Horribilicribrifax, Andreas Gryphius

Comedia satírica alemana del poeta, comediógrafo y trágico Andreas Gryphius (1616-1664), impresa en 1663. La trama, novelesca y compleja, se funda sobre todo en las fanfarronerías del protagonista Horribilicribrifax (v.) y de su amigo Daradiridatumtaride: Palladio ama a Selene, pero ésta, noble, pobre y orgullosa, se promete con Daradiridatumtaride, dejándose convencer por sus fanfarronadas de riquezas y de gloria.; por otra parte, el pe­dante Sempronio ama a Celestina, vana­mente enamorada de Palladio. Sempronio, para convencer a Celestina, se pone en manos de una astuta medianera que le engaña, haciéndole creer que Celestina le ha concedido una cita amorosa y poniéndose en el lugar de ella. Sempronio se da cuenta a costa suya de la ficción, pero la mujer consigue, a pesar de todo, casarse con él.

Contrasta con estos amores el purísimo afecto que une a Sofía y Cleandro: Sofía, noble y pobre, generosa hasta el punto de vender sus propios cabellos para sustentar a su madre, obtiene finalmente a Cleandro por marido; Celestina consigue conmover a Palladio y finalmente hasta los dos fanfarro­nes obtienen una buen empleo de Cleandro, de manera que todo acaba bien. Aunque la comedia adolece de falta de coherencia y unidad, los caracteres están bien dibujados y llenos de vida, y la sátira es justa. Se dirige contra los dos principales aconteci­mientos que habían dominado y dominaban aún la vida alemana: el Renacimiento y la Guerra de los Treinta Años, cuyos caracte­res negativos presenta: la enciclopédica, confusa y superabundante cultura introdu­cida por el primero, y las fanfarronadas y falacias propias de los veteranos de la se­gunda, los cuales, a través de los contactos internacionales característicos de esta gue­rra, habían adquirido un superficial barniz de idiomas y costumbres extranjeros. De aquí una típica mezcla de lenguas: alemán, francés, italiano, español, griego y latín. Es, pues, la comedia de la confusión, del inter­nacionalismo cultural, cuya esencia antes es mentira y enredo que sabiduría; y desde este punto de vista tiene un importante valor histórico y costumbrista.

B. D. Ugo

Los Horrores de Bulgaria y la Cuestión de Oriente, William Ewart Gladstone

[Bulgarian Horror s and the Question of the East]. «Panfle­to» o ensayo político publicado en 1876 por el estadista liberal William Ewart Gladstone (1809-1898) durante la ardiente polémica que se suscitó en Inglaterra a propósito de las matanzas, efectuadas por los turcos en Bul­garia, donde había estallado una revuelta contra el gobierno del Sultán. El opúsculo es notable tanto por la ocasión histórica como por la luz que arroja sobre la situación in­terna de la Inglaterra victoriana.

Disraeli, que era jefe del gobierno, respondiendo a las preguntas parlamentarias, trató de quitar importancia a las matanzas búlgaras di­ciendo que eran exageraciones. Pero la opinión pública se sublevó ante las revela­ciones de los periódicos, y el liberal Glads­tone, que desde hacía algún tiempo se había retirado de las luchas parlamentarias, atacó al gobierno acusándolo de lentitud y algo más en procurarse y dar al Parlamento las necesarias informaciones, y criticando sobre todo la orden dada a la flota de zarpar para la bahía de Besika con el fin de proteger a los súbditos ingleses: orden que los turcos y las naciones europeas interpretaban como una amenaza contra Rusia y una promesa de apoyo a Turquía. En su opúsculo, Glads­tone examina críticamente las falsedades y los silenciamientos del gobierno, insistiendo sobre la ofensa a los sentimientos de hu­manidad cometida con la atenuación de la gravedad de los hechos y con haber hecho surgir la idea de que Inglaterra apoyaba a Turquía incluso en sus crueldades. Él aná­lisis de la política del gobierno conservador es ceñido y magistral, y termina con la petición de que se conceda a las provincias cristianas de Turquía una autonomía plena y que los funcionarios turcos sean retirados, para evitar la repetición de estos inevitables incidentes. Pero la clase dirigente, que veía a Constantinopla y los Estrechos amenazados por Rusia, protestó contra el sentimentalis­mo de Gladstone y le presentó como vendido al Zar.

El único efecto de la propaganda de Gladstone fue llevar al gobierno a ser toda­vía más intransigente con Rusia, para satis­facer los sentimientos imperialistas de Ingla­terra, y así entre Turquía, que con razón se creía apoyada por Inglaterra, y la ofendida Rusia, estalló la guerra de 1877, que se resolvió rápidamente con la victoria rusa. Inglaterra fue presa de un delirio imperia­lista (entonces surgió el llamado «jingoísmo», el «chauvinismo» más histérico que se haya visto nunca), que parecía haberla de conducir fatalmente a la guerra; pero inter­vinieron las demás potencias y se reunió el Congreso de Berlín (1878), que dio a la península balcánica una configuración que duró, en líneas generales, hasta 1912.

M. M. Rossi

El Horla, Guy de Maupassant

[Le Horla]. Volumen de na­rraciones de Guy de Maupassant (1840- 1893), publicado en 1887. La primera histo­ria, que da título a la obra nos presenta, bajo la forma de un diario, las terroríficas fantasías de un individuo obsesionado por la misteriosa presencia de un ser sobrenatu­ral al cual da el nombre de «Horla». El Horla viene a ser algo así como un incubo de raigambre medieval; pero no es un mero espíritu, ya que posee cuerpo, hecho de una materia invisible e impalpable, fuera del campo de nuestros sentidos; capaz de raciocinio igual que los hombres, es una especie de superhombre que se apodera de un individuo, le impone su propia voluntad hasta convertirle en esclavo suyo y absor­be para sí la energía vital de la víctima. El manuscrito que contiene esta impresionante confesión queda interrumpido bruscamente, como si el protagonista hubiese enloquecido.

La obra desconcertó no poco a los lectores de Maupassant, y fue luego relacionada con el triste fin del autor, como si hubiese plas­mado en ella todas sus turbaciones psíquicas. En realidad, es de carácter netamente literarionaturalista, y sus precedentes, más que en los ejemplos de Hoffmann y de Poe, hay que buscarlos en la gran boga de los estudios de Charcot sobre fenómenos y enfermedades del sistema nervioso. El tema de una mente trastornada por el terror ante lo sobrenatural aparece de nuevo en una narración de las más bellas y conocidas, «La posada» [«L’auberge»]: el joven montañés suizo Ulrich Kunsi debe pasar el invierno por vez pri­mera, como guardián, en un gran albergue de alta montaña, junto con su compañero, más viejo y experto, Gaspard Hari; pero como éste no vuelve de una expedición de caza, se cree perseguido por su alma y en su prolongada soledad enloquece. En el resto de la colección encontramos la acostumbrada serie de anécdotas salaces, cínicas o gracio­samente sentimentales («Le signe», «Au bois»); algún cuento de tono trágico más bien fácil y forzado («Le diable»); un par de vigorosas narraciones que insisten en el tema de la sátira antiburguesa («Une famille», «Le vagabond»), y la inevitable historia de guerra («Les rois»), que en este caso es muy bella, en su peculiar comicidad ribe­teada de horror.

«Amor» [«Amour»] es la breve narración de un cazador que ha ma­tado a una cerceta y se siente impresionado por el desesperado dolor del macho, el cual se arroja literalmente contra el fusil que le amenaza: unas pocas páginas, pero de rara eficacia. En «Clochette» el autor evoca con punzante melancolía la querida y triste figura de una pobre mujer que alegró con sus cuentos su infancia. «El marqués de Fumerol» [«Le marquis de Fumerol»] es un pintoresco esbozo que narra con incompara­ble brío las extravagantes escenas de la muerte de un viejo vividor impenitente. Pero la obra maestra es la pequeña narra­ción titulada «El agujero» [«Le trou»]. Leopold Renard, honrado tapicero de París, fanático de la pesca con caña, en el transcurso de una de sus excursiones dominicales se ve empujado a provocar la muerte de un hombre; llevado ante el tribunal e invitado a disculparse, expone el hecho: una narra­ción sencilla y llena de color, de la con­tienda con un pescador rival y de la reyerta surgida entre las dos esposas, en la que se vio obligado a intervenir, acabada, contra su intención, con la trágica zambullida del adversario en una peligrosa hondonada del río; una historia que se desarrolla de detalle en. detalle con pasos tan felices y con tan perfecta y profunda simplicidad, que al­canza sin discusión las cimas del arte.

M. Bonfantini

La Horda, Vicente Blasco Ibáñez

Novela de Vicente Blasco Ibáñez (1867-1928), publicada en 1905. Es un verdadero cuadro de costumbres, con cierta intención de crítica psicológica, en la que una vez más se revela la actitud amarga y cruda del escritor valenciano, que si tantas veces buscó en el marco de su región natal la inspiración, en ésta halló sus tipos en el madrileñísimo barrio de Cuatro Caminos, que por aquella época no estaba tan unido a la capital; por esta razón suele clasificarse esta obra junto a La Catedral y La Bodega, estampas también de las tierras españolas, de Toledo la primera y de Jerez de la Frontera la segunda.

La acción dis­curre en torno a la figura de su protagonista, Isidro Maltrana, hijo de un albañil que se mató un día en un accidente de trabajo, y de una asistenta que pasó sus últimos día en el hospital; para que el cuadro familiar no carezca de ningún antecedente, la abuela de Isidro fue trapera, y un hermanastro del mismo tuvo el productivo oficio de ladrón: Sin embargo, parece que por un momento sonríe la suerte al infeliz Isidro cuando una buena señora le recoge de la miseria y, pren­dada de su talento natural, no sólo le pro­tege en la vida, sino que se propone incluso darle una carrera universitaria. Muere la señora sin testar, y el muchacho, arrojado de nuevo al arroyo, presa de su falta de voluntad, en vano trata de huir al destino a que los suyos y la herencia de sangre le arrastran. Progresivamente va cayendo y aproximándose más y más a aquellos que con él forman «la horda»; en su caída arras­tra a la mujer que ama y que le da un hijo. Ante este hijo, que apenas puede dar sus primeros pasitos, Isidro es por primera vez un hombre de verdad, o por lo menos así lo deja adivinar su promesa; el hombre débil jura, por fin, luchar y buscar el triunfo para salvar a aquel que no quiere que sea una víctima más de una sociedad corrom­pida y desorbitada.

La obra es, además, una crítica social y una invectiva contra aquellos que no quisieron ver la miseria que rodeaba sus lujosas casas cuando aún era tiempo, y dejaron que la horda amasase sus odios y creciera en fuerzas, que ahora amenazan destruir todos los estamentos preestablecidos.

Die Horen, Friedrich Schiller

Revista mensual literario- filosófica, fundada por Friedrich Schiller (1757-1805). El primer número salió en enero del 1795, a cargo del editor Cotta de Tübingen. El 1.° de diciembre del 1794 salía en el «Intelligenzblatt» («Hoja de los inte­lectuales») el siguiente programa: en un período «en el cual la patria se siente angus­tiada por el próximo rumor de la guerra… por lo que las Musas y las Gracias demasiado a menudo se sienten intimidadas, cuando ni en las conversaciones, ni en los escritos es posible salvarse de esta crítica estatal,  parece que estas circunstancias deben pro­meter poca suerte… a una revista que se jacte… de agradar por algo más de lo que hasta ahora ha gustado». Pero es precisa­mente ahora que «se hace más apremiante la necesidad de librar a las almas por medio de un interés general y más alto hacia lo que es puramente humano y está por enci­ma de la influencia del tiempo… Distinción y orden, justicia y paz van a ser, por lo tanto, las normas de esta revista: la regirán las hermanas Eunomía, Diké e Irene».

Los colaboradores constituyen la flor y nata de las letras, la historia y la filosofía: Goethe acepta «con alegría y de todo corazón formar parte de esta sociedad», a él se unen Hum­boldt, Fichte, Leim, Hufeland, Herder, Jacobi, A. Wilhelm Schlegel, para mencionar sólo los más conocidos. El primer número, en el mes de abril, alcanzaba un tiraje de 1.800 ejemplares y contenía los Diálogos de emigrados alemanes (v.) y las Elegías romanas (v.) de Goethe; las cartas sobre la Educación estética (v.) de Schiller, y la traducción del Infierno de Dante, de A. W. Schlegel. Pero la crítica se encarnizó contra la revista, y en 1979 Goethe y Schil­ler contestaron con las «Xenias» del «Alma­naque schilleriano de las musas» (v. Alma­naque de las Musas). Las Horen dejaron de publicarse en 1798. Estaba a punto de hacer su aparición el «Athenäum» (v.), con su proclama lanzada contra Schiller. G. F. Ajroldi