Risala Fi Fadl Al-Andalus, Abu-l-Walid al-Saqundi

[Elogio del Islam español]. Epístola del escritor arabigoespañol Abu-l-Walid al-Saqundi (m. en 1231), escrita — según se especifica en el preámbulo — con el fin de rebatir a un au­tor que sostenía la superioridad de los bere­beres sobre los musulmanes de al-Andalus (tema que informa otras obras, por ejemplo, cIqd al-farid (v.), Kitáb al-hadá’iq (v.) y Parangón entre Málaga y Salé (v.).

Además del citado preámbulo y de un epílogo, el opúsculo consta de seis partes que tratan, sucesivamente, de: política, ciencia, poesía, valor guerrero, grandeza del alma y des­cripción de ciudades. En cada una de esas partes pueden distinguirse dos aspectos, que andan entrecruzados: el uno, combativo o polémico, dirigido contra los bereberes en general (en especial contra los almorávides, pues no ataca a los almohades, entonces reinantes y que le protegían), y otra, lau­datoria o apologética, en la que señala los méritos y cualidades de los andaluces. Ade­más de los fragmentos poéticos recogidos — que dan prueba de un acertado criterio estético — sobresalen las páginas dedicadas a la descripción de las ciudades españolas, páginas que se consideran como lo mejor del opúsculo. Trad. de Emilio García Gómez (Madrid, 1934).

D. Romano

Risalat Al-Quds, Muhyi al-din ibn Arabi

[Epístola de la san­tidad]. Opúsculo del místico arabigoespañol Muhyi al-din ibn cArabi (1165-1240). Es una epístola que, en 1203 y desde La Meca, dirigió a un amigo residente en Túnez.

En ella pueden distinguirse cuatro partes: 1.a, un estado de la vida espiritual en el Islam oriental; 2.a, un examen de conciencia del autor, con una doble finalidad: para hu­millación propia y para edificación de su corresponsal; 3.a, que es la más importante, una serie de unas 50 biografías de maestros de espíritu, que también ofrece un doble interés: por una parte, conocer las personas que influyeron en la formación asceticomística de Ibn cArabi (acerca cíe cuyas ideas místicas, v. Futühát ál-makkiyyat) y, por otra, presentar una visión bastante detallada de la vida religiosa del Occidente musul­mán en la primera mitad del siglo XIII.

Finalmente, la cuarta parte no es más que un epílogo doctrinal: una meditación acer­ca de los beneficios divinos y de la gra­titud que por ellos siente el alma. Mien­tras que la tercera parte está escrita en un estilo llano y familiar, las restantes son más retóricas y declamatorias. Trad. española íntegra de la tercera parte y parcial de las otras, por Miguel Asín Palacios, con el tí­tulo Vidas de santones andaluces. La «Epís­tola de la santidad» de Ibn cArabi de Mur­cia (Madrid, 1933).

D. Romano

La Risa. Ensayo sobre el significado de lo cómico, Henri Bergson

[Le rire, essai sur la signification du comique]. Breve obra filosófica francesa de Henri Bergson (1859-1941), pu­blicada en 1899. La risa, que es siempre provocada por un objeto humano, tiene ciertamente una función social: no se ríe bien cuando uno está solo, en efecto, sino que es preciso en torno a uno como la com­plicidad de los demás.

La risa es una re­acción contra todo lo que en la vida se nos presenta como mecánico: se ríe cada vez que se puede notar en los gestos o en las palabras de alguien cierto peso de automa­tismo. Así se ríe hasta de los vicios y de las virtudes cuando se nos aparecen como una forma de mecanicismo y parecen do­minar a la persona en que se encarnan, co­mo se domina un títere, sin amalgamarse con su personalidad. La risa es, pues, una especie de gesto social: por medio de él la sociedad llama al orden a los que se apar­tan del camino constructivo de la actividad, los distraídos, los extravagantes, los que representan un peso muerto o un elemento de disgregación en la estructura de la vida social. Bergson corrobora esta teoría suya por medio de una aguda y finísima inda­gación de las diversas teorías de lo có­mico: lo cómico de las formas, de los mo­vimientos, de las situaciones y de las pa­labras, para llegar finalmente a lo cómico de carácter, al que dedica todo el tercer capítulo del libro.

Esta investigación va acompañada de ejemplos tomados sobre todo del teatro, que es el lugar en que lo cómico se explica a un mismo tiempo co­mo forma de arte y como función social, dando lugar a la comedia, que es una rama muy particular del arte, porque no perte­nece completamente ni al arte ni a la vida. Para Bergson, pues, el arte no es más que una visión más completa e inmediata de la naturaleza y del alma humana, que a pocos es concedida ya que, por lo general, los hombres no ven en el mundo exterior más que la porción de superficie sobre la que pueden ejercer su particular acción; así, la pintura acostumbra percibir en los colores los matices que olvidan nuestros ojos, y la música sabe captar los acentos, imperceptibles para nosotros, de nuestros propios sentimientos. El arte mira siempre a lo individual porque sabe percibir todos los matices que escapan a las categorías generales en que hacemos entrar general­mente, para mayor utilidad, nuestros jui­cios y nuestros sentimientos. En cambio, la comedia mira a lo general: contrariamente al drama que nos muestra, reveladas al des­nudo, las profundidades más oscuras del alma humana, y, desarrollándose de un análisis interior de nosotros mismos, extrae de la humanidad los tipos que se pueden hacer entrar en una cuadratura común. Y la comedia alcanza su finalidad social por­que, al suscitar la risa con el espectáculo de la distracción y el automatismo que se sobreponen a la vista, nos devuelve a la atención, a la autoconciencia y a la norma­lidad, acreciendo así nuestro rendimiento social. Esta obra, una de las más felices de Bergson, ofrece un doble interés: el estric­tamente estético y el gnoseologicometafísico.

Por este último aspecto, La risa, con su tesis de una función cognoscitiva, apropia­da al flujo de la vida real, distinta y opues­ta a la función conceptual, dirigida al domi­nio del mundo práctico, es una introducción a la Evolución creadora (v.), que está fun­dada en aquella tesis dualista.

G. Alliney

Las Riquezas del Idioma Vulgar, Francesco del Bailo

[Le ricchezze della lingua volgare]. Léxico de Francesco del Bailo, conocido en el mun­do de los humanistas por Alunno (1485?- 1536/1556), aparecido en 1543 y reeditado varias veces.

Es un importante documento del gusto literario del siglo XVI, en cuanto siguiendo las normas de Bembo afirma la importancia de la prosa de los grandes es­critores del siglo XIV y particularmente de Boccaccio. El recopilador reúne, siguien­do el orden alfabético, las voces más ca­racterísticas de cada expresión, basándose sobre todo en el Decamerón (v.), según el texto de los hermanos da Sabbio, de 1526, a cargo de Niccoló Delfino, pero sin des­cuidar otras obras del autor, ni ejemplos de escritores de los siglos XV y XVI. Las voces de Boccaccio son tan densas de signi­ficado y tan precisas en la terminología que forman por sí solas la base de un verdadero idioma: este glosario se presenta, pues, no sólo como una selección histórica de las locuciones, sino como ejemplo nor­mativo para hablar bien. Para dicha fina­lidad práctica, además de anotaciones a textos antiguos y modernos se plantean como conclusión algunas «Regolette particolari della volgar lingua».

Ayudado por ilustres literatos de la época, como Gerolamo Muzio, Gerolamo Ruscelli y Paolo Manuzio, Alunno iba reforzando en los es­píritus la exigencia de una literatura nueva, dotada de ejemplos que sostenían la com­paración con los autores clásicos griegos y latinos. Boccaccio es la base sustancial para todo «hablar propio y metafórico», en cuanto captó con extrema finura cada detalle expresivo de la naturaleza y del pensamiento humanos. Pero además de Boccaccio, el estudioso tiene presentes a Dante y a Petrarca: de ese modo equilibra el in­terés de Bembo y los puristas de principios del siglo XVI con la lengua sencilla y vi­gorosa de la Divina Comedia (v.) y al mis­mo tiempo contribuye a una nueva direc­ción del gusto.

C. Cordié

Sobre el Rin, el Main y el Neckar. 1814- 1815, Wolfgang Goethe

[Am Rhein, Main, und Neckar. 1814-1815]. Recuerdos de viaje en tres partes, de Wolfgang Goethe (1749-1832), publicados separadamente entre 1816 y 1817 en el primer año de la revista Arte y an­tigüedad (v.), y publicados de nuevo pos­tumamente en 1833 en orden cronológico y con el título equivocado de Un viaje sobre el Rin, el Main y el Neckar en los años 1814 y 1815.

En realidad se trata de dos viajes, el de 1814 que trata de «La fiesta de San Roque en Bingen» y «Jornadas otoñales en Renania», y el otro de «Arte y antigüedad en el Rin, el Main y el Neckar». Establecen un lazo ideal entre estas tres partes los contactos que tuvo Goethe en aquella época con el mundo medieval católico alemán. Si bien un primer contacto directo con la Iglesia católica, sólo exterior y pintoresco, había tenido ya Jugar en Roma (v. Viaje a Italia), y el personaje de Otilia en las Afinidades electivas (v.) había sido descri­to casi como una imagen de santa católica, en esta obra el Cristianismo está visto en su concreto desarrollo histórico y en la contribución que sirvió de base a la cul­tura alemana. En la descripción de la pro­cesión de San Roque, que ocupa, con la historia del santo, la primera parte, Goethe aparece casi emocionado por la expresión popular de la fe; tanto, que esbozó un cu­rioso San Roque del que Meyer dibujó un estudio y Louise Schodler pintó el cuadro al óleo.

La segunda parte, dedicada a es­tos amigos, es una descripción festiva de la ubérrima Renania, paisaje que tan bien rimaba con el espíritu sereno de Goethe. La tercera parte, la más importante en el pensamiento del autor, es la historia de las obras de arte medieval alemán, que en esos años se estaban principalmente exhu­mando gracias a los hermanos Boissérée. En Colonia, Goethe se puso en relación con algunos insignes coleccionistas, cuya obra en aquella época tuvo gran importan­cia y que fueron verdaderos fundadores de pinacotecas; vio también la catedral, en aquel tiempo incompleta, y tuvo una im­presión tan dolorosa de esta visión que escribió: «…sólo podía atenuarla la espe­ranza de verla un día terminada». De rea­lizar tal esperanza se ocupaba Boissérée, que ya en 1811 se había presentado a Goethe con un proyecto de reconstrucción. En Francfort, la pinacoteca del suegro de Franz Brentano, el vienés Birkenstock, le ofre­ció abundante campo de observaciones y le sugirió el ideal de una Academia en donde los jóvenes artistas encontrasen facilidades y contactos con los maestros y con el es­tudio de las obras de arte. En Heidelberg, en casa de Sulpiz y de Melchor Boissérée, las observaciones de Goethe no se tradujeron sólo en notas y expresiones, sino que se ordenaron en una visión totalitaria y cro­nológica que casi es el comienzo de una historia del arte alemán y en la que reco­noce a la Iglesia el mérito de haber sido «custodio del arte» tras la decadencia de los últimos siglos del Imperio romano, con­servando en la historicidad religiosa «tanta buena semilla» que debía naturalmente fructificar.

El arte así nacido tuvo sobre el arte griego la ventaja de «partir de una infinidad de individuos y elevarse poco a poco hacia lo universal»; Bizancio, que ha­bía sido la primera y directa heredera, sólo había conservado de ella el esqueleto. El arte bizantino, al pasar luego a Italia, se vivificó, con el color veneciano y, haciéndose más complejo en los Países Bajos y en Renania, comenzó a separarse de lo con­vencional, desenvolviéndose en contacto con las fuentes mismas de la narración evangé­lica. La Natividad de Jesús, la Adoración de los Magos, se convierten en los asuntos elegidos por les primitivos holandeses y alemanes, hasta que el maestro Guillermo de Colonia colocó por primera vez, con gran sentido naturalista, figuras completamente humanas en un ambiente arquitectónico y paisajista. El tríptico de Van Eyck, que representa la Anunciación, la Natividad y la Presentación, impresionó particularmente a Goethe, que lo consideró como la expre­sión más completa y original del arte ale­mán. No es necesario supervalorar el signi­ficado de este viaje en la vida de Goethe, ni ver en él un alejamiento del mundo clá­sico de los Propileos (v.) o una especie de conversión al Romanticismo de tenden­cias católicas, como esperaron inútilmente los hermanos Boissérée y otros románticos. Este estudio parte de un punto de vista netamente histórico y no es un juicio de valor ni un repudio del pasado, sino la comprensión del Cristianismo que, recha­zado un tiempo, entra en la visión univer­sal de Goethe guiándole a la conclusión poética expresada en el tan discutido úl­timo acto de Fausto (v.).

G. F. Ajroldi