Historia de la República de Florencia

[Storia della Repubblica di Firenze ]. Es una de las manifestaciones sig­nificativas del pensamiento político toscano en los años anteriores a la unidad e inde­pendencia nacional. En 1843, la escritora francesa Hortense Allart publica una Histoire de la République de Florence, que tra­dujo más tarde Alessandro Carraresi. Gino Capponi (1792-1876), según el deseo de la autora, empezó a poner algunas notas, a restringir partes demasiado amplias para los lectores italianos, y a ampliar otras, lle­gando de este modo a esta Historia, publi­cada en 1875, que experimenta la favo­rable influencia de los años borrascosos, de las desilusiones de Capponi, después del fracaso de su gobierno y el retorno del Gran Duque al frente de los regimientos austría­cos. En la ahora ya evidente y odiada servidumbre, era un refugio grato para el pensamiento el desandar los tiempos de la libre república, hasta su gloriosa caída con Francesco Ferrucci, y la restauración medicea con las órdenes del Principado. Sirve de prólogo el primer libro con la narración de las vicisitudes desde los orígenes de la ciudad al triunfo de los güelfos (1267); mientras que la parte central, la que cons­tituye el tema de la obra, se extiende por más de mil páginas. La cierran diez conci­sas páginas, donde se perfilan las vicisitu­des del principado desde la caída de la República (1530) a la llegada de Francisco Esteban de Lorena (1737) y al sabio gobier­no de Pedro Leopoldo I.

G. Franceschini

El alma de Gino Capponi es un alma al­tiva, fuerte, independiente, aunque a la vez dulce y equitativa. (Foscolo)

En la prosa del marqués Gino lo que más atrae es la proporción, la compostura, la discreción, virtudes o calidades superiores del estilo. (Carducci)

La Historia de la república de Florencia tiene muchas páginas llenas de verdad his­tórica sutilmente vista y sentida, espléndi­das, de una forma sencilla a la vez que vi­gorosa, sólidamente construidas en el pen­samiento que maduró el concepto de los hechos. (Gentile)

Historia de la República Argentina, Vicente Fidel López

Su origen, su revolución y su des­arrollo político, por Vicente Fidel López (1815-1903). Obra monumental, publicada entre 1883 y 1893, cuyo décimo y último tomo alcanza hasta fines de 1829 (a pesar de que en la primera edición decía llegar «hasta 1852»).

Su objeto es la historia del proceso de la revolución emancipadora, des­de los orígenes que, según López, son los de la nacionalidad misma, con la llegada de los españoles al país, hasta la ascensión de Rosas al poder, lo que ocurre, efectiva­mente, en diciembre de 1829. Y todo «sin­cronizando» la historia argentina con la española y dentro de la de Occidente. Ésta fue su gran novedad en el momento de su aparición. La de López es, sobre todo, una historia política. En realidad, la his­toria de los factores de civilización o de barbarie, a partir del descubrimiento de América, entendidos a la manera liberal. De ahí la influencia que asigna al cambio de dinastía, en el siglo XVIII, y las re­formas que introdujo en América, espe­cialmente, la creación del virreinato del Río de la Plata. Señala el ángulo de sepa­ración de los intereses entre la metrópoli y la colonia a partir de la creación de la colonia misma, sobre todo los intereses eco­nómicos y el nacimiento del sentido de autodeterminación. Estudia luego el fracaso del «verdadero gobierno representativo y electoral», por obra, sobre todo, del poder militar, bajo el cual tuvo necesariamente que realizarse la separación de la metró­poli (con la larga y agotadora guerra de la independencia), y la compleja convul­sión interna, cuyas consecuencias fueron la guerra civil, casi permanente, y la pre­cariedad de los gobiernos que se sucedieron vertiginosamente.

Pasado el peligro, con la derrota de los realistas en Chile, se produce la disolución nacional; cada pro­vincia se convierte en un estado autónomo. Pero la provincia de Buenos Aires, con la capital a la cabeza, dueña del único puerto de ultramar de entonces, y, por tanto, en contacto con Occidente, gobernada por la burguesía liberal que había hecho la revo­lución de 1810, y concentrada en la provincia misma y no en el extensísimo y de­sierto territorio de la república, abre una época de progreso y libertad (1820 al 25). Sobrevienen luego los errores y precipita­ciones del mismo movimiento que, en los dos años siguientes, ensaya o intenta la reconstitución nacional, sin más resultado que renovar la guerra civil, esta vez con una guerra extranjera al frente. Ello oca­siona el derrumbe total y la desaparición, como cabezas responsables, de quienes ac­tuaban desde los días iniciales de la emancipación. Pero no sólo en Argentina, por obra de la «aventura presidencial de Rivadavia», como la llama López, y del golpe militar del 1.° de diciembre de 1828, que fue su consecuencia, sino en toda la Amé­rica hispánica se produce, en esos años de 1827 al 30, «como una liquidación ge­neral»; ésta se manifiesta en la fragmenta­ción de las grandes unidades territoriales procedentes de la época anterior o forma­das en el curso de la lucha de la inde­pendencia, mediante las guerras civiles de unas regiones con otras. La historia, como el teatro de la lucha entre los principios progresivos y los que a ellos se oponen: así entendía la acción pública tanto como su historia, el grupo más importante de los revolucionarios de 1810.

López, hijo único del autor del himno nacional argentino, que tuvo actuación destacadísima desde la víspera de la revolución hasta después de la caída de Rosas, en 1852, recoge en su Historia la tradición ideológica y el espí­ritu del partido donde su padre actuó. Es historia vivida. De ahí que esté escrita fluidamente y se lea con el apasionante in­terés de una novela. Pese a errores de de­talle y a que gran parte de su material informativo está tomado de los periódicos de la época o es recuerdo de lo que oía en su casa a quienes actuaban o habían actua­do con su padre, y pese también a las limitaciones propias de una historia polí­tica, enfocada desde el ángulo de un par­tido actuante, son tales el sentido histórico de López, sus condiciones sobresalientes de gran escritor y la honradez y sinceridad de su punto de vista, que esta obra no puede dejar de ser recordada entre las de verdadera importancia publicadas en His­panoamérica en el siglo XIX.

E. F. Rubens

Historia de la Química, Hermann Kopp

[Geschichte der Chemie]. Obra clásica de Hermann Kopp (1817-1892), publicada, en cuatro volúmenes, en Brunswick, entre 1843 y 1847, que sigue el progreso del pensamiento químico desde sus orígenes hasta comien­zos del siglo XIX. Es particularmente profundo y completo el estudio de la quí­mica en la Antigüedad, del período al­quimista y fiogístico que ha representado la principal fuente de toda obra ulterior. Menos detallada es la historia a partir de Lavoisier. Avogadro, al que no cita en la edición primera, apenas si es recordado en la segunda. Completan la Historia de la Química dos obras sucesivas: Contribución a la historia de la Química [Beiträge zur Geschichte der Chemie], publicada en tres partes, entre 1869 y 1875, y Desarrollo de la Química en los tiempos modernos [Entwicklung der Chemie in der neueren Zeit], publicada entre 1871 y 1874.

G. Speroni

Historia de la Rebelión, Edward Hyde

[History of the Rebelión]. Obra del escritor inglés Edward Hyde, conde de Clarendon (1609- 1674), publicada en 1702-1704 bajo la di­rección del hijo del autor, y, más tarde, en 1826, por Bandinel, quien por vez pri­mera se apoyó en el manuscrito original y, finalmente, en edición completa y corregi­da por Macray el año 1888. El título com­pleto es: La verdadera narración histórica de la rebelión y de las guerras civiles en Inglaterra [The True Historie al Narrative of the Rebelión and Civil Wars in England]. Clarendon la escribió sin intención de que fuera publicada, sino para que sirviese a los futuros hombres de Estado. De este modo narró la historia de la lucha que pa­recía haber arrollado, a la vez, a la Iglesia y la Monarquía y los errores cometidos contra el principio constitucional, intentan­do sugerir que, si se repitieran tales pug­nas, se deberían evitar los errores a fin de alcanzar una mejor solución.

Una parte de la Vida que escribió Clarendon, en la que cuenta sus contratiempos políticos, fue in­corporada por él en la Historia, y es pro­bablemente aquí donde aparecen sus me­jores dotes, sobre todo al pintar una verda­dera galería de tipos y caracteres que, como se ha dicho, no temen la comparación con los de Tucídides. La obra es vasta y com­prende seis volúmenes. Moderna por la construcción y por la habilidad en el rela­to, tanto de los detalles como en el resu­men de los móviles y razones, vive en ella una parcialidad apasionada pero sobria, que se eleva sobre la mezquindad de las pasio­nes partidistas.

A. Camerino

Para la Historia de la Religión y de la Filosofía en alemania, Heinrich Heine

[Zur Geschichte der Religion und Philosophie in Deutschland]. Heinrich Heine (1797-1856) publicó por vez primera las tres partes de esta obra con el título De l’Allemagne, en los fascículos del día 1 de marzo, 15 de noviembre y 15 de diciembre de 1834 de la «Revue des deux Mondes», aproximadamen­te un año después de publicar la primera parte de La escuela romántica (v.). En 1835 apareció la edición francesa en un volumen, con el mismo título, dedicada a Prosper Enfantin, sansimonista y amigo de Heine. La edición alemana, publicada por Campe como segunda parte del «Salón», fue muti­lada por la censura y por el editor; para la segunda edición, de 1852, pudo completarla en parte el autor, retraduciendo del francés un buen número de pasajes omiti­dos. No obstante, quedó convertida en «un fragmento» y como tal había de quedar — según dice el propio Heine en su pre­facio a la primera y segunda ediciones —, cuando hubiera debido servir de introducción general a una historia de la literatura alemana, a partir de la muerte de Goethe, cuya primera parte la constituía su Es­cuela romántica. Como en aquella obra, el fin que Heine se propone en ésta consiste en contraponer a la alemania quimérica, representada por Mme. de Staël, una alemania más real.

Para conocer el pensa­miento alemán — dice — no es suficiente co­nocer las obras de arte, sino que es pre­ciso conocer la religión y la filosofía, por­que sólo a través de la reforma religiosa se puede comprender la filosofía que se desenvolvió seguidamente, y sólo a través de la filosofía cabe valorar el gran movi­miento literario producido por el romanti­cismo. Casi al mismo tiempo que la historia de la escuela romántica, proporciona una historia de la religión y de la filosofía, de Lutero a Hegel. Mientras para Mme. de Staël la historia espiritual de alemania era una evolución progresiva hacia el idealismo, para Heine lo es hacia el naturalismo. De Lutero a Kant, no son sino etapas sucesivas hacia la liberación de los viejos dogmas y de la tiranía del espiritualismo. Lutero de­volvió a la carne sus derechos naturales; Kant destruyó el deísmo: es el Robespierre de la revolución nueva; Fichte presentó el yo soberano, ideal, creador del yo real: es el Napoleón; pero este yo se hundió y Schelling reconstruyó lo ideal con lo real: es la restauración. Existe ahí un perfecto paralelo entre la revolución filosófica ale­mana y la revolución social francesa: una va contra el deísmo, otra contra la rea­leza. Derrotado el deísmo, triunfa el pan­teísmo de Spinoza, que en el fondo «ha sido siempre la religión oculta de los ale­manes». Finalmente, Hegel aplica la filo­sofía a la historia, a la política y a la re­ligión; con él cesa el divorcio entre carne y espíritu y se cierra el ciclo de la revo­lución filosófica, del que surgirá la gran revolución política y social de alemania. De este desenvolvimiento, interpretado por Heine con evidente parcialidad, aunque no se halle falto de profundas visiones, surge un concepto de la raza germana opuesto al sustentado por Mme. de Staël: no el pue­blo idílico, soñador, moral y especulativo, sino una alemania realista, militante y ac­tiva, formidable por tradición y autoridad, consagrada a una misión liberadora del mundo a través de los siglos.

Llevada a sus últimas consecuencias, esta idea traerá con­sigo el pangermanismo, con sus ideales de fuerza y de conquista. Meditando más tar­de, Heine se retractó, renegando de la doc­trina hegeliana y confesando era un error cuanto había escrito en este libro con res­pecto a la religión. Pero en el momento en que escribió la obra se hallaba bajo la in­fluencia del sansimonismo, cuyos ideales parecían satisfacer, por el momento, sus exi­gencias de romántico y racionalista. Este libro señala también un momento importan­te en la evolución política de Heine; aquel en que, separándose del nacionalismo idea­lista y del liberalismo, se acercó al partido de la «revolución», más tarde renegado jun­to con la filosofía hegeliana, con la conver­sión a ideas moderadas. Pero también por su entusiasmo hacia las ideas revolucionarias, Heine seguía siendo un poeta, como resulta de su poema alemania, cuento invernal (v.), tan importante para conocer la ver­dadera naturaleza de su tan discutido pa­triotismo. Consideró labor patriótica «tra­bajar por la cordial inteligencia entre Fran­cia y alemania», haciendo que una conoz­ca a la otra: y tal es el fin de esta obra que destellando rayos de luz viva y verda­dera sobre la vida espiritual de alemania en ciertos momentos de su historia, tiene ante todo importancia para el conocimiento de la personalidad del autor. Obra bastante más artística que filosófica, rica de pinto­resco y brillante brío, encierra los valores y defectos de un estilo periodístico genial­mente aplicado al ensayo crítico y a la profesión de fe metafísica y política.

C. Baseggio