Asuntos de Roma, Hugues-Félicité- Robert de Lamennais

[Affaires de Rome]. Famosa obra escrita por Hugues-Félicité- Robert de Lamennais (apellido así democra­tizado por el autor en 1837, del originario de La Mermáis, 1782-1854). Fue publicada en 1837, y tiene gran importancia por las aclaraciones y los testimonios que procura sobre la actitud espiritual del autor. La­mennais, ya en el Ensayo sobre la indife­rencia (v.), había tratado de iluminar a la manera ortodoxa los males de la incrédula sociedad de la Restauración, orientándose luego hacia una definición democrática del problema religioso; el cristianismo no podía ser contrario a los nuevos principios de la libertad social, sino que debía aportar una admonición y una guía que se le habían escapado a la misma Revolución de Julio. En estos Asuntos de Roma viene expuesto el proceder de Lamennais, que con los de­más redactores del «Avenir» (v.), Lacordaire y Montalembert, trata de conciliarse con la Santa Sede, primero con instancias y después con un viaje a Roma. El autor quiere demostrar que, debido a las varias vicisitudes políticas, su palabra no ha sido escuchada y que, en el contraste cada vez mayor de los principios, ha sido llevado a seguir el camino de la condena religiosa.

Pero entre documentos, instancias, cartas, encíclicas, la narración de sus acciones está presentada con la persuasión de haber obra­do rectamente: sin tener en cuenta la sepa­ración, cada vez mayor, entre los princi­pios profesados y los principios milenarios de la Iglesia. En su conjunto la obra es bastante importante por los testimonios que aporta sobre Gregorio XVI, sobre los car­denales Pacca y Lambruschini: algunas pá­ginas del viaje a Italia son resplandecien­tes y tersas, con una peculiar ligereza de forma. Un capítulo bastante vivo, escrito algunos años antes, trata de los «Males de la Iglesia y de la sociedad y maneras de remediarlos»; se comprende que el carác­ter, a veces incluso acre y orgulloso del es­critor bretón, se manifieste aquí con una inclinación polémica bastante decidida. El tema — con vistas a una reforma interna del Catolicismo— interesó en dicha época a mentalidades insignes, particularmente ita­lianas, desde Lambruschini a Rosmini.

C. Cordié

Le Astuzie Femminili, Domenico Cimarosa

Ópera cómi­ca de Domenico Cimarosa (1749-1801), estrenada en el Teatro dei Fiorentini de Nápoles en 1794; libreto de Giuseppe Palomba. Romualdo, antes zafio enfermero en un hospital de Nápoles, pasa por docto juris­consulto, y secretamente ambiciona casarse con su rica y joven pupila, Bellina; el pa­dre de ésta quiere casarla con Giampaolo Lasagna, un tosco propietario; Bellina ama al bello Filandro, y junto con el aya y la camarera urde chanzas y trampas para sus pretendientes; personajes casi grotescos y situaciones escénicas de las que se encuen­tran a centenares en la ópera cómica del siglo XVIII. También dichas astucias son usadísimas: por ejemplo, hacer entrar con un pretexto al zafio pretendiente en una habitación en la cual está escondida otra mujer, para que ésta grite y le comprome­ta, y liquidarle así; o bien disfrazar de hún­garos a los enamorados infieles, poner en sus labios una lengua extranjera macarró­nica, obtener con esta estratagema el con­sentimiento para la boda con el pretendien­te; y en fin, una vez casados así, desenmascararlos.

No era pues la novedad de la tra­ma lo que los autores y el público apre­ciaban, sino los recursos de la intriga. Di­vierten los personajes Gianpaolo y Romual­do, que Cimarosa trazó con toda la tosque­dad y presuntuosidad que tenían, y con sus aspiraciones desvanecidas de una manera ri­dicula. Con personajes así, convencionales, los autores de óperas cómicas se ejercitaban en una técnica de caricaturistas. Se burla­ban de ellos, exageraban sus defectos y sus trazos grotescos. Era la caricatura por la ca­ricatura, sin la finalidad de mostrar un tipo humano y social ni de moralizar. Ritmos bri­llantes, cantilenas populares y, sobre todo, pasajes rapidísimos en cuanto a notas y sí­labas, les representaban en claroscuro, como en dibujos al carbón. No se puede decir que canten verdaderas, arias. Más agudo chispea el humorismo en los duetos, en los tercetos y en el conjunto. Notable por lo original, es un aspecto de las Astuzie femminili: el patético. Esta ópera debe recordarse en la historia de la ópera cómica ita­liana del XVIII por su profundización dra­mática en los sentimientos, por el lirismo impreso en el «pathos». Aquí Filandro y Bellina se aman y son infelices. Cimarosa les observa en sus almas, escucha las pal­pitaciones de sus corazones, canta sus pe­nas y poetiza su pasión. Las partes musica­les en que se desarrollan las astucias feme­ninas parecen secundarias en comparación con las que reflejan el deseo amoroso y la melancolía de Bellina y de Filandro. Son éstos los acentos nuevos que Cimarosa dio al arte y al teatro. Se adhirió al momento romántico, esto es, a la interpretación ro­mántica de la vida y al mismo tiempo con su personal sencillez contribuyó a aquel momento y renovó aquella interpretación.

A. Della Corte

A su Esposa, Quinto Septimio Florencio Tertuliano

[Ad uxorem]. Obrita en dos libros compuesta por Quinto Septimio Florencio Tertuliano, apologista cristiano nacido en Cartago y que vivió entre fines del II y principios del siglo III d. de C. En el primero de estos libros, que tiene carácter más estrictamente personal, el autor expresa a su mujer el deseo, casi la orden, de que no contraiga segundas nup­cias en caso que él muera antes que ella; pues ninguna razón —ni la flaqueza de la carne, ni el deseo de tener hijos, absurdo en tiempos tan tristes— justifica la repeti­ción de un acto que sólo por necesidad se efectúa una primera vez, puesto que la condición ideal del cristiano es el celibato; y no sólo quiere dirigirse Tertuliano a su mujer, en este escrito suyo, sino a todas las viudas, puesto que mantenerse fieles a su primer marido es cumplir con su deber que las hará meritorias también ante Dios.

Me­nos severa es la tesis del segundo libro en el cual Tertuliano quiere poner de relieve la inoportunidad para una cristiana de vol­ver a casarse con un pagano y exponerse a todas las dificultades que seguirían a un acto tan insensato. En cambio, ofrecen la más absoluta intransigencia las obritas en las cuales, convertido al montañismo entre el 202 y el 207, Tertuliano vuelve á tratar ese tema: la Exhortación a la castidad, escrita para un amigo suyo que se ha que­dado viudo, y el opúsculo De la monoga­mia, en las cuales el segundo matrimonio es condenado rotundamente y la castidad declarada una de las más altas y merito­rias virtudes cristianas. El segundo de los dos libros A su esposa se concluye con una descripción de la perfecta pareja cristiana, una en alma y cuerpo, ligada por la fe común, y que es quizás el pasaje más bello y característico de estos escritos.

E. Pasini

Los Astronómicos, Cayo Julio Higino

[Astronómica]. Con este título tenemos cuatro libros atri­buidos a Cayo Julio Higino, autor de las Fábulas (v.), y un poema en cinco libros atribuido a un cierto Manilio (siglo I a. de C.). Los cuatro libros de Higino son un manual escolar de astronomía, versificado de modo fácil y suelto, que sirvió en los siglos siguientes como texto de estudio, porque el verso le hacía fácil de aprender y de recordar. Conocido también con el nombre de Astronomía poética, o con los nombres de las partes de que se compone («La esfera», «Las estrellas»), el tratado ex­pone las teorías astronómicas de Arato y de Erastóstenes, dando particular importancia a los mitos astrales.

F. Della Corte

*    Los cinco libros de Manilio Los astronó­micos [Astronómica] constituyen un poema originalísimo que no llegó a ser concluido, sin duda por la muerte del autor. El libro primero, que considera el origen del mun­do y la configuración del cielo, sirve de in­troducción a los otros cuatro, sustancial­mente diversos, ya que discurren más so­bre astrología que sobre astronomía. El li­bro segundo enuncia las propiedades de los cuerpos celestes; el tercero, los modos de hacer el horóscopo; el cuarto y el quinto, exponen los influjos de cada constelación sobre la índole y destino de los hombres. Su frialdad erudita, su aridez científica y sus períodos sintácticos largos y solemnes impiden a la poesía elevarse libremente, y, filosóficamente hablando, un panteísmo es­toico se contrapone aquí al ateísmo epicú­reo de Lucrecio, que, aunque negado en lo científico, es su modelo en lo poético.

F. Della Corte

La Astucia, Paul Adam

[La ruse]. Novela del francés Paul Adam (1862-1920), publicada en 1903, precedida de la Fuerza (v.) y del Hijo de Austerlitz (v.) y seguida de Bajo el sol de julio (v.). A la vuelta de su tío Edme Lyrisse del destierro, donde ha to­mado parte en los movimientos revolucio­narios por la independencia de Grecia, el joven Omer Héricourt, crecido a la som­bra de los jesuítas, de los cuales es abo­gado, y con la intransigente religión de su madre, que para salvar su alma quisiera dedicarlo al sacerdocio, siente despertarse y palpitar en él el alma heroica de su pa­dre. Pero su debilidad moral y la ambi­güedad de su carácter, oscilando siempre entre el heroísmo y la prudencia, entre el ideal y los propios intereses, le impiden también ahora liberarse. Atraído por la gracia de Elvire Gresloup, su compañera de infancia, hija de un ardiente jacobino, y por las ventajas de unirse en matrimonio con ella —sola justificación ante su madre de su renuncia al sacerdocio —, teme sin embargo su firmeza y su severidad de áni­mo, a los que preferiría la sensualidad lán­guida de Dolores Alvina, la huérfana es­pañola protegida por su hermana Denise Héricourt.

Pero siempre persiguiendo su proyectado matrimonio con Elvire, que le asegurará la riqueza y con ella la descen­dencia y la continuidad de la estirpe, según su ideal latino, acaba por verse recibido por los «carbonarios» en una logia masóni­ca y por seguir a su tío en un viaje a Ita­lia donde toma parte en una conspiración para sustraer documentos comprometedores para los «carbonarios» y en un asalto a las tropas pontificias del que se salva huyendo por mar. El continuo conflicto entre el im­pulso heroico y el miedo —patentísimo en la descripción del duelo al que se ve arras­trado por el honor de la familia —, entre el ideal de la libertad política y el sacrificio consiguiente de la facilidad de su vida aco­modada y de una brillante carrera, entre la sinceridad juvenil y la astucia jesuítica, está admirablemente revelado por el autor al reproducir los discordes y multiformes aspectos de este hijo formado por el heroís­mo paterno, pero Víctima de la religiosidad materna.

A. M. Speckel