Putifar

[Pōtiphar]. Personaje de la Biblia (v.) que desempeña un importante papel en la historia del patriarca José (v.). El joven José, vendido por sus malvados hermanos a una caravana de beduinos que se dirige a Egipto, es comprado por Putifar, ministro del Faraón.

En breve tiempo conquista el corazón de su dueño, el cual le trata como a un hijo. Pero la esposa de Putifar, encendida de culpable amor por el apuesto joven israelita, le hace pro­posiciones deshonestas, que José rechaza. Entonces ella, para vengarse, le acusa, pre­sentando como prueba del pretendido ul­traje el manto que ella misma había arre­batado a José. Putifar, dolido en lo más íntimo de su corazón por el presunto de­lito, resuelve arrojar a su siervo a un ca­labozo.

Episodio escabroso, en realidad, pero providencial, por cuanto prepara la gloria final de José. Por lo que se refiere al cuadro histórico en que se sitúa, todo resulta exacto. Aparte el hecho de que Pu­tifar es ciertamente la traducción de «Pa-di-fa-ra», «el protegido del dios Rá», su­prema divinidad egipcia, hay una frase en el Cuento de los dos hermanos (v.), sa­brosa narración aproximadamente contem­poránea, que corrobora todo cuanto la Bi­blia dice acerca de las ardientes costum­bres de las damas maduras en Egipto por aquella época. La frase se dirige a un bello joven y es pronunciada por una de esas respetables señoras: «Ven, acompáñame al baño, y mi camisa de transparente lino avivará tus deseos…». H. Daniel-Rops

Purūravas

Personaje indio cuya his­toria, esbozada ya en el Rig-Veda (v.), se define mejor en el Śaṭapathabrāhmaṇa (v.) y luego es expuesta con abundantes y pre­cisos detalles en la gran poesía épica, en los Purāṇa (v.),_ en el Kathāsaritsāgara (v.), mientras Kālidāsa le dió vestidura dramática en su Vikramorvaśiya (v.).

El nombre de Purūravas, antiguo príncipe tan bello como virtuoso, está ligado con el de Urvaśī (v.), la graciosa Apsaras (v.), que durante su momentáneo exilio del cielo enamoró a Purūravas y correspondió a su pasión. Pero uno y otro habían acordado observar determinadas condiciones, entre las cuales la de que Urvasí tendría siempre a su lado, incluso por la noche, a dos corderitos a los que quería como si fueran sus hijos, y la de que Purūravas nunca se dejaría ver desnudo por su amada. Y he aquí que los Gandharva (v.), anhelando el regreso de Urvasī al cielo, una noche ro­ban los dos corderitos.

Urvasī prorrumpe en gritos y solicita auxilio y Purūravas se levanta desnudo como estaba y se lanza en persecución de los raptores. Pero en aquel instante los Gandharva hacen que cruce el cielo un relámpago y Urvasī ve a Purüravas desnudo. Urvasí desaparece y Purūravas, presa del mayor desconsuelo, corre en su busca y, tras largas aventuras, llega a una laguna donde Urvasí se bañaba juntamente con otras ninfas. Urvasí le in­forma de su estado de gravidez y le invita a volver cuando, tras el nacimiento de su hijo, podrá pasar con ella una noche. Así lo hace Purūravas y, al volver al lugar con- yenido, recibe de Urvasī su primer hijo, Āyus. Tales encuentros se repiten durante cinco años consecutivos, con el consiguiente nacimiento de cinco hijos.

Finalmente, Purūravas logra subir a la esfera celeste de los Gandharva, donde para siempre tiene la dicha de vivir al lado de su amada. Se­gún el Mahābhārata (v.), Purūravas había sido contrario a la casta sacerdotal y por ello los brahmanes le habían maldecido. Semejante detalle emparentaría su perso­nalidad con la de su nieto Nahuṣa (v.), hijo de Āyus.

M. Vallauri

Purun Bhagat

Protagonista de un re­lato del segundo Libro de la Jungla (v.) de Rudyard Kipling (1865-1936), titulado con su nombre.

Brahmán de alta casta^ y primer ministro de uno de los pequeños Estados del noroeste de la India, Purun Bhagat, pensando que «lo que es bueno para un inglés es doblemente bueno para un asiático», no tiene durante veinte años otro ideal que el de dar a su país una civilización británica. Bajo su gobierno se abren carreteras, se fundan escuelas y hos­pitales, se organizan exposiciones, e inclu­so se publican «libros azules», con gran satisfacción del virrey y del ministerio de Asuntos Exteriores inglés. Tras lo cual Pu­run Bhagat está maduro para una visita triunfal a Londres, donde le son tributados los máximos honores.

Al llegar a ese pun­to, Purun Bhagat, en la cumbre de su po­der, desaparece. El primer ministro, caba­llero comendador de la orden del Imperio indio, ya no existe: pero, por los caminos que conducen al Tíbet a través del Himalaya, peregrina un nuevo humilde y si­lencioso mendigo que no tiene otra rique­za que su alforja vacía y su fe en la Re­nunciación. Ha transcurrido mucho tiem­po, cuando una noche el mendigo, a tra­vés de la inquieta fuga de los monos y de los ciervos, tiene la revelación de que la montaña próxima al santuario abandonado donde él vive está desmoronándose. Y en­tonces resurge de pronto el organizador y el jefe, dispuesto a sacrificar su vida para salvar a la gente del valle.

Ésta, natural­mente, cree en un milagro y venera el cuer­po del «santo», ignorando que aquel mila­gro es obra de un ex funcionario de la perfectísima cadena imperial. En el juego de las relaciones entre poesía y sátira, en­tre práctica e idealismo, tan frecuente en la obra de Kipling, la fábula de Purun Bhagat es perfecta, y el parentesco de ese personaje con el lama de Kim (v.) sólo es subrayado para llegar a la conclusión de que, cuando logran tocar de pies en el suelo, esas criaturas de la «nebulosa asiá­tica» nos muestran indudablemente su ros­tro más feliz.

E. Gara

Pulgarcito

[Petit Poucet]. Protago­nista de un cuento de Charles Perrault (1628-1703) contenido en su colección His­torias y relatos de antaño (v.).

Su tamaño no es mayor que el dedo pulgar, pero es astuto y audaz. Cuando sus padres, dema­siado pobres para mantener a su prole, le abandonan en el bosque junto con sus seis hermanos, el pequeño, que algo malo se teme, siembra por el camino piedrecitas blancas, lo que permitirá a los niños re­gresar a su casa. Llevados otra vez al bosque, siembra migas de pan; pero los pajarillos se comen las huellas y los niños se extravían. Llegan a la cueva del Ogro y sólo la astucia de Pulgarcito los libra de la muerte.

Mientras el gigante duerme, el pequeño le quita las botas de siete leguas y huye llevándose consigo el tesoro del Ogro. Pulgarcito es también el héroe de un cuento refundido por los hermanos Ja­cob (1785 – 1863) y Wilhelm (1786 – 1859) Grimm en el relato que lleva su nombre (v. Cuentos infantiles y del hogar). Tan listo como diminuto, Pulgarcito renueva el mito universal de David (v.) y se convierte en un representante no menos famoso que aquél de la victoria de la causa justa con­tra el Maligno incluso cuando las fuerzas son desiguales. En la tradición alemana, Pulgarcito (Daumesdick) es un alegre bribonzuelo que no tiene miedo a nada: un verdadero héroe infantil que triunfa de todo aquello que los niños suelen conside­rar pavoroso e insuperable.

Tal sigue sien­do en la tradición nórdica y particularmen­te en la letona, en la que bajo el nombre de Spriditis, goza de generales simpatías. Pero se convierte en un auténtico personaje en el cuento dramático (v. Pulgarcito) de Ana Brigadere (1861-1933), al que puso mú­sica Jánis Médins. En éste, Pulgarcito se hace más humano y atraviesa una evolución ética que le convierte en un ser completo. Es bondadoso, pero no sabe reconocer sus errores ni apreciar el amor de quienes le rodean.

Por ello abandona a su anciana abuela y a la pequeña Lienice, que le ama, para marcharse por el mundo; arrostra em­presas temerarias, pero el miedo le asalta a menudo y le hace proferir agudos chilli­dos; en su pequeña epopeya aprende a co­nocer el dolor, la generosidad, el arrepen­timiento, el remordimiento y finalmente vuelve a casa enriquecido por sus expe­riencias con un sentido humano que le per­mite comprender y amar. Así, el pequeño triunfador cumple el viaje, caro a los sim­bolistas del Romanticismo y de la deca­dencia, cuya última meta coincide con el punto de partida, transfigurado por la nue­va sensibilidad adquirida durante su erra- bundeo. Ello le hermana con los dos pe­queños protagonistas de El Pájaro Azul (v.) de Maeterlinck.

M. Rasupe

Pugachev

[Pugacév]. Emelian Ivanovich Pugachev, personaje histórico que vi­vió entre 1720 y 1775, fue jefe de la rebe­lión de los cosacos y campesinos rusos en tiempos de Catalina II.

A su alrededor se desarrolla gran parte de la acción de la novela La hija del capitán (v.), de Alejan­dro Pushkin (Aleksandr Sergeevič Puškin, 1799-1837). Los estudios que el poeta había hecho para la Historia de la revolución de Pugachev, publicada en 1834, son garantía de que, al retratar al rebelde, los rasgos más acentuados corresponden a la realidad, tal como la atestiguaron los contemporá­neos. Pero más interesante aún que esa re­construcción histórica, en la que vemos la indiscutible inteligencia y valentía del re­belde que intentó hacerse pasar por Pe­dro III, desposeído y eliminado por su es­posa Catalina II, es el arte con que el es­critor, poniendo en boca de diversos per­sonajes juicios distintos sobre Pugachev, y presentando unos al lado de otros sus ac­tos más crueles y más generosos, más ins­tintivos y más inteligentes, logra pintar con todos sus ricos contrastes la figura del bandido que no sólo conquistó el favor del pueblo sino también la simpatía de perso­nas cultas.

De esa simpatía se adivina un reflejo en el poeta, el cual, a pesar de la censura que pesaba sobre las letras de su época, supo mostrar, a través de su recons­trucción histórica, la lucha que aún duraba en él entre la exterior adhesión a la auto­cracia, propia de su edad madura, y la comprensión demostrada en su juventud ante las necesidades del pueblo obligado a alistarse en una partida de bandoleros para poder hacer llegar el eco de su miseria y de sus reivindicaciones a los poderes cons­tituidos.

E. Lo Gatto