Libro de Miseria de Omne, Anónimo

Obra escrita en verso, de fines del siglo XIV, perteneciente al «mester de clerecía», de autor anónimo. Fué descubierta y publicada por don Miguel Artigas (Un nuevo poema por la cuaderna vía en «Boletín de la Biblio­teca Menéndez y Pelayo», vol. I (1919); en 1920 lo publicó en volumen aparte en San­tander). El manuscrito fue salvado de las ruinas de un castillo y contiene, además, una serie de textos sobre materias ascéti­cas, vidas de santos, cánones, etc.

Artigas nos da del poema una edición paleográfica acompañada de los títulos de los capítulos del De contemptu mundi de Inocencio III, del que el poema es versión, que más direc­tamente corresponden a los pasajes del poe­ma castellano. Por lo que a su autor se refiere, ignoramos quién pueda ser: se llama a sí mismo «maestro», como Berceo, y debió ser un clérigo ordenado. La métrica del poema es de versos de dieciséis sílabas, con cesura de ocho (8 + 8), aunque es oscilante y acusa cierta imperfección en las rimas. El autor sigue el original latino de Ino­cencio III, exponiéndolo en forma vulgar con el fin de hacerla asequible a todas las mentalidades. La doctrina fundamental del poema es la del hombre que sufre la hosti­lidad de la naturaleza, la brevedad de la alegría, el dolor, la muerte, etc. Todo él acusa el sentido moral característico de la Edad Media. La obra contiene algunos pasa­jes originales, como el del señor que se hos­peda en casa del siervo, y trasluce también la influencia de los Proverbios de Salomón.

El Libro de mi Amigo, Anatole France

[Le livre de mon ami]. Bajo este título recogió y pu­blicó en 1883 Anatole France (François- Anatole Thibault, 1844-1924), las memorias de su primera infancia, creando el perso­naje ficticio de Pedro Noziére (v.). El mismo disfraz novelesco demuestra que estos re­cuerdos no pretenden una veracidad foto­gráfica sino que más bien son delicadas va­riaciones sobre temas autobiográficos. El autor, situado, como él mismo dice «en medio del camino de nuestra vida» se com­place en evocar la edad fabulosa de la infancia en una serie de cuadros aislados, en los que la alucinada precisión del re­cuerdo aparece alegremente ornada de agu­das consideraciones propias de la edad madura.

Más que el íntimo desenvolvi­miento del alma del pequeño Pedro estas páginas se esfuerzan en ilustrar, con capri­chosas reiteraciones, la historia de sus con­tactos con el mundo; dibujan con un estilo de gracia refinada las figuras de los pri­meros amigos, de los padres y de los cono­cidos, tal como pueden aparecer a los ojos de un muchacho de cinco a siete años. El pequeño Pedro observa y juzga; y sus jui­cios son completados por el autor merced a los descubrimientos de una experiencia más madura, a fin de ofrecer una serie de cuadros exquisitamente sugestivos por su precisión mítica. El rasgo característico de estas memorias de France, como el de las que luego reúne con largos intervalos en otros tres libros semejantes (v.) Pierre No­ziére, Pedrito y La vida en flor) se carac­teriza en conjunto por una especie de im­personalidad que muestra a perfección la naturaleza íntimamente cerebral de su arte; las páginas que más se ^recuerdan no son aquellas (por otra parte bastante escasas) que nos evocan los hechos y los gestos del pequeño protagonista, sino las dedicadas a los diversos personajes de la infantil come­dia mundana. En este sentido y dentro de dichos límites, cabe destacar algunos capí­tulos del libro, y no sólo como dignos de figurar entre lo más exquisito de la obra de France sino de la prosa francesa mo­derna («Marcelle aux yeux d’or», «La Grand’ Maman Noziére», «La Dame en blanc»).

A esta primera parte de la obra, que se titula Le livre de Pierre, sigue otra serie de ágiles capítulos bajo el nombre de La livre de Suzanne, en los que France pre­tende reproducir las observaciones de su «alter ego» Pierre Noziére, que ya se ha convertido en hombre y padre de familia, respecto a su hijita Susana. Pero aquí la ficción parece haber agotado la fantasía del narrador, y estas páginas, si bien no care­cen de gracia elegiaca, palidecen en com­paración con las primeras.

M. Bonfantini

El Libro de Mecánica, Guido Ubaldo del Monte

[Mechanicorum líber]. Tratado de mecánica de Guido Ubaldo del Monte (1545-1607), publicado en Pesaro en 1577. En él está desarrollada la mecánica aristotélica con las adiciones y las modificaciones aportadas por Giordano Nemorario y Nicola Oresme. Al parecer, Guido Ubaldo del Monte tuvo conocimiento de algunas investigaciones contenidas en los manuscritos de Leonardo da Vinci, puesto que aparecen anticipaciones de sabor vinciano en este libro, uno de los mejores entre los publicados en Italia a fines del siglo XVI.

A. Uccelu

El Libro de Mara, Ada Negri

[II libro di Mara]. Publicada en 1919, es considerada como la obra maestra de Ada Negri (1870-1945), aquella en que la poetisa ha expresado me­jor su dolorosa experiencia humana con la ruda inmediatez y vehemencia que es uno de los aspectos más singulares de su poe­sía. Artista instintiva, que se vale, casi ex­clusivamente, de virtudes innatas, puede decirse de ella como de la Naturaleza que es una ciega que anda a tientas pero que no tropieza nunca. Como toda la obra de Ada Negri, también este volumen de poesías es una declarada autobiografía.

Rotas las re­jas de la prisión dorada, donde la sed de vivir y la juvenil inexperiencia la habían encerrado, se entrega a construir por sí misma su propia vida, despreciando las con­veniencias de la pequeña burguesía, de aquel mundo que ella aborrece; mirando a lo esencial, buscando el único bien que su alma había anhelado siempre. En el umbral de su juventud, se le presenta el único ser que su alma había deseado siempre; y es grande en ella la angustia de perder esa felicidad que la satisface plenamente, aho­ra, cuando alguna hebra blanca señala su negra cabellera, y en su alma se prolongan angustiadas los sombras del ocaso. No se atreve casi a creerse a sí misma, tan gran­de es su felicidad. Y he aquí que la muerte repentinamente le arrebata todo su bien; el amado, que cae de una altura, invocando en un grito supremo el nombre de ella y se estrella contra el suelo. El abismo de desesperación en que se ha sumido no puede remediarse al instante; se descubre cuando la primera amargura es vencida. El llanto sumiso del amor desesperado, y los gritos del insatisfecho desde las invocaciones y las añoranzas, los repentinos recuerdos y los quedos coloquios con la sombra de su ama­do, se alternan en el libro, diario de amor y canto fúnebre a un mismo tiempo.

Abru­mada por la abundancia de recuerdos, arro­llada por la ola del ciego dolor, no siempre consigue rehacerse y dominar su ánimo, comprimir el llanto y filtrarlo, para escu­char el oculto motivo del canto liberador. Esta obra ciertamente sincera, pero no siem­pre artísticamente vigilada, ofrece exube­rancias y depresiones de tono. Quien lea «Aceptación» [«Accettazione»] verá fácil­mente cómo esta poesía, liberada de la hin­chazón oratoria de las cinco primeras estro­fas, gana en eficacia. Y se pueden señalar otras muchas en este sentido; pero esto no quita que el libro y su humano dolor hayan conmovido a muchas almas. Más a menudo, en lugar de andar a tientas buscando la ex­presión, la autora llega a encontrarse con una especie de fatalismo, en medio de un vacío espiritual (cfr. «O tardi venuto»). Pero el lector puede escoger por sí mismo las muchas poesías en que poco o nada queda por desear, y en que la emoción aflora sosegada sobre la límpida forma, como en «Dialogo», «II muro», «II colloquio», etc.

G. Franceschini

El Libro del Tiempo, Arno Holz

[Das Buch der Zeit]. Poesías del escritor alemán Arno Holz (1863-1929), publicadas con el subtítulo «Cantos de un moderno» [«Lieder eines Modem»] en 1885 en Dresde; en segunda edición y en redacción definitiva, en Ber­lín, 1924.

Son poesías de carácter preferen­temente social, y muy pocas se elevan a verdaderos acentos de lirismo. La intención del joven poeta era superar lo que suele llamarse «poético», encontrando el filón de la poesía en la expresión de su propio tiempo, o sea en el tumulto de la gran ciu­dad, febril de trabajo y de movimiento, en el repique del martillo y en el chirrido del engranaje, en la vida fatigosa y mísera de quien está oprimido por la civilización mecánica. El «Ecce homo» representa al proletario que se evade con la demagogia; «Phantasius», el desdoblamiento del poeta mismo, en su fantástico cantar y soñar, y en la vida de desesperación que le rodea, y su muerte, debida al dolor de una reali­dad vivida demasiado duramente. Como es natural, el lenguaje adopta a menudo tonos realistas. «¡Sé filisteo!», se titula una de las poesías [«Sei ein Philistei»]. En otras, sin embargo, como en «Navidad» [«Weihnachten»], «También él era así» [«So einer war auch er»], nostálgicos recuerdos de la vida tranquila y campestre, Holz se aban­dona a momentos de lirismo, a la manera de Geibel, con claros pasajes de serenidad.

No faltan, en algunas poesías, amargos pun­tos irónicos que recuerdan la sonrisa bur­lona de Heine. La asociación de ideas que crea la imagen, corre fácil, confiada a la musicalidad de la rima. Las poesías son de valor desigual; pero la simultaneidad de tendencias contrarias que se advierte en ellas, anticipa en cierto modo todo su des­tino de poeta, quien a menudo tuvo que luchar contra la excesiva variedad de sus posibilidades; destino que le fué impuesto por la ambición de ser «intérprete de su tiempo», pero con obstinado empeño para conseguir ver claro sobre sí mismo y su camino.

G. F. Ajroldi