La Señora Dalloway, V. Woolf

La historia se desarrolla enteramente en un solo día: Clarissa Dalloway va a comprar flores para una fiesta que dará por la noche. Recuerda a un amigo de infancia, Pe­ter, que estuvo enamorado de ella y que ha vuelto hace poco de la India, y su propia adolescencia; y al mismo tiempo recibe, con un vivo sentimiento de participación, las imágenes de la vida que tiene lugar a su alrededor.

De regreso a casa, Peter viene a saludarla y a despertar emociones olvidadas: Elizabeth, la hija a la que Clarissa teme haber perdido por estar la joven dominada por otros afectos e intereses, siente en cambio, esa misma tarde, el impulso repentino de volver a casa de su madre; también el marido, profundamente enamorado de ella, siente ne­cesidad de volver a verla un momento, en mitad de su jor­nada de trabajo.

La fiesta de la noche es como el punto de confluencia de todos los acontecimientos de la jorna­da: reaparece Peter, reaparece también una vieja amiga ahora ya casada y madre, y reaparece incluso, en las pa­labras de un invitado, un personaje entrevisto en el par­que que impresionó a Clarissa por su decaimiento, y del cual se viene a saber que se ha suicidado.

Rebelión en la granja, G. Orwell

Fábula satírica

Los animales de la Granja Manor son explota­dos por su propietario y, por este motivo, deciden rebelarse e instaurar su propia democracia. La revolución acaudillada por los cerdos Napoleón y Snowball, triun­fa; pero pronto degenera, como está predestinado.

Na­poleón, después de haber desterrado a Snowball, instau­ra el terror; la vieja constitución es abolida y sustituida por una nueva, que consta de un solo artículo: «Todos los animales son iguales, pero algunos lo son más que otros». La dictadura, con su funesto acompañamiento de adoctrinamiento y de represión, desemboca en una nue­va paz con los hombres de los que, ahora los animales revolucionarios de antaño ya no se distinguen.

La Isla del tesoro, R.L. Stevenson

La acción se desarrolla en el siglo XVI. En un pueble- cito marítimo de Inglaterra viven el joven Jim Hawkins y su madre, la propietaria de la posada El almirante Ben- bow. Un día, hurgando dentro del baúl de un enigmáti­co marinero llamado Billy Bones, muerto en la posada, descubren el mapa de una isla remota, en el que se halla señalado el escondite del tesoro de un famoso pirata, el capitán Flint. Jim lleva el mapa al doctor Livesey y al no­ble señor Trelawney, los cuales organizan una expedición con la Hispaniola.

En la tripulación se enrola, como co­cinero de a bordo, Long John Silver, un hombre con una pata de palo que se hace acompañar de un pintoresco papagayo. Bonachón y de vivaz ingenio, Silver es en reali­dad el despiadado cabecilla de los supervivientes de la chusma de Flint, que se han embarcado en la Hispaniola para apoderarse del tesoro. Llegados a la árida isla de los Mares del Sur, los piratas toman el barco, mientras que Livesey, Trelawney, y Jim y los demás leales se atrinche­ran en un fortín.

Después de un largo tiroteo, y con la ayuda de Ben Gunn, un bucanero abandonado en aque­lla isla por sus compañeros tres años antes, los piratas son vencidos; el tesoro, inmenso, es llevado a la Hispa­niola. En el primer puerto de América Central, Silver, que fue capturado junto con algunos de sus cómplices, huye y ya no se sabrá nada más de él. Jim y los demás regresan a Inglaterra y se reparten el tesoro. Sin embar­go, el balance de la aventura ha sido bastante trágico, y el tesoro ha costado a su vez tantas vidas y tantos bar­cos, que Jim continúa siendo perseguido por pesadillas en las que vuelve a ver las playas de la isla de los piratas.

Fedra, J. Racine

Tragedia en 5 actos.

Sus fuen­tes principales son Hipólito de Eurípides y Fedra de Sé­neca, pero el autor da una nueva y originalísima vida al drama haciendo de la protagonista una víctima del Hado, «ni totalmente culpable, ni totalmente inocente». Segun­da mujer de Teseo, desaparecido durante un viaje, Fedra se consume de un mal misterioso que acaba por confesar a su nodriza Enone: ama a su hijastro Hipólito.

Entre tanto es anunciada la muerte de Teseo. Convencida de que su amor ya no es culpable, Fedra revela su pasión a Hipólito, provocando la indignación del joven. Pero Te­seo regresa indemne. Con el fin de salvar a Fedra, Eno­ne acusa de amor incestuoso a Hipólito, que es maldeci­do y arrojado de casa por el padre. Fedra, trastornada por los remordimientos, querría confesar a Teseo la ver­dad, pero la noticia de que Hipólito ama, viéndose correspondido, a la princesa Aricia provoca en ella un violento ataque de celos.

Aricia explica mientras tanto a Teseo que Hipólito es inocente. Conturbado, el rey se en­tera seguidamente de que Enone se ha quitado la vida arrojándose al mar y de que Fedra quiere morir. Suplica a Neptuno que no tenga en cuenta la maldición lanzada contra su hijo, pero es demasiado tarde. Se viene a sa­ber, en efecto, que los caballos de Hipólito, aterroriza­dos por un monstruo marino, se han desbocado y han causado su muerte. Fedra confiesa la verdad y se quita la vida.

En el camino, Jack Kerouac

Sal Paradise, un joven neoyorquino con ambiciones literarias, conoce a Dean Moriarty, un muchacho del Oeste, lo que supone no sólo distintas procedencias, sino que prácticamente proceden de países y culturas distintas.

Salido del reformatorio, Dean comienza a vagabundear, desa­fiando las normas de la vida burguesa, siempre a la bús­queda de experiencias intensas que tienen su expresión en las conversaciones con los amigos, en la embriaguez del sexo y del jazz. Dean decide partir nuevamente hacia el Este y Sal se reúne con él en Denver.

Es el primero de una larga serie de viajes (San Francisco, Los Ángeles, Texas, México) que imprimen una dimensión nueva a la vida de Sal y al mismo tiempo le revelan su disposición para ritmos más normales.

La huida continua de Dean, su imposibilidad de encontrar un espacio fuera del no­madismo, tienen en sí mismas una energía primaria y le confieren una dimensión heroica: Sal no puede menos que admirarlo, inclusive cuando, presa de la fiebre en Ciudad de México, es abandonado por su amigo, que em­prende su regreso a los Estados Unidos.