Griselda

La leyenda de la pobre Griselda (v.) es uno de los más delicados mo­tivos de la poesía popular y uno de los más afortunados en la literatura medieval y mo­derna. La primera elaboración que de ella se conoce es «Le Fresne», uno de los Lais (v.) de Marie de France. Continuada por Boccaccio en un cuento del Decamerón, (v.), día X, 10, que plasma plenamente y con arte acabado todos los motivos senti­mentales y fantásticos de la leyenda, la historia gustó a Petrarca que dio de ella una versión latina, que divulgó la leyenda por toda Europa.

Historia de Griselda, Anónimo

[Estoire de Griseldis] La leyenda, nuevamente de vuelta a Francia, tuvo, en 1395, una adaptación escénica, versificada por un autor desconocido. El marqués de Saluzzo, que se ha casado con la hija de un pobre campesino, quiere probar su sumi­sión con un largo martirio, quitándole los hijos, repudiándola, enviándola a su casa con sólo su camisa y acogiéndola de nue­vo como criada de la princesa que simula haber elegido por su nueva esposa; marti­rio que Griselda acepta sin rebelarse, con sublime resignación y obediencia, hasta que el marido, vencido por su constancia y devoción, acaba con sus pruebas, devolviendo a la desgraciada los hijos, su hogar y la felicidad. Así como Boccaccio no fue el inventor de este argumento, ya divulgado y popular antes de él, tampoco parece que nuestro texto derive directamente del fa­moso cuento italiano, sino de una traducción francesa de la versión de Petrarca. Aunque mediocre desde el punto de vista dramático, la Estoire de Griseldis (publicada en 1550 y recientemente reimpresa por M. J. Glomeau, Le mystère de Grisélidis, París, 1923) supera en habilidad técnica, elegancia de construcción y esfuerzo para expresarse de acuerdo con el carácter de los personajes, a los misterios que constituyen la casi tota­lidad del teatro francés que conocemos de aquel tiempo; teatro del que esta Estoire se destaca también por su carácter comple­tamente laico y por la absoluta falta de intervenciones sobrenaturales.

S. Pellegrini

El Grillo del Hogar, Charles Dickens

[The Cricket on the Hearth]. Uno de los cuentos de Na­vidad de Charles Dickens (1812-1870), pu­blicado en 1846. El recadero John Peerybingle vive felizmente con su joven esposa Dot, aunque la sinceridad de los sentimien­tos de ésta sea puesta en duda por el an­ciano y maligno Tackleton, que está a punto de casarse con una mujer más joven que él, May Fielding. Estas insinuaciones parecen encontrar confirmación cuando un viejo ex­travagante se va a vivir con los Peerybingle, y John lo descubre un día transformado en un apuesto joven — por haberse quitado la peluca—, y en coloquio con Dot. En este punto interviene, como un «deus ex machi­na», el grillo del hogar, el «genio del hogar doméstico», que evoca ante el desesperado recadero una serie de imágenes de su mu­jer, en distintos aspectos, que hace ablan­dar el corazón del hombre; John da las gracias al pequeño dios doméstico, decide no tener en cuenta la malignidad de Tack­leton, y perdonar la culpa de su esposa, que atribuye a la incompatibilidad de sus eda­des y caracteres. Pero luego resulta que nada había que perdona…*, ya que el joven es un antiguo amigo, enamorado de May Fielding, al que se tenía por muerto y que llega a tiempo para impedir su boda cori Tackleton. Los tipos más acertados son, em­pero, Caleb Plummer y su hija ciega, Ber­ta, fabricantes de juguetes. Éstos dan pie para introducir episodios emocionantes, como cuando el anciano Caleb simula un an­dar desenvuelto y un vigor juvenil para hacer creer a su hija que todo va viento en popa, mientras que en realidad están a merced de los dos explotadores, Gruff y Tackleton. El cuento, que a pesar de todo no deja de tener sus méritos, hace demasia­do fácil la felicidad de los humildes para que resulte convincente. [Trad. española de M. Ortega y Gasset (Madrid, 1920) y de José Méndez Herrera en Obras completas, tomo I (Madrid, 1951)].

M. Praz

La Gringa, Florencio Sánchez

Tal es el título de la obra teatral mejor concebida y realizada por el dramaturgo uruguayo Florencio Sánchez. Fue estrenada en Buenos Aires el 21 de noviembre de 1904. «La Nación» porteña sintetizó, al día siguiente del éxito en el teatro San Martín, el argumento de este modo: «El antagonismo entre la raza criolla del país, representada por el viejo gaucho del campo, y la raza italiana, que va adqui­riendo predominio y riqueza con su sobrie­dad, su inteligencia y su laboriosidad; y a la postre la fusión de ambas razas por mediación del amor, es decir, casándose una joven italiana con el hijo del viejo gaucho, ya encumbrado a mejor posición por haber desarrollado sus aptitudes aliándose con la gente progresista, la gente «gringa», tan odiada por el obcecado padre: tal >es el asunto de la comedia». Consta La gringa de cuatro actos, verdadera sucesión de re­tratos y cuadros de hombres y paisajes del medio pampeano argentino. Es La gringa, según Ricardo Rojas, «el poema de la in­vasión del extranjero sobre la tierra del gaucho, como el «Martín Fierro» es el poe­ma de la invasión del gaucho sobre la tie­rra del indio». Las escenas de La gringa se desenvuelven en la provincia argentina de Santa Fe, región en donde la población criolla debió ir cediendo, pacíficamente, an­te el arrollador empuje de la inmigración europea, preponderantemente italiana, de­dicada a la agricultura de la fértil zona de Santa Fe.

J. Pereira Rodríguez

Grimalte y Gradissa, Juan de Flores

Novela senti­mental del español Juan de Flores. Se pu­blicó por primera vez en una edición sin fecha, que los bibliógrafos creen de Lérida, por Enrique Botel, hacia 1495. Moderna­mente ha sido editada por Bárbara Matulka, en The novéis of Juan de Flores, 1931. Grimalte es el nombre adoptado en esta obra por Juan de Flores. Por mandato de Gradissa va en busca de Fiametta y la trae a Florencia. Fiametta se ve con Pánfilo, que continúa indiferente a su pasión, por lo que aquélla se suicida. Flores hace una meticulosa descripción de su sepulcro, en la cual B. Matulka ha visto influencias de la literatura anterior. Muerta Fiametta, Gri­malte desafía a Pánfilo, pero éste no acep­ta el reto. Creyéndose culpable de la muer­te de Fiametta se retira a la soledad para hacer vida salvaje. Grimalte, repudiado por Gradissa, le acompaña en esta penitencia amorosa, que, según algunos, puede haber inspirado a Cervantes los episodios de Cardenio en la Sierra Morena. Flores reve­la en esta obra discreta aptitud literaria. Los caracteres del Grimalte son comunes a toda la literatura sentimental. Domina en esta obra el retoricismo sentimental y la casuística amorosa al modo de Boccaccio, y carece de diálogo vivo. Los personajes se comunican entre sí por discursos y cartas, lo que favorece la retórica, de que tanto se abusa en esta clase de obras.

P. Bohigas