Astadhyayi, Pánini

[Recopilación de los ocho libros (de las reglas gramaticales)]. Es el texto más antiguo y autorizado de gramá­tica sánscrita llegado hasta nosotros. Su autor, Pánini, vivió lo más tarde en el si­glo IV a. de C. y su nombre sigue siendo merecidamente famoso en la historia de la literatura hindú. El Astádhydyi es de he­cho una clara revelación de la agudeza y del procedimiento absolutamente científico y exacto con que los hindúes supieron ana­lizar el idioma, separando y descubriendo las raíces mediante su precisa distinción respecto a los múltiples sufijos de deriva­ción y de flexión. Esta obra, con la am­plitud de materias que abraza .y con el método de tratado que le es caracterís­tico, presupone ciertamente un largo des­arrollo de la doctrina gramatical y un am­plio número de obras (perdidas) relativas a dicha doctrina. Es, sin embargo, probable que el Astádhydyi las haya superado a to­das en valor intrínseco, y ésta debe de haber sido la razón de su aislada supervi­vencia.

La obra comprende fonética, mor­fología, tematología y sintaxis: es decir, en conjunto, toda la teoría gramatical, expues­ta en un texto de poco volumen. El siste­ma de Pánini consiste en querer facilitar la enseñanza mnemotécnica de sus reglas, con­cebidas y expuestas con excepcional bre­vedad, conseguida gracias al uso de fórmu­las de tipo algebraico que ocupan el lugar de las palabras y deben ser anticipadamen­te aprendidas de memoria con su signifi­cado. También hay que aprender de memo­ria la lista de las raíces verbales («dhátupátha»), de las que derivan, todas las pa­labras de la lengua y otra lista también im­portantísima llamada «ganapátha» o lista de los grupos de palabras: palabras que en relación con determinadas reglas se com­portan del mismo modo, pero para las cua­les — en el curso del tratado — sólo se cita la primera del grupo. Al mismo tiempo que el uso del sánscrito, encontramos examina­das, además, en el Astádhyáyi, algunas va­riaciones dialectales. La obra de Pánini continúa siendo fundamental en la India, donde ha tenido comentaristas famosos. Traducción al alemán de O. Bóhtlingk, edi­tor e ilustrador de este difícil texto (Leip­zig, 1887).

M. Vallauri

El Arte de la Gramática de Dionisio el Tracio

La Primera gramática que tuvo, no sólo el pue­blo griego, sino toda la cultura europea y occidental, fue ésta de Dionisio, nacido en Alejandría pero de familia tracia, y por esto llamado el Tracio (II a. de C.). Fue compuesta en Rodas, después que Dionisio, que había escapado de Alejandría, donde había sido discípulo de Aristarco, fue a enseñar en esa isla, entonces centro escolar e intelectual de primer orden. En su gra­mática, Dionisio funde elementos de proce­dencia alejandrina con elementos pérgamoestoícos. Es el primero que enumera y dis­tingue las ocho partes de la oración (esta distinción está en uso todavía hoy después de más de tres milenios, lo mismo que gran parte de su terminología de los casos, de los verbos, etc.). Divide además una diserta­ción suya gramatical y al mismo tiempo fi­lológica en seis partes: 1) lectura o recta pronunciación; 2) exégesis de los textos en las imágenes poéticas; 3) declaración de las palabras más difíciles y de las alusiones históricas y mitológicas; 4) etimología; 5) doctrina de la analogía y paradigmas de la flexión; 6) juicio crítico.

F. Della Corte

Arte de la Gramática de Plocio Sacerdote

[Artium grammaticarum libri tres]. Obra de Mario Plocio Sacerdote (si­glo III d. de C.), en tres libros. El primero contiene el tratado sobre las partes del discurso y termina con noticias de retórica sobre defectos del discurso y sobre trasla­ciones. El segundo trata de las declinacio­nes de los nombres y de las conjugaciones de los verbos. Este segundo libro lleva un tí­tulo particular, «De las flexiones de los nom­bres y de los verbos y modo de usar la sintaxis» [«De nominum verborumque ratione nec non etiam de structurarum compositionibus exprimendis» ], que recuerda muy de cerca los Católicos [Catholica] de Probo. El tercer libro «Los metros» [«De metris»], es un modesto tratado de métrica con más ejemplos griegos que latinos. Si bien en los dos primeros libros se nota seriedad cien­tífica, en el tercero no faltan las negligen­cias ni los errores, de tal manera que mu­chos han pensado que no se trata del mismo autor. La obra tuvo en las escuelas cierto éxito.

F. Della Corte

Arte de la Gramática de Carisio

[Ars grammatica]. Tratado compuesto por Flavio Sosipater Carisio (siglo IV d. de C.) en cinco libros y dedicado a su hijo. La obra fue compuesta en el reinado de Juliano el Apóstata (361-363), cuando el autor, tras haber peregrinado desde África y Constantinopla a Italia, se estableció en Roma, donde seguramente sentó cátedra de gramática. El Arte de la gramática se resiente precisamente de tal enseñanza. Escrito en la plena y completa madurez del autor, documento didáctico de un autori­zado y consultado maestro, que a la vez era un concienzudo y amoroso padre de familia; su obra, comparada con otros tratados gra­maticales contemporáneos, no presenta mo­tivo ninguno de originalidad: su única im­portante característica es la escrupulosidad de las citas y la compilación de textos ex­celentes, tales como la gramática de Remmio Palemón y la de Julio Romano. De los cinco libros de que la obra constaba, sólo el segundo y el tercero han llegado íntegros hasta nosotros; del primero falta el prin­cipio, el cuarto tiene muchas lagunas, del quinto sólo poseemos un fragmento. Carisio tenía un vasto concepto de la Gramá­tica y, sin intentar, como otros maestros, incursiones en el campo de la disciplina limítrofe, la retórica, extendió sus indaga­ciones a la estilística y a la métrica. Esta amplitud de horizontes se derivaba de sus vastas lecturas, que habían explorado las provincias más diversas de la latinidad; pero, probablemente, la doctrina expuesta en las páginas del gramático es casi toda de segunda mano, y los ejemplos son toma­dos del repertorio de la escuela romana.

F. Della Corte

Apuntes para una Biblioteca de Escritores Españoles Contemporáneos en Prosa y Verso, Eugenio de Ochoa

De Eugenio de Ochoa (1815-1872). Es una antología en dos tomos, el XXIII y XXIV, de la Colección de los mejores autores españoles, publicada en París por el editor Baur y dirigida por el propio Ochoa. Los dos tomos, apare­cidos en 1840, comprenden en total 1340 pá­ginas. En ellas se recogen, por orden alfa­bético de autores, abundantes muestras de la producción literaria española — en sus géneros más característicos — de finales del XVIII y comienzos del XIX. Ochoa ad­vierte en la «Introducción» que con sus Apuntes quiso prevenir a los lectores «de incurrir en un error harto general por des­gracia, cual es el que la España moderna no cuenta para nada en el movimiento in­telectual que se efectúa en Europa». Los textos seleccionados suelen ir precedidos de unas semblanzas de los autores, hechas por el propio Ochoa de manera objetiva y muy sucintamente (a Zorrilla, por ej., se le de­dican nueve líneas, a Espronceda, menos aún), salvo excepciones como las de Anto­nio Alcalá Galiano, Juan Nicasio Gallego, Ramón de Mesonero Romanos, Sebastián Miñano, el Duque de Rivas, etc.

El gusto de Eugenio de Ochoa como seleccionador es bastante seguro. Muchas de las composi­ciones recogidas por él siguen figurando ellas antologías posteriores. De Serafín Estébanez Calderón transcribe, entre otras cosas, «Púlpete y Balbeja»; de Manuel de Arjona, «La diosa del bosque»; de Patricio de la Escosura,<?El bulto vestido del negro ca­puz» (v.); de Espronceda, la «Canción del Pirata»; de Larra, «El castellano viejo», en­tre otros artículos; del Duque de Rivas, «Al faro de Malta»; de Juan Nicasio Gallego, «Al dos de mayo»; de Mesonero Romanos, «El Romanticismo y los románticos», etc. Pese a la pretendida objetividad que Ochoa se impuso, se percibe, alguna vez, la estre­mecida captación de los valores románticos. Así, en Don Alvaro (v.) del Duque de Rivas, aparece juzgado como «tipo exacto del dra­ma moderno» y «terrible personificación del siglo XIX».

M. Baquero Goyanes