Anécdotas de la Pintura en Inglaterra, Horace Walpole

[Anecdotes of Painting in England]. Rica miscelánea de anécdotas de pintores ingleses del célebre campeón del «gótico» en la literatura y en arte Horace Walpole ( 1717-1797), publicada en 1762- 1771 y reeditada varias veces. Walpole ha­bía comprado en 1756 a la viuda de George Vertue su preciosa colección artística con el manuscrito de notas y apuntes, inco­nexos y difíciles de descifrar, sobre la his­toria de la pintura inglesa: y Walpole, que sobresalía en el arte de tratar las menu­dencias con la magnificencia de las gran­dezas, supo extraer de ello una obra útil y deleitable. Desgraciadamente, aunque buen conocedor, no sabía bastante para escribir una historia de la pintura: ni los editores tuvieron el valor de corregir los errores re­ferentes a ciertos cuadros comprados por él, sobre los cuales tenía ideas erróneas referidas en estas Anécdotas. Lo que es peor, la autoridad, literaria más que artís­tica, de esta obra, ha impedido la publica­ción de una historia completa y artística­mente autorizada de la pintura inglesa. Bajo la anécdota curiosa, interesante, hu­morística, se adivina incluso al señorial y fino divulgador de maledicencias públicas y privadas, y al escéptico volteriano.

G. Piolli

Anatomía General Aplicada a la Fisiología y a la Medicina, Marie-François Xavier Bichat

[Ana­tomie générale, appliquée a la physiologie et a la médecine]. Tratado de Marie-François Xavier Bichat (1771-1802), publicado en 1801, con el cual se inicia el estudio mi­croscópico de los órganos, dividiéndolos en sus elementos morfológicos y funcionales: los tejidos. Bichat partió del estudio minu­cioso de las membranas, que publicó en un volumen aparte [Traité des membranes, 1800] y extendió a todo el organismo hu­mano una investigación sistemática de la estructura microscópica de los órganos. En realidad elaboró los principios de la ma­nipulación de los tejidos y notó que todo órgano consta de una asociación de teji­dos diversos: óseos, musculares, elásticos, celulares, tendinosos. Señala la finalidad de la anatomía como descripción microscó­pica; partiendo de numerosísimas observa­ciones, llega a reconocer en los órganos más diversos un grupo limitado de tejidos, y elabora una primera clasificación de esos tejidos. Las veintiuna categorías estableci­das por Bichat tienen hoy escaso valor, pero al esquema de Bichat se le sigue re­conociendo un valor histórico grandísimo. En su época tuvo además el mérito de no limitar su investigación a los tejidos nor­males, sino de extenderla también a los patológicos, de tal manera que puede ser considerado fundador de la ciencia de los tejidos (histología), en el más amplio sen­tido; se le considera además como gran analizador de los fenómenos biológicos, no sólo desde el punto de vista descriptivo, sino también desde el fisiológico.

C. Barigozzi

De la Anatomía, Mateo Realdo Colombo

[De re anatómica libri XV]. Obra de Mateo Realdo Colombo cremonés (1520-alrededor de 1559), suce­sor de Andrea Vesalio en la cátedra de Padua, y después en Pisa y en Roma. La obra fue publicada en Venecia en 1559, ornada de un frontispicio del Veronés. Es impor­tante la descripción de la circulación pul­monar, la aserción de la impenetrabilidad del tabique interatrial del corazón, y la defensa de la prioridad del descubrimiento, difundido por su enseñanza, antes de que acerca de ello escribiera en 1553 (v. Resti­tución del Cristianismo) el médico y teólo­go español Miguel Servet. He aquí los pa­sajes del libro en que Colombo se coloca entre los más beneméritos precursores del descubrimiento de la circulación de la san­gre: «…la sangre va por la vena arterial al pulmón, y allí se adelgaza; desde allí, mezclada con el aire, atraviesa por la arte­ria venosa, va al ventrículo izquierdo del corazón, cosa que todos pueden fácilmente observar, y que hasta hoy nadie había ob­servado ni nadie había dejado dicho en sus escritos… Cuando el corazón se dilata, re­cibe la sangre de la vena cava en el ven­trículo derecho y al mismo tiempo el ventrículo izquierdo recibe por medio de la arteria pulmonar la sangre con el aire, y para este fin las membranas se bajan y ce­den a la entrada; después, mientras el co­razón se encoge, éstas se cierran a fin de que no pueda la sangre afluir por los mis­mos conductos; al mismo tiempo, tanto las válvulas de la gran arteria, como las de la vena arteriosa, se cierran y dejan pasar la sangre airada, que se esparce por todo el cuerpo, y al mismo tiempo la sangre na­tural, que es llevada al pulmón». De este modo, aunque dejando al hígado el papel más importante en la circulación, y a las venas el de llevar por el cuerpo la sangre nutritiva, según el concepto de los anti­guos, Colombo demostró el mecanismo fun­damental de la acción del corazón, de las válvulas cardíacas y de la circulación pul­monar.

B. Porta

Anatomía de los Absurdos, Thomas Nashe

[The Anatomie of Absurditie]. Obra del escritor inglés Thomas Nashe o Nash (1567-1601), publicada en 1589. Es una sátira prolija y desordenada, coloreada con matices de Eufuismo (v.) y complicada con innume­rables digresiones. Se hallan en ella acer­bos juicios acerca de las mujeres, una de­fensa de los fabulistas, una interpreta­ción de las Metamorfosis de Ovidio, una dis­cusión acerca de la dieta alimenticia, una invectiva contra los vendedores y los cantantes de baladas, y la defensa de la poesía, común ésta a los escritores cultos de la época. La parte más interesante es la crí­tica de los pedantes apegados al clasicis­mo, que Nashe tiene por una de las más fastidiosas plagas de su tiempo. Además los pensamientos acerca del estudio y la manera de vivir del hombre con la afirma­ción de que los estudios deben mostrarse en la conducta pública de las personas, y la de que no hay que considerar las cosas co­munes como indignas de nuestra atención, son el preludio de una .literatura de refle­xiones y ensayos que Bacon había de ele­var a muy alta expresión. Nashe siguió el gusto de la época que quería sátiras y li­belos, y no dio mayor relieve a ciertas ideas centrales que hubiera podido tratar con novedad, como muestra en algunos puntos, entre los cuales, los pocos de que acabamos de hablar.

A. Camerino

Anatomía, Mondino de Luzzi

[Anathomia]. Obra de Mondino de Luzzi (12709-1326), publicada en el año 1478. Para comprender la importancia de esta obra que sirvió de texto en muchísi­mas escuelas hasta el siglo XVII, es me­nester recordar que Mondino fue el primer anatomista digno de este nombre, porque fue el primero en seccionar los cadáveres procediendo a su disección según precisos criterios sistemáticos. Puesta en estas bases la investigación, resultó de ella un decidido progreso en el estudio, en el conocimiento, y en la enseñanza de la ana­tomía, factor este último de particular im­portancia para el prestigio de las Univer­sidades italianas de entonces. La Anatomía de Mondino refleja esta dirección de estu­dios, resume sus resultados y, sobreviviendo al autor, continúa su obra en los siglos sucesivos; algunos puntos como el de los vasos sanguíneos, de los órganos genitales masculinos, de la vejiga, etc., son tratados en su obra con particular precisión; por lo demás, la preocupación por permanecer fiel al principio galénico conduce al autor a largas discusiones en perjuicio de la clari­dad. Observaciones a veces particularmente interesantes de carácter fisiológico y pato­lógico, acompañan a la descripción anató­mica de los órganos.

Son interesantes las normas de técnica de la disección anatómi­ca, practicada en tres tiempos, de los cua­les el primero comprende el examen de desenvolver una contemplación de la muer­te bajo dos aspectos frecuentísimos en la literatura religiosa medieval; el despre­cio del mundo (Primer aniversario) y la meditación acerca de las glorias del Paraí­so (Segundo aniversario). En esta contem­plación se insinúa la turbación del poeta ante los nuevos descubrimientos en el cam­po científico (Copérnico, Kepler, Galileo) y filosófico (F. Bacon), que trastornaban la concepción medieval que él tenía toda­vía del mundo en que se había criado. Así como la idea desarrollada en el «Pri­mer Aniversario» es una excesiva hipérbole, que lo pareció así también a sus contempo­ráneos, también abundan las hipérboles en los detalles, especialmente en las alabanzas a la difunta, para la cual usa de un len­guaje que más convendría al elogio de la Divinidad. Con todo, no faltan, entre con­ceptos e ideas enrevesadas que hacen difí­cil y pesada su lectura, algunas imágenes luminosas y bellísimas y de ese vigor poé­tico de que Donne dio bastantes pruebas en sus poesías más breves.

S. Rosati