Las Heridas de Armenia o Quejidos de un Patriota, Khaciadur Abovian

[Vērkh Hayastani o Olb hayrenasiri]. Novela histórica del escritor armenio Khaciadur Abovian (1804-1848), publicada en 1858. El gobernador persa de Erivan, sabiendo que en la aldea armenia de Kanaker se encuentra una lindísima jo­ven, Takuhi, hija de una pobre viuda, or­dena a sus funcionarios que la rapten y se la traigan. Mientras la madre llora y los campesinos armenios, aterrorizados, asisten al rapto sin atreverse a reaccionar, sale de entre la muchedumbre el joven Agazzi, quien se lanza contra los raptores, los mata y libera a la joven, retirándose después con un grupo de valientes a los montes de Armenia hasta la ocupación de Erivan por los rusos en 1826. Agazzi lucha entonces con el ejército ruso durante la guerra de 1826 y, después de la toma de Erivan, mien­tras corre a liberar a su padre, prisionero del gobernador persa, cae muerto en sus brazos. Evocando las aventuras de Agazzi, representante de los héroes armenios caídos por la liberación de su patria, Abovian qui­so inspirarse en los cantores populares para llegar más directamente al corazón del pue­blo y recordarle las glorias milenarias de su raza y la vergüenza de la opresión extran­jera, bajo la cual se había perdido el sen­tido de las antiguas virtudes caballerescas. Dio de este modo a la literatura armenia su primera novela en lengua vulgar.

E. Pecikian

Herejias, Pompeyo Gener

Estudios de crítica inductiva sobre asuntos españoles. Obra del polígrafo catalán Pompeyo Gener (1848-1919), publi­cada en Barcelona en 1887. En 1903, junto con un nuevo ensayo sobre «La cuestión catalana, o sea, la resurrección de un pue­blo», se reimprimió en Barcelona con el título de Cosas de España. En una breve introducción, Gener precisa el sentido de «herejía» como «opinión propia». Pero «co­mo la opinión propia — sigue el autor — no indica verdad (en lo que cabe en lo hu­mano) sino elección personal, ponemos en seguida el título explicativo de Estudios de critica inductiva, para indicar que no for­mamos opinión, sino sobre lo que hemos observado o experimentado personalmente». La obra consta de cinco «herejías» que ver­san sobre «La nación, considerada como uno de los varios organismos sociales», «La literatura en España. Del nacimiento de las lenguas neolatinas a fines del siglo pa­sado», «La literatura castellana en el si­glo XIX», «La literatura catalana en el siglo XIX» y «La decadencia nacional». To­das ellas carecen de verdadero valor in­quisitivo. No son más que el reflejo de una posición ideológica personal (con su esquema mental típico de oposiciones, que ha de informar su vasta obra de crítico y de pensador: Vida-Muerte, raza aria-raza semita, etc.), que ha ido estructurando, con datos no siempre ciertos y con una entu­siasta voluntad — más que realidad — de ciencia positiva, apasionados elogios y vio­lentos ataques, que contienen — a veces — atisbos más o menos certeros.

La Herencia Natural, Francis Galton

[The natu­ral inheritance]. Obra científica de Francis Galton (1882-1911), publicada en 1889, que constituye el primer notable esfuerzo he­cho por la ciencia moderna para observar los fenómenos de la herencia biológica. Gal­ton afirma que los caracteres hereditarios se transmiten siguiendo dos leyes funda­mentales: la de la «herencia ancestral» y la de la «regresión filial», formulables su­mariamente así: en cada individuo se ma­nifiesta, junto al patrimonio hereditario pa­terno y materno que aparecen como pre­ponderantes, la herencia de los antepasados, con tanta menor intensidad cuanto más le­jana es la generación de la que se hereda un determinado carácter; de modo análogo, los caracteres de los individuos se debili­tan en las generaciones sucesivas (por ejem­plo, se observa que de padres de alta estatura nacen hijos bajos). La exposición de estas leyes tuvo notable éxito, pero fue des­valorizada por el redescubrimiento y con­firmación de las leyes de Mendel (1900). Sin embargo, no debemos considerar como errónea la concepción galtoniana de la he­rencia, ni hay que juzgarla como una antí­tesis de las leyes de Mendel. La diferencia esencial entre ambas direcciones consiste en que Galton nos dio una simple descrip­ción del fenómeno hereditario, que como tal, no se puede decir que sea falsa; Men­del, por el contrario, nos dio una explica­ción fisiológica del fenómeno, que se de­muestra verdadera ante la prueba de los hechos. La dirección galtoniana no fue con­tinuada, en tanto que la nueva ciencia de la herencia se ha basado en las leyes de Mendel. Debe tenerse presente que Galton llegó a su teoría de la herencia a través de una serie de investigaciones estadísticas y antropométricas que le dieron gran fama, aplicando y perfeccionando un método gra­cias al cual se le considera como el fun­dador de ciertas disciplinas basadas sobre la estadística, tales como la eugenesia y la meteorología.

C. Barigozzi

El Hereje de Soana, Gerhart Hauptmann

[Der Ketzer von Soana]. Narración del escritor alemán Gerhart Hauptmann (1862-1946), publicada en 1918. En el trastornado ambiente de la Ale­mania de postguerra, cuando todos los prin­cipios sobre los que se había construido el estado alemán parecían definitivamente li­quidados, hubo una especie de retomo y de abandono consciente a los instintos pri­mordiales. El escritor, siempre sensible a los cambios de atmósfera en el ambiente, dio forma en esta narración a la exaltación del erotismo que, casi descuidado en las primeras obras, fué madurando con los años.

La trama en sí no presenta gran origina­lidad. Es la nueva variación de un tema ya tratado en el primer naturalismo, especial­mente en Francia, en gran escala: la his­toria de un sacerdote — católico — que, siempre alejado de las mujeres, llega un momento en que se enamora fatalmente de una muchacha, una pobre pastorcilla, y co­mo consecuencia, cuelga los hábitos y se hace «pagano», transformándose en una es­pecie de «sátiro moderno», y haciéndose una «figura interesante» sobre todo para los turistas que visitan aquella zona del cantón del Tesino, en donde se desarrolla la acción y que era muy conocido por el autor. El lenguaje del sacerdote-sátiro con­serva, sin embargo, sus antiguos vocablos, y así asegura que su amada es una especie «de querubín que le ha abierto las puertas del Paraíso», mezcla de lo sacro y lo pro­fano de bastante dudoso gusto. Cabe des­tacar, también, la expresión con que es definida la muchacha que induce a tenta­ción al pobre sacerdote, ya que, no sólo revela una mentalidad, sino que ha hecho gran fortuna: «La pecadora sin pecado». La narración dio un nuevo barniz de ac­tualidad, con su éxito, a la fama del autor, un poco decaída por el cambio de gustos literarios que trajo consigo el tiempo. Hoy no podemos dejar de notar en ella una honda resquebrajadura. Lo mejor de la obra no es la trama, sino el calor con que des­cribe el paisaje del Tesino, la representa­ción del tormento interior y el gozoso pá­nico, donde el erotismo alcanza algunas veces altura poética.

R. Pellegrini

El Heredo. Ensayo sobre el drama íntimo, Léon Daudet

[L’hérédo. Essai sur le drame inti­me]. Estudio psicofisiológico de Léon Daudet (1868-1942), publicado en París en 1917. El individuo se compone de dos elementos contrarios y siempre en contraste: el «sí» y el «yo». El «yo» es la síntesis de las ten­dencias hereditarias o «heredismos», mani­festadas en las pasiones, en las aspiraciones vagas y en el «instinto genético» o motor animal del ser. El «sí», en cambio, es la ín­tima substancia de la personalidad intrans­misible, inmortal, inalterable; comprende el impulso creador, el tono de voluntad (o fuerza volitiva) y el cuerdo equilibrio de la razón. El «heredo» es el individuo domi­nado por los instintos; el «héroe», en cam­bio, es el hombre que quiere y consigue la victoria del «sí». Entre los varios tipos de «heredo» está Baudelaire; entre los «héroes» se distinguen: Mistral, Santa Juana de Ar­co, Dante y Shakespeare. Toda obra es la manifestación de un drama entre heredismo y razón, en la intimidad del artista; los personajes de Shakespeare, por ejemplo, son imágenes correspondientes a las ten­dencias atávicas en lucha en el ser del autor.

Este drama está admirablemente ex­presado en la Divina Comedia: «El Infierno es el predominio de lo instintivo; el Purga­torio es la lucha entre el «yo» y el «sí»; el Paraíso es el triunfo de la razón orde­nadora e iluminante». En cuanto al estilo, donde domina el «sí» es claro, sereno; si vence el «yo» es, por el contrario, aluci­nante, hermético. La razón, en mayor o menor grado, está siempre presente en el individuo; la teoría del inconsciente metafísico es inaceptable, como la irresponsa­bilidad moral. Puede, gradualmente, educarse el «heredo» a luchar contra los here­dismos, hasta la completa curación. El estudio es una de las primeras tentativas de traducir la génesis de la obra de arte en los esquemas del psicoanálisis, que entonces se iba solidificando; pero, más que por su valor científico, es digno de consideración por la viveza de las ideas y la elegancia periodística de la exposición.

N. I. Di Villadauro