Hsiang-Shan Ch’üan Chi, Lu Hsiang-shan

[Colección completa de Hsiang-shan]. Obra filosófica en treinta y seis volúmenes, del escritor chino Lu Hsiang-shan (1139-1192), el adversario del gran filósofo Chu Hsi (v. Chu Tzu Chüan Shu).

El autor es verdaderamente un filósofo por naturaleza, y él mismo declara su pre­coz y profunda vocación en numerosos re­cuerdos de su niñez y adolescencia. A los ocho años estudiaba los Diálogos (v. Lun Yü) de Confucio y condenaba el parecer de Ch’en Yi-chuan (v. Êrh Ch’êng Ch’üan Shu) diciendo que no era afín al de Confucio; a los trece años ya intuía y formulaba los principios de su propia doctrina: «Los asun­tos del universo son los de uno mismo, y los de uno mismo son los asuntos del universo… El universo es mi mente, mi mente el uni­verso… Si viene un sabio de Oriente tendrá la misma mente y la misma razón; si viene un sabio de Occidente tendrá también la misma mente y la misma razón». Para él, pues, los fenómenos del universo son fenó­menos de nuestra mente; desaparecen en cuanto se desligan de ella. El conocimiento de estos fenómenos sería imposible de no existir una mente, la cual, por tanto, es la única realidad. Si no conocemos este prin­cipio fundamental será inútil investigar las cosas y extender nuestra sabiduría.

Sabios y necios tienen la misma mente, la cual tiene la capacidad de discriminar el bien del mal, pero los sabios pueden concentrarse sólo en la idea del bien, mientras que los ignorantes no son capaces de hacerlo; y por esta razón su conducta es diferente. Puesto que nuestra naturaleza es buena «a priori», las virtudes consisten sólo en rectificar la propia mente e intensificar el conocimiento de nosotros mismos, mientras que investigar las cosas es superfluo. Basta esto para hacer patente la oposición entre Chu Hsi y nuestro filósofo. Cierto día, a ruegos de unos ami­gos, los dos filósofos se reunieron ante un grupo de amigos y discípulos para intentar conciliar sus doctrinas, pero después de una larga discusión, no habiendo encontrado ningún punto de contacto entre ellos, la reunión se disolvió. Chu Hsi sostiene que hay una realidad detrás de los fenómenos, y Lu considera los fenómenos como produc­tos de nuestra mente. La interpretación que Chou Lien-hsi da del «T’ai-chi» (v. Chou Tzû Ch’uan Shu) es para Chu Shi el funTamento de la metafísica; en cambio, Lu, la condena como no confuciana, y como derivación de la escuela taoísta, porque na­die ha puesto el «Wuchi» sobre el «T’ai-chi», el cual es ya el origen del universo. Lu sostiene que «Yin» y «Yang» son agentes metafísicos, mientras que Chu Hsi no los considera metafísicos, puesto que son la uti­lidad del Tao, razón del Universo. En resu­men, de estos dos filósofos uno se dedica a la investigación, el otro tan sólo aprecia la virtud. Uno es objetivo e inductivo, el otro es subjetivo y deductivo, lo que les convierte en representantes de dos actitudes opuestas. Cfr. C. de Harlez, Textes taoistes, «Annales du Musée Guimet», XX (1891).

P. Siao-sci-yi