Grhya-SŪtra, Anónimo

[Reglas domésticas]. An­tiguos textos indios atribuidos a distintos autores y que forman parte — como los Dharma Sūtra (v.)—de la literatura exegética sobre el Veda (v.). Su elaboración se sitúa, aproximadamente, entre los años 500 y 200 a. de C. Su contenido abraza todo el conjunto de la vida doméstica, desde la concepción a la muerte, incluyendo también los ritos funerarios y el culto de ultra­tumba. Ellos nos informan de la multitud de usos y prácticas que acompañan los or­dinarios acontecimientos familiares: concep­ción, nacimiento del niño, imposición del nombre, tonsura, inicio de los estudios, re­laciones entre discípulo y maestro, fin de los estudios, noviazgo, matrimonio. Se re­cuerdan también en ellos los sacrificios es­peciales que el cabeza de familia debe ce­lebrar todos los días, y las ceremonias rela­cionadas con la construcción de la casa, cría del ganado, agricultura, etc., ritos mágicos para alejar las enfermedades, exor­cismos y hechizos de amor. Este conjunto de noticias, abundante y variado, hace de los Grhya-Sūtra un documento muy impor­tante para la historia de la cultura. [Edicio­nes y traducciones: «Indische Hausregeln. Sanskrit und deutsch herausgegeben von A. F. Stenzler. I Asvaláyana (Leipzig, 1864- 1865), II Paraskara (Leipzig, 1876 y 1878)». Los más notables Grhya-Sūtra han sido traducidos por H. Oldenberg y F. Max Müller en los Sacred Books of the East (Ox­ford), vols. 29 y 30].

M. Vallauri

La Grenadiére, Honoré de Balzac

Título de una narra­ción de Honoré de Balzac (1799-1850), pu­blicada en 1832. La «Grenadiére» es el nom­bre de una antigua casa de campo situada en un magnífico paraje a orillas del Loi­ra, frente a la ciudad de Tours. La villa es alquilada, en los primeros años de la Res­tauración, por una señora aún joven, cuya delicada belleza está minada por una grave enfermedad. Ella, que se hace llamar Madame Willemsens, vive allí, huyendo de todo contacto con el mundo y dedicándose por completo a la educación de sus dos hijos. Al cabo de dos años, la señora fallece, de­jando a los dos muchachos solos en el mun­do. Sin embargo, el hijo mayor, Luis, ape­nas de quince años, de carácter natural­mente animoso y gracias a la ejemplar educación recibida, da claras muestras de estar en condiciones de mantener la promesa hecha a su madre, velando con pa­ternal solicitud por su hermanito, y disponiéndose a arrostrar con heroica osadía la lucha por la vida. Por la confesión de la madre moribunda a su hijo, y por otros indicios esparcidos como por azar, el autor nos hace vislumbrar el tempestuoso pasado de Madame Willemsens: toda la romántica historia de una culpable pasión con sus trágicas consecuencias, ennoblecida por la desgracia y rescatada por el amor maternal.

Sin embargo, estos elementos típicamente novelescos permanecen, por decirlo así, en el fondo; el primer plano lo ocupa sólo el relato de la estancia en la Grenadiére: un cuadro de vida familiar tratado con apa­sionada ternura, en un estilo que no re­nuncia a los insistentes análisis, tan del gusto de Balzac, aunque supera las preten­siones realistas y las digresiones morales para alcanzar una poética atmósfera de sin­gular pureza, una eficacia casi exclusiva­mente figurativa, que confiere a esta novela un lugar aparte en la obra tan abundante y variada del gran narrador.

M. Bonfantini

Greta y su Señor, Arvid Járnefelt

[Greeta ja hanen Herransa]. Novela del escritor finlandés Arvid Járnefelt (1861-1932), publicada en 1925. La acción ocurre entre los años 1917-1918 y se refiere a delicados problemas de la vida nacional finesa. La protagonista es Greta, una anciana madre de origen sueco, emi­grada con su marido a una región de habla finlandesa. La familia, que ha seguido sien­do sueca, lleva una vida patriarcal y ais­lada; muerto el padre, Helge, el único va­rón será el cabeza de familia y su madre el corazón. Pero los conflictos empiezan cuando Helge lleva a su casa, como esposa, a una joven de habla finesa que ha servido como criada en una torre de gente de la ciudad; son los pequeños roces de la vida cotidiana, debidos a razones económicas y a la hostilidad de las hermanas de Helge para con su cuñada, los que agotan no tanto a ésta como a su marido, muy educado y sensible. A ello se añade que Helge ha provocado involuntariamente la muerte de uno de sus amigos, ganándose de esta mane­ra la hostilidad de todos sus vecinos, tanto más cuanto su amigo era de estirpe finlan­desa. La solución es trágica: aunque Greta procura infundir sentimientos de caridad cristiana en la familia, Helge, en un mo­mento de desesperación, se suicida. Sola­mente la serenidad moral de Greta, con­fortada por el nacimiento de un niño, fruto del breve y desgraciado matrimonio, arroja una chispa de luz en la tragedia. Con esta novela, inspirada por la sombría postguerra finlandesa, Járnefelt, escritor de partido y reformador cristiano, discípulo de Rousseau y de Tolstoi, vuelve a las cuestiones socia­les y morales que trató en novelas y dra­mas anteriores, y al encomio de la acción benéfica ejercida por la naturaleza.

T. Tuulio

El Greco o El Secreto de Toledo, Maurice Barres

[Gre­co ou le secret de Toledo]. Obra de Maurice Barres (1862-1923), publicada en 1911 y re­editada en 1923 con notas y marginales del autor. Barres narra su descubrimiento de Toledo y del Greco, emparentando ambos entre sí hasta el punto de considerarlos se­gún él inseparables. Los temas de los pa­seos por la ciudad y la apología del pintor se entrecruzan en un pequeño libro, en el que la «ideología apasionada» es a la vez un método de crítica y de narración. A propósito de una malagueña escuchada la primera tarde, y de la visita al célebre Entierro del Conde de Orgaz, el autor des­arrolla la idea de que el Greco, natural de Creta y discípulo del Tintoretto, encontró en Toledo su verdadero clima. Su obra no es, pues, solamente la expresión de su ge­nio personal. Es además la expresión del alma entera de la ciudad de Toledo. Un pensamiento extranjero encarna el de un pueblo, que a su vez está dividido entre las tendencias de sus orígenes árabes y semíticos y su fe cristiana. El alargamiento de las formas en las grandes composiciones del Greco es la emanación de las contra­dicciones esenciales hacia la síntesis que anuncia la Iglesia católica. Este estudio se­ñala como digno de notarse que en la época que apareció, la obra del Greco estuvo muy lejos de ser conocida en su admirable téc­nica, verdaderamente revolucionaria.

Gregorio en la Roca o El Buen Pecador, Hertmann von Aue

[Gregorius auf dem Steine oder der gute Suender]. Breve poema del poeta ale­mán Hertmann von Aue (muerto aproxi­madamente en 1220).

La leyenda, derivada de una fuente francesa, la Vie du Pape Grégoire, pero líricamente elaborada, trae de nuevo a la literatura cristiana el mito de Edipo (v.), uniéndolo con motivos nue­vos y fantásticos y transformándolo en la dolorosa historia de un «buen pecador», hijo de dos hermanos, que son hijos a su vez del duque de Aquitania, los cuales se han casado sin conocer su parentesco. Gregorio es confiado por su madre a las olas del mar para que no tenga que cargar con las con­secuencias de las culpas de sus padres, y, recogido por unos pescadores, es criado por ellos. Más tarde Gregorio llega a saber que no es hijo suyo y parte en busca de aven­turas, reconquista las tierras de los suyos, caídas en manos de un usurpador y, sin reconocerla, se casa con su madre. De repente se revela la sombría realidad, y para expiarla, Gregorio se hace atar a una roca, donde permanece durante diecisiete años, adquiriendo fama de santidad, después de lo cual, por voluntad divina, es liberado y sube al trono de San Pedro. El destino grie­go se convierte así en la providencia divina, que se sirve incluso de la culpa para sus altos fines.

Y, al igual que la materia le­gendaria, también el arte de la narración está mezclado con elementos diversos, in­sistiendo por un lado sobre motivos cristia­nos y ascéticos, mientras por otro tiende hacia modos de poesía cortés y caballeresca. Sin embargo, la figura central de Gregorio, en la que se encarna el cristiano «amor del sufrimiento», es sentida y viva, aun cuando a veces parecen contrastar con lo trágico del argumento la ligereza de los versos y la gracia de las descripciones, característica del poeta.

B. D. Ugo