Las Veladas de Médan, Émile Zola

[Les soirées de Médan]. Bajo este título aparecieron en 1880 seis narraciones debidas a la pluma del escritor francés Émile Zola (1840-1902) y de otros cinco jóvenes amigos suyos, todas ellas inspiradas en los recuerdos de la guerra del 70 y selladas con un crudo rea­lismo antimilitarista y antipatriótico.

Pro­visto de un agresivo prefacio, el libro marca, en cierto modo, el acto de naci­miento de lo que fue denominado el «grupo de Médan» (así llamado porque se reunían en la villa de Zola, situada en Médan, en los alrededores de París), y a la vez la primera clamorosa afirmación del «natura­lismo». Abre la serie El ataque al molino [L’attaque du moulin], de Zola; vigoroso relato de carácter novelesco, diluido entre apacibles descripciones de un paisaje idíli­co en el que la guerra trae estragos y ruina, donde sólo al final apunta una nota satírica antimilitarista. Por esta discreción, aparte el estilo simple y poderoso, a la vez que directo, el cuento merece citarse entre los mejores de Zola. Sigue Bola de sebo [Boule de suif], una de las narraciones más famo­sas de Guy de Maupassant (1850-1893), la primera gran prueba con la que el discípulo de Flaubert alcanzó de un golpe la fama.

Es la historia de una damisela de vida ale­gre, llena de buenos sentimientos y patrio­tismo, la cual durante la invasión prusiana realiza un viaje en diligencia, con un grupo de respetables burgueses y de damas, de Rouen a Le Havre; en principio todo le es hostil, si bien termina por ganarse a todos debido a su bondadosa generosidad. En un determinado lugar es detenido el carruaje arbitrariamente por un oficial germano, en un mezquino hotel provinciano; no permi­tirá que nadie continúe el viaje sin antes haber obtenido los favores de la damisela galante, de la que él se ha encaprichado. La valiente muchacha, llena de patriotismo, rechaza con horror la idea de entregarse al enemigo; pero, finalmente, consiguen convencerla para que se sacrifique en bien de todos. Reemprenden la marcha a la mañana siguiente, pero ella se ve tra­tada con fría indiferencia y con mal disimulado desprecio por todos aquellos que se llaman «personas de bien», a los que salvó con su sacrificio. La sátira de la hipócrita moral burguesa no impide que el arte de Maupassant logre sus más felices efectos en la descripción de los caracteres.

En Mo­chila a cuestas [Sac au dos], de Joris-Karl Huysmans (1848-1907), un joven recluta cuenta sus experiencias bélicas de una gue­rra y de una derrota apenas entrevista en la confusión de la retirada, mientras él, en­fermo, se arrastraba penosamente de hospi­tal en hospital. La narración, deshilvanada y carente de episodios importantes, adquiere, sin embargo, un especial relieve, por soste­nerla el estilo preciso, corrosivo y epigramático del autor de Al revés (v.). La sangría [La saignée], que ocupa el cuarto lugar, es un breve cuento satírico de Henri Céard (1851-1924), en el que un general de mediocre condición, jefe de la defensa nacional y gobernador de París durante el sitio, se deja influir deplorablemente en la dirección de la guerra, por el amor de una aventurera que ya había brillado en la, corte de Napoleón III.

El tipo es una evi­dente caricatura de un personaje histórico, Louis-Jüles Trochu; y la intención carica­turesca disminuye el efecto de este capri­choso cuento, fácil y pintoresco. El caso del número 7 [L’affaire du Grand 7] es el quinto relato, de Léon Hennique (1852- 1936). En una pequeña ciudad de provincia, durante la guerra, un soldado vuelve al cuartel mortalmente herido de una cuchi­llada, muriendo a poco; sus compañeros, que saben que el asesino es el dueño de una cercana casa de prostitución, caen sobre ella en el curso de la misma noche y con sus armas siembran estragos y ruina. Se advierte una evidente complacencia en la atrocidad del argumento y de las escenas aisladas, reflejadas con una vivacidad tru­culenta y superficial, por lo que estas páginas deben considerarse como las más flojas de todo el libro.

La colección termina con un cuento de Paul Alexis (1847-1901), Después de la batalla [Aprés la bataille]. Un joven sacerdote, herido en combate, es recogido en la retirada por una graciosa viudita bretona, que transporta en su carro el ataúd de su marido, camino de su tierra natal. En el breve viaje nace entre los dos una imprevista y violenta simpatía que, durante una noche fría y húmeda, les arroja en brazos el uno del otro, dentro del carruaje y junto al ataúd del esposo. La macabra singularidad del argumento queda en cierto modo borrada por el arte delicado que el escritor despliega al pintar los ca­racteres de los dos protagonistas, alcanzando a conferir a aquel repentino amor sin por­venir, un carácter de natural simplicidad. Todo el libro, en conjunto, constituye un documento característico de las diversas tendencias y estilos del arte narrativo fran­cés que confluyeron en la escuela natura­lista. [Trad. de «La España Moderna» (Ma­drid, s. a.)].

M. Bonfantini

Boule de suif es una de las obras maes­tras de la novela francesa… Maupassant, como el propio Zola, queda aparte, sobre­pasa la fórmula, y su filiación de Croisset (residencia de Flaubert) pesa más que sus paseos a. Médan. En cambio, Huysmans, Céard, Hennique y Alexis constituyen un grupo naturalista homogéneo. Y el natu­ralismo, para ellos, consiste, más que en la observación y en la descripción de la reali­dad, en el odio a la realidad; por lo tanto, en una. v<isión caricaturesca, motivada por un radical pesimismo. (Thibaudet)