Cantos Populares Servios, Vuk Stefanovic Karadzic

[Srpske narodne pjesme]. Gran recopilación de poe­sía popular serbia hecha por Vuk Stefanovic Karadzic (1787-1864), etnógrafo, filólo­go, reformador de la ortografía y de la len­gua serviocroata y personalidad preeminen­te en el renacimiento cultural de los esla­vos del sur. La primera edición de la obra apareció en tres libros, en Leipzig en 1823, y fue seguida a diez años de distancia por un cuarto libro. El mundo cultural europeo, empezando por los románticos alemanes (Grimm, Goethe), curioso por el éxito del canto de la Esposa de Assán Agá (v.), fue unánime en considerar la poesía popular serbia, fielmente recopilada y transcrita por Karadzc, como admirable por su variedad y belleza. Una segunda edición ampliada empezó a aparecer en Viena en 1841, y en 1865, póstumo, apareció el quinto volumen que contenía los cantos heroicos más mo­dernos y los referentes a la guerra de los montenegrinos. Otro material inédito y al­gunos manuscritos encontrados entre sus papeles en Belgrado y en San Petersburgo en la Biblioteca Imperial, fueron editados aparte. Todo fue recogido en la edición na­cional definitiva que apareció en nueve volúmenes, de 1891 a 1902.

Según la última reedición (1936) la obra está dividida así: el primer volumen comprende varios Cantos populares femeninos (v.), el segundo los cantos heroicos («junacke») y épicos más antiguos; el tercero los cantos heroicos de la Edad Media; el cuarto los cantos épicos más modernos y los de la guerra por la li­bertad; el quinto otros cantos femeninos de amor y algunos grupos de cantos nupciales, religiosos, mitológicos e infantiles; el sexto contiene nuevos cantos heroicos más anti­guos y algunos medievales; el séptimo com­pleta los cantos heroicos de la Edad Media; el octavo en cambio, los épicos modernos y el ciclo de las guerras de los .montenegrinos y herzegovinos. El material más rico es evi­dentemente el heroico y épico. Los cantos más antiguos son en versos largos (15-16 sí­labas) separados, cada dos o seis versos, por un estribillo; los más modernos en decasílabos libres y sin rima. El canto épico y heroico es sólo cantado por los hombres con el acompañamiento rítmico y monóto­no de la «gusla», especie de violín con una sola cuerda gruesa de crines de caballo. El tocador de «gusla» o «guslar» es un cantor popular profesional, generalmente ciego, se­gún la tradición homérica; de ahí el nom­bre de «sljepacke pjesme» (o cantos de los ciegos), dado a la épica popular. Las muje­res, según costumbre, sólo pueden recitar los cantos épicos. Los principales ciclos de la poesía popular serviocroata son: el Ciclo de Kóssovo (v.), el Ciclo de Marko Kraljevic (v.). y el Ciclo de Ivan Cronojevic (v.).

L. Salvini

Calepino, fray Ambrosio

Título con el cual se suelen aún designar los vocabularios, particular­mente de la lengua latina, a causa del nom­bre de fray Ambrosio, hijo de los condes de Caleppio, en el Bergamasco (hacia 1440- 1510), que publicó en 1502 el primer Diccio­nario [Dictionarium] escolar de dicha len­gua. En esa obra, todavía ruda y empírica, explicaba a los menos doctos los vocablos latinos traducidos al italiano; por ello la obra fue muy pronto difundida en varias ediciones a lo largo de todo el XVI y más tarde en ediciones en once idiomas. Su im­portancia radica en haber puesto por pri­mera vez en manos de todos el gran tesoro de la lengua madre de la civilización mo­derna, indicando con aproximada precisión el valor léxico de cada vocablo; de ese modo la cultura, ni que sea en forma di­vulgadora, no es ya refinado conocimiento de humanistas y de religiosos educados en los cenobios, sino que abre sus puertas a cuantos quieren con método y disciplina escolástica aprender palabras y construccio­nes de los clásicos latinos. Imitado amplia­mente incluso por extranjeros, este Dicciona­rio ha demostrado ser un buen instrumento de la ciencia; y hasta los inicios de los nuevos conocimientos filológicos de la edad moderna conservó su puesto, especialmente por la refundición del latinista paduano Iacopo Facciolati (1682-1769), publicada en 1772. Aunque ampliamente superado por los trabajos filológicos de los franceses Étienne y del italiano Forcellini, este primer voca­bulario conservó su carácter de primera vulgarización escolar, incluso en el nombre de «calepino».

C. Cordié

Breve Historia del Modernismo, Max Henríquez Ureña

Obra del escritor dominicano Max Henríquez Ureña. En ella estudia y clasifica a los autores que figuraron en el llamado «mo­vimiento modernista» de fines del si­glo XIX y principios del XX en los veinte países de habla española. Aunque el autor la califica de breve, por referirse a veinte países, cada uno de los cuales podría re­querir un volumen separado, es el estudio más completo y minucioso que se ha hecho hasta ahora alrededor del movimiento de renovación literaria surgido en la América española después de 1880, que ha sido bau­tizado con el nombre de Modernismo.

A. González Palacios

Biografía Universal, Joseph-François Michaud

[Biographie Universelle]. Dirigida por Joseph-François Michaud (1767-1839)-, en 52 volúmenes, fue publicada entre 1811 y 1828, a los que si­guió un amplio «suplemento». Es un diccio­nario biográfico en orden alfabético, cuya iniciativa fue debida a una sociedad de li­teratos y doctos a los que pertenecían, entre otros, Michaud, que fue su alma, Chateau­briand, Mme. Staél, Guizot y Constant. Co­laboraron más de trescientos escritores franceses y extranjeros, y entre ellos en­contramos muchos hombres ilustres como Arago, Balzac, Capefigue. Michaud se dedi­có a esta obra como editor y redactor de numerosos artículos, fruto de cuidadosas in­vestigaciones de historia política y militar. No se dio a esta Biografía ninguna especial orientación política ni filosófica, y en ella colaboraron hombres de varias naciones y de todas las tendencias; pero, dados los lí­mites impuestos por el gobierno napoleóni­co y por el de la Restauración a las mani­festaciones literarias, durante la Monarquía de julio se emprendió una revisión, depu­ración y aplazamiento. La nueva edición, confiada a M. Winter, incorporó también el «Suplemento» y, precedida por un prefacio de Charles Nodier, fue publicada a partir de 1843. El valor de muchos colaboradores y la originalidad de gran número de artícu­los dieron fama a esta Biografía, que toda­vía hoy conserva su valor, y por la serie­dad de la información puede consultarse con utilidad.

P. Onnis

Bibliotheca Hispana, Nicolás Antonio

Fue redactada por Nicolás Antonio, canónigo de la Cate­dral de Sevilla, el cual nació en esta ciu­dad en 1617 y falleció en Madrid en 1684. Desde 1654 hasta 1679 residió en Roma, en donde actuaba de agente general en la corte romana para los asuntos españoles, los del reino de las Dos Sicilias y de la Inquisición. Nicolás Antonio es el padre de la bibliogra­fía española. La Bibliotheca Hispana es una obra ingente en cuatro volúmenes, dividida en dos partes: Bibliotheca Nova y Biblio­theca Vetus. Su objeto fue reseñar la vida y la obra de todos los escritores españoles desde la antigüedad hasta los tiempos del autor. Apareció primero la Bibliotheca Nova, con pie de imprenta de Roma, 1672. La Bibliotheca Vetus, que por su contenido debía preceder a la anterior, se imprimió en Roma doce años después de la muerte del autor, en 1696, a expensas del cardenal José Sáenz de Aguirre. La Bibliotheca His­pana justifica su título porque ha dado ca­bida en ella a todos los escritores de la Península, cualquiera que fuera su época, su raza, su lengua o el reino de donde fue­ran oriundos. Una bibliografía tan amplia no tenía precedentes en ninguna parte, y esto excusa, junto con la época en que se compuso, muchos de los defectos de que adolece, como son errores cronológicos, da­tos equivocados, confusión de autores, etc. Sin embargo, es indudable que Nicolás An­tonio trabajaba escrupulosamente.

Lo de­muestra un ejemplar de esta obra de la Biblioteca Nacional de Madrid, lleno de co­rrecciones autógrafas del autor, prueba de su honradez literaria y de sus propósitos de exactitud, que consiguió muchas veces. El primer tomo de la Bibliotheca Vetus tra­ta de los escritores que florecieron en la Península desde Augusto hasta el año 1000. El segundo volumen va desde esta fecha hasta 1500. La materia de estos tomos está ordenada cronológicamente, formando un todo orgánico, dividido en libros y capítu­los. Completan el segundo tomo una espe­cie de apéndice, con los escritores de fe­cha incierta, ordenados alfabéticamente por los nombres de pila, y una Bibliotheca Ará­bico-Hispana sive de scriptoribus arabidus, ordenada por el mismo sistema. Siguen frag­mentos de los falsos cronicones de Máximo y Eutrando, y un índice de materias que facilita la consulta de la obra. En los preli­minares hay que señalar una extensa in­troducción con el título De Hispanorum doctrina, Bibliothecarum utilitate et propo­sito hujus operis, en la que el autor habla de los antecesores que tuvo en su labor y hace un interesante resumen de la produc­ción literaria española, agrupada por mate­rias. Como todo erudito, Nicolás Antonio concede importancia a quienes se distinguie­ron en el estudio de las lenguas hebrea, griega y latina. La Bibliotheca Nova, en dos tomos, da noticia de los escritores que florecieron entre 1500 y la época del autor, ordenados alfabéticamente por nombres de pila.

Al final del último tomo hay adiciones a los tomos anteriores, unas noticias de es­critoras españolas y de extranjeros que han escrito en español o sobre España, índice y erratas. De las dos Bibliotecas se hizo nueva edición en Madrid. El primer volumen de la Vetus lleva pie de imprenta de Joaquín Ibarra, 1783. Los tres restantes, de la viuda de Joaquín Ibarra, 1788. Se trata de una de las más bellas ediciones de esta célebre im­prenta. La Bibliotheca Vetus fue revisada por el» erudito valenciano Francisco Pérez Báyer, bibliotecario del rey, quien corrigió algunos errores y la completó con adicio­nes al pie de las páginas. En la Bibliotheca Nova se incorporaron al texto las numero­sas adiciones y correcciones autógrafas de Nicolás Antonio, en el ejemplar de la pri­mera edición que posee la Biblioteca Na­cional de Madrid.

P. Bohigas