Idealismo y Positivismo, Ernst Laas

[Idealismus und Positivismus. Eine kritische Auseinandersetzung]. Obra del filósofo alemán Ernst Laas (1837-1885), publicada en Berlín, en tres volúmenes, en 1879, 1882 y 1884.

La primera parte («Erster, allgemeiner und grundlegender Theil») plantea la tesis ge­neral: en la filosofía, considerada en toda su historia, existen dos posiciones fundamen­tales y antitéticas: el idealismo y el positi­vismo, que tienen sus más antiguas, radica­les y típicas expresiones, el primero en la filosofía de Platón, y el segundo en la de Protágoras y Demócrito. A la gnoseología apriorista e innatista de Platón y del pla­tonismo se opone el sensualismo de Protá­goras y del antiplatonismo de todos los tiempos; y a la metafísica espiritualista, el materialismo. El autor quiere seguir la lucha de las dos tendencias desde los orígenes a los tiempos modernos, para demostrar que la verdad no está en el platonismo, sino en el positivismo.

En la primera parte persigue este fin desde un punto de vista general, y su indagación tiene un carácter principal­mente filologicohistórico, tomando pie en el Teetetes (v.) platónico para establecer, incluso mediante unos «excursus» en la filo­sofía moderna, el verdadero carácter del protagoreísmo y defenderlo contra las acu­saciones de la corriente platonicoidealista. El segundo volumen («Idealistische und positivistische Ethik») quiere demostrar que del idealismo, tanto antiguo como moderno, no se puede hacer derivar una verdadera justificación de los valores morales ni, por lo tanto, la fundación de una ética; y que ésta, en cambio, contra lo que quisieron sostener los platónicos, se deduce de las premisas, siempre que sean bien entendidas, del em­pirismo y naturalismo protagórico, es decir del positivismo. El tercer volumen («Idealistische und positivistische Erkenntnistheorie») examina las dos posiciones fundamen­tales de la gnoseología idealista: la de Platón y la de Kant, para demostrar que éstas, para garantizar a la ciencia un valor gnoseológico y teorético, o sea una «verdad», tienen que partir de una serie de premisas y postulados metafísicos, que el positivismo evita, llegando a una verdadera teoría crí­tica de la «verdad» y del saber científico.

La obra es pesada y, a pesar de unos cuantos análisis historicofilológicos de cierto valor, está dominada por la obsesión de la tesis, que le quita soltura y finura en la compren­sión de los problemas de la historia de la filosofía; pero es muy notable y profunda la idea de que idealismo y positivismo no representan solamente dos de las muchas filosofías existentes, sino que constituyen la antinomia fundamental del pensamiento filosófico en toda su historia.

G. Preti

El Idealismo Contemporáneo, Léon Brunschvicg

[L’idealisme contemporain]. Obra del filó­sofo francés Léon Brunschvicg (1869-1943), publicada en 1921. Consta de varias ensayos compuestos en tiempos distintos y reunidos más tarde en un único volumen. Frente a las corrientes de la filosofía contemporánea, Brunschvicg opone su propia posición teó­rica: un idealismo crítico de tipo kantiano, en que la síntesis categorial de la razón y la experiencia empírica son los elementos que constituyen el problema gnoseológico.

El idealismo subjetivo metafísico, el positi­vismo empírico, son ídolos que han de ser derribados; la experiencia sin la razón está ciega, la razón sin la experiencia está vacía; el yo y el no-yo están entre sí en un proceso de continua simbiosis. El recíproco desarrollarse de la racionalidad y de la objetividad es señalado por el movimiento dialéctico de una única actividad espiritual: la vida del pensamiento. En el primer ensayo el pensa­miento es considerado en función del sen­tido común, que reconduce la Razón a su originaria claridad cuando ésta degenera en anarquía intelectual, y establece las etapas recorridas por la actividad espiritual, dando luz y relieve a los valores esenciales del pensamiento mismo. En el segundo ensayo se considera la esencia de la vida espiritual, que se basa en la antinomia entre la idea pura y su manifestación sentimental. Contra las filosofías del sentimiento y de la volun­tad (Pascal, Schopenhaüer, etc.), que ponen en primer plano los estados afectivos, Brunschvicg sostiene que los sentimientos no con­dicionados por la razón degeneran en escla­vitud moral, y que el mismo absurdo radical del querer vivir de Schopenhaüer, en su negatividad, remite siempre a una elección de la razón; he aquí porque el racionalismo no condena al sentimiento, sino que lo dis­ciplina. El tercer ensayo trata del problema del método en filosofía: el idealismo crítico es la conciliación entre el idealismo carte­siano y el criticismo kantiano, y busca en el » pensamiento el carácter constitutivo de la sustancialidad del ser, pero sin reducir la sustancia a una sencilla categoría espiritual.

Con un proceso que asciende de lo particular a lo general, el idealismo descompone, me­diante el análisis, el mundo de la experien­cia en sus infinitos momentos, para recogerlos— más tarde— en una síntesis, que tiene valor universal. En el cuarto y quinto ensayos el autor combate las acusaciones dirigidas por los filósofos espiritualistas de la escuela de Bergson al intelectualismo, y pone de relieve sus elementos positivos. El intelectualismo, en efecto, ha surgido como reacción a la abstracta lógica forma la priorística del idealismo absoluto y como reac­ción a aquel positivismo dogmático que identifica el conocimiento científico con la intuición de un hecho inmediato, mientras la realidad científica es universalización de la experiencia individual en una ley general y por tanto elaboración de la in­tuición («adaequatio rei et intellectus»). La revalorización radical y vigorosa con que Brunschvicg reconduce en primer plano el idealismo crítico contra el irracionalismo francés contemporáneo (Boutroux, Bergson, Blondel, etc.) es muy interesante; este idea­lismo, que se adhiere en sus esquemas lógi­cos a la fermentación científica contempo­ránea, creando una relación entre filosofía y ciencia, parece sumamente importante en la historia del pensamiento.

O. Abate

Los Ideales y la Realidad en la Literatura Rusa, Petr Alekseevic Kropotkin

[Ideali i deistvitelnosf v russkoj literature]. Historia lite­raria compuesta por el revolucionario ruso Petr Alekseevic Kropotkin (1842-1921), muy importante por el principio social que la ins­pira. Originariamente fundada sobre una se­rie de ocho conferencias acerca de la lite­ratura rusa en el siglo XIX, dadas en el Instituto Lowel de Boston en 1901, fue pu­blicada en el texto original inglés en 1905 (una segunda edición aumentada fue publi­cada en 1916) y traducida al alemán al año siguiente. Una traducción rusa llevada a cabo bajo la vigilancia del autor y por él aumentada con nuevas indagaciones (Petersburgo, 1907) se puede considerar como la redacción mejor y definitiva, por la agi­lidad de la obra y la eficacia polémica de la nueva crítica. El título mismo indica las intenciones del trabajo, que son las de mos­trar la importancia que la literatura asume en la sociedad rusa, a través de sus luchas y sus conquistas, el conflicto entre el pen­samiento intelectual y un duro régimen des­pótico.

Después de unas rápidas alusiones a las producciones de los primeros siglos, el autor señala en la obra de Pushkin y de los otros «decabristas» de 1825 el espíritu de una durísima lucha para alcanzar la felicidad de un pueblo; de lucha en lucha se ilumina así la contribución de los escritores y de los pensadores a la causa común, desde los grandes del siglo XIX hasta Chejov. El libro de Kropotkin se hizo pronto famoso en las literaturas occidentales por el pro­fundo sentimiento social y cívico que lo guía; las varias investigaciones sobre poesía (aunque muy útilmente recapitulativas y expositivas para los lectores que no conocen el ruso) son conducidas con la intención de enseñar el penoso trabajo de un pueblo, su afirmación del ideal, el tormento y la dureza de sus conquistas. En el conjunto un espí­ritu moralista siempre tendido y anhelante hacia nuevas posiciones espirituales justi­fica las varias consideraciones sobre la fun­ción política de los escritores (particular­mente por lo que se refiere a Dostoievski y Tolstoi) y explica la formación de un espíritu de justica y de libertad. Por sus intentos morales, en cierto modo se puede acercar a la Historia de la Literatura italia­na (v.), de De Sanctis. [Trad. española por Salomón Resnick (Buenos Aires, 1926)].

C. Cordié

El Ideal de un Calavera, Alberto Blest Gana

Novela de costumbres chilenas, escrita por Alberto Blest Gana (1830-1920) y publicada en fo­lletín de La Voz de Chile y en seguida en libro (1863). Cuenta en ella el autor la vida desordenada de un libertino que gusta de seducir mujeres porque aquélla a quien amó de joven le desairó para casarse sin amor. El seductor, Abelardo Manríquez, se hace oficial del ejército y, complicado en la con­jura que costó la vida al ministro Diego José Portales (1837), es ajusticiado mientras grita: «¡Adiós, amor, única ambición de mi alma!». El autor se da trazas para diseñar un cuadro completo de las costumbres de ese tiempo, que fue por lo demás el de su niñez, y especialmente para contar la forma en que se divertían los calaveras, mozos tunantes e irrespetuosos, entre quienes cayó Manrí­quez con tal de aturdirse. La intriga pasional es muy complicada, pero la novela misma se deja leer con agrado merced a la feliz mezcla de escenas risibles que el autor lleva a sus páginas. A pesar de*l mayor mérito psicológico de Martín Rivas (v.), El ideal de un calavera figura en los primeros puestos entre las producciones de Blest Gana.

R. Silva Castro

Ideales Americanos, Theodore Roosevelt

[American Ide­áis, and other Essays, social and political]. Colección de ensayos políticos y sociales del norteamericano Theodore Roosevelt (1858- 1919), que fue presidente de los Estados Uni­dos desde 1901 a 1908. La obra, publicada en 1897 en Nueva York y Londres, está dedicada a H. C. Lodge, y consta de un breve prefacio y dieciséis ensayos indepen­dientes, que compendian en su conjunto la concepción política del autor, con particular referencia a su país. El prefacio resume las virtudes que Roosevelt considera necesarias al político: «vigor, honradez, buen sentido»; es vana o nociva la acción no iluminada; peligrosa y nefasta la acción eficaz pero no inspirada en la ponderación y virtud; inúti­les, por lo demás, las teorías no acompaña­das por la acción. Toda la colección, y má­xime el primer ensayo que le da título, es una exaltación del vigor iluminado en la acción política, y una determinación de los fines que el autor entiende que deben inspi­rar la vida pública americana.

Los princi­pios fundamentales de la Constitución ame­ricana, tal y como fueron sentidos y fijados después de las duras pruebas y vicisitudes de la Guerra Civil, son examinados uno a uno con simplicidad y vigor; los ejemplos no faltan, lo mismo que las invectivas vio­lentas y dirigidas contra personajes de la vida política, financiera y cultural americana de la época. Algunos ensayos son recensiones polémicas de obras históricas o sociológicas, editadas durante el último decenio del siglo pasado. Ya sea por el valor intrínseco del contenido, ya por la personalidad del autor y por la importancia que tuvo dentro de la vida de su país, la obra tiene el significado de un documento histórico notable. Mien­tras que’ por un lado fija algunos de los caracteres esenciales de la democracia ame­ricana y de sus instituciones políticas, económicas y sociales, por otro tuvo una cierta eficacia, estimulando aquel espíritu activo y expansivo que caracterizó la presidencia del primer Roosevelt y convirtió en realidad alguno de los presupuestos de la política mundial americana de nuestros días.

C. Pellicci