Hsiao Ching, Tsêng Tsu

[El libro de la piedad fi­lial]. Obra del escritor chino Tsêng Tsu, con­temporáneo y gran discípulo de Confucio (551-479 a. de C.). Originariamente fue un diálogo sobre la piedad filial entre Confu­cio y Tsêng Tsu, más tarde ampliado y sis­tematizado por los discípulos de este último. La piedad filial es tratada como la virtud moral más importante, y en las primeras líneas del libro leemos: «No osamos des­truir el cuerpo, la piel y los cabellos que nos son transmitidos por los padres: he aquí el principio de la piedad filial; distinguirse y practicar las virtudes a fin de que, man­teniendo la fama, los padres sean honrados también por nuestros descendientes: he aquí la finalidad de la piedad filial. Ésta empieza sirviendo a los padres, continúa sirviendo al rey y termina distinguiéndose a sí mismo». En la práctica, esta piedad puede ser consi­derada en dos momentos: en vida de los padres y después de su muerte.

En el pri­mer caso, el hijo debe obedecer a los pa­dres y sostenerlos materialmente a fin de que puedan vivir sin preocupaciones; ade­más, debe amarles, respetarles y reprenderles dulcemente si los padres cometiesen al­guna injusticia. En el segundo caso, la piedad filial se convierte en un valor abs­tracto y se manifiesta esencialmente en el culto a los antepasados. Es, pues, necesario tener hijos para perpetuar la práctica de este culto, y la falta de descendientes cons­tituye un delito respecto a esta piedad. Se­gún la escuela de Confucio, que sucede a la vieja tradición china, la piedad filial es la base de todas las virtudes; por medio de ella el individuo es virtuoso, sano el gobier­no y feliz el pueblo. En esta virtud con­siste tal vez el gran secreto de la unidad y de la larga superviviencia de este antiguo pueblo a través de sus numerosas catástrofes y las invasiones extranjeras. Cfr. J. Legge, Hsiao-king, en Sacred Books of the East, Vol. III; F. Noel, Filialis observantia, en Sinensisi imperii libri classici sex (Praga, 1711); Lucien de Rosni, Le Hiao-king, libre sacré de la piéte fiiliale (París, 1889).

P. Siao-sci-yi