Historia de la Política Prusiana, Johann Gustav Droysen

[Geschichte der Preussischen Politik]. Obra histórica de Johann Gustav Droysen (1808- 1884), publicada en siete volúmenes y ocho partes, entre 1855 y 1886. Constituye un colosal monumento a la gloria del Esta­do prusiano, personificado en la monar­quía de la casa de Brandeburgo. Droysen, uno de los fundadores de aquel pangermanismo cultural que fue llevado a su máxi­ma expresión por Treitschke, y mantenedor de la superioridad de Prusia sobre todos los pueblos de raza germánica, ha sentado las bases históricas sobre las cuales Bismarck orientó su política hegemónica. La grandiosa obra sigue el desenvolvimiento de la monarquía prusiana desde los oríge­nes hasta el 1756, o sea hasta los comien­zos de la guerra de los Siete Años, que elevó a Prusia al rango de gran potencia continental europea.

A pesar de los re­sultados de las más recientes investigacio­nes y los nuevos horizontes abiertos a la historiografía, las páginas de Droysen man­tienen todo su valor por la cantidad del material recogido y por su sabia distribu­ción. El escritor, helenista genial, autor de la grandiosa obra titulada Historia del He­lenismo (v.), manifiesta aquí una sobresa­liente personalidad de historiador y de creador, y una rara capacidad para poner de relieve el conjunto de las fuerzas inter­nas e invisibles que elaboran la historia. Sin embargo, intentando demostrar su tesis, Droysen se aparta del terreno puramente objetivo para penetrar en el de la polé­mica; por ejemplo, aparece demasiado acentuada la tendencia a glorificar en todo mo­mento el éxito, independientemente de todo juicio moral. De este defecto se resiente toda la obra porque, siendo difícil admitir que el estado prusiano poseyera desde los comienzos la inmutable y constante aspi­ración de reunir todos los pueblos ger­mánicos bajo la guía de los Hohenzollern de Brandeburgo, Droysen, para confirmar su tesis, se ve obligado muchas veces a for­zar los hechos que había acumulado y sa­biamente dilucidado.

G. Martinelli

Historia de la Poesía Vulgar, Giovan Mario Crescimbeni

[Istoria della volgar poesía]. Giovan Mario Crescimbeni (1663-1728) recogió en esta obra, publicada en 1698, un gran número de materiales biográficos y bibliográficos todavía hoy preciosos para el estudio de escritores de segundo y de tercer orden, los varios códices que nos transmitieron sus obras, sus ediciones, etc.

Principal mé­rito de este trabajo y de su autor es la gran cosecha de documentos y noticias co­leccionadas, y el haber analizado el valor histórico de este material. En cambio, ca­rece la obra de la visión sintética, que sin embargo ambicionaba el autor, y de un acertado criterio selectivo para separar lo bueno de lo malo y dar cierto orden a la inmensa materia. Todos los escritores se agolpan en el escenario con sus volúmenes, todos tienen la misma grandeza y el mis­mo valor, de todos o casi todos, se aducen ejemplos y no siempre los más significa­tivos. Dictada por el temor de que algo pudiera perderse, la obra se propone recogerlo todo y conservarlo todo, constituyendo una base sobre la que más tarde pue­da trabajar un espíritu crítico y hacer sur­gir una historia de la literatura. Por lo de­más, el mismo Crescimbeni, descontento de su primera y apresurada edición, quería rehacer completamente su obra pero tuvo que renunciar a ello y se contentó con añadir unos comentarios al texto primitivo y, como un apéndice, nueve diálogos «De la belleza de la poesía vulgar»; la obra aumentada fue publicada en Venecia, en 1730-31, y sigue siendo aún hoy la única edición que se puede consultar.

G. Franceschini

Historia de la Provincia de Santa Cruz, Pedro de Magalháes Gandavo

[Historia da provincia Sancta Cruz, a que vulgarmente chamamos Brasil]. Obra del escritor portugués Pedro de Magalháes Gandavo (n. aprox. 1540), publica­da en Lisboa en 1576. Está subdividida en catorce capítulos y es la primera crónica escrita sobre el Brasil (otra obra de Gandavo, Tratado de las tierras del Brasil, es­crita anteriormente, no fue publicada hasta el año 1826, La preceden las relaciones epistolares del portugués Vaz de Caminha y del italiano A. Vespucci, y precede en una decena de años a los escritos análogos de Gabriel Soares y de José de Anchieta. El autor inicia su libro con una larga dis­quisición sobre las tierras recién descu­biertas, de las que dice que tienen forma de un arpa, llamándolas «Tierra de Santa Cruz», nombre que ya les dió el descubri­dor Pedro Alvares Cabral, al plantar la pri­mera cruz el día de la Invención de la Cruz (3 mayo 1500), en oposición al ya por entonces empleado de «Brasil», derivado de la madera de dicha denominación («brasil», rojo), al que Magalháes, por contraposición, denomina madera del diablo. Pasa después revista a las riquezas naturales, la fauna y la flora, extendiéndose sobre la infinita variedad de colorido de los pájaros y sobre ciertos aspectos curiosos de los frutos (por ejemplo, la cruz que aparece en la banana cuando se la corta verticalmente por el medio).

Magalháes ignora la apologética mi­sional del «buen salvaje», y al hablar de los indígenas descubre más bien sus as­pectos malos que los buenos, en oposición a lo que hicieron otros, como el padre Anchieta (v. Historia brasileña de la Com­pañía de Jesús). Observa la falta de huma­nidad usada con los prisioneros de guerra, la carencia de poblados y casas, las ma­neras de vivir, instintivamente feroces, las costumbres bárbaras (como el llenarse la cara de tajos y piedras), las supersticiones fúnebres (como el morir el día en que uno se ha propuesto, o que les ha sido predicho por otros). Son particularmente curiosas las noticias sobre las costumbres familiares de los indígenas: se casan con sus sobrinas, y sus hijos son amamantados hasta los siete u ocho años, a menos que la madre no dé a luz otro hijo entretanto. Tan pronto como la madre ha dado a luz, el marido la subs­tituye en el lecho, y es él quien recibe a las visitas de felicitación, y se le atiende como «si en realidad fuese la parturienta». La historia, que es un documento indispen­sable para el conocimiento del Brasil tal como apareció a los primeros europeos que allí llegaron, está escrita con el explícito fin de estimular la emigración desde el Vie­jo Continente, mediante la descripción de sus recursos naturales. El estilo sencillo, que se mantiene apartado de las complica­ciones y rebuscamientos entonces en boga, y la ausencia de todo propósito de asom­brar forzando la verdad, han hecho que la obra conservara su valor documental y la utilidad de su lectura.

G. C. Rossi

Historia de la Poesía Provenzal, Claude-Charles Fauriel

[Historie de la poésie provencale]. Obra filológica de Claude-Charles Fauriel (1772- 1844), publicada póstuma en París, en 1846, al cuidado de Jules Mohl. Esta obra está formada por un curso de lecciones profe­sadas en 1831 en la Facultad de Letras de París y viene a constituir la tercera y úl­tima parte de una gran obra, la segunda de la cual es la Historia de la Galia meri­dional bajo la dominación de los germanos (v.); la primera, dedicada a la Galia bajo los romanos, no fue jamás redactada. Fau­riel examina los acontecimientos de la Francia meridional para investigar la opo­sición que hubo entre los bárbaros invaso­res y el Imperio romano: de tal inmediato contraste se originaron la poesía caballe­resca francesa y la poesía provenzal. Ésta, en cuanto manifestación de una civilización propia, es para Francia una verdadera literatura extranjera. En ella se ha demos­trado magníficamente, según los mismos principios del romanticismo, el contraste entre poesía y cultura; lengua y literatura se manifiestan con una vida propia, desde los lejanos orígenes hasta la ruina de la civilización provenzal.

Para Francia, aque­lla literatura provenzal, dice Fauriel, inte­resa precisamente porque es la primera de las literaturas modernas: ella ha formado verdaderamente todas las demás. Es me­nester remontar a los trovadores para ex­plicar la poesía lírica de los italianos, de los españoles y de los alemanes, puesto que con grande magnificencia de temas ar­tísticos personifica el ideal caballeresco, sobre todo la concepción caballeresca del amor y de la devoción feudal, e inspiran un nuevo sentimiento de la belleza y de la poesía: en la Francia meridional, en Cata­luña y en Aragón se pueden captar algunos caracteres bien definidos y tales que pue­den ser considerados en su conjunto al lado de la epopeya de los Nibelungos (v.) y a las demás manifestaciones históricas. Es grande la influencia de los árabes, en cuan­to a la poesía y la música; con su carácter soñador y a menudo nostálgico, es uno de los elementos más importantes de una nue­va civilización. Particularmente en la lite­ratura provenzal (por ejemplo, en el poema Gualterio de Aquitania [Gautier d’Aquitaine] se puede captar el contraste de la so­ciedad galorromana con la conquista de los francos. Esta exigencia explica también el significado feudal de la devoción al señor en la lucha contra los enemigos y los in­fieles; en esta atmósfera se origina y se transforma el amor, entendido como prueba de sumo refinamiento y libertad espiritual.

Si por una parte los primeros cantos caba­llerescos se pueden poner en relación con los cantos escandinavos y germánicos, la poesía de amor es por otra parte el sím­bolo de una nueva cortesía, por la devoción a un ideal purísimo que se colorea, de cuan­do en cuando, de acentos patéticos y persuasivos. Así, la poesía provenzal se en­trelaza con la popular, con las canciones sobre las Cruzadas y hasta con la sátira; es la prueba de una nueva civilización, un acto de fe en una renovación de los espí­ritus. En la vida de Provenza, Europa deja oír su voz, después de siglos de barbarie; sobre las ruinas se edifica un mundo que acoge de los siglos inmediatamente prece­dentes la flor más exquisita y más gozosa, la del ennoblecimiento de la mujer y de la fidelidad caballeresca. Después de su exa­men general, Fauriel traza en sus leccio­nes perfiles de poetas, como Bernart de Ventadorn (y en parte, Marcabrú y Cercamón), Giraut de Bornelh, Arnaut Daniel, Raimbaut de Vaqueiras; el análisis crítico de sus poesías es muy notable en los ana­les de los estudios románicos del primer ochocientos.

Amplio desarrollo al tratar de las novelas caballerescas, que el autor di­vide en «carlovingias» o «carolingias» (tan­to por las guerras contra los árabes de Es­paña como por rebeliones de los jefes de provincia contra los descendientes de Carlomagno), y «bretones» o de la Tabla Re­donda. Numerosos resúmenes y exámenes críticos se refieren en esta obra a los «romans», y en particular es presentado con riqueza de análisis el del siglo XIII, La guerra de los albigenses [La guerre des Albigeois], que narra la destrucción de la civilización provenzal y, por ser una gran epopeya carolingia, basta para demostrar la existencia de una epopeya provenzal an­terior. De este «román» (después publicado por Fauriel en 1837, en el texto, acompa­ñado de traducción con el título Histoire de la croisade contre les hérétiques albigeois), es dada en esta obra la introducción, que aporta contribuciones a las páginas del curso universitario.

En conjunto, esta His­toria de la poesía provenzal muestra muy bien el fervor romántico con que Fauriel emprendió el tema y al mismo tiempo su riqueza de información. La investigación de una fusión perfecta entre historia y poe­sía, con la exigencia de un método histó­rico, explica ciertas deficiencias del trabajo crítico, especialmente en relación con la teoría y las actitudes de amor, y la filiación de otras literaturas respecto a la provenzal. Con todo, esta obra queda como un inte­resante y útil documento de la cultura ochocentista por su original tentativa de síntesis.

C. Cordié

Historia de la Poesía Hispanoamericana, Marcelino Menéndez Pelayo

Obra de Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912). El autor dice, en el volumen primero, que para conmemo­rar el centenario del descubrimiento de América acordó la Real Academia Espa­ñola, en 1892, publicar una antología de poetas hispanoamericanos, con introduccio­nes sobre la historia literaria de cada una de las regiones descubiertas y civilizadas por los españoles en el Nuevo Continente. La Academia le encargó a él este trabajo, que consta de cuatro volúmenes, publicado el último en 1895. Falta en ellos la poesía del Brasil, y el autor abrigaba la idea de añadirla cuando en 1910 publicaba el pró­logo que referimos. Don Marcelino estima­ba que entre todas sus obras era ésta la menos leída en España, aunque en Amé­rica sí era conocida y siempre «no recta­mente juzgada». Al parecer, según se des­prende de las palabras del maestro de crí­ticos, hacía falta que los ilustres varones de espíritu verdaderamente científico mi­raran sin ceño la simpatía razonada y libre de un español «que nunca se avergonzó de serlo ni procuró captar con interesadas adu­laciones la benevolencia de los extraños».

«La historia, no yo — dice también Menéndez Pelayo —, es quien suscita a veces desagradables recuerdos». México, América Central, Cuba, Santo Domingo, Puerto Rico, Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia, Chile, Argentina, Uruguay, son estu­diados y antologados con cariño e interés crítico. Indiscutiblemente, Menéndez Pela­yo echó aquí, como en tantas otras cosas, las bases ciméntales de una historia más completa, más objetiva también, de las le­tras hispanoamericanas. Los modernos his­toriadores han encontrado desbrozado el camino que, ya con perspectiva y métodos propios de trabajo, podían recorrer gracias a Menéndez Pelayo. Un índice amplísimo de nombres de poetas se ofrece al conoci­miento de los lectores amigos de la poesía hispanoamericana anterior a nuestro siglo, en el que, felizmente, ha sido superada por los poetas que ya no pudo conocer ni ad­mirar Menéndez Pelayo.

C. Conde