Las Ideas Dominantes del Siglo XIX, Jozsef Eötvös

[A XIX. század uralkodó eszméi]. Obra filosoficosocial húngara, del barón Jozsef Eötvös (1813-1871). El autor la escribió en alemán y el volumen se publicó en este idioma en 1854, al mismo tiempo que la versión húngara, produciendo gran efecto en toda Europa. La obra estudia cuál es la cons­titución estatal más adecuada a las condi­ciones de la Edad Moderna y el camino para alcanzarla: el de la experiencia. El primer paso consiste en establecer y determinar las ideas fundamentales de la época; éstas son: libertad, igualdad, nacionalidad. Eötvös de­termina el verdadero contenido de estas ideas y comprueba que el sentido que suele dárseles, las opone entre sí, por lo que, llevándolas a cabo separadamente, se trastornaría el Estado y, realizándolas en el signifi­cado común, no darían tranquilidad a nadie. Después de la parte crítica Eötvös plantea la cuestión de si se puede limitar el poder absoluto de manera que no incurra en peli­gro la existencia de los grandes Estados, y de qué modo se puede alcanzar esta limita­ción. El fin del Estado es la seguridad del individuo; para conciliar la libertad del in­dividuo con la autoridad del Estado es nece­sario que el individuo tenga unas garantías. A este objeto no basta el derecho electoral, por amplio que sea, y el autor propone va­rias autonomías y unas sociedades libres que fortifiquen la unidad nacional. La última parte es una profesión de fe en el progreso de la humanidad, «sujeto a leyes racionales». Poeta y novelista, dos veces ministro de Instrucción Pública, Eötvös fue el único político húngaro de su época que se ocupó profundamente de filosofía de la historia. Estaba muy influido por las ideas democrá­ticas del liberalismo; por otro lado, había aprendido mucho de las desilusiones de 1848-1849, y quería clarificar las ideas de sus contemporáneos y desvanecer ciertos equívocos.

M. Benedek

Las Ideas Modernas en la Literatura Portuguesa, Joaquim Fernandes Teófilo Braga

[As Modernas Ideias na Literatura Portuguesa]. Obra en tres libros del escritor portugués Joaquim Fernandes Teófilo Braga (1843-1924), publicada en Oporto en 1892.

Después de examinar las causas del colapso del Romanticismo, el autor estudia el Ultrarromanticismo en sus principales representantes: Rebello da Silva, Mendes Leal, Soares de Passos y Ca­milo Castello Branco, poniendo de relieve el sincronismo de la decadencia filosófica y literaria con la social y política de Por­tugal. El Ultrarromanticismo había cristali­zado alrededor de la figura del poeta Castilho, y por ello provocó una violenta reac­ción con la llamada «Escuela de Coimbra», que sacaba sus ideas de Balzac, Hugo y Michelet, así como de Vico, Hegel y Comte. El autor examina las figuras de los mayores exponentes de la «Escuela de Coimbra», los poetas Joáo de Deus y Antero de Quental, y las de otros menores, agrupándolos se­gún criterios sociológicos. Traza luego un programa de reformas políticas, sociales y culturales para la generación futura, fun­dado sobre la filosofía positivista, a la sazón en boga.

Quiere que la educación sea pri­mero estética, luego científica, y más tarde filosófica, para que el individuo pueda dar, en una síntesis, una base a su existencia y actuar en la dirección de la vida política. Ello le da ocasión de exponer y criticar la misma Visión de los tiempos (v.) y las novelas de Ega de Queiroz, además de las obras históricas de Oliveira Martins. Des­pués de aludir al triunfo del positivismo en Portugal, reconoce el fracaso del programa de la «Escuela de Coimbra», que no se basa sobre ninguna filosofía. También en esta obra los prejuicios teóricos del autor sacrifican el juicio estético a lo externo de su significado histórico y sociológico, sin compensar, por otro lado, la falta de sensibilidad crítica con una base filológica notable o por lo menos seriamente científica.

L. Panarese

Idearium Español, Ángel Ganivet

Obra del escritor español Ángel Ganivet (1865-1898), publica­da en 1897. Es una breve colección de ensa­yos y de reflexiones en que se buscan las causas de la decadencia nacional española. Se divide en tres partes. La primera traza un cuadro de la España histórica, religiosa, artística, y caracteriza su paisaje espiritual; la segunda ilustra la posición histórica y política de España frente al mundo mo­derno; la tercera indica.las causas del actual marasmo y propugna la formación de una nueva conciencia nacional. Los pensamien­tos, concebidos por el autor como una guía para la determinación de la historia española futura, han resultado en realidad — y no podía ocurrir de otra manera — solamente un criterio claro e inteligente para entender la historia de España. Muchas de las má­ximas recogidas tienen el valor que en otro campo poseen los aforismos de los moralistas franceses, que aunque contienen verdades, son verdades siempre provisionales y con­trovertibles; otras apuntan unas meditacio­nes de carácter absolutamente personal, que sólo se imponen al lector por el arte con que son formuladas; otras, en fin, revelan una penetración en los hechos de la historia del pueblo español, que nadie había inten­tado antes de Ganivet y que después de él sólo Unamuno y Ortega y Gasset supieron igualar. Particularmente interesantes son en el Idearium Español la intuición, con que hace del estoicismo senequiano la filosofía natural del pueblo español, la identificación del carácter hispánico con el catolicismo, la distinción entre pueblos guerreros y pueblos militares y el descubrimiento de que la improvisación es el carácter peculiar de la actividad española, tanto en el campo artís­tico como en el práctico. El pensador, que considera la historia de su pueblo a la luz de unas ideas sencillas y fundamentales, va siempre parejo, en este libro, con un escritor claro, conciso y elegante. Por tales características y por su inquietud espiritual, Ganivet parece el padre directo de la lla­mada «generación del 98».

A. R. Ferrarin

Las Ideas de Madame Aubray, Alexandre Dumas (hijo)

[Les idées de Madame Aubray], Comedia en cua­tro actos de Alexandre Dumas hijo (1824- 1895), representada en París en 1867. Es, como toda la obra del autor, una elocuente batalla contra la hipocresía social, que acep­ta las máximas evangélicas en la teoría pero se guarda de aplicarlas en la realidad. El argumento, afín al de la Dama de las ca­melias (v.), es la redención de la mujer culpable. Madame Aubray, que ha enviu­dado muy joven, vive como una santa, vol­cando su inagotable caridad, desprovista de todo prejuicio, sobre todos los que a ella se acercan. Educa en sus ideas a su hijo Camilo y alivia a su amigo Barantin, aban­donado por su mujer, cargando con la edu­cación de su hija Luciana, con la intención de hacer de ella la digna compañera de su Camilo. Un día encuentra a una mujer joven, Juanita, que vive sola con un niño. Pasa por viuda, pero a Madame Aubray le confía cándidamente su historia: cómo fue seducida por su inexperiencia y miseria, y de qué modo empezó a vivir y a redimirse en el amor a su hijo. En compensación recibe consuelo, afecto y ánimos en su ca­mino hacia la redención. Pero Camilo se enamora de Juanita, e incluso después de la revelación de la verdad, no ve razón para renunciar a las ideas evangélicas que le ha inculcado su madre. De ahí la lucha de Madame Aubray, que duramente puesta a prueba, acaba, por coherencia moral, per­mitiendo el matrimonio. La comedia tiene los acostumbrados méritos del teatro de Dumas: planteamiento sólido, desarrollo ló­gico, vivo diálogo. Pero la tesis ahoga la humanidad de los personajes, aligerándose solamente en algunas figuras menores, como la del libertino Valmoreau, convertido a las ideas evangélicas de Madame Aubray, y la de Luciana, en quien las aspiraciones filan­trópicas y su ingenuo candor forman un divertido contraste.

E. C. Valla

Ideas, Alain

[Idees]. Obra del filósofo y ensayista Alain (Émile Auguste Chartier, 1868- 1951). En el prefacio, Alain expone sus in­tenciones: profesor de filosofía, se propone despertar en los estudiantes el gusto por la filosofía. Desde hacía mucho tiempo deseaba escribir un tratado de filosofía; acumulando poco a poco las introducciones a los princi­pales sistemas filosóficos, llegó a escribirlo sin darse cuenta.

La obra comprende «once capítulos sobre Platón», una breve nota sobre Aristóteles, a quien el autor lamenta haber tratado en tan sólo unas líneas, pero dice «Hegel puede ocupar el lugar de Aris­tóteles, pues es el Aristóteles de los tiempos modernos»; tres largos estudios sobre Des­cartes, Hegel y Augusto Comte. Conviene completar esta exposición con algunos ca­pítulos consagrados a los filósofos en La historia de mis pensamientos y con una pequeña obra publicada aparte, las Cartas de Sergio Solmi sobre la filosofía de Kant. Ideas concluye con cuatro capítulos titula­dos: «Sociología de la Familia». Estos estu­dios ofrecen un giro muy particular: Alain, filósofo anti intelectualista, se esfuerza no sólo en separar el pensamiento del autor del comentario escolar que lo entorpece, sino también, y más aún, en olvidar todo aquello que se ha ‘dicho del autor que él estudia, a fin de volver a encontrar su obra en su prístina originalidad y de demostrar que ella constituye, ante todo y siempre, una guía del pensamiento. Le interesa, más que el sistema creado, su evolución espontánea y la actitud del filósofo frente a los proble­mas básicos.

De este modo, con frecuen­cia su libro llega a un muy sorprendente retrato y a una muy desconcertante inter­pretación de la obra, a causa de su incon­formismo. En Platón descubre un filósofo relativamente secreto, bastante reticente, que prefiere proceder por medio de alegorías y alusiones, porque en otro caso correría el riesgo de decir demasiado y decirlo mal, por haber llegado a percibir el fondo mismo del problema. Descartes, para él, es ante todo una «gran alma», un espíritu valiente, seguro y maravillosamente perspicaz. Pero Descartes, y más aún Platón, son los filósofos de la crítica del yo, y convienen a aquellos «que están en dificultad consigo mismos». Aristóteles, Hégel e incluso Leibnitz, son más bien naturalistas, buscan «la conciencia bajo sus apariencias y piensan el espíritu del mundo». En nueve breves capítulos, Alain nos propone a continuación un aná­lisis sin indulgencia, pero muy penetrante y comprensivo, de la filosofía hegeliana.

Los capítulos consagrados a Augusto Comte son un homenaje. Alain reconoce la influencia que el filósofo tuvo en su propio pensa­miento; no disimula su debilidad por él, admira su método y admira sobre todo la perspicacia y agudeza en los puntos de vista de Comte sobre la sociología, que él mismo creó. De este modo la obra concluye con un «Ensayo de una Sociología de la Familia», que se propone ser una aplicación de los principios de Comte: «En este ensayo he querido hacer ver… que un buen lector puede proponerse una tarea mucho más im­portante que la de explicar el sistema: la de inventar él mismo sobre el método del Maestro que se ha escogido». Se puede re­prochar a Alain la aparente arbitrariedad de algunos de sus juicios y el carácter per­sonal de la escala de valores que propone, pero no puede menos que alabarse la ex­trema oportunidad de sus interpretaciones y el vigor y originalidad de su plan, que le lleva a juzgar a los filósofos enfocando per­fectamente el corazón mismo de su pen­samiento.