Misterio del Sitio de Orleáns Anónimo

[Mystère du siège d’Orléans]. Si en el título, que no es moderno, sino procedente del único códice que se conoce del texto, aparece una palabra específica del teatro religioso, pudiera creerse que se trata de una obra dramática de carácter sacro y sin em­bargo no debemos engañamos respecto a la naturaleza de este drama francés del siglo XV que, en realidad, lleva a la escena un tema eminentemente profano y guerrero arrancado de un pasado histórico apenas concluido y en el cual el elemento sobrena­tural no reviste más que un valor episódico : el asedio puesto por los ingleses a Orleáns en 1429 y la liberación de la ciudad por obra de Juana de Arco. A partir de 1435, durante algún tiempo, una procesión solemne, con representaciones mímicas de algunos momentos del asedio, celebró el día 8 de mayo de cada año el feliz suceso, y es de suponer que esta costumbre, en una fecha imposible de precisar pero que se puede fijar grosso modo hacia la mitad del siglo, haya dado origen a nuestro «misterio».

Su paternidad es desconocida; la hipótesis que la atribuye a J. Millet, el poeta de la Historia de la destrucción de Troya (v. Román de Troya), tiene un débil fundamento. Con todo, el autor fue, sin duda alguna, persona vincu­lada con Orleáns; en fin, tal como ha sido observado, la verdadera protagonista de la acción (descrita en unos 20.000 versos) no es la Pucelle, que aparece solamente como un personaje más importante que los demás, sino la ciudad, cuya historia queda descrita forjando con libertad las situacio­nes y los discursos, pero, en conjunto, con escrupulosa exactitud y fidelidad a los he­chos. En esta fidelidad hacia los hechos de la historia reciente reside para la crítica el interés del drama, por lo demás sin relie­ve, descolorido y prolijo. Tenemos una edi­ción a cargo de Fr. Guessard y E. De Certain (París, 1862).

S. Pellegrini

Las Joyas Indiscretas, Denis Diderot

[Bijoux indiscrets]. Novela publicada en 1748 por Denis Diderot (1713-1784), quien más tarde deploró haberlo hecho.

Un sultán se aburre: su favorita, que ha agotado toda la crónica escandalosa de la capital, su habitual pasa­tiempo, le aconseja que consulte a un genio para saber los secretos galantes de las damas de la corte. El genio le da un anillo mágico: la dama hacia la que vuelva el engarce revelará sus intrigas, sin poderlo evitar, por boca de una de sus joyas, bajo cuya designación se oculta un vulgar doble sen­tido. Toda la novela está constituida por las escandalosas e involuntarias confesiones he­chas casi siempre en reuniones mundanas, dando lugar a sabrosos comentarios. La obra levantó gran polvareda, porque en ella se vio una novela de clave. En efecto, era fácil reconocer en el sultán a Luis XV; en la favorita, a la Pompadour; en la capital, a París, y en los otros personajes, a conocidos cortesanos; sin embargo, el retrato es tan vago y general que más que un libelo es una pintura alegórica.

Las circunstancias en las que el sultán hace experimentos con su anillo dan ocasión al autor para trazar acertados cuadros de costumbres, para fus­tigar con su sátira múltiples aspectos de la vida de su tiempo y para tratar las más diversas cuestiones: la reforma de la ópera y del teatro en prosa, la «querelle des anciens et des modernes», cuestiones de dere­cho, de economía y de filosofía, en cada una de las cuales se revela su espíritu ágil, adelantado a su época. Hasta personas serias como Lessing, que toma ideas de esta obra para su Dramaturgia hamburguesa (v.), no obstante deplorar lo licencioso del libro, estima que el autor vistió deliberadamente la obra con un ropaje frívolo, para hacer pasar así opiniones y sátiras que, de otro modo, no hubieran podido ser divulgadas.

B. Treves

Poema de Juana de Arco, Cristina de Pizan

[Le Dittié de Jeanne d’Arc] La vida maravillosa de la virgen de Orleáns, que Francia ha consagrado como símbolo de la «patrie», además de una larga serie de obras histó­ricas ha inspirado también una serie ininte­rrumpida de obras de arte que llega hasta nuestros días.

Su leyenda empieza ya en vida, uno -de cuyos primeros documentos literarios fue el de Cristina de Pizan, francesa nacida en Venecia en 1363, muerta entre el 1431 y el 1440 en Francia. El poema exalta la restauración de Francia, trata de la ruina de las discordias civiles y levanta un himno en loor de la virgen de Orleáns. «La Pucelle de Dieu ordonnée» es presentada como la liberadora de la tierra francesa; pero también como símbolo de aquella heroica feminidad cuyas virtudes la autora defendió y ensalzó sin tregua en muchas de sus obras en el momento en que la decadencia del espíritu caballeresco convertía en ridículo el amor cortés por la mujer. Con versos descuidados, prolijos, a menudo prosaicos — los únicos contempo­ráneos de Juana que han quedado —, pero no privados de cierta gracia y fuerza viriles debidas tal vez al origen italiano de la autora, el poema revela la influencia de Eustache Deschamps, y atestigua la deca­dencia poética de aquella época de transi­ción.

En sus 67 estrofas, el pequeño poema, terminado el 31 de julio de 1429, después de la coronación de Carlos VII, rey de Francia, refleja la particularísima situación de aquel momento — el rey, dueño ya de Château-Thierry, cerca de las puertas de París, donde podría entrar sin encontrar resistencia — e inspira a la inquietud de Christina muchas profecías comprensibles tan sólo si se refieren a los acontecimientos. Ésta exhorta a Carlos VII a la paz, compara a Juana con otras mujeres salvadoras de su pueblo en misión divina, se congratula iró­nicamente por la derrota de los ingleses, describe la coronación del rey y exhorta a París a la rendición, acabando con la indicación precisa de la fecha y con una alusión a la avanzada edad de la autora.

A. M. Speckel

Las Joyas de Rosario, Frederic Soler

[Les joies de la Roser]. Drama en tres actos y en verso, del comediógrafo y narrador catalán Frederic Soler (1838-1895), conocido bajo el pseudónimo de Serafí Pitarra. La obra se es­trenó el 6 de abril de 1866 y narra un epi­sodio de la guerra carlista en Hostalric.

Mateu ha recogido a Roser, cuyos padres fueron muertos por los franceses durante la invasión napoleónica. La muchacha está prometida a Melcior, el hijo menor de Ma­teu. En la casa viven también Bernat, un criado centenario y muy fiel que disputa frecuentemente con Miquel, un francés que arregla paraguas. Éste pretende a Roser a. pesar de los reiterados desaires de la chica. Cierto día un mensajero de los carlistas pide doscientas onzas por el rescate de Rafael, el hijo mayor de Mateu, que combate con los cristinos. La familia busca desesperada­mente un préstamo para evitar que fusilen al hijo, pero nadie se lo procura. Entonces Roser decide vender a Miquel las joyas que le regaló su prometido. Pero Miquel las rechaza y pone como única condición su matrimonio con Roser. Ésta, para salvar al hijo de su generoso padre adoptivo, decide, sin decirlo a nadie, hacer el heroico sacri­ficio, ante la desesperación de Melcior, que no comprende el súbito cambio de su amada. Pero providencialmente llega Bernat, que ha descubierto, después de una búsqueda de muchos años, la fortuna oculta de los padres de Roser, que se consideraba perdida. En­tonces los enamorados pueden casarse sin preocupaciones económicas. La obra que Pi­tarra llamó drama de costumbres, posee el garbo y la fluidez propios del autor. Es una típica obra romántica, en el ámbito del teatro rural catalán que Sagarra ha conti­nuado con fortuna.

A. Manent

El Joven Salvado, Johann Gottfried Herder

[Der gerettete Jüngling]. Publicada póstuma, es una poesía muy conocida de Johann Gottfried Herder (1744-1803), y por su incontestable valor poético desmiente la opinión de quien no quiere reconocer en el gran incitador de energías ajenas una propia fuerza creadora de poesía. Tomada de una de aquellas anti­guas leyendas cristianas que Herder resucitó con mayor o menor fortuna, la primera es­trofa resume en cuatro versos la moraleja de la leyenda: encontrar- una bella alma huma­na es una ganancia, conservarla es una ga­nancia todavía mayor, pero sobre todo es hermoso y difícil salvarla después de haber­la perdido. Según la leyenda, la conversión del joven, gracias al vidente de Patmos, San Juan Evangelista, tuvo lugar aproximada­mente el año 90. Juan descubre entre sus convertidos a un joven en cuyos ojos habla un alma rica y ardiente; y marchándose, lo encomienda, ante la comunidad, a la vigilancia del obispo. Éste, comprobando los buenos frutos de la educación dada al joven, le deja, paso a paso, una mayor libertad; y a causa de la libertad el joven cae, ba­jando lentamente por la escalera del vicio, hasta llegar a ser jefe de una banda de ban­doleros.

Esta decadencia moral está repre­sentada con pinceladas de sobria eficacia. Cuando Juan, al regresar, se entera por el anciano obispo de lo ocurrido, se dirige a los bosques y se hace capturar por los ban­doleros y conducir ante su jefe. Luego se arrodilla a sus pies, diciendo que había pro­metido su alma a Dios y que estaba pronto a morir por él, pero que ya no le abando­naría hasta la muerte. El joven, emocionado y vencido por la fe de San Juan, se con­vierte de nuevo y vuelve a él, que derrama las bellezas de su alma en aquel corazón ganado nuevamente «por la confianza, la firmeza, el amor y la verdad». La forma métrica no está exenta de nobleza y armo­nía y resulta adecuada al relato y a la ac­ción, en un sabio alternarse de las estrofas con el verso libre.

C. Baseggio