con una invocación introducto­ra. El autor quiere «alegrar a la tierra rusa» rendir loor y gloria al príncipe Di­mitrij Ivanovic. Sigue la descripción de la campaña. El momento inicial no es favora­ble a los rusos y la naturaleza profetiza desgracia. Pero después de una lucha terri­ble en la que muchos caen «por la tierra rusa», gracias a la intervención de las tro­pas de reserva, la batalla es ganada por los rusos. Los tártaros espantados huyen por todas partes mientras toda Rusia exulta de alegría por la victoria. Él momento más conseguido de la composición es la escena en la cual, acabada la batalla, el príncipe, en mitad del campo sembrado de cadáveres de cristianos, junto al río Don, cuyas aguas están rojas de sangre, llama a los muertos por sus nombres y, al fin de la larga enu­meración, dirige a los compañeros pala­bras de saludo y glorifica a Dios. Reciente­mente un eslavista francés, Mazon, vol­viendo a examinar los dos poemas, El can­to de Igor y la Zadonscina, ha llegado a la conclusión que el Canto de Igor es verda­deramente una composición de fines del siglo XVIII, elaborado sobre versiones más recientes de la Zadonscina; pero su opi­nión es combatida por la crítica rusa.

E. Lo Gatto