La primera versión castellana es la traducción del texto árabe que el infante don Fadrique, hermano de Alfonso X el Sabio, mandó hacer en 1253, y que lleva el título de El libro de los engaños y los asayamientos de las mujeres (v.). Se conserva en un manuscrito único, actualmente propiedad de la Real Academia Española, de letra del siglo XV, con algunas adiciones hechas por un lector del siglo XVI. Fue editada por Adolfo Bonilla y San Martín, en el volumen XIV de la «Bibliotheca Hispana» (Barcelona, 1904), que dirigía R. Foulché- Delbosc, y ha sido reeditada recientemente por Ángel González Palencia, en su Versiones castellanas del «Sendebar» (Madrid- Granada, 1946), páginas 1-66. La segunda, derivada de la colección latina a la que luego aludiremos, es la llamada Novella que Diego de Cañizares de latín en romance declaró y trasladó de un libro llamado «Scala Coeli», que figura en un manuscrito de la Biblioteca Nacional de Madrid, de letra del siglo XV. Fue editada por Antonio Paz y Melia, en sus Opúsculos literarios de los siglos XIV a XVI (volumen XXIX de la «Sociedad de Bibliófilos Españoles», publicado en 1892), y la ha reeditado Ángel González Palencia, en la obra antes citada (páginas 67-115). La fuente de esta traducción es la Scala Coeli de diversis generibus exennplorum, de Juan Gobio el Joven (siglo XIV), que, además del cuadro inicial, recoge cuatro cuentos del Sindibād; los demás relatos proceden de la tradición occidental.
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El Libro Uguccione da Lodi, Anónimo
[Il libro]. Es un pequeño poema moralizante, descubierto en el Códice Saibante-Hamilton, de la Biblioteca Nacional de Berlín, publicado por Tobbler en 1884. No se tienen noticias seguras respecto a su autor, que vivió probablemente en la segunda mitad del siglo XIII. El libro, dividido en dos partes netamente diferenciadas por la métrica, contiene una larga serie de reflexiones sobre vicios, sobre la muerte, la maldad, la avaricia y la soberbia de los hombres, oraciones, descripciones de las penas y recompensas de ultratumba, etc. Si es cierto que tales elementos no suponen novedad, en Uguccione tienen, sin embargo, un tono particular que se hace más intenso e históricamente interesante en las partes del poema donde la áspera y rebelde religiosidad del autor se dedica al reproche y a la ruda y eficaz descripción de las costumbres sociales: allí cabe descubrir un claro fermento de índole herética. El autor debió pertenecer a la secta de los valdenses o a la de los «pobres lombardos». Un ingenuo sensualismo, mezclado con imágenes de preciosos esplendores sirve para la descripción de la alegría y bellezas del Paraíso; y ajustándose al gusto medieval de lo grotesco, lo pavoroso y lo deforme, se describen brevemente las penas del infierno.
D. MattalIa
El Libro de Sindibād, Anónimo
[Kitāb Sindbād]. Obra gnómiconarrativa de origen oriental difundida en Oriente y Occidente a través de una cadena de versiones y reelaboraciones, con un proceso análogo al sufrido por Calila y Dimna (v.). El probable original indio se ha perdido, y asimismo desapareció la versión medopersa de la que se hizo la traducción árabe, que es, por consiguiente, la más antigua que poseemos. En ella se cuenta cómo el sabio Sindibād (que no debe confundirse con el homónimo héroe árabe de Viajes de Sindibād v.), preceptor del hijo de un rey, prescribe a su discípulo un silencio de siete días, habiendo leído en las estrellas un peligro que le amenaza. El joven, en aquel momento, es tentado por la madrastra que, rechazada, lo acusa ante el padre y lo hace condenar a muerte; la intervención de siete sabios que, turnándose uno por día, cuentan ante la Corte una historia sobre los peligros de la imprudencia y, los engaños femeninos, demoran la ejecución de la condena, mientras la madrastra por su parte narra otras tantas historias en apoyo de su tesis. Pasados los siete días, rompe el príncipe su silencio y puede probar su inocencia. La historia pasó a formar parte de las Mil y una noches, de la que reproduce en pequeño la estructura, con una historia marco y otras menores que se encuadran en ella.
F. Gabrielí
Libro de Sigüenza, Gabriel Miró
Obra del gran escritor español Gabriel Miró (1879-1930), publicada en 1917. Se trata de una serie de narraciones breves basadas en impresiones y recuerdos autobiográficos. Sigüenza, el protagonista, es trasunto del propio Miró. «Este Sigüenza que aquí aparece — nos advierte Miró — es el mismo que caminó tierras de Parcent, recogiendo el dolor de sus hombres leprosos. Sigüenza ha sido el íntimo testimonio y aun la medida y la palabra de muchas emociones de mi juventud». Miró interesa más por el estilo que por la narración. En Libro de Sigüenza predomina lo descriptivo sobre lo narrativo y el ambiente sobre la acción. En el fondo no es más que una yuxtaposición de escenas donde el elemento decisivo y capital lo constituye la descripción del paisaje alicantino. Miró es un orfebre de la descripción. Las cosas más sutiles y las más vulgares adquieren una sugestión poética muy personal y refinada. Miró posee un poder de observación penetrante, detallada, minuciosa. Su estilo, como el de Azorín, es lento, moroso.
Tiene una especial sensibilidad para los valores sensoriales. El elemento descriptivo constituye el eje de sus libros. Miró sabe captar toda la gama de matices del paisaje alicantino, desde los tonos rojos y grises de las tierras secas del interior hasta el azul intenso de la costa levantina. Miró es uno de los autores más encariñados con el procedimiento de utilizar datos inéditos como los del tacto y del olor. Hay en sus obras una magia de las palabras en sus enlaces originales, en las abundantes metáforas, en el léxico rico y jugoso y en la adjetivación muy original. Su temperamento melancólico y su aguda sensibilidad humanizan las cosas, transfiriéndoles su propia emoción. Por eso ha dicho Salinas que su paisaje es ante todo «un paisaje profundamente humano… Los caminos andan, las aguas sueñan y un enorme soplo barroco, un soplo de voluntad y de vida, estremece todas las líneas de la Naturaleza». Miró está en la línea de los grandes escritores que escriben bellamente con esfuerzo y artificio. Se le transparenta el honrado trabajo y no lo oculta. En las obras de Miró hay bastante de preciosismo, de exceso en el repujar, de delectación morosa de la forma. Pero a pesar de todo es él uno de los supremos artífices del idioma.
J. M.a Pandolfi
Syntipas, Anónimo
Entre las redacciones más importantes y difundidas en otras lenguas existe una bizantina, del siglo XI, que lleva como título Syntipas [nombre helenizado del sabio preceptor. El modelo inmediato de las redacciones griegas es siriaco y se ha conservado. La versión más antigua es de Miguel Andreopulo, que la escribió por encargo del duque Gabriel de Melitene (Armenia), el cual vivió a fines del siglo XI. Esta versión fue reformada para hacer el lenguaje más popular, e introducir, de paso, algunos detalles picantes. La tercera redacción es del año 1626, y se puede llamar grecomoderna. La transcripción griega sigue fielmente el original, que se refiere a un episodio de la vida del célebre rey Asoka. También en este caso la trama sólo sirve para justificar la inclusión de numerosísimos cuentos, en su mayoría de origen indio. Otras versiones persas aumentan el número de los sabios, convertidos en visires, y de las historias, y así tenemos relatos de los «diez», que corren por Oriente bajo el nombre de Historia del filósofo Sindbad o Sindabad o Historia de los cuarenta (o de los diez) visires. Son interesantes, por otra parte, entre las versiones occidentales, las francesas (Román des sept sages de Rome y Dolopathos), y la italiana del siglo XII, que trasladan la escena a la antigua Roma, dando nombres romances a los personajes y cristianizando el ambiente, las sentencias y los relatos.
F. Gabrielí
