Los Honrados Mendigos, Agop Paronian

[Mezapativ Murazkaner]. Novela del armenio Agop Paronian (1842-1892), publicada en 1871 y adaptada a la escena en 1903. Es quizás la obra social más penetrante de las que se inspiraron en la vida de los armenios en la capital otomana. Apisoghum Aghá, rico pro­pietario de provincias, sencillo pero necio y vanidoso, llega a Constantinopla para casarse, pues la costumbre «elegante» de en­tonces era buscar esposa en la capital. Nues­tro héroe se pone en contacto con varios tipos característicos de la sociedad local armenia: todos ellos personas que, bajo el aspecto de una amabilidad afectada, ocultan profundos egoísmos. Atraídos por la posibi­lidad de un fácil lucro, una vieja, el dueño de la basa y un sacerdote ofrecen a Apiso­ghum posibles matrimonios. Pero Apisoghum se libra de la red de engaños y combina­ciones creadas por los astutos ciudadanos, al intuir el peligro de volver a su provin­cia sin un céntimo. Paronian exagera el tono mordaz de su sátira y procura, aun sin incluir consideraciones teóricas en su na­rración, dar a los personajes un fundamento moral, no siempre coherente ni eficaz, para hacerlos universales y salvarlos de su carác­ter de caricaturas vivientes.

A. Piloian

La Honra de Dido, Restaurada, Gabriel Lobo Lasso de la Vega

De Gabriel Lobo Lasso de la Vega (Madrid, 1559). Pertenecía al noble linaje de los Puertollano y fué de la guardia de los «Conti­nuos» de Felipe II y su sucesor. «El caso pre­ciso de la evolución de los asuntos clásicos hacia la técnica novelesca de un teatro nue­vo puede observarse en La honra de Dido, restaurada, en que el asunto de la tragedia de Virués se desenvuelve con mucha más acción y variedad. El introito dirigido al público y completamente aparte de la obra podrá parecer un rezagado recuerdo de la época de Naharro, pero no hay que olvidar que la loa de la época de Lope viene a ser lo mismo».

La acción representa en escena los amores de Dido y de su esposo Siqueo, la muerte de éste a manos de su avaro her­mano Pigmalión, las pretensiones de Hyarbas y el suicidio de la casta matrona. El elemento decorativo, francamente renacen­tista, del «sonoro resonar» de los tritones, convocados por Neptuno; y de la retórica apoteosis con Diana y la Fama, junto a es­cenas de hambre en el asedio de una ciu­dad, y las lamentaciones lacrimosas de los protagonistas, «hace pensar en un teatro que sirve de puente entre la tragedia grecolatina del siglo XVI y la comedia nacional de Lope». Cuando Dido resuelve matarse para poner fin al asedio del rey africano Hyarbas, exclama: «Ya estarás con mi daño sa­tisfecho/si de tal tiene nombre mi defensa/ mal no podrás hacerme más del hecho/ ni a mi dulce Siqueo en nada ofensa, /no pre­tendo más gloria de este hecho, / que tu intento dejar sin recompensa/ y que goce de esta alma quien solía/ ¡ay dulces pren­das cuando Dios quería!».

En el argumento de la obra, que precede a la misma, el autor explica como los fenicios abandonaron una ‘ provincia que habitaban en Asia, a causa de grandes terremotos que en ella hubo, y se pasaron a Asiria, estableciéndose cerca de una laguna; luego se extendieron por la costa fundando una ciudad llamada Sidón (así llamada por su abundancia de pescado). Después se vieron forzados a huir, y fun­daron Tiro (estrechura). Víctimas de la trai­ción de sus esclavos, sucumbieron asesina­dos por ellos, que merecieron el castigo de Alejandro. Belo fue el que vino a reinar sobre Tiro, y sus dos hijos se llamaron Pig­malión y Dido. Por codicia de los tesoros que guardaba Siqueo, el esposo de Dido, Pigmalión le hace matar. Dido disimula su odio y consigue que su hermano la deje navíos para — aparentemente — encaminarse a su encuentro. El tesoro que causó la muerte de Siqueo va con ella. Y en alta mar, ante los emisarios de Pigmalión que la acompañan, finge arrojarlos al mar como sacrificio a su muerte. Los servidores de Pigmalión, horrorizados, suplican a Dido que les conserve con ella pues no se atreven a decir a su rey que el tesoro de Siqueo ha sido arrojado al mar en su presencia. Dido los retiene a su lado y sigue nave­gando hasta tocar en la isla de Chipre; de ésta se lleva ochenta hermosas doncellas para que procreen en el sitio a donde Dido se encamina dispuesta a fundar.

La incon­solable viuda las casa con ochenta valero­sos mancebos (¡eliminando así la costumbre chipriota de que las doncellas ganaran su dote con los méritos de sus cuerpos!). Llega Dido a las costas africanas (en donde rei­naba Hyarbas) y compra tanta tierra como abarca un cuero de toro, cortado en delgadísimas tiras que ciñen el terreno capaz de asentar la ciudad llamada Virsa (cuero) y después Cartago (ciudad nueva). Para huir del enamorado rey africano que no la de­jará en paz hasta conseguirla, prende una gran hoguera a cuyo fuego arroja las ceni­zas, las vestiduras y la espada de su marido, Siqueo, y a ella se entrega después de hun­dir un puñal entre sus pechos. «Esta es la verdadera historia de Dido — dice al autor —, y no la que cuenta Virgilio por Eneas, que vino a Italia muchos años antes que Dido naciese. Cartago fue fundada setenta y dos años antes que Roma, según Troyo y Justino».

C. Conde

Honorina, Honoré de Balzac

[Honorine]. Novela de Honoré de Balzac (1799-1850), publicada en 1843. El joven Mauricio, destinado a alcan­zar un alto puesto en la carrera consular, es secretario de un eminente magistrado, el Conde Octavio, y entre ambos nace una profunda amistad. Bajo una actividad sin descanso el conde esconde una vida ator­mentada, cuyo secreto acaba por revelar a su joven amigo. Su mujer, Honorina, a la que se siente ligado con todo su ser, le abandonó por un hombre indigno de quien tuvo un hijo: abandonada a su vez por aquel y después de perder al niño, la mujer se retiró, con el propósito de ganarse honradamente la vida con sólo sus fuerzas. El conde Octavio, con infinitas precauciones, ha construido en torno a la mujer un pe­queño mundo que le ha permitido una vida de trabajo y actividad. Hasta ahora ha te­nido el valor de mantenerse en la sombra; pero quiere volver a aproximarse a Honorina y encarga a Mauricio que se dirija a ella, gane su estimación y la convenza al fin del amor de su marido y de la necesidad de su regreso. Sólo que Mauricio, al cumplir su misión, se siente también preso de la fascinación de Honorina y queda sorprendido por el rígido y casto concepto que tiene ella del amor: si ama a otro hombre, le dice, nunca podrá ser al conde Octavio. Sin embargo, no se siente con fuerzas para negarse a la llamada de aquel hombre noble y generoso, obedece los consejos leales y afectuosos de Mauricio y vuelve junto a su marido; pero al poco tiempo tiene un hijo y muere: el conde Octavio no supo leer en el corazón de la mujer, que había renacido al amor y a la vida sólo con la aparición apasionada de Mauricio.

Dramático y minu­cioso relato, en el que Balzac quiso crear una figura de mujer que reivindica su liber­tad afectiva y sigue cierta ética del amor y cierto derecho propios, pagando con la vida su audaz rebelión. Sólo que el signi­ficado ideal del drama se combina mal con la íntima realidad de la aventura; ésta se desarrolla en realidad casi autónoma, entre sugestivas invenciones y apasionadas dudas, en una atmósfera delicada y sabiamente creada con los múltiples dones de un estilo artificioso pero vivamente eficaz.

M. Bonfantini

Honra, Scirvanzadè Aleksandr Mauvsessian

[Namus]. Novela del armenio Scirvanzadè Aleksandr Mauvsessian (1858- 1935), publicada en 1884. Desde la infancia, Susan y Seyran se han sentido unidos y, al principio, su amor era aprobado por sus padres. Pero el padre de Susan, tradicionalista y limitado, al creer que su hija no ha conservado en sus relaciones con el joven los caracteres de integridad moral que cons­tituyen uno de los dogmas de la burguesía armenia, rompe el noviazgo e, impulsado por su egoísmo, impone a su hija el matri­monio con Rustan. Seyran no se resigna al fracaso y trata de vengarse del marido, sin conseguirlo. Entonces intenta herir a Susan por quien se cree traicionado y, durante una fiesta, borracho, sostiene que el hijo que Rustan espera de su mujer, es suyo y, como prueba de ello, explica una íntima particularidad física de Susan. Rustan vuel­ve a su casa agitado y, pese a las negativas de Susan, la mata. Al volver en sí, Seyran se da cuenta con horror de lo acaecido y corre a casa de Susan, pero es ya demasiado tarde. Mientras los guardias se llevan al asesino, el joven reconoce y confiesa su error. La honra de la mujer tan trágicamente amada queda a salvo, y Seyran se mata sobre su cuerpo todavía tibio. Con Honra Scirvanzadé introducía en las letras armenias la novela psicológica rusa, equili­brando con un realismo objetivo, y a veces, documental, la trama de las pasiones. A. Piloian

El Honor, Hermann Sudermann

[Die Ehre]. Comedia en cua­tro actos de Hermann Sudermann (1857- 1928), representada en Berlín en el Lessingtheater, en lo más encarnizado de la polé­mica suscitada por el teatro naturalista. Mülling, rico negociante, vive con su fami­lia en un fastuoso palacete; en el patio in­terior del mismo edificio, en un pobre piso, viven los Heinecke. Los Mülling son gente mundana, brillante, cruel, excepto Leonor, la hija de Mülling, sencilla y franca. Los Heinecke son pobres gentes a quienes la mi­seria ha acostumbrado a la bajeza. El hijo de Mülling, Carlos, seduce a la hija de los Heinicke, Alma, pero paga espléndidamente su deshonra y los padres aceptan sin rebelarse esta ignominia que para ellos resulta natural. Cuando vuelve de la India su hijo, Roberto, que ha vivido allí largo tiempo empleado en una compañía de los Mülling y cuidando sus intereses, se rebela contra la ofensa y contra la aquiescencia de sus padres. Quisiera desafiar a Carlos Mülling, pero el Conde Trast, que ha sido su amigo y compañero en la India, le disuade. Él mismo atravesó una crisis trágica y quiere que su amigo recoja el fruto de sus expe­riencias. Oficial de caballería, perdió en el juego medio millón y, al no poder pagarlo, había pensado de pronto en el suicidio.

Luego emigró a la India, le fué posible re­hacer su vida, crearse una fortuna y, al volver a su casa, pagar su deuda. De vuelta a la patria se había sentido extraño para con su padre, rígido aristócrata que doce años antes le había maldecido por haber deshonrado su nombre. El Conde Trast ex­horta a Roberto para que deje a su familia y vuelva a la India, a su trabajo: «Tam­bién aquí», dice, «lo mismo que en la India, existen castas. Cada casta tiene su propia honra y su propio idioma. Desgraciado aquel que, sintiéndose extraño a la suya, no tiene el valor de separarse de ella». Roberto de­vuelve a los Mülling el dinero que dieron a su familia por la deshonra de su hermana y vuelve a la India, llevándose esta vez, como mujer enamorada a la dulce Leonor Mülling. La comedia, escrita bajo la influen­cia del teatro naturalista francés, inició la gloria teatral del autor que ya disfrutaba de amplia fama como escritor de novelas naturalistas, y rápidamente conquistó los escenarios de toda Europa. Fué proclamado incluso «el heredero directo del joven Schiller». Al éxito contribuyeron, junto a los hábiles efectos escénicos — en los que Su­dermann era maestro —, las conmovedoras declamaciones de entonación pateticorromántica. [Trad. española de B. Ch. (Barce­lona, 1904)].

O. S. Resnevich