El Honor, Hermann Sudermann

[Die Ehre]. Comedia en cua­tro actos de Hermann Sudermann (1857- 1928), representada en Berlín en el Lessingtheater, en lo más encarnizado de la polé­mica suscitada por el teatro naturalista. Mülling, rico negociante, vive con su fami­lia en un fastuoso palacete; en el patio in­terior del mismo edificio, en un pobre piso, viven los Heinecke. Los Mülling son gente mundana, brillante, cruel, excepto Leonor, la hija de Mülling, sencilla y franca. Los Heinecke son pobres gentes a quienes la mi­seria ha acostumbrado a la bajeza. El hijo de Mülling, Carlos, seduce a la hija de los Heinicke, Alma, pero paga espléndidamente su deshonra y los padres aceptan sin rebelarse esta ignominia que para ellos resulta natural. Cuando vuelve de la India su hijo, Roberto, que ha vivido allí largo tiempo empleado en una compañía de los Mülling y cuidando sus intereses, se rebela contra la ofensa y contra la aquiescencia de sus padres. Quisiera desafiar a Carlos Mülling, pero el Conde Trast, que ha sido su amigo y compañero en la India, le disuade. Él mismo atravesó una crisis trágica y quiere que su amigo recoja el fruto de sus expe­riencias. Oficial de caballería, perdió en el juego medio millón y, al no poder pagarlo, había pensado de pronto en el suicidio.

Luego emigró a la India, le fué posible re­hacer su vida, crearse una fortuna y, al volver a su casa, pagar su deuda. De vuelta a la patria se había sentido extraño para con su padre, rígido aristócrata que doce años antes le había maldecido por haber deshonrado su nombre. El Conde Trast ex­horta a Roberto para que deje a su familia y vuelva a la India, a su trabajo: «Tam­bién aquí», dice, «lo mismo que en la India, existen castas. Cada casta tiene su propia honra y su propio idioma. Desgraciado aquel que, sintiéndose extraño a la suya, no tiene el valor de separarse de ella». Roberto de­vuelve a los Mülling el dinero que dieron a su familia por la deshonra de su hermana y vuelve a la India, llevándose esta vez, como mujer enamorada a la dulce Leonor Mülling. La comedia, escrita bajo la influen­cia del teatro naturalista francés, inició la gloria teatral del autor que ya disfrutaba de amplia fama como escritor de novelas naturalistas, y rápidamente conquistó los escenarios de toda Europa. Fué proclamado incluso «el heredero directo del joven Schiller». Al éxito contribuyeron, junto a los hábiles efectos escénicos — en los que Su­dermann era maestro —, las conmovedoras declamaciones de entonación pateticorromántica. [Trad. española de B. Ch. (Barce­lona, 1904)].

O. S. Resnevich