El Gruñón Bienhechor, Carlo Goldoni

[Il burbero benefico]. Comedia en tres actos de Carlo Goldoni (1707-1793), escrita en francés con el título Le bourru bienfaisant, en 1771, en París, y traducida por Pietro Condoni (1772). Fue traducida también por Elisabetta Caminer (1772) con el título Il collerico di buon cuore y por el mismo Goldoni (1789) con el título Il burbero di buon cuore.

El argumento entra en la fórmula típica de la comedia de caracteres goldoniana, en la que una situación elemental se complica en torno a la extravagancia de un perso­naje principal, causa directa e indirecta de varias peripecias. Valerio y Angélica se aman, pero no se atreven a confesar sus inclinaciones a Geronte, tío de Angélica, el gruñón bienhechor, intimidados por la brusquedad de su carácter. Éste, creyendo hacer algo grato a Angélica, la promete a su amigo Dorval; de ahí las agitaciones en los corazones de los jóvenes y la perpleji­dad en su ánimo. Luego, todo se aclara y resuelve con la boda. En el fondo se desarrollan las agitadas aventuras económicas de Dalancour, hermano de Angélica, y de su mujer. Intriga clara como siempre, ar­mónicamente equilibrada entre un episo­dio financiero y otro amoroso, espejo una vez más de vida semiburguesa en la que jóvenes y viejos tratan confusamente de comprenderse y equilibrarse. Junto a Va­lerio y Angélica, clara expresión de ena­morada confianza en el porvenir, Dalancour y su mujer representan más realísticamente las dificultades del momento presente; y sobre todos ellos domina el viejo Geronte, en quien la bondad y una ingenuidad ju­venil consiguen apenas ocultarse entre for­mas iracundas.

Rousseau, oyendo leer esta comedia, creyó reconocerse en Geronte y se enfadó con Goldoni; Baretti, que no sentía simpatía por Goldoni, se vio obligado a alabarla; una cuarentena de traductores la adaptaron a diecinueve idiomas: todo ello para mostrar con qué rapidez el Gru­ñón bienhechor se introdujo en la vida y en la tradición literaria. Junto con los Rús­ticos (v.) inspiró Olivo y Pascual (v.) de Simeone Antonio Sografi (1759-1818).

U. Déttore

Gritos del Combate, Gaspar Núñez de Arce

Colección de poemas de Gaspar Núñez de Arce (1834- 1903), publicada por vez primera en 1874 y ampliada en las sucesivas ediciones. To­das las composiciones, incluso las juveniles — hay algunas fechadas en 1855 — están de­dicadas a la exaltación de aquellos valores cuyo olvido ha conducido a la decadencia de España: Núñez de Arce, liberal, aunque respetuoso con la tradición, progresista a su manera, aunque muy apegado a los prin­cipios religiosos, admirador de la ciencia, pero aterrado por sus perspectivas antirre­ligiosas, partidario de la renovación, siem­pre que no sea en detrimento de la paz y del orden, patriota y timorato, refleja en toda su poesía estas tendencias suyas. De ahí que sus versos respiren furor, ironía, desaliento, tristeza o alegría del triunfo (Prólogo, pág. XII), suscitados por doloro­sos y trascendentales acontecimientos, en­tre el fragor de la lucha (Pról., pág. V). La tonalidad dominante de las composicio­nes viene dada por el contraste entre los sentimientos del escritor y el dinamismo de la realidad que los supera; Núñez de Arce no sabe adaptarse a esta realidad, por lo que su «Weltanschauung» no es alegre («La guerra») ni siempre serena, a pesar del consuelo de la religión. Cuando éste no le sostiene, cae en un limitado escepticismo, que no llega a ser desesperación, como en otros muchos poetas del siglo XIX, sino que es más bien el escepticismo de quien teme no creer lo suficiente para alcanzar una paz absoluta del espíritu: por esto Nú­ñez de Arce teme la crítica corrosiva («A Voltaire»), pero su inquietud espiritual lo arrastra a posiciones pesimistas («La Duda», «Tristezas», «Luz y vida», «Velut umbra», etc.).

Poeta eminentemente «civil», cual­quier tema le sirve para su polémica social; así, por ejemplo, la macabra y bellísima vi­sión de Blanca de Castelo (en «A Raimun­do Lulio») quiere simbolizar el afán hu­mano fundado únicamente en la ciencia, que sólo encuentra desengaño y asco allí donde esperaba bailar prodigios y felici­dad. Por fortuna, de vez en cuando Núñez deja dormitar esta tendencia suya; consigue entonces intuiciones de exquisito lirismo que cuajan en creaciones genuinamente poéticas: y todo esto sacude la indudable monotonía de los versos, monotonía de la que a menudo el mismo autor se da cuenta. La figura de Blanca de Castelo, por ejem­plo, es encantadora; pueden también recordarse la «Pobre loca» que en la tumba de su marido le llama desesperadamente; las escenas de dichosa paz y más tarde de de­sesperación de «Inundación»; el ocaso en el primer canto de «A Raimundo Lulio»; los éxtasis de la fe infantil en «Tristezas», y así sucesivamente. No faltan ensayos de realismo (por ejemplo la desesperación del «Condenado a muerte»). Sin embargo, los temas fundamentales son éstos: la falta de fe, esperanza y patria («En la muerte de A. Ríos Rosas»); pero un renacimiento es posible, no obstante, quizás a través del do­lor («A la patria»), el amor (« ¡Amor!»), la poesía («Estrofa»), y la fe en lo sobrena­tural y en la misión del hombre («A Darwin»). No faltan composiciones de finalidad claramente política: «A Castelar» contiene una defensa de la monarquía y una con­dena de la revolución; «Elegía a A. Herculano», una exaltación de la hispanidad de Portugal; «Cartagena», la afirmación dog­mática de que a la anarquía sigue la tira­nía, etc. Junto a algunos versos vacíos y retóricos, hay otros excelentes e inspira­dos, lo cual explica el favor — ciertamente excesivo — de que Núñez de Arce gozó en la crítica de su tiempo.

R. Richard

Grito Sobre el Abismo, María Poliduri

Publicado en 1929, representa, junto a la colección anterior de los Trinos que se apagan (1928), toda la herencia poética de María Poliduri (1902-1930). El cancio­nero de la apasionada poetisa neogriega, muerta a los veintiocho años en un sana­torio, refleja un alma sensible a las fugaces alegrías de la vida, a las bellezas de la naturaleza, pero, al mismo tiempo, resuena en él la desesperación de sentirse morir lentamente. Los acentos más varios vibran en este cancionero que, aunque dominado por el tono elegiaco fundamental, oscila en­tre la amarga nostalgia y la helada resig­nación, y tiene notas de frío distanciamiento, en las que la poetisa parece contemplar desde el exterior su propia pena: «Mi úl­tima canción, / sin escribir, brotará / de los ojos eclipsados. Mi última canción / virgen saldrá de mis labios apagados». La colección es una especie de fiel diario es­piritual en el que la poetisa se confiesa, día tras día, mientras en su cuerpo y en su alma luchan los ímpetus de la juventud que quiere vivir y las emboscadas de la muerte, al acecho entre la carne floreciente. A veces hay recuerdos de infancia y de juventud, rememorados y matizados por la nueva pena; a veces, sueños, fantasías, an­helos, añoranzas. Sin embargo, la exube­rancia de los sentimientos no va acompa­ñada de una adecuada madurez artística, que seguramente no hubiese faltado a la poetisa en una vida más larga.

B. Lavagnini

Grobiano. Sobre la simplicidad de las costumbres, Friedrich Dedekind

[Grobianus. De moruirn simplicitate libri dúo]. Famosa obra en dísticos latinos publicada en Francfort en 1549 por el estudiante Friedrich Dedekind (1525- 1598 aproximadamente), escrita en un len­guaje rico en conocimientos y citas clásicas.

La primera edición comprende dos libros: en el primero Grobiano (v.) está represen­tado en la condición de criado; en el se­gundo es huésped de otros y después señor en su casa. La vida de Grobiano como criado está descrita así: se levanta a la hora de la comida, con la mesa ya dispuesta; no dice buenos días a nadie, no se ha la­vado ni peinado, lleva los zapatos sucios, come en la mesa sin ninguna regla de urbanidad, es descortés con personas de con­sideración y desvergonzado con las mu­chachas, estornuda, escupe, tose y desahoga libremente el estómago sin preocuparse de los presentes, emborracha a los invitados pesados, sirve el vino peor a la gente de más alcurnia para hacerlos marchar pronto y para que no vuelvan otra vez, busca la compañía de los juerguistas, provoca can­tos y alborotos, arma camorras y en mitad de la reyerta echa a la calle a todos los invitados, deja al dueño el trabajo de apa­gar las luces y se acuesta completamente vestido. Luego, cuando él es invitado en casa de otros, antes que nada hace que el criado le pase la minuta, en la mesa coge la mejor porción, vuelve a casa entrada la noche, va por la calle armando ruido y se­gún le dicta la necesidad.

Finalmente, como dueño en su casa, sigue el principio capi­tal de comportarse de manera que a los huéspedes no les queden ganas de volver. En la segunda edición de 1552, el autor aña­dió a la obra un tercer libro, en el que las muchachas le ruegan que les dé con­sejos sobre la vida. Él sugiere las reglas siguientes: ser descaradas por la calle, char­lar mucho, comer en cualquier parte, ir a menudo a la taberna, emborrachar al aman­te para arrancarle una promesa de matri­monio. Siguen después preceptos acerca de la guerra contra las pulgas. En 1554 salió de toda la obra una tercera edición que fue editada repetidamente hasta 1704. La primera edición del Grobianus de Dedekind fue traducida al alemán en 1551, por Kaspar Scheit (1520-1565) con el título Grobiano. Costumbres villanas y comporta­miento descortés [Grobianus. Von grobem Sittern und unhöflichen Geberden], en dís­ticos pareados en lenguaje popular y con una extensión doble de la original. En esta versión Grobiano figura como un maestro que enseña sus preceptos de villanía y fun­da incluso una escuela de «grobianos». El traductor pone al principio de su libro esta advertencia: «Lee este librito mucho y a menudo, y haz siempre lo contrario». Tam­bién esta edición fue muy popular y se reeditó hasta 1615.

La tercera edición de la obra de Dedekind fue traducida al alemán por Wendelin Helbach con el título Gro­biano y Grobiana [Grobianus und Grobiana, 1567], en dísticos pareados. De esta versión se hizo una redacción abreviada en prosa con el título Grobianus redivivus (1607). Wenzel Scherffer tradujo nuevamente la obra completa de Dedekind en alejandrinos con el título Der Grobianer und die Grobianerin (1640). Sobre esta versión se apoyan las dos traducciones, húngara e inglesa. El Grobianus de Dedekind tiene un fin satírico: denuncia las malas costumbres reinantes entre los estudiantes de las universidades alemanas, dando de ellas un cuadro fiel des­tinado a suscitar náuseas en los lectores y de esta manera escarmentarlos.

M. Pensa

Grito de Gloria, Eduardo Acevedo Díaz

Novela del escritor uruguayo Eduardo Acevedo Díaz (1851- 1924), publicada en 1893, que consolida su epopeya en prosa del ciclo emancipador, completándola en 1914 con Lanza y sable. La cruzada de 1825 es el fundamento his­tórico de la novela. La naturaleza y el me­dio social, con algunas intencionadas incursiones en el campo de las tendencias políticas que se diseñaban ya en el pano­rama nacional, dan los elementos de este relato. Entre los personajes reales ocupa el primer plano el general Lavalleja. De los tipos imaginados, sobresalen Luis Ma­ría, Cuaró y la soberbia figura de amazona personificada en Jacinta. La pintura más viva y patética de Grito de Gloria está en la descripción de la batalla de Sarandí, don­de la prosa de Acevedo Díaz comunica al lector, sin artificios verbales, en frase clara y directa, la sensación del suelo trepidando cuando, con los sables relampagueantes al sol de octubre, las caballerías gauchas, con Lavalleja al frente, acuchillan y dispersan a los disciplinados escuadrones enemigos, que huyen ante las cargas decisivas con­sumadas a la voz categórica de «carabina a la espalda y sable en mano». En aquel lance definitivo, que decide los destinos de la pa­tria naciente, Jacinta, junto al caliente ca­dáver de Luis María, percibe a lo lejos los regimientos en desorden, «caballos sin ji­nete, cuerpos hacinados entre los pastos, galopes furiosos, ecos de cornetas que se­mejaban aullidos de pavor». Por allí dos ejércitos van pasando…

A. D. González