El Alma de las Palabras, Félix Restrepo

Diseño de semántica general. El primero y, hasta el momento, único tratado sistemático de se­mántica en lengua castellana, obra del jesuita colombiano Félix Restrepo (n. 1887). Su primera edición es de 1917 (Barcelona). Sucesivamente reeditado en 1939 y en 1946 (Bogotá), y en 1952 (México). Este libro, de predominante orientación historicista, característica de la primera etapa de la se­mántica, consta de tres partes: en la pri­mera se exponen las causas de la dinamicidad e inestabilidad de las significaciones en una lengua viva; en la segunda se hace una clasificación lógica de los cambios se­mánticos; la tercera está dedicada al estu­dio de las causas psicológicas y sociales de dichos cambios. El origen de la evolución de las significaciones se ve en la impreci­sión del sentido de las palabras y en la diferente representación que en cada indi­viduo provoca una misma palabra (ideas que se encuentran ya en Wegener en 1885), factores aceptados como causas del cambio semántico universalmente por los lingüistas. Mérito particular del autor es la copiosa ejemplificación castellana y la eficaz dis­posición pedagógica. La obra rebasa, por algunos aspectos, lo que se entiende co­múnmente por semántica o semasiología, para presentar un cuadro animado de la vida, vicisitudes y muerte de las palabras dentro del marco siempre cambiante de una lengua.

R. Páez Patino

Abecedario del Pez, Petár Béron

[Riben bulevar). Característica y popular obra de un médico búlgaro, Petár Béron (o Bérovic, 1795-1871) que fue el primer escritor seglar de alguna cultura europea apareci­do en Bulgaria. Obra nueva y de singular importancia para su época, pese a la ele­mental simplicidad del contenido y de la forma, es una especie de miscelánea que contiene varias enseñanzas elementales: el alfabeto, nociones de gramática, fábulas, lecturas varias, elementos de aritmética, de ciencias naturales; en resumen, una rudi­mentaria cultura general. La obra, com­puesta en 1824, con el título de Abeceda­rio de diversas enseñanzas [Bukvar’ za razlyncy pouncenija], pasó a la historia con el nombre de Abecedario del pez debido a un dibujo que representaba un delfín, grabado al final del volumen. La obra de Béron se­ñaló, pese a su sencillez, una revolución en los métodos de las escuelas primarias de Bulgaria, sustituyendo con sistemas didác­ticos en la lengua hablada, los textos reli­giosos usados hasta entonces, y señaló de ese modo un nuevo paso en el arte búlgaro de escribir.

E. Damiani

Los Sinónimos de San Isidoro

[Synonyma]. Atribuido también a Cicerón con el título Diferencias de Cicerón [Ciceronis Differentiae], este diálogo en dos libros de San Isidoro de Sevilla (570-636) consta de 253 voces. No se trata siempre de sinóni­mos, sino que a veces se incluyen ligeras di­ferencias de significado, ambigüedades orto­gráficas y otras nimiedades gramaticales si­milares. La obra, que tiene la forma de diálogo entre un hombre y la razón, pre­senta notables parecidos con la otra de San Isidoro, las Diferencias (v.), y es probable­mente un resumen derivado de algún im­portante escrito de la Antigüedad clásica, que tal vez podría identificarse con las Di­ferencias de las palabras [Differentiae sermonum], comprendidas en los Prados (v.) de Suetonio. En la Edad Media tuvo un gran éxito este tipo de repertorio sinoní­mico, a veces ilustrado, como éste de San Isidoro, con citas sacadas de poetas, en particular de Virgilio, y con consideraciones de dogmática y moral que hicieron de la obra de San Isidoro un libro de piedad (también lo llamaron Liber lamentationum). Pero fundamentalmente el estudio de los sinónimos se resolvía en una búsqueda de la exactitud de la expresión-platina y se aplicaba a la consecución de la llamada propiedad del discurso.

F. Della Corte

Taqwīmal-Buldān, Abū’l-fidā

[Determinación de los países en longitud y latitud]. Compendio geográfico conocido bajo el título de Geo­grafía de Abulfeda, del historiador y geó­grafo árabe Abū’l-fidā (1273-1331), termi­nado en 1321. La obra, que es clásica en la geografía árabe, fue objeto, durante la primera mitad del siglo XVII, de diversas ediciones y traducciones, entre las que figura como la más importante la de J. Gravius, publicada en Londres en 1650, y la de París entre 1840 y 1848.

Si bien es cierto que no se halla exenta de algunos errores, no existe en toda la Edad Media, en Europa, ninguna otra obra de este género que pueda parangonarse con ésta. Es nueva y original la parte dedicada a Siria y a las regiones vecinas, mientras que para lo restante el autor se refiere a la obra de los geógrafos anteriores, especialmente de Edrisi, Ibn- Haukal e Istakhri. En este tratado, Abū’l-fidā prueba astronómicamente la esfericidad de la tierra, señalando que las estrellas apa­recen y se ocultan antes para los pueblos de oriente que para los de occidente; señala cómo el polo y las estrellas del Norte se elevan dirigiéndose hacia el Septentrión, mientras el polo y las estrellas del Sur se elevan dirigiéndose hacia el Mediodía. Com­prueba después cómo la redondez de la tierra no es modificada por la presencia de las montañas y las depresiones: «los astró­nomos han demostrado—escribe Abū’l-fidā — que una montaña de una legua y media de altura es, en relación con la masa del globo, lo que sería la treinta y cincoava parte de la longitud de un grano de cebada en rela­ción con un globo que tuviese un codo de diámetro».

Utilizando una notación original, establece que iniciando la circunvalación de la tierra en dos direcciones opuestas, el que parte desde occidente y vuelve al punto de partida gana un día, mientras que el que lo hace en dirección opuesta, pierde un día. Tal afirmación fue comprobada experimen­talmente cuando en 1522 Sebastián Elcano, compañero de Magallanes, regresó a España pasando por oriente. Para los árabes, la tierra estaba, como para los antiguos, ro­deada por el océano, y así Abū’l-fidā con­cibe el océano como un río circular llamado Mar Circundante; siguiendo la idea de Tolo- meo, divide la tierra en zonas climáticas, sin definir los climas, sino limitándose a señalar la duración de los días más largos en sus límites y en las partes medias, en relación con las latitudes correspondientes.

A. Uccelli

T’ai P’ing Yü Lan, Anónimo

[Enciclopedia de la era T’ai P’ing]. Famosa enciclopedia china compilada, por orden del emperador T’ai Tsung (977-997), por Li Fang (924-995) y otros. Fue terminada en 983, después de seis años de trabajo, y presentada al soberano, el cual en un año la leyó toda, y de ahí que el título original de T’ai P’ing Pien Leí [Enciclopedia de la era T’ai P’ing], fuese transformado en el actual T’ai P’ing Yü han («Yü Lan» significa: «leído por el emperador»).

La enorme obra comprende 1.000 libros, y está dividida en 55 secciones, en las que se reproducen trozos de 1.650 obras diversas, en su mayor parte perdidas hoy, referentes a la filosofía, la literatura y las artes chinas. Fue reimpresa en 1752 y otra vez en 1812, siempre con adiciones y co­rrecciones. Es un repertorio precioso de la cultura china. Aquel mismo emperador ordenó otra colección con el título T’ai P’ing Kwang Chi, que acoge la mitología y las tradiciones populares, las cuales no tenían cabida en la obra precedente.

S. Lokwang