Hsi Yü Chi, Hsüan Chuango

[Relación sobre los países de Occidente] o Ta T’ang Hsi Yü Chi [Descrip­ción acerca de los países de Occidente de los Grandes T’ang]. Memorias escritas por Hsüan Chuango (Hsüan Tsang), famoso bonzo chino de la dinastía de T’ang (618-907), que realizó un viaje de dieciséis años, visi­tando ciento diez países entre los ciento treinta y ocho mentados en el libro, con objeto de buscar reliquias y textos budistas. La mayor parte de la obra, que se divide en doce libros, está dedicada a la descrip­ción de los países recorridos, con numerosas referencias a los escritos ya existentes en sánscrito. Esto no significa que toda la obra sea una traducción como han afirmado algu­nos críticos. Julien, en su obra Histoire de la vie de Hiouen-Tsang et de ses voyages dans l’Inde (París, 1853), ha dicho ya que la palabra «traducido» en el texto chino no se debe entender en sentido literal. El libro del anciano bonzo es todavía hoy un docu­mento importantísimo acerca de la historia y costumbres de la antigua India (cfr. entre otras obras: Stan, Julien, Mémoires sur les contrées occidentales, traduites du sanscrit en chinois… et du chinois en français, Paris, 1857-58; The life of Hiuen-tsang, en «Trübner’s Oriental Series» (Londres, 1884).

P. Siao-sci-yi

Hsi Hsiang Chi, Wang Shih-fu

[Historia del ala occi­dental de la casa]. Drama chino en cinco actos de Wang Shih-fu, que vivió bajo la dinastía Yüan (siglo XIII). La vieja viuda Chén, esposa del difunto ministro Ts’ai, y su hija Ts’ai Ying-ying, después de haber acompañado el cuerpo del ministro, rodea­das por la soldadesca enemiga, buscan refu­gio en un monasterio. Coincide con ellas un joven literato, Chang Kung, el cual, habien­do visto por casualidad a Ts’ai Ying-ying, procura acercarse a ella. Pero un famoso ladrón, Chang Wei-fu, enamorado de Ts’ai Ying-ying, llega con su banda para raptarla. La anciana madre, en su turbación, ofrece la mano de su hija al que la libre del forajido, y el joven literato, con la ayu­da del general Tou K’o, amigo suyo, liberta a la joven. Entonces la madre retira la pro­mesa y no quiere consentir en el matrimo­nio, pero los dos jóvenes, ayudados por la sirvienta Hung-Niang, consiguen encontrarse secretamente. Cuando la anciana viuda co­noce los manejos de su hija, se ve obligada, en parte ante los hechos consumados y en parte por la elocuencia de la sirvienta, a mantener su promesa, poniendo como condi­ción que el literato vaya a la capital y haga su doctorado.

Durante la ausencia del joven llega el primer prometido de Ts’ai Ying-ying, Cheng-Hen, sobrino de la anciana, el cual reclama sus derechos. Pero mientras tanto Chang Kung, después de haber triunfado en el concurso de ser nombrado prefecto de la provincia, celebra su matrimonio con Ts’ai Ying-ying; Cheng Hen se suicida. Este drama ha recogido y refundido un material que ya existía en diversos cantos y novelas, el principal de los cuales es Los cantos del ala occidental de la casa del mandarín de Tung Chichyüan. Wang Shif-fu pertenece a la escuela dramática de la dinastía Yüan (1280-1367), primer período del teatro chino, caracterizado por el predominio de los temas líricos en detrimento de la acción. La pa­ternidad de esta obra ha sido muy discutida por los críticos, que finalmente se han pues­to de acuerdo atribuyendo los primeros cua­tro actos a Wang Shih-fu y el quinto a Kuang Hanch’ing, también autor famoso. La parte lírica de este drama describe con mucha finura el amor, y es superior a las demás.

S. Lokwang

Hsiao Ching, Tsêng Tsu

[El libro de la piedad fi­lial]. Obra del escritor chino Tsêng Tsu, con­temporáneo y gran discípulo de Confucio (551-479 a. de C.). Originariamente fue un diálogo sobre la piedad filial entre Confu­cio y Tsêng Tsu, más tarde ampliado y sis­tematizado por los discípulos de este último. La piedad filial es tratada como la virtud moral más importante, y en las primeras líneas del libro leemos: «No osamos des­truir el cuerpo, la piel y los cabellos que nos son transmitidos por los padres: he aquí el principio de la piedad filial; distinguirse y practicar las virtudes a fin de que, man­teniendo la fama, los padres sean honrados también por nuestros descendientes: he aquí la finalidad de la piedad filial. Ésta empieza sirviendo a los padres, continúa sirviendo al rey y termina distinguiéndose a sí mismo». En la práctica, esta piedad puede ser consi­derada en dos momentos: en vida de los padres y después de su muerte.

En el pri­mer caso, el hijo debe obedecer a los pa­dres y sostenerlos materialmente a fin de que puedan vivir sin preocupaciones; ade­más, debe amarles, respetarles y reprenderles dulcemente si los padres cometiesen al­guna injusticia. En el segundo caso, la piedad filial se convierte en un valor abs­tracto y se manifiesta esencialmente en el culto a los antepasados. Es, pues, necesario tener hijos para perpetuar la práctica de este culto, y la falta de descendientes cons­tituye un delito respecto a esta piedad. Se­gún la escuela de Confucio, que sucede a la vieja tradición china, la piedad filial es la base de todas las virtudes; por medio de ella el individuo es virtuoso, sano el gobier­no y feliz el pueblo. En esta virtud con­siste tal vez el gran secreto de la unidad y de la larga superviviencia de este antiguo pueblo a través de sus numerosas catástrofes y las invasiones extranjeras. Cfr. J. Legge, Hsiao-king, en Sacred Books of the East, Vol. III; F. Noel, Filialis observantia, en Sinensisi imperii libri classici sex (Praga, 1711); Lucien de Rosni, Le Hiao-king, libre sacré de la piéte fiiliale (París, 1889).

P. Siao-sci-yi

Hsiang-Shan Ch’üan Chi, Lu Hsiang-shan

[Colección completa de Hsiang-shan]. Obra filosófica en treinta y seis volúmenes, del escritor chino Lu Hsiang-shan (1139-1192), el adversario del gran filósofo Chu Hsi (v. Chu Tzu Chüan Shu).

El autor es verdaderamente un filósofo por naturaleza, y él mismo declara su pre­coz y profunda vocación en numerosos re­cuerdos de su niñez y adolescencia. A los ocho años estudiaba los Diálogos (v. Lun Yü) de Confucio y condenaba el parecer de Ch’en Yi-chuan (v. Êrh Ch’êng Ch’üan Shu) diciendo que no era afín al de Confucio; a los trece años ya intuía y formulaba los principios de su propia doctrina: «Los asun­tos del universo son los de uno mismo, y los de uno mismo son los asuntos del universo… El universo es mi mente, mi mente el uni­verso… Si viene un sabio de Oriente tendrá la misma mente y la misma razón; si viene un sabio de Occidente tendrá también la misma mente y la misma razón». Para él, pues, los fenómenos del universo son fenó­menos de nuestra mente; desaparecen en cuanto se desligan de ella. El conocimiento de estos fenómenos sería imposible de no existir una mente, la cual, por tanto, es la única realidad. Si no conocemos este prin­cipio fundamental será inútil investigar las cosas y extender nuestra sabiduría.

Sabios y necios tienen la misma mente, la cual tiene la capacidad de discriminar el bien del mal, pero los sabios pueden concentrarse sólo en la idea del bien, mientras que los ignorantes no son capaces de hacerlo; y por esta razón su conducta es diferente. Puesto que nuestra naturaleza es buena «a priori», las virtudes consisten sólo en rectificar la propia mente e intensificar el conocimiento de nosotros mismos, mientras que investigar las cosas es superfluo. Basta esto para hacer patente la oposición entre Chu Hsi y nuestro filósofo. Cierto día, a ruegos de unos ami­gos, los dos filósofos se reunieron ante un grupo de amigos y discípulos para intentar conciliar sus doctrinas, pero después de una larga discusión, no habiendo encontrado ningún punto de contacto entre ellos, la reunión se disolvió. Chu Hsi sostiene que hay una realidad detrás de los fenómenos, y Lu considera los fenómenos como produc­tos de nuestra mente. La interpretación que Chou Lien-hsi da del «T’ai-chi» (v. Chou Tzû Ch’uan Shu) es para Chu Shi el funTamento de la metafísica; en cambio, Lu, la condena como no confuciana, y como derivación de la escuela taoísta, porque na­die ha puesto el «Wuchi» sobre el «T’ai-chi», el cual es ya el origen del universo. Lu sostiene que «Yin» y «Yang» son agentes metafísicos, mientras que Chu Hsi no los considera metafísicos, puesto que son la uti­lidad del Tao, razón del Universo. En resu­men, de estos dos filósofos uno se dedica a la investigación, el otro tan sólo aprecia la virtud. Uno es objetivo e inductivo, el otro es subjetivo y deductivo, lo que les convierte en representantes de dos actitudes opuestas. Cfr. C. de Harlez, Textes taoistes, «Annales du Musée Guimet», XX (1891).

P. Siao-sci-yi

Hou Han Shu, Fan Yeh

[Historia de la segunda Dinastía Han]. Obra histórica china que abraza el período que va desde el año 25 al 219 d. de C., dividida en 130 volúmenes, de los cuales los cien primeros fueron escritos por Fan Yeh, un joven literato de la dinastía Chien Sung (420-478), el cual, a causa de una intriga política, fue. ajusticiado por el emperador Wen, en el año 445, y dejó su obra incompleta. Otros 30 volúmenes, referentes a la parte cultural de la misma época, ya habían sido escritos por Ssü-ma Piao, un noble de la dinastía Chin (265-419), con el título Hsü Han Shu [Continuación de la historia de los Han de Pan Ku]. Estos fueron añadidos a los cien volúmenes de Fan Yeh, para completar la obra. La parte debida a Fan Yeh está dividida en dos partes: la pri­mera contiene doce volúmenes dedicados a los reinados de los emperadores de la dinas­tía; la segunda comprende 88 volúmenes dedicados a las biografías de los personajes.

Si bien el autor sobrevaloraba su obra creyendo que el libro era «único en el mundo y que como estilo y pensamiento no podía ser comparado con ninguna otra obra existente, antigua o moderna», es ciertamen­te un libro precioso, especialmente por los dos volúmenes sobre las mujeres honradas y los hombres virtuosos, que pueden simbolizar el espíritu de la época. La parte escrita por Ssü-ma Piao trata de la cultura de la di­nastía sobre el modelo del Han Shu (v.) de Pan Ku, pero con una materia más rica y una descripción más minuciosa; así dedica seis volúmenes a la descripción del Wu Hsing [La superstición china], y cinco a la geografía, que en la obra de Pan Ku era muy incompleta. Hay también dos volúmenes sobre las costumbres chinas, documento verdaderamente nuevo y de gran importan­cia para los estudios culturales. Entre las numerosas ediciones que se han hecho de este libro, la mejor es la anotada por Liu Chao, de la dinastía Liang (502-556).

Y. Feng Chi