Burla de Vincenzo Foresi a los «Anteojos» del Señor Tommaso Stigliani

[Uccellatura di Vincenzo Foresi all’«Occhiale» del Cav. Fra Tommaso Stigliani]. Cuando, después de la muerte de Marino, Stigliani publicó su Anteojos (v.) el mundo literario se levantó en contra suyo, suscitando un verdadero escánda­lo. Entre los libros que se publicaron en esa ocasión, uno de los más equilibrados es esta Burla que Nicola Villani (1590- 1636) publicó con el falso nombre de Vin­cenzo Foresi en Venecia en 1630. La obra no es una defensa de Marino, sino más bien un pretexto para invitar a sus con­temporáneos a estudiar los célebres clásicos griegos, latinos y toscanos, para alejarles de la moda literaria corriente. A través de eruditas divagaciones, Villani pasa re­vista a los mayores poetas de la literatura italiana, dando de ellos unos juicios muy agudos. Literato de natural buen gusto y crítico sutil, invita a sus contemporáneos y a sí mismo a dejar que la fantasía acep­te la guía del «fiel polo argivo y latino». Es mérito de Villani, de todos modos, el de haber indicado a sus contemporáneos, aunque de forma algo extravagante, los defectos de la poesía de su tiempo, «las va­nas sentencias y los trastornados modos de hablar y los extraños vocablos y las vicio­sas metáforas y los enigmas y las hipér­boles y demás tonterías». Otro mérito de Villani es el de haber contribuido con sus críticas a mantener viva la discusión en torno a la poesía de Dante, anticipando positiva y negativamente el justo aprecio que del gran poeta dieron muestra todos los siglo posteriores.

G. Franceschini

La Burla de Büccari, Gabriele d’Annunzio

[La beffa di Büccari], Publicada en 1918 en forma de libro de apuntes, es el relato que hace Gabriele d’Annunzio (1863-1938) de la le­gendaria empresa, en la que él participó como voluntario, de tres torpederos ita­lianos que penetraron para llevar la ofen­siva al puerto austríaco de Büccari, la noche del 10 al 11 de febrero de 1918. Mejor que en los contemporáneos discursos guerreros Por la Italia más grande (v.) y El Desquite (v.) la ficción del diario permite que el estilo se conserve claro y sencillo como en las Chisvas del mallo (v.) resolviendo en mera anotación de los hechos la embriaguez del riesgo, que vuelve a ser inspiradora de las breves páginas. Explíci­tamente se habla aquí, en efecto, del «en­canto» del riesgo; algo que, luego, deja el alma triste «como después de la volup­tuosidad»; un rapto indecible «como la tre­gua de la poesía». Así pues, una vez más, como en los discursos, el tema guerrero se adapta al estremecimiento de las Chis­pas; con similar y aún mayor felicidad de paisajes, relámpagos que aparecen y des­aparecen de los semblantes humanos, le­ves imágenes (como cuando las botellas con el cartel de desafío son lanzadas al mar) donde la burla no supera a la inventiva.

Hay que excusarle por lo tanto, si incluso la seca absorción de la retórica es retórica también: la de la complaciente contempla­ción de sí mismo en la ruda conducta; hay que excusar la repetida exaltación de ir realizando figuras de su propia poesía, la enumeración metódicamente lisonjera de los compañeros de aventura, los marginales contagios de sentimiento guerrero y de lenguaje místico. Continúa el diario (ade­más de citar algunos documentos referen­tes a la empresa) con «La canción del Quarnaro» [«La canzone del Quarnaro»], en la que reaparecen, con ficticia popularidad de lenguaje y de ritmo, la misma embria­guez absorbente, el mismo amor del pai­saje, la misma oratoria y retórica. Sin em­bargo dentro de dichos límites no le falta segura eficacia. Más tarde será recopilada en los Cantos de la guerra latina (v.); ade­más, junto con el diario de Búccari, en la edición de 1932 de Por la Italia más grande.

E. De Michelis

El Burgués Gentilhombre, Jean Baptiste Poquelin

[Le bourgeois gentilhomme]. Comedia en cinco actos y en prosa de Jean Baptiste Poquelin, llamado Moliere (1622-1673), representada en 1670 en Chambord. El señor Jourdain, rico heredero de comerciantes, sueña en títulos y grandezas; maestros de música, de danza, de armas y de filosofía le ense­ñan los buenos modales, a los que ridículamente se adapta su ingenua rudeza. La señora Jourdain se opone en vano a su dis­pendiosa manía; se ha enamorado de la marquesa Dorimena, y el arruinado conde Dorante que se entiende con ella, le hace creer que es correspondido, para sacarle di­nero. Lucila, hija del burgués, y Cleante, se aman; pero Jourdain quiere darla sólo a un gentilhombre. Llegan Dorante y Do­rimena, para quienes se ha dispuesto un espléndido banquete; el conde le hace creer que él lo ha dispuesto todo y que Jourdain ha dejado la casa. Cuando vuelve la señora Jourdain, a quien el marido había alejado, la mentira de Dorante le parece al burgués una oportuna ficción. El criado de Oleante, disfrazado, anuncia la visita del hijo del Sultán de Turquía que quiere ser yerno de Jourdain y darle la gran dignidad de Mameluco. Se produce la ceremonia que ennoblece y extasía al burgués: se celebra también el matrimonio, al que consiente Lucila, que ha reconocido a su amado bajo el disfraz turco. Dorante se casa con la marquesa con gran alegría de la mujer de Jourdain; éste, siempre ingenuo, cree que se trata de una ficción. Es una de las crea­ciones más ligeras y fantásticas de Moliere: el vicio del nuevo rico está satirizado con gracia, envuelto en una luz de sonidos, canciones y danzas que representan los sueños en los que se mece Jourdain, el mundo al que piensa ascender dilapidando su dinero. La ceremonia turca señala el colmo de la sabrosa y colorida invención. Comedia de caracteres, escenas de farsa y fragmentos de baile se unen felizmente en la obra que parece moverse toda ella en un ritmo de danza. La música está compuesta de «divertimentos» y danzas de Giambattista Lully (1632-1687).

V. Lugli

Las Burguesas de Moda, Florent Dancourt

[Les bourgeoises á la mode]. Comedia en cinco actos de Florent Dancourt (1661-1725) y J. Saint-Yon, representada en 1692 con el tí­tulo (después abandonado) Las mujeres de moda [Les femmes á la mode]. Angélica, mujer del notario Simón, y Arminta, mujer del comisario Griffard, son dos buenas bur­guesas a quienes pone en ridículo su manía de emular a las grandes damas. Aprovechándose de ello un joven caballero que frecuenta la casa de Angélica para cortejar a su hija Mariana, persuade a la mujer que para completar su elegancia y su mundani­dad es necesario que organice en su casa una velada de juego. Angélica, para procurarse los medios para este nuevo capricho, anuncia a su marido que ha perdido un hermosísimo brillante. Con esta joya se procurará, por medio de la señora Amelin, comerciante y usurera, una fuerte suma. Arminta, por su lado, habiendo despertado una pasión caprichosa en el notario Simón, se dispone, lisonjeando al pobre hombre, a explotarle todo lo posible. A su vez, en cuanto se presenta la ocasión, Angélica se hace pagar las deudas y algo más por Griffard. Los dos maridos, avaros con sus muje­res, quedan así igualmente burlados. Y la señora Amelin consigue casar a su hijo con la orgullosa Mariana, con la promesa de unas ricas arras. Esta cínica comedia es una de las más crueles representaciones de las costumbres corrompidas de la época, lo que explica su éxito grande y duradero. Varias de sus frases se han hecho famo­sas; por ejemplo la de Arminta: « ¡Voy a gastar dinero, porque lo tendré!».

G. Allosio

Las Burguesas de Calidad, Florent-Carton Dancourt

[Les bourgeoises de qualité]. Comedia en tres actos de Florent-Carton Dancourt (1661- 1725), representada, con el título La fiesta del pueblo [La jete du village] en 1700 y con el título indicado, en 1724. Es una aguda sá­tira de la burguesía de provincias y la trama es casi inexistente. Un conde arruinado, enamorado de Angélica, y sobrino de la madura viuda de un canciller de los tribu­nales, piensa que es conveniente dirigir sus atenciones a la rica tía que, obsesionada por ser condesa, no dudaría en casarse con él. Angélica, despechada, estaría dispuesta a unirse con el procurador Naquart si éste no arreglase las cosas casándose él con la viuda, que también será condesa, pues Na­quart se ha hecho propietario de los bienes del conde. Éste se casará con Angélica y será heredero de los bienes de Naquart y de la ex-cancillera. Este asunto sirve de pre-texto a Dancourt para presentarnos cuatro tipos de buenas burguesas enfatuadas de nobleza y dispuestas a todo por adquirir un título: la señora Carmín, comerciante, im­pulsará a su marido, semianalfabeto, a comprar el título de presidente del tribu­nal; la señora Blandineau, cuñada de la viuda, no parará hasta que su marido ad­quiera una baronía; la mujer del juez mu­nicipal mirará con desesperada envidia la ascensión de sus amigas. Los cuatro carac­teres tienden a repetirse siguiendo una lí­nea caricaturesca, pero el juego de conjunto es vivo e históricamente interesante la pin­tura de una sociedad de transición en la cual, dice el conde, «los negociantes com­pran nuestras tierras, usurpan nuestros tí­tulos y nuestros nombres; ¿por qué ha de extrañar que nosotros hagamos su oficio para poder un día volver a nuestras casas y a nuestros cargos?».

U. Déttore