Historia de la Poesía Inglesa, Thomas Warton

[History of English Poetry]. Obra de Thomas Warton (1728-1790), publicada en tres volúmenes (1774-1781), precedidos de tres disertaciones: «Sobre el origen de la novela en Europa», sobre la «Introducción de la cultura en Inglaterra», sobre las «Gestas de los romanos». El período histórico tratado va desde el siglo XI a principios del XVII, y comprende todo el período elisabetiano. El cuarto volumen, que había de llegar hasta Pope, varias veces prometido, no fué nunca publicado. Warton no se olvida nun­ca en su gran obra de que es un historia­dor y no un crítico de la literatura, y trata con precisión el aspecto biográfico del tema, indagando cuidadosamente todo género de manifestación literaria, con vastísimo cono­cimiento no sólo de la literatura inglesa, sino también de la clásica y la-de las de­más naciones.

Acerca de los más obscuros autores medievales proyecta una luz copio­sa de hechos y datos, y los resultados que consigue acerca de la literatura del siglo XVI, aunque hoy desarrollados en muchos puntos, han quedado substancialmente in­alterados. Toda la obra está impregnada de gran vigor intelectual. Se le dirigieron crí­ticas, algunas vivas, por defectos de tra­ducción del francés y del inglés antiguos; por errores de fechas en la vasta materia de la obra; por su estilo fatigoso en medio de su serenidad; y — las más acerbas —, como las de W. Scott, por la poca so­lidez de sus construcciones históricas («una enorme colección de vulgaridades biográfi­cas que habían de servir para una historia»); mientras que Gibbon lo elogió por su «gusto poético unido a la minuciosa exactitud del anticuario». Otros definieron aquella obra como «una mina». Su mérito principal consistió en despertar (como las Reliquias de Percy, v.) el interés por la poesía medieval y elisabetiana desviando la poesía inglesa de la corriente clásica formalista, de Pope, y despertando el sen­timiento fantástico y romántico.

G. Pioli

Historia de la Pintura en Italia, Giovan Battista Cavalcaselle

[Storia della pittura in Italia]. Obra de im­portancia fundamental para la historiografía del siglo XIX, escrita por Giovan Battista Cavalcaselle (1819-1897) en colaboración con el inglés Joseph Archer Crowe (1825-1896), a quien se debe, sin embargo, más que otra cosa, la elaboración literaria del material reunido por el crítico italiano. El primer volumen de la edición original en lengua inglesa (A New History of Painting in Italy from the Second to the Sixteenth century), es de 1864; la edición italiana, cuidada en parte por el propio Cavalcaselle, comprende 11 volúmenes y fue publicada en Florencia, desde 1875 a 1908. Esta obra, fruto de lar­gos años de estudios en las galerías, en los museos y en los monumentos italianos y extranjeros, comienza con el tratado del arte cristiano primitivo, desde el siglo II en adelante; siguen algunos capítulos sobre la pintura medieval hasta Giotto. El cuadro del siglo XIV italiano está diseñado con mucha amplitud, incluso en lo referente a las escuelas provinciales; y un espacio ma­yor todavía está dedicado a los pintores cua­trocentistas de la Italia central; en primer lugar los florentinos, después los umbros, los sieneses, los de la Romana y de las Marcas.

Finalmente, son examinados los maes­tros toscanos de comienzos del siglo XVI, como Andrea del Sarto y Fra Bartolomeo. El objeto principal de esta obra consiste en reconstruir las diversas personalidades artísticas, a menudo alteradas y hechas bo­rrosas por la tradición, en su aspecto genui­no e individual, discerniendo las obras de los maestros de las mercenarias, de las imi­taciones o copias, y restableciendo la justa sucesión de estilos y de tiempos. Su proce­dimiento directo es el estudio y la con­frontación de las pinturas originales, al que se añade el conocimiento de los documentos de archivo. Aplicando este método, origi­nado por la investigación filológica del si­glo XIX y seguido después por todos los autores modernos, Cavalcaselle consigue ad­mirables resultados gracias a su agudo sen­tido de la calidad estilística — sólo ofuscado a veces por prejuicios clasicistas y acadé­micos — y a su excepcional memoria vi­sual. Además, la vastedad de sus conoci­mientos y la segura visión de las relaciones entre artistas, así como de los caracteres distintivos de las diversas escuelas, le per­miten organizar las investigaciones parcia­les en una amplia trama histórica que halla su complemento, en lo que toca a las es­cuelas lombarda, veneciana y ferraresa en otra obra ya clásica, también escrita en colaboración con Crowe: La historia de la pintura en la Italia septentrional [History of Painting in North Italy] (1871).

Esta obra de Cavalcaselle ha ejercido una am­plísima influencia en toda una generación de estudiosos; a pesar de las más recientes investigaciones, conserva, en cierto modo, un valor actual.

G. A. Dell’Acqua

Historia de la Pintura en Italia, Stendhal

[Histoire de la peinture en Italie]. Obra de Stendhal (Henri Beyle, 1783-1842), escrita entre los años 1811 y 1817 y publicada en París en 1817 con el nombre del autor ocul­to bajo las iniciales M. B. A. A.: «Monsieur Beyle ancien auditeur».

Volvió a publicarse en 1854, en la edición de las obras completas de dicho escritor, así como en edición crítica de P. Arbelet, formando parte de la colección «Champion» (1924) y, posteriormente, en 1929, en la colección más completa del «Diván», dirigida por H. Mar- neau. Consta de siete libros, de los cuales el IV y el V contienen, junto a informacio­nes históricas variadísimas, divagaciones teórico literarias reunidas bajo el título «El ideal de lo bello entre los antiguos»; el VI, de carácter semejante, se titula «El moder­no ideal de lo bello». Los libros restantes tratan del desenvolvimiento de la pintura italiana por este orden: el I, desde los pre­cursores de Giotto a Giotto; el II, de Giotto a Leonardo; el III está consagrado a la vida de Leonardo; el VII, a la de Miguel Ángel. Sigue un epílogo en el cual se indica al lector «que posea la facultad de pensar con su propia cabeza», el modo de llegar a ser «casi artista» en cincuenta horas. Sabido es que Stendhal, para esta obra, se aprovechó mucho de la Historia pictórica de Italia (v.) de Lanzi, originando uno de los más extraordinarios ejemplos de plagio en los tiempos modernos.

De ello se tuvo pronto conocimiento en Italia, cuando Vieusseux, desentonando en el coro de alabanzas, es­cribía en la «Antología» (1823): «Cualquiera que sea el valor de esta obra, juzgamos que no llegará a ser de utilidad para los italia­nos que ya posean la Historia de la pintura del Padre Lanzi». Pero a lo que tradujo, casi al pie de la letra, del escritor setecentista, aportó Stendhal una amplísima selec­ción de observaciones, apuntes, anécdotas, recuerdos, dudas y, todo ello, en forma tan inesperada, que el efecto es tanto más nue­vo y sorprendente y la curiosidad del lector se mantiene alerta, en tensión y vibración continuas. La vivacidad y la riqueza inte­lectual de Beyle, que incluso aquí se nos muestra sagaz e ingenuo, diligente y pere­zoso, apasionado y escéptico, y su estilo expresivo, nervioso, chispeante, confieren un carácter inconfundible a la obra, la cual, desde el punto de vista de la historia del arte, encierra en cambio escaso valor. Ca­rece, ante todo, de coherencia en las ideas generales: mientras, informándose en Lanzi, Stendhal recoge juicios inspirados en la orientación clasicista-académica que, aun­que en forma moderada, domina todavía la concepción del escritor italiano, polemiza, por otra parte, de un modo vivaz, contra el concepto del ideal de lo bello en la An­tigüedad, premisa imprescindible de aquella orientación.

Además, en aquellas páginas todo indica una falta de preparación res­pecto al tema, improvisación y carencia ab­soluta de sentido crítico. Sin embargo, es notable que el autor aspire, aunque confusamente, a elevarse hasta la persona­lidad del artista para comprender su po­sición sentimental respecto del mundo. Tal aspiración, de naturaleza romántica, se pre­cisa particularmente a propósito de Leo­nardo, en el cual, y a través de muchos errores estimativos y de atribución, Stendhal llega a una idea que será recogida por la crítica más reciente: la intuición del fun­damento melancólico del espíritu leonardesco, que halló su medio expresivo con el predominio de la penumbra («difuminado»). La parte inédita de la obra — Escuelas ita­lianas de pintura — fue publicada por Martineau (París, 1932).

M. Pittaluga

Historia de la Persecución en la Provincia De Africa, Víctor, obispo de Vita

[Historia versecutionis Africanae provinciae temporibus Genserici et Hunerici regum Vandalorum]. Con alguna variante ha llegado hasta nos­otros en cierto número de manuscritos esta Historia, compuesta en el destierro hacia 486 por Víctor, obispo de Vita, en el sur de Túnez.

Esta obra está dividida, según los manuscritos, en tres o en cinco libros, pero esta división no parece remontar a su au­tor: se narran en ella las persecuciones de Genserico y Hunerico, reyes de los vánda­los, los padecimientos de los obispos y de los cristianos en general; está descrito circunstancialmente algún martirio, después una carestía terrible que se abatió sobre África, según el autor, como castigo divino; finalmente, Víctor, repitiendo expresiones del Salmista y de Jeremías, implora a los ángeles, a los patriarcas, a los profetas, a los apóstoles para que intercedan cerca de Dios en favor del África torturada, y concluye su Historia con la descripción de la muerte lamentable del rey Hunerico. La importan­cia de esta obra es, sobre todo, histórica; está escrita en un estilo vivo y cálido, rea­lista en sus descripciones, con construc­ciones y vocablos tomados del lenguaje poético, aunque no siempre correcto mor­fológica y sintácticamente.

El autor, en efecto, no sólo describe en su mayor parte hechos que él mismo ha vivido, sino que, cosa del todo insólita en sus tiempos, cita textualmente documentos oficiales, como los edictos de Hunerico y la profesión de fe de los obispos católicos, que, en la división de la obra en cinco libros, ocupa todo el tercero. Hoy consideran la mayoría de eru­ditos que es una adición posterior la pasión de siete religiosos martirizados bajo Hune­rico, que en todos los códices sigue a la obra.

E. Pasini

Historia de la Ópera en Europa Antes de Lulli y de Scarlatti, Romain Rolland

[Histoire dell’Opéra en Europe avant Lulli et Scarlatti]. Obra musicológica del escritor francés Romain Rolland (1866-1947).

Pre­sentada primero como tesis doctoral y pu­blicada en 1895 — cuando el autor se licen­ció en musicología en la École Normale Supérieure de París — ganó en 1896 el Premio Bourgault-Ducoudray, iniciando con una obra sólida y personal la variada, multiforme y original actividad de Rolland. Estudio orgánico, complejo, realizado sobre fuentes directas, en parte todavía ignora­das (el autor efectuó largas y sagaces in­vestigaciones en varias bibliotecas italia­nas), está planteado según un riguroso mé­todo analítico y reconstructivo, y basado en los principios de la crítica idealista. Precedido de una amplia introducción, se subdivide en nueve capítulos, además de un apéndice y de un suplemento (textos musicales de Francesco Provenzale). Admi­tido que el «drama lírico» trasciende la esfera puramente musical para interesar todo el campo del arte, y sentado que constituye tal vez la manifestación más original de la civilización moderna, el autor se­ñala como objeto de su estudio honrar las tentativas y las realizaciones de los pri­meros creadores de esta forma de arte, es decir, la «buena tierra italiana» de donde ha salido.

En el primer capítulo, el autor afronta la cuestión previa de la «unión de la música con el drama» y — examinada la reacción de la música contemporánea contra el género «ópera», y las críticas que éste provocó ya en el pasado — concluye sosteniendo que sólo en Italia se ha podido realizar — en virtud de la viveza nativa del pueblo y de un característico sentido del arte — la fusión espontánea y armónica de la música con la poesía, ideal recogido más tarde, a mitad del siglo pasado, por Ricardo Wagner con su concepción de la «ópera co­mo arte del porvenir». El tratado prosigue señalando la gradual introducción del es­píritu popular y del sentimiento personal en las formas puramente arquitecturales de la música de la Edad Media. A fines del siglo XV nacen las primeras personalidades musicales completas: el flamenco Josquin des Prés y en pleno siglo XVI el italiano Palestrina, que crea con sus Misas la tra­gedia musical religiosa y mística. Con Orazio Vecchi, de Modena, nace el «madrigal dramático» y se forma la comedia musical. Luego — precedido por las investigaciones «arqueológicas» y «literarias» de la Acade­mia florentina de Bardi y de otros gloriosos descubridores, que instauran la «declama­ción lírica» —, se presenta el genio de Claudio Monteverde, que reivindica el de­recho del sentimiento, de la libre inspira­ción y de la libre expresión, y opone al conformismo musical de sus predecesores una «melodía humana» y una «música de las pasiones», fruto de la observación de la naturaleza y del respeto a la verdad.

La «Ópera» en las cortes italianas del siglo XVII, su carácter alternativamente intelec­tual y mundano, la influencia que sufre por parte de la Iglesia, de la sociedad, del pre­dominio cada día mayor de la presentación escénica y sucesivamente los desarrollos «populares» de la comedia musical —- en Florencia, en Venecia, en Nápoles (es im­portante el descubrimiento hecho por el compositor Provenzale, fundador de la Es­cuela napolitana), en Roma (donde triunfa Carissimi) —, forman capítulos de aguda y amplia exégesis que terminan con la des­cripción del apogeo del drama musical en Italia. A la ópera en alemania, en Francia y en Inglaterra (capítulo de «apéndice») está dedicada la última parte del volumen: en estos países el drama musical se presen­ta como género de importación italiana y no adquiere características apreciables. En el último capítulo, el autor examina la «de­cadencia» de la ópera italiana y determina las causas (corrupción del gusto, virtuosismo, decadencia intelectual, escepticismo de la sociedad del XVII, etc.) y concluye, en fin, su importante estudio con páginas al­tamente encomiásticas para Italia por su genial esfuerzo creador en el campo del drama lírico, páginas no sin reservas, sin embargo, sobre el carácter de los italianos, a quienes el «abandono a la vida», una in­nata^ facilidad, una natural resistencia al metódico empeño creador, no les ha permi­tido alcanzar la primacía absoluta que de ellos se esperaba.

Aunque en parte quede superada por las orientaciones sucesivas de la crítica y por los resultados alcanzados en investigaciones más recientes, esta ma­gistral obra de Romain Rolland puede considerarse todavía hoy como válida y capaz de constituir una sólida base de los estu­dios musicológicos.

V. Orazi