La Manía del Veraneo, Carlo Goldoni

[Le smanie per la villeggiatura]. Comedia en tres actos del comediógrafo italiano Carlo Goldoni (1707-1793), primera de la trilogía de­dicada al veraneo (Las aventuras del ve­raneo y El regreso del veraneo), repre­sentada por vez primera en 1761. Empieza aquí el desarrollo de un tema largamente meditado y que ya había anticipado, cuatro años antes, en El veraneo (v.). Filippo, con su hija Giacinta, y Leonardo, con su her­mana Vittorina, se disponen a salir de ve­raneo. Leonardo, enamorado de Giacinta, querría partir en el coche de ella, pero Filippo, distraídamente, invita a Guglielmo, otro enamorado de Giacinta; de ahí surgen celos, disgustos, preocupaciones de Giacinta, que ve su veraneo comprometido. Finalmente, el viejo Fulgenzio, amigo de ambos, consigue arreglar las cosas, y Leo­nardo y Giacinta se casan. El fervor con que Giacinta y Vittorina preparan su ajuar para el veraneo’, la viva pintura del am­biente y de las costumbres, la graciosa sátira de una moda que empezaba entonces en la sociedad burguesa y que, entonces como hoy, obligaba a gastos excesivos, ha­cen de esta comedia una de las obras maes­tras del arte goldoniano. La verdadera pro­tagonista es la imperiosa frivolidad feme­nina representada particularmente en Gia­cinta; pero, de una manera más dramática, se agitan en el fondo el clima y la menta­lidad del momento, el ansia de evadirse de la- vida de cada día, la espera de cosas nuevas, que, al final de la trilogía, encon­trarán una conclusión resignada y aproximativa. Las tres comedias, como afirma el mismo Goldoni, fueron concebidas conjun­tamente y forman un ciclo único, una pe­queña epopeya de la evasión estival. Alfre­do Testoni, en parte, se inspiró en ella para su Palacio de las charlas [Palazo de le ciacole].

U. Déttore

Manette Salomon, Edmond y Jules Goncourt

Novela de Edmond (1822-1896) y Jules (1830-1870) de Goncourt, publicada en 1867. La trama, basada en las relaciones entre el pintor Coriolis y su modelo, Manette Salomon, que paso a paso se convierte en amante, esposa y tirana de un hombre débil, sin voluntad, es apenas un cañamazo del que se valen los autores para describir la vida artística de París en los últimos años del reinado de Luis Felipe y durante el Imperio. Ofrece así un cuadro de notable interés para el estudio de la cultura pictórica en aquellos años, dominada todavía por los grandes nombres de Ingres y de Delacroix, y ani­mada por el eco de las grandes batallas de los coloristas románticos contra el conven­cionalismo académico; mientras que en los «salones», lenta pero seguramente, se delineaban las nuevas tendencias realistas que tanta importancia debían tener en los años sucesivos. Retratando con notable vivaci­dad este mundo, los autores muestran, co­mo grandes coleccionistas de arte que fue­ron, que conocían bien el oficio, poniendo en boca de sus personajes observaciones sagaces y agudas y que calan hasta el fondo de la esencia viva de la pintura; nada hay en estas observaciones que recuerde los términos genéricos que emplean los litera­tos cuando hablan de artes figurativas.

Des­de este punto de vista, Manette Salomon merece ser leída todavía hoy por artistas y críticos de arte; es además interesante para la historia de las costumbres, porque en ella se retrata la vida fácil, despreocu­pada y bohemia de los artistas del siglo pasado. Huelga decir que la preocupación realista impide el vuelo poético y hace pe­sadas y opacas las páginas; a pesar del acierto con que están observados algunos caracteres, como el de Anatolio y algunos «interiores», como el extraño «ménage» de Coriolis, se advierte cierta falta de eleva­ción que hace el estilo demasiado pedestre, incluso cuando aspira a la plasticidad pic­tórica, como la descripción del cuerpo de Manette. Es digno de notar, en fin, como curiosidad, dado el tiempo en que fue es­crita la novela, el hecho de que los Goncourt achaquen en gran parte la incompa­tibilidad entre Coriolis y la hebrea Manette a un instinto racial.

E. Cione

Estoy aturdido, deslumbrado, fascinado. Rebosa de talento, nunca el autor ha sido tan plenamente él mismo. (Flaubert)

Manhattan Transfer, John Dos Passos

Novela del gran escritor norteamericano John Dos Passos (n. 1896), publicada en 1927. Esta novela, que fue calificada por el novelista de su generación Sinclair Lewis, de «pano­rama del oído, el olor, el ruido y el alma de Nueva York», tiene como protagonista la misma ciudad en los años que van desde principios de siglo hasta los inmediatamente anteriores a su publicación. Por esto los personajes que en ella aparecen, cerca de un centenar, no tienen, ni mucho menos, el carácter de protagonistas, son una selec­ción, mejor dicho una representación de la masa de habitantes de Nueva York. Todo esto nos permite explicar la técnica de la novela, su ritmo rápido, la simultaneidad del estilo, que no pretende otra cosa sino ofrecernos el espectáculo total de la ciudad. Por esto la novela está integrada por un conjunto de visiones sucesivas, de pe­queñas historias, de noticias, de aconteci­mientos, sin ligazón aparente, pero que en realidad se funden en la vasta unidad de transmitirnos el ambiente social, financiero, moral de la ciudad, es decir, su verdadera alma y personalidad. Debido a todo esto encontramos algunos personajes que están presentes a lo largo de toda la novela, otros, en cambio, desaparecen de pronto y no sabemos qué se ha hecho de ellos; otros, todavía, aparecen de pronto o brillan un instante solamente. Éste es el espectáculo de la vida de la ciudad, su vida misma. Esta novela, al igual que su trilogía U.S.A., tie­ne sobre todo un gran valor social. Los críticos la han calificado de epopeya de la ciudad e incluso de «rapsodia en azul de la vida contemporánea norteamericana».

Manfredo, George Gordon Byron

[Manfred]. Drama en verso de George Gordon Byron (1788-1824), pu­blicado en 1817. Está inspirado en el pa­trón del Fausto (v.) de Goethe (1749-1832) y simboliza, según algunos, la pasión del poeta por su hermanastra Augusta Leigh. Manfredo (v.) vive alejado de la sociedad, en los Alpes, y está atormentado por el re­mordimiento de un misterioso delito que ha cometido. Evoca los espíritus del uni­verso y éstos le ofrecen todo lo que desee, excepto la única cosa que él ansia: el olvido. En vano intenta arrojarse desde un alto pico e invoca a la bruja de los Alpes. Visita después la morada de Ahrimán, rehúye someterse a los espíritus malignos y les ordena evocar los muertos; por fin se le aparece Astarté, la mujer que él amó y que destruyó con su fatal abrazo («mi abrazo fue fatal… la amaba y la destruí [«My embrace was fatal… I loved her, and des- troy’d her»]: esta situación se convertirá en típica del hombre fatal del Romanticis­mo). Respondiendo a su invocación, ella le predice la muerte en el próximo día. En el momento prescrito aparecen unos demo­nios para apoderarse de él. Manfredo les niega el poder sobre su persona; desapare­cen, y Manfredo muere. [Es clásica la tra­ducción en verso de don José Alcalá Galia- no (Madrid, 1861), reimpresa en el volu­men Poemas dramáticos (Caín, Sardanápalo, Manfredo) con un prólogo de M. Menéndez Pelayo (Madrid, 1886). Existe además la versión castellana de Ángel R. Chaves (Ma­drid, 1876) y la de Rómulo E. Durán (Tegucigalpa, 1917)].

M. Praz

Con el Manfredo de Byron debo tener al­guna afinidad de sangre; todos los abismos de su alma los he encontrado también en la mía; a los trece años estaba maduro pa­ra realizar esta obra. (Nietzsche)

El arte de Byron conquistaba como una oratoria inferior, como una sugestión prác­tica más que como un arte verdadero, firme y destacado. No establecía la necesidad creadora de la adhesión a un estilo. (E. Cecchi)

La Manera de Bien Pensar en las Obras del Ingenio, Dominique Bouhours

[La manière de bien penser dans les ouvrages de Vesprit]. Diálogos críticos del jesuita francés padre Dominique Bouhours (1628-1702), pu­blicados en 1687. Son notables en la historia de la estética francesa, porque sus precep­tos sobre la exactitud en el pensar van acompañados de una apreciación del gus­to contemporáneo. Llama obras del ingenio la historia, los poemas, los ensayos sobre elocuencia y, en general, toda obra escrita con intentos estilísticos. En los cuatro diá­logos que componen la obra, el autor exa­mina lo que hay de más excelso y carac­terístico en los autores antiguos y moder­nos; saca a la luz las diversas particula­ridades estilísticas y las posiciones humanas, y no puede menos de criticar a tal o cual autor por la relación existente entre sus intenciones y la obra propiamente di­cha. El interés fundamental es formar el espíritu: de los autores extranjeros anti­guos y de los modernos, italianos y espa­ñoles, pueden sacarse buenas lecciones, siempre que se tenga presente el valor del espíritu francés, sus características y sus finalidades sociales. Con la contribución de una preceptiva, basada en el gusto más que en los dictámenes abstractos de la razón, refuerza el clásico ideal de los poetas fran­ceses fijado por Boileau en su Arte poética (v.); al mismo .tiempo que, con sutil per­suasión de lector de clásicos de todos los tiempos y países, el autor se vanagloria de la superioridad intelectual de los franceses del siglo XVII en una Europa demasiado entregada a las modas literarias. Las seve­ras críticas a la literatura italiana, susci­taron vivas respuestas de G. G. Orsi y de otros.

C. Cordié