Gunsho Ruiju, Hanawa Hokiichi

[literalmente: Colección de obras ordenadas por categorías]. Gran colección de obras antiguas y raras, com­pilada por el autor japonés Hanawa Hokiichi (1746-1821), nacido en la provincia de Saitama. Es un trabajo de proporciones co­losales, que costó al autor 41 años de su vida, desde 1779 a 1820. E impresiona tanto más la amplitud de su obra si consideramos que Hokiichi era ciego desde la edad de cinco años, lo cual no le impidió, sin em­bargo, formarse una vasta y profunda cul­tura, gracias sobre todo a su prodigiosa memoria. La ejecución material de la obra es el fruto de la ayuda de sus discípulos, especialmente de Nakayama Nobüna (m. en 1836) y de Yashiro Hirokata (1758-1841), que cargaron con el duro trabajo de selec­ción y revisión. El Gunsho Ruiju consta de 530 volúmenes, que comprenden 1.270 obras, pero su suplemento, Zoku Gunsho Ruijü (continuación del Gunsho Ruiju) consta de mil volúmenes y contiene 2.103 obras. En total, 1.530 volúmenes y 3,373 obras, clasificadas en 25 secciones, de acuer­do con los temas (sintoísmo, burocracia, ge­nealogía, legislación, costumbres, poesía, diarios, música, etc.). El mérito del autor, e, implícitamente, el mérito de su obra, consiste en haber salvado, publicándolos nuevamente después de una atenta selec­ción, hecha sobre la base de una ponderada valoración de su importancia, una gran cantidad de trabajos que habían llegado a ser, ya en sus tiempos, muy raros. Gracias a él se pueden leer hoy obras que de otra manera se habrían perdido. La costumbre de recoger obras raras para evitar que se pier­dan es en el Japón bastante antigua y, en esto, Hokiichi fue un imitador.

M. Muccioli

La Guirnalda o El Ramo de Flores, Karel Jaromir Erben

[Kytice]. Célebre obra del poeta checo Karel Jaromir Erben (1811-1870), publicada en 1853. Como el mismo título da a entender, es una recopilación de obras breves. Con­tiene una serie de leyendas populares, ar­tísticamente refundidas pero sin que pier­dan la lozanía y el perfume de las origina­les, punto de partida de la inspiración. Li­teraria es, sin duda alguna, la fusión de diversas variantes, a menudo entresacadas de la literatura popular de otros pueblos eslavos, pero en conjunto se trata de leyendas locales originales, ricas en recuer­dos fabulosos y en figuras que, no obstante el desarrollo legendario, parecen vivas gra­cias a la psicología aguda y profunda con que el poeta penetra en el alma de su pue­blo. El análisis atento de la crítica en vano ha buscado en esta parte de la Guirnalda de Erben influencias extranjeras, posibles en la época en la cual la selección se llevó a cabo, dada la difusión que en Bohemia tuvo la poesía alemana. A esta poesía se opone la de Erben precisamente por el sen­tido verdaderamente admirable de la len­gua y por el carácter local. Puesto que la mayor parte de leyendas de la Guirnalda están narradas en forma de baladas, Erben puede ser considerado como el verdadero creador de este género que después tuvo en Bohemia cultivadores entre los más grandes poetas que le siguieron, como Jan Neruda, Hálek, Vrchlicky.

E. Lo Gatto

La Günderode, Bettina Brentano

[Die Günderode]. La segunda de las tres novelas epistolares con las que Bettina Brentano (1785-1859), des­pués de la muerte de su esposo, el poeta Achim von Arnim, quiso «embalsamar con el arte los recuerdos de su vida». Publicada en dos volúmenes en Leipzig en 1840, esta «novela de la amistad», en gran parte auto­biográfica, carece, como las demás, de un núcleo central; pero es la más variada, aquella en que la poetisa muestra mejor su capacidad de retratar tipos y narrar acon­tecimientos, a menudo con feliz humorismo típicamente femenino. Estilo original reve­lan los perfiles del galante gentilhombre inglés cortejador de Bettina, del buen pin­tor Voigt, del judío Eframio, profesor de cálculo y de mecánica, y al mismo tiempo, por necesidad, comerciante de trajes usa­dos del duque de Gotha, autor de una misteriosa tarjeta a Bettina, del poeta Hölderlin, ya loco en Homburg von der Höhe, cuya grandeza poética Bettina adivina, y que a la sazón casi todos desconocían. Ple­nas de juventud son las páginas en las que cuenta el idilio más fantástico que real con Mauricio Bethmann o la historia de los tres primeros besos…

Por encima de todos los personajes, está el de su amiga, la poetisa Carolina von Günderode, que había cono­cido en 1802 en Francfort, donde Carolina era camarista en el Colegio de las Señoras nobles. Bettina alternó mucho con ella y con ella soñó el amor y la gloria tanto en Francfort como en Offenbach y Trages, sintiéndose ante ella en condiciones de infe­rioridad. Por sus cartas se evidencia una pasión sincera de Bettina hacia su taciturna amiga y, a menudo, una verdadera adora­ción. De la tragedia de la que Carolina fue protagonista (se suicidó cuando el fi­lólogo Federico Creuzer, amante suyo por algún tiempo, se reconcilió con su legítima esposa), no tenemos más que un pálido re­flejo en la novela. Las cartas que se refie­ren al fin de Carolina no son auténticas, ya que la amistad entre las dos poetisas terminó al comenzar el amor de Carolina por Creuzer, quien sentía una invencible antipatía hacia B. Brentano. También por esta novela, hoy no se la considera a Bet­tina como una simple editora de correspon­dencias, sino como una verdadera poetisa, digna en todo, por su caprichosa sensibi­lidad, por su viva fantasía, por su alegre humorismo, por su exquisita originalidad, del nombre que le dieron sus contemporáneos: «Sibila del Romanticismo».

A. Musa

Guíparis. Anónimo

Drama pastoril en cinco actos y dos prólogos, de autor anó­nimo, escrito en el dialecto neogriego de la isla de Creta, entre el siglo XVI y el si­glo XVII, en 2.650 versos con rima pareada.

Dos jóvenes pastores del Ida, Guíparis y Alexis, aman a dos bellas pastoras, Panoria («toda hermosa») y Athusa (es decir, Anthusa, «la floreciente»). Pero su amor es rechazado por las jóvenes, las cuales, decididas a permanecer vírgenes, se dedican en el monte Ida a la caza de animales sal­vajes. En vano el padre de Panoria, Iannuli y la vieja Frosine exhortan a las jóvenes a mostrarse más propicias a los dos aman­tes. Las plegarias y las 1 i ?rimas de los pastores enamorados, en vez de volverlas más benévolas, las irritan siempre más, hasta tal punto que los infelices piensan en el suicidio. Por consejo de la juiciosa Fro­sine, los dos pastores se dirigen a la gruta de la Nereida, que anima a los enamorados anunciándoles que su pasión tendrá un fe­liz desenlace. Luego Frosine los conduce al templo de Afrodita, sobre el Ida, donde el viejo sacerdote, conmovido por las preces y el dolor de los jóvenes, invoca a la diosa, la cual se presenta con su hijo, Amor, y les asegura que disparará en seguida flechas a las dos jóvenes de duro corazón e ins­pirará en ellas tal pasión, que por propia voluntad correrán en busca de sus aman­tes. Y el caso es que los jóvenes, poco des­pués de haber abandonado el templo, al cual prometen dones y culto, se encuentran con las dos jóvenes heridas por fin por Amor.

El drama alcanza así un final feliz y termina con las bodas de las dos parejas en medio de una gran fiesta y afluencia de pastores y pastoras. Guíparis, por el len­guaje, la versificación y la simplicidad de la trama es considerado como uno de los productos más representativos de la poesía cretense: los caracteres de los personajes están bien dibujados, y los sentimientos tie­nen una gran naturalidad, aparte de ciertas exageraciones en la pasión romántica de los dos pastores. El drama pastoril posiblemente fue representado, como se desprende del prólogo del dios Sol, en los teatros de las ciudades de Creta durante la última época del-dominio veneciano sobre la isla, y per­maneció inédito, conservado junto con otros dramas cretenses, en el llamado manuscrito Naniano, códice de la Marciana, del cual lo sacó y publicó Sathas (en el volumen Teatro Cretense, Venecia, 1879, pp. 131-182).

B. Lavagnini

Guirnalda de Sonetos, France Preseren

[Sonetui Venec]. Estos sonetos encadenados de France Preseren (1800-1849), dedicados a Julia Primceva y editados en marzo de 1834 en Liubliana, son, junto con los Sonetos del amor, los Sonetos del dolor y los 53 versos del poema El bautismo en el Save (v.), muestra esplendorosa de la literatura eslovena. Las generaciones yugoslavas no tie­nen lírica amorosa más perfecta. En el prólogo, el poeta recuerda el Sábado Santo de 1833, cuando, en el templo de Dios, la pura llama de dos ojos lanzó en su corazón una ardiente chispa que fuerza alguna ha­bría de apagar. Teme el poeta que la reina de su corazón y las bellas eslovenas, habi­tuadas a conversar en lengua alemana, des­precien los cantos del Parnaso patrio, y as­pira a eternizar su nombre, con el de Julia, en la suave habla del pueblo, proponiéndose también despertar a la nación y verla feliz como en los tiempos del rey Samo, antes de que las discordias acabaran por someter­la al yugo de Pipino. Consciente de la alta misión del poeta, Preseren advierte a los pueblos que la poesía no se puede pasar por alto impunemente. La historia demues­tra que no existe fuerza que pueda amansar las fieras humanas, como la voz divina del hijo de Apolo y de Clío. Porque las voces palpitantes de la cítara de Apolo son canto, poema, amor, gloria, arte, belleza, progreso y cultura. Es original también la ironía con que el poeta ataca a los que no comprenden su poesía y, todavía más, a los libertinos que conceptúan su labor como demasiado inocente, así como a los beatos que juzgan sus cantos inspirados por el demonio. Al­gunos sonetos, publicados en revistas italia­nas, han sido traducidos por U. Urbani.

U. Urbani