Libro de Roger , Abū ‘Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī

[al-Kitāb al-Ruŷārī]. Nombre con que suele designarse la obra del geógrafo musulmán Abū ‘Abd Allāh Muhammad al-Idrīsī (1100-1169?), descen­diente de los reyes taifas de Málaga, y cuyo título exacto es Nuzhat al-muštāq fī ijtirāq al- āfāq [Recreo de quien desee recorrer el mundo]. Se trata de una vastísima obra de geografía, que compuso a petición de Roger I de Sicilia, a quien va dedicada y a quien elogia en la introducción.

La em­pezó en 1158 y la acabó en 1164, y aunque siguió adicionándola con posterioridad a esa fecha no pudo hacer la revisión final y definitiva. Si bien utilizó fuentes escritas — él mismo dice en la Introducción que se valió de Tolomeo, Orosio y de diez autores musulmanes—, la mayor parte de los datos fueron recogidos por una serie de emisa­rios enviados por Roger, aunque también figuran noticias que recogió personalmente en los países que visitó: Sicilia, España (por ejemplo, las minas de Almadén), el norte de África y Asia Menor. La obra, siguiendo una división geométrica del mundo, se dis­tribuye en diez climas (espacio compren­dido entre dos líneas que vienen a ser como paralelos), cada uno de los cuales se halla, a su vez, subdividido en diez secciones (por unas líneas verticales a modo de meridia­nos). La parte referente a España ocupa las primeras secciones de los climas IV y V. Tras algunas generalidades, la des­cripción se hace por distritos — es decir, sigue la misma distribución que siglos an­tes siguiera al-RázI (v. Crónica del Moro Rasis) —. Empieza por el centro de la Pe­nínsula, o sea Toledo; describe luego la parte meridional y va ascendiendo sucesivamente (centro, norte). Los datos contenidos en esta obra son bastante exactos, aunque haya algunos errores, sobre todo en la parte que podríamos llamar matemática.

Al-Idrls fue algo olvidado por los autores árabes, porque se hallaba al servicio de un rey cristiano; en cambio, muy pronto (desde 1592) fue conocido en Europa, donde su obra fue tra­ducida a menudo. Indudablemente es el mejor geógrafo de la Edad Media, y por eso se le ha llamado el Estrabón árabe. La parte referente a España y África fue edi­tada y traducida por R. Dozy y M. J. de Goeje (Leyden, 1866), traducción a la que Eduardo Saavedra (Madrid, 1881) sugirió correcciones. [Trad. completa al francés por P. A. Jaubert (París, 1836-1840). Reciente­mente se han estudiado los datos que ofre­ce acerca de los Pirineos y los caminos a Santiago de Compostela. En cuanto a los mapas que acompañaban la obra, fueron editados por K. Miller (Stuttgart. 1926-1928).

D. Romano

El Libro de Sidrach, Anónimo

Obra enciclo­pédica medieval, originalmente redactada en francés, después de la primera mitad del siglo XIII y publicada en 1868, en una antigua versión italiana. Es un importante texto de las opiniones populares referentes a la astronomía, a la magia, a la virtud de las hierbas y piedras, escrito por un in­cógnito y «venerable astrólogo» que se oculta bajo el nombre de Sidrach o Sirach, sabio antiguo y autor del Eclesiástico (v.). Trata también de política, de medicina y de física, con nociones que son patrimonio común de las creencias populares. La tra­ducción italiana debe situarse en el si­glo XIV.

En el libro «el cual se llama Sidraco, filósofo del rey Tractabero» se habla de las «cuestiones que explicó al rey Botozo, de Levante»; a tal fin, el buen astrólogo responde a las diversas preguntas con pe­queñas pero densas disquisiciones, propor­cionando una especie de enciclopedia en la que especula sobre los argumentos más de­batidos en su tiempo, como son, por ejem­plo: si Dios tuvo principio; si puede ser visto; qué creó en primer lugar; cuándo fueron creados los ángeles y para qué sir­ven. En cuanto a problemas morales, se argumenta sobre si debe preferirse la san­tidad o la maldad: qué es la nobleza; en qué relación están pobres y ricos, etc. Va­rios capítulos están dedicados al estudio de los animales y sus costumbres; a los fenó­menos naturales: lluvia, nieve, trueno, re­lámpago, y a las hierbas y medicamentos que cita. Añádese el uso de filtros amoro­sos de tipo caballeresco, incluso remedios repugnantes y sucios, entre incesantes ala­banzas a Dios, padre de la naturaleza. Un prólogo lleno de presunción, entre petulan­te y charlatán, declara que el libro fue divulgado en Europa, Asia y África, gra­cias a la solicitud que hicieron diversos reyes para traducirlo al griego, al árabe, latín y español; asimismo, hacia el final se cuenta que el rey Botozo (Botus), con su gente y su maestro Sidrach, conquistó la tierra del rey Garabo (probablemente el rey del Garbo del que se oye hablar en el Decamerón, v.) y convierte a la religión sus gentes. Pero después, por consejo del demonio, volvieron a adorar sus ídolos y «fueron peores que antes».

El libro es des­camado en sus breves disquisiciones, y pocas veces se detiene en una verdadera narración; por ejemplo, en las aventuras de Jafet, después de haberse separado de su padre Noé (cap. CCCCXVI). No obstante, constituye una importante fuente para las creencias medievales y es una obra que define con nitidez, en algunas de sus par­tes, la virtud y los seres de la naturaleza.

C. Cordié

Libro de Poemas, Federico García Lorca

El poeta y drama­turgo andaluz Federico García Lorca (1899- 1936) tituló así su primer libro de versos, publicado en 1921. «Ofrezco en este libro, todo ardor juvenil, tortura y ambición sin medida, la imagen exacta de mis días de adolescencia y juventud». Estas palabras de la introducción justifican el soplo de roman­ticismo confiado, y a menudo ingenuo, que orea estos primeros versos.

Como todo primer libro está hecho un poco de alu­vión, con escasa unidad, pero sin las imper­fecciones de tantas primeras obras. Hay des­tellos — y hasta algún poema acabado — del gran poeta que luego fue García Lorca, quizá el poeta español de este siglo que supo con más pasión, esfuerzo y arte, lo que es el misterio poético, ya que poseyó la llave de todos sus secretos. Motivos, sím­bolos, palabras-clave y personajes líricos que se repiten a lo largo de sus versos pos­teriores están ya presentes en el Libro de poemas. La luna, los azahares, el chopo de oro, el caracol, los álamos de plata, etc. Un largo poema titulado «El lagarto viejo»- es ya un claro precedente de la delicio­sa canción «El lagarto está llorando…» En el poema «Nido» escribe: «¿Qué leo en el espejo/de plata conmovida?» Y re­cordemos que un soneto del libro Can­ciones se inicia así: «Largo espectro de plata conmovida…» Quizá la tendencia más acusada de esta obra sea lo que podría llamarse infantilismo lírico. Se insiste con ternura en el tema de los niños. Léanse «Balada de la placeta», «Pajarita de papel», «Balada interior» y otros. En «Balada tris­te» escribe: «Mi corazón es una mariposa,/ niños buenos del prado».

Pero de cuando en cuando, se insinúa el escepticismo o el desengaño juveniles; «Y tengo la amargura solitaria/de no saber mi fin ni mi destino». O escuchamos ecos de Rubén Darío o del primer Juan Ramón: «Todas las rosas son blancas,/tan blancas como mi pena». Su arraigado popularismo cristalizó en la «Ba­lada de un día de julio», uno de los poemas más acabados del libro. Este estilo que, por aproximación, hemos llamado infantil, no lo es sólo porque habla de los niños, sino por la ingenuidad, por la dulzura y por cierta timidez expresiva (el propio Lorca llama «balada ingenua» a un poema sobre Santiago). Sin embargo, el estilo de las Odas de 1927 ya está implícito en la «Elegía a Doña Juana la Loca», que posee la solem­nidad y el colorido de un retablo barroco. La manera poética del libro Poeta en Nueva York se rastrea también en versos como «La sombra de mi alma/huye por un ocaso de alfabetos».

A. Manent

Libro de Peregrinaje del Venturoso Peregrino, Anónimo

[Llibre del romiatge del Venturos Pelegrí]. Obra anónima, escri­ta en catalán, en codoladas. Fue muy popu­lar y se imprimió numerosas veces desde el siglo XVII al XIX, acompañado de las Coples de la Mort. Mariá Aguiló la incluyó en su Canconeret de les obres més divulgades en nostra llengua materna. Milá (Les noves rimades. La Codolada, en Obras com­pletas, III, 410) supone que pudo ser com­puesta en el transcurso del siglo XV, cuan­do la indulgencia plenaria se podía ganar ya sin ir a Roma, hecho al que se alude en los primeros versos, J. Rubio (Hist. Gen. Lit. Hisp., III, 917) y hace notar que ya men­ciona el ducado, y que por lo tanto no pue­de ser anterior a la segunda mitad del si­glo XV, pero que también podría ser del siglo siguiente.

El Llibre del romiatge del Venturos Pelegrí es obra edificante. Un al­ma del Purgatorio se aparece al peregrino durante una horrible tempestad y en pleno bosque, y le pide le ofrezca la indulgencia que va a ganar a Roma, para que pueda verse libre de sus penas. Esto origina un diálogo entre el peregrino y el alma sobre la muerte, las postrimerías y los pecados que más ofenden a Dios. El lenguaje con­serva todavía arcaísmos, pero por su tono este poema se parece a los de los siglos de decadencia de la literatura catalana. Es obra pedestre, de escasa o nula ambición literaria. Durante largo tiempo se utilizó como libro de lectura infantil en las masías catalanas.

P. Bohigas

Libro de Montaperti, Anónimo

[Libro di Mon­taperti]. Llamado también durante un tiem­po «Libro del Arbia»; se trata de un singularísimo documento de la guerra que tuvo lugar entre Florencia y Siena que terminó el 4 de septiembre de 1260 con la derrota florentina de Montaperti, en la cual fue deshecho y aniquilado el viejo pueblo de Florencia.

En este libro (que Cesare Paoli publicó y comentó en 1889) se recogen va­rios registros, cuadernos y cartas que con­tienen noticias de carácter militar y admi­nistrativo sobre el ejército florentino: esta­tutos y ordenamientos de este ejército, nombres de los jefes, elecciones, delibera­ciones y preceptos, exoneraciones, salarios, asignaciones, etc., relaciones oficiales que comienzan el 9 de febrero y terminan el 3 de septiembre (víspera de la batalla), si­guiendo paso a paso las vicisitudes diarias y las marchas de las milicias en sus dos expediciones contra Siena. Es, por tanto, un archivo militar de viaje, y como tal, un ejemplo único preciosísimo para los italia­nos, porque constituye una fuente extraor­dinaria de noticias eruditas. El libro sufrió sus peripecias: lo mismo que la «campana y las enseñas y los arneses — y el honor todo», cayó en poder de los vencedores, fue depositado en el archivo municipal de Siena, y de allá se trajo a Florencia en 1570.

Seco y uniforme es el latín burocrático del Libro de Montaperti, a pesar de que en algunas expresiones traduce la seguridad florentina en el triunfo; pero nuestra fantasía asocia la historia del dato gris al gran hecho de la batalla (cuando, según recuerda una croniquilla, «todas las calles, collados y arroyos parecían un gran río de sangre»), a la dolorosa derrota güelfa, la memoria de cuyos participantes — Farinata degli Uberti y el traidor Bocca degli Abati — inflamó posteriormente el alma de Dante, e inspiró la noble y amarga elocuencia de un canto del contemporáneo Guittone d’Arezzo.

A. Antonicelli