Investigaciones Sobre los Electrolitos, Adolfo Bartoli

[Ricerche sugli elettroliti]. Las investigaciones sobre los electrolitos del fí­sico Adolfo Bartoli (1851-1896) están con­signadas en las siguientes memorias, hechas en su mayor parte en colaboración con Giorgio Papasogli:

1) Síntesis de varios ácidos orgánicos por medio de la electrólisis del agua y de varias soluciones ácidas y alca­linas con electrodos de carbón («Nuovo Cimento», nov.-dic. 1880). 2) Síntesis de varios nuevos compuestos orgánicos por vía eléc­trica (id., oct.-nov. 1881). 3) Sobre la com­posición y la propiedad del melógeno, nuevo compuesto obtenido por vía eléctrica (id., dic. 1881). 4) Sobre la electrólisis del ácido fosfórico con electrodos de carbón de re­torta (id., dic. .1881). 5) Sobre la electrólisis de los compuestos binarios y de varios otros compuestos ácidos y salinos con electrodos de carbón («Gaz. Quím. Ital.», t. 13, 1883). 7) Electrólisis de la glicerina con electrodos de carbón y de platino (id., t. XIII, 1883). 8) Investigación de la electrólisis con elec­trodos de carbón en las soluciones de com­puestos binarios y de varios otros ácidos y sales (id., t. XIII, 1883). 9) Sobre la elec­trólisis de las soluciones de ácido florídico y de antimoniato potásico, con electrodos de carbón (id., t. XIII, 1883). 10) Sobre la electrólisis del agua y de las soluciones de ácido bórico (id., t. XIII, 1883). 11) Sobre la electrólisis de las soluciones de fenol con electrodos de carbón y de platino (id., t. XIV, 1884). 12) Sobre la electrólisis del ácido melítico con electrodos de platino («L’Orosi», jun., 1884). 13) Electrólisis con las descargas de una batería de Leyden em­pleándose electrodos de carbón («L’Orosi», sept. 1884). 14) Electrosíntesis de algunos nuevos compuestos derivados del melógeno por oxidación incompleta («L’Orosi», mayo, 1885). 15) La electricidad, el carbono y la generación espontánea («L’Orosi», agosto, muy débiles; en tanto que la composición de los electrolitos llevó a Bartoli a modi­ficar la hipótesis de Clausius, afirmando que cualquier electrolito, hasta el agua de la fuente, contiene siempre cierta cantidad de moléculas parcialmente disociadas.

Y ya desde las primeras experiencias (memorias Ia, 2a, 3a) resultó la importante conclusión de que los carbones en general y más parti­cularmente el de retorta, sumergidos en agua destilada y funcionando como elec­trodo positivo, cuando les atraviesa una corriente eléctrica dan, al consumirse, ade­más de anhídrido carbónico y óxido de car­bono, productos de la serie benzo-carbónica, esto es, ácido mélico, hidromélico, y otros. En efecto, del depósito negro de carbón disgregado, mezclado con abundante cantidad de una sustancia, también negra, se pudo extraer un compuesto de Bartoli lla­mado melógeno (Cu H2 O) o melitógeno, esto es, generador del ácido mélico. Bar­toli se distinguió también en los estudios sobre el calor y la energía radiante (presión de la luz llamada de Maxwell-Bartoli), y los resultados de sus investigaciones en este campo están contenidos en la memoria Mo­vimientos producidos por la luz y el calor.

P. Pagnini

Investigaciones Sobre Leonardo Da Vinci, Gustavo Uzielli

[Ricerche in torno a Leonardo da Vinci]. Obra de Gustavo Uzielli (1830-1911) en dos volúmenes, el primero aparecido en Florencia en 1872 y el segundo en Roma en 1884. El primer volumen contiene, fuera de texto, la vista del castillo de Vinci dibujada y grabada por Telemaco Signorini y un cuadro genealógico de la familia de Leo­nardo; el segundo, el facsímil de una página de Leonardo, tomada de un manuscrito exis­tente en la Real Academia de Venecia y que trata problemas de estática; está comentado en el documento I. Estas Investigaciones de Uzielli son un hito fundamental en el campo de los estudios sobre Leonardo, que habría de culminar en la publicación íntegra de sus manuscritos. En efecto, entre la aparición del primer volumen en 1872 y la del segun­do en 1884, salieron a luz muchos otros tra­bajos, obra de investigadores italianos y extranjeros, entre los cuales destacan los de Reichter y los de Ravaison-Mollie que, según Uzielli, constituyen un ejemplo de las dos maneras distintas de editar las obras de Leonardo, ya que uno de los temas dis­cutidos en estas investigaciones es la manera de estructurar un programa completo y ex­haustivo sobre este asunto, para satisfacer las exigencias de los estudiosos, sin llegar a consultar los manuscritos diseminados en no pocas biblotecas de Europa, que a veces son inasequibles.

En el primer volumen, después del prólogo y de un capítulo sobre la familia y la vida de Leonardo, se publi­can dos series de documentos, treinta y nueve en total, muchos de ellos inéditos. De este primer volumen, el autor publicó una segunda edición corregida y muy ampliada (Turín, Loescher, 1896), con una fotolito­grafía del autorretrato de Leonardo que se halla en la biblioteca real de Turín y dos aguafuertes de Telemaco Signorini (vistas de Vinci y de Anchiano). En el segundo, después del prefacio-, trata de los siguientes temas: I. Sobre algunas observaciones botá­nicas de Leonardo da Vinci; II. Sobre un soneto atribuido a Leonardo da Vinci; III. Sobre la manera de publicar las obras de Leonardo da Vinci. Vienen en seguida otros documentos, observaciones y apéndices, una serie de retratos que reproducen la efigie de Leonardo, y un índice alfabético de nom­bres y lugares. Al documento V que trata de la relación de G. A. Mazzenta sobre la pér­dida de manuscritos de Vinci, Uzielli añade un cuadro-resumen de éstos y. de las diver­sas signaturas que tuvieron los manuscritos de la Biblioteca Ambrosiana de Milán; el primero entre ellos es el famoso Códice Atlántico (v.), que sólo bastante más tarde fue publicado por Piumati.

P. Pagnini

Investigaciones Sobre las Sensaciones Sonoras, Hermann von Helmholtz

[Lehre von den Tonempfindungen]. Obra del físico alemán Hermann von Helmholtz (1821-1894), publicada en 1863. Este gran tratado señaló el comienzo de una nueva historia de la acús­tica. El autor se pregunta ante todo cuál es la esencia de la sensación sonora, y des­cubre que es. originada por los movimientos periódicos del aire; investiga después qué es lo que diferencia los tonos musicales en­tre sí y establece la existencia de tres carac­terísticas: intensidad, altura, timbre o cua­lidad. Respecto a esta última característica y de un modo particular, Helmholtz admite que es debida a la existencia de «tonos par­ciales superiores», que hoy llamamos «armó­nicos» y que se superponen a los tonos fun­damentales; su número y su intensidad ca­racterizan el timbre de un sonido. A este propósito el autor realizó numerosos expe­rimentos acerca del timbre de las vocales y construyó aquellos famosos resonadores, que consistían en esferas huecas de distinto diámetro, cada una de las cuales entra en vibración por resonancia cuando se produce junto a ellos un sonido de período igual al suyo propio.

Además, el autor se ocupó de los batimientos, que él estudió experimen­talmente mediante una sirena polifónica de construcción propia, y estableció que cuan­do el número de los batimientos, dada la diferencia de la frecuencia, para dos tonos sencillos, es menor de cierto número (132), se obtiene, en general, disonancia. Ésta, ade­más, alcanza su punto máximo cuando los batimientos son treinta y tres por segundo. Las cosas se complican cuando los tonos van acompañados de tonos parciales supe­riores, porque entonces es necesario consi­derar también los batimientos entre aqué­llos y éstos y los tonos fundamentales. Por medio de. estas investigaciones Helmholtz llegó a una explicación de la armonía por la cual, en la música, los efectos más agra­dables son proporcionados por las relacio­nes más sencillas entre las vibraciones; y con esto contestaba a una de las cuestiones más discutidas desde Pitágoras en adelante.

O. Bertoli

Investigaciones Sobre las Pseudosoluciones y las Tomaínas, Francesco Selmi

[Ricerche sulle pseudosoluzioni e sulle ptomaine]. Fueron publicadas por Francesco Selmi (1817-1881) entre 1842-1880. A pesar de que comúnmente se considere a Graham como el iniciador del estudio sobre los coloides, veinte años antes que él Selmi empezaba las investigaciones sobre esas sustancias amorfas y gelatinosas que los químicos de su tiempo desdeñaban. Las memorias que se refieren directa o indirectamente al tema son más de diez: Sobre el azufre precipi­tado y hechos para servir a la historia del azufre elástico y a las emulsiones inorgáni­cas («Actas VI reunión de los sabios italia­nos», 1844); Consideraciones sobre ciertos curiosos fenómenos observados por Fremy en los óxidos metálicos («Nuevos anales de Ciencias naturales de Bolonia», 1845); Estu­dio sobre la dimulsión de cloruro de plata (Id., 1845); Estudio sobre las pseudosoluciones de los azules de Prusia y la influencia de las sales en su deterioro (Id., 1847); Disertación acerca de la acción de contacto («Diario de Ciencias Médicas», 1848); ade­más se refieren al mismo tema, en la «Enci­clopedia de Química Científica e Industrial» (1867-1881), las voces «Pseudosolución», «Adhesión» y el cap. XX de los Principios elementales de química mineral (1856).

Selmi constata que algunas sustancias, como la fécula, la caseína, los principios albumi­nosos, las gomas, el azul de Prusia, etc., no se disuelven en el agua al igual que las sales, sino como cuerpos emulsionados, sin llegar a ser verdaderas emulsiones. Llama a «este modo de incorporarse de ciertas materias en un líquido», «pseudosolución» (denominación más racional que la de solu­ción coloidal introducida posteriormente por Graham y hoy comúnmente empleada). Selmi ya tiene una clara idea de que en las verdaderas soluciones, «especie de evapora­ción de un sólido en un líquido», la sustan­cia disuelta alcanza la separación molecular, mientras las pseudosoluciones son dispersio­nes de agregados moleculares. Mientras al­gunas de las mencionadas sustancias se pseudodisuelven directamente, otras, como las gomas, se hinchan absorbiendo cierta ^cantidad de líquido antes de dispersarse en él de un modo uniforme (hoy llamadas co­loides liófilos). Selmi indica además clara­mente las propiedades que distinguen a las soluciones de las pseudosoluciones: 1.° En la pseudosolución no se verifican fenómenos térmicos ni variación de volumen. 2.° Las pseudosoluciones filtradas, observadas bajo cierto ángulo a la luz directa, son opalinas (fenómeno llamado de Tyndall). 3.° Aña­diendo ciertas sales, las pseudosoluciones coagulan arrastrando consigo, por adhesión, cierta cantidad de la sal (hoy se llama ab­sorción). El precipitado se pseudodisuelve nuevamente tan sólo cuando con lavados se hace desaparecer toda la sal. Además de poseer claros conceptos sobre las pseudoso­luciones, Selmi comprendió también la im­portancia de éstas en los fenómenos vitales y en los líquidos del organismo, especial­mente la sangre y la leche.

Empezó a ocu­parse de toxicología en 1868, cuando le nombraron profesor de Química farmacéu­tica y Toxicología en la Universidad de Bo­lonia, y en 1872 compuso la memoria fun­damental Sobre la existencia de principios alcaloideos naturales en los intestinos en vivo y en descomposición, base para llegar a conclusiones equivocadas en la indagación de los alcaloides venenosos («Memoria R. Ac. de las Ciencias de Bolonia», 1872), seguida por muchas otras sobre el mismo tema, entre las que: Sobre los alcaloides de los cadáveres (Id., 1876); La tomaina o primer alcaloide de los cadáveres («R. Ac. Ciencias de Bolonia», 1875-76); Génesis de los alca­loides venenosos que se forman en los ca­dáveres (íd., 1878-1879); Sobre las tomainas o alcaloides cadavéricos y su importancia en toxicología (1878). Si el descubrimiento de sustancias parecidas a los alcaloides, que Selmi llamó «tomainas», tiene una gran importancia toxicológica para las investigaciones médico- legales, no menos importante es el descu­brimiento de tales alcaloides en organismos vivientes enfermos y sanos y la demostra­ción de su génesis por las albúminas. Nace de aquí aquel importante capítulo de la fisiopatología que se refiere a las toxinas y la autointoxicación. Los descubrimientos de Selmi se desconocieron casi por com­pleto durante largo tiempo y después de su muerte hubo quien lo justificó diciendo que había llevado a cabo sus investigaciones por vía meramente cualitativa, sin ningún aná­lisis de sustancias químicamente definidas; Selmi lo había presentido y lo había escrito en el artículo de la «Enciclopedia de Quí­mica» que se refiere a las tomainas. Entre 1885 y 1888, Brieger, Lademburg, Udranszky, Baumann, siguiendo el camino señalado por Selmi, dieron la constitución química de la cadaverina y putresceína.

G. Speroni

Investigaciones Sobre Las Funciones Elípticas, Niels Henrik Abel

Indicamos con este título no sólo las Recherches sur les fonctions eliptiques, publicadas por el mate­mático noruego Niels Henrik Abel (1802-1829) en el «Journal» de Crelle de 1827-28, sino también el resto de las memorias y notas sobre las funciones elípticas que el propio Abel publicó en el mismo «Journal» en 1829 y en el «Astronomische Nachrichten» de 1828 y 1829, y que fueron publicadas después de su muerte por la Academia de Ciencias de París, en el tomo VII de las «Memorias de científicos extranjeros» (1841) y por B. Holmboe en el tomo II de las Oeuvres Completes de N. H. Abel (Cristianía, 1839). Las Investigaciones sobre las funciones elípticas, se hallan también en las Oeuvres completes, publicadas a expensas del Estado noruego por L. Sylow y S. Lie (Cristianía, 1881): tomo I, que contiene las memorias publicadas por Abel; tomo II, que comprende las memorias póstumas. Abel se ocupó en particular de las funciones elípti­cas desde el punto de vista de la teoría de las ecuaciones de forma algébrica, porque la cuestión que preocupaba al joven matemático era la posibilidad de resolver algu­nos tipos de ecuaciones algebraicas. Después de haber demostrado que no es posible re­solver algebraicamente una ecuación gene­ral de grado superior al cuarto, sin excluir, no obstante, la posibilidad de que existan ecuaciones especiales solubles, busca la po­sibilidad de expresar, con funciones conoci­das, una integral dada, llegando así a su famoso teorema aplicable al cálculo de la suma de cierto número de integrales de una misma función, pero entre diferentes límites, siendo estos límites las raíces de una ecuación algébrica. La suma de estas integrales se expresa en función de las constantes que aparecen en las funciones de la integral y en la ecuación. El inverso del integral de la función, es una función transcendente. Los transcendentes superio­res, múltiplemente periódicos, tomaron lue­go el nombre de funciones abelianas. Abel estableció también las propiedades de estas funciones elípticas, y entre ellas su doble periodicidad, y dio las fórmulas de adición, multiplicación y división para la transfor­mación de las funciones elípticas.

O. Bertoli