La historia se desarrolla enteramente en un solo día: Clarissa Dalloway va a comprar flores para una fiesta que dará por la noche. Recuerda a un amigo de infancia, Peter, que estuvo enamorado de ella y que ha vuelto hace poco de la India, y su propia adolescencia; y al mismo tiempo recibe, con un vivo sentimiento de participación, las imágenes de la vida que tiene lugar a su alrededor.
De regreso a casa, Peter viene a saludarla y a despertar emociones olvidadas: Elizabeth, la hija a la que Clarissa teme haber perdido por estar la joven dominada por otros afectos e intereses, siente en cambio, esa misma tarde, el impulso repentino de volver a casa de su madre; también el marido, profundamente enamorado de ella, siente necesidad de volver a verla un momento, en mitad de su jornada de trabajo.
La fiesta de la noche es como el punto de confluencia de todos los acontecimientos de la jornada: reaparece Peter, reaparece también una vieja amiga ahora ya casada y madre, y reaparece incluso, en las palabras de un invitado, un personaje entrevisto en el parque que impresionó a Clarissa por su decaimiento, y del cual se viene a saber que se ha suicidado.

