Luis Joseph de Velázquez

Escritor y erudito español. Nació en Málaga en 1722 y murió en 1773. Era marqués de Valdeflores; fer­viente seguidor de las doctrinas del pre­ceptista Luzán. En Granada frecuentó la Academia del Trípode, y la del Buen Gusto en Madrid. Fue además uno de los más activos académicos de la Historia. Sus poe­sías líricas y madrigalescas ofrecen escaso interés. Como crítico publicó, entre otros trabajos, Orígenes de la poesía castellana (1752, v.), que hoy tiene un valor de simple curiosidad bibliográfica. Con la protección del marqués de la Ensenada escribió y pu­blicó el Viaje de España (1765), libro que recoge sus investigaciones en archivos y bibliotecas. A la caída de Ensenada (1766) fue recluido en el castillo de Alicante y llevado después a Alhucemas; en enero de 1772 fue puesto en libertad, muriendo al año siguiente.

Juan de Velasco

Historiador y reli­gioso jesuita ecuatoriano nació en Riobamba en 1727 y murió en Faenza, Italia, en 1792, con sangre española e indígena en las venas. Augusto Arias lo llama «creador de la His­toria Patria», pero Ángel F. Rojas afina más cuando dice: «puede que el imaginativo jesuita sea, más que padre de la Historia, el padre de la novela en el Ecuador». Siguió el religioso ecuatoriano la suerte de sus compañeros de Orden con motivo de la expulsión y se refugió en. Italia, donde resi­dió primero en Ferrara y después en Faenza. En el destierro escribió su Historia del reyno de Quito (v.), cuyas características han dado lugar a estimaciones como las anteriormente citadas.

Pero también aprovechó su des­tierro pana reunir cinco volúmenes de poe­sías, en letra menuda, con el título Colec­ción de poesías hecha por un ocioso en la ciudad de Faenza en 1790; no se trata de una antología, ni por la amplitud de auto­res y épocas, ni por el gusto del seleccionador, que se incluye a sí mismo; se trata de una compilación comparativa de poesías españolas e hispanoamericanas que tiene el principal interés de ofrecernos «la primera e inestimable colección de poesías de auto­res ecuatorianos», según afirma Augusto Arias en su Panorama de la literatura ecua­toriana, pues figuran en ella poemas de Ra­món Viescas, José Orozco, Mariano Andrade, Joaquín Ayllón, Ambrosio y Joaquín Larrea, «aparte de otras de menor calidad o espacio».

J. Sapiña

Marietta de Veintemilla

Escritora ecuatoriana nació en Quito en 1858 y murió en 1907. Sobrina del general y dictador Igna­cio Veintemilla, quedó bajo su tutela a la muerte de su padre, José (1869) y en un ambiente refinado, dados los gustos e incli­naciones de su tío. Durante la presidencia de éste, que llegó al poder por medios irre­gulares y trató de mantenerse en él por la fuerza, como realmente había gobernado (1876 – 1883), fue una verdadera primera dama de la nación, con sus salones abier­tos: no debe olvidarse que Marietta tenía espíritu liberal, enemiga de la gazmoñería ambiente «mientras la sombra de García Moreno seguía cerniéndose sobre la católica Quito y el clero reinaba sobre las concien­cias femeninas a través del púlpito y el confesionario», según frases de Angel F. Rojas. Claro está que al llegar su tío al poder y convertirse ella en personaje cen­tral de la vida quiteña, la responsabilidad limitó sus actitudes, pero no pudo dejar de ser la misma.

Cuando el levantamiento del país contra la dictadura de Ignacio Veinte- milla, tan soberbiamente vapuleado en las Catilinarias de Montalvo, puso en peligro la seguridad del dictador y éste se retiró a organizar su defensa a Guayaquil, Ma­rietta se. quedó en Quito y se puso de he­cho al mando de las tropas y demostró allí un valor a toda prueba. Cuando cayó pri­sionera, muchos jóvenes acudían ante las rejas de su prisión a darle serenata a la «Generalita» o la «Mayasquerita», como llallaman a la valiente joven. Se le permitió después salir al destierro, a reunirse con su tío en Lima, y escribió y publicó en la ca­pital del Perú un libro polémico sensacio­nal, medio historia y medio novela, en el que Ricardo Palma encontraba hiperbólica­mente algo de la sobriedad de Tácito (v. Páginas del Ecuador).

Cuando regresó del destierro (1898), el país la acogió con de­voción al recordar su valentía. Su Confe­rencia sobre Psicología moderna «hizo eco en los medios intelectuales», según afirma Isaac I. Barrera. Y con el título Digresio­nes libres, se publicó un volumen con sus conferencias y artículos, dedicados princi­palmente a las mujeres famosas de la Histo­ria. En 1949 apareció su biografía, debida a la pluma de Enrique Garcés y publicada por la Casa de la Cultura Ecuatoriana.

J. Sapiña

Hugo Veigelsberg

(Conocido bajo el seudónimo de Ignotus). Nació en Budapest el 2 de noviembre de 1869 y murió en 1949. Hijo de Leo V., notable redactor político del periódico Pester Lloyd, se formó en un am­biente intelectual cosmopolita despreocupado y radical, cuya influencia resultó decisiva en su evolución. Graduóse en Jurispru­dencia en la Universidad de Budapest, y ya desde los veinte años colaboró en el sema­nario de literatura A Hét, órgano de los escritores de vanguardia, en gran parte de origen hebreo, con quienes Veigelsberg se hallaba unido por el afán de saber, el inquieto deseo de novedades y la vanidad intelectual. Ad­quirida una buena fama de autor lírico (en 1891 y 1895 publicó dos volúmenes de poe­sías), pasó al ámbito de la crítica, en el cual, andando el tiempo, convirtióse en jefe de la tendencia progresista y resuelto ad­versario no sólo del tradicionalismo y el academicismo, sino también de cualquier concepción literaria provechosamente con­servadora.

Poseedor de una inteligencia aguda, irónica y ágil, fue un polemista por excelencia, aun cuando fragmentario e in­coherente, y ofreció lo mejor de sí en un volumen de Aforismos, ideas y reflexiones (1906). A partir de 1908 figuró entre los re­dactores de la revista, Nyugat (v.), heredera de la tendencia de A Hét, que provocó una revolución en la vida literaria y tuvo el gran mérito de preparar el camino a los principales ingenios húngaros del siglo ac­tual. Comprometido en 1919 con el comu­nismo, Veigelsberg marchó al extranjero tras la caída de Béla Kun.

E. Varady

Renato Flavio Vegecio

Vivió entre los últimos años del siglo IV y los primeros del V. Su religión y su cultura fueron cris­tianas. Desempeñó un alto cargo en el Im­perio romano, probablemente el de «comes sacrarum largitionum», especie de ministro de Hacienda. Compuso un Epítome de las instituciones militares (v.); para ello abre­vió una serie de informaciones esparcidas «per diversos auctores librosque», de acuer­do con la ‘orden del emperador, posiblemen­te Teodosio I (379-395). A Vegecio se atribuyen, además, los Digestorum artis mulomedicinae libri III, obra de veterinaria procedente asimismo de varios tratados.