Kean o Desorden y Genio, Alexandre Dumas

[Kean ou Désordre et génie] Drama en. cinco actos de Alexandre Dumas padre (1803-1870), estrenado en 1836. Pretende ofrecer en una rápida síntesis y acogiendo muchos elemen­tos novelescos, la vida de Edmund Kean, actor trágico inglés (1787-1833). famoso tanto por sus interpretaciones shakespearianas como por su vida aventurera y desorde­nada.

La acción empieza en el tiempo más feliz para el actor, cuando tres mujeres la humilde Betty, la riquísima Ana Damby y la condesa Kaefeld, esposa del embajador de Dinamarca — esperaban conseguir un amor. Kean ama, o cree amar, a la condesa; quizás la rivalidad con el príncipe de Gales, amigo y protector suyo, le hace confundir la satisfacción de su vanidad con el amor. Mientras Kean. antes de la hora de la re­presentación, espera en una taberna a la condesa, va a su encuentro Ana, que im­plora su ayuda contra las insistencias de Lord Melvil, pero éste se niega a batirse con un «histrión»; el insulto provoca un alboroto, una tumultuosa contienda entre los amigos de Melvil y los hombres del pueblo, que acuden en defensa de Kean.

El actor llega al teatro trastornado, y, al hallar en su camerino al príncipe de Gales, tiene con él una discusión que poco falta para degenerar en riña: ambos alegan sus bue­nos derechos al amor de la condesa. Kean es llamado a escena, y en cuanto acaba de pronunciar las primeras dulces palabras de Romeo ve a la condesa en un palco, junto al príncipe. Su ira, a duras penas reprimida, estalla, y en un impetuoso monólogo, Kean insulta al príncipe, a vida, el universo, y se desmaya. Condenado al destierro, parte- para América con Ana, que será su mujer. Kean es el más afortunado y vigoroso de los dramas de Dumas, gracias especialmente a sus efectos escénicos (es célebre el de 3a invectiva); sin embargo, es todo él grandi­locuente y convencional y sin gran valor artístico.

C. Alloisio

Kenilworth, Walter Scott

Novela de Walter Scott (1771-1832), publicada en 1821. En ella Scott, a instigación de sus editores, se pro­pone hacer para la época de la reina Isabel lo que había hecho para la de María Estuardo en El Abad (v.), y se toma ciertas libertades con la cronología, con tal de pre­sentar un cuadro pintoresco, aunque evita enfrentarse con los acontecimientos histó­ricos más conocidos (le habían sugerido dar a su libro el título La Armada [The Ar­mada]).

El argumento de la novela se basa en \in hecho legendario: el trágico destino, durante el reinado de Isabel, de la linda Amy Robsart, hija del sir Hugo (Hugh) Robsart de Devon. Un picaro, Ricardo (Richard) Varney, la ha convencido de que se casó con el conde de Leicesler, el favorito de Isabel, cue debe mantener secreta su unión, para no caer en desgracia cotí la celosa reina, para lo cual encierra a su mujer en una villa cerca de Oxford, Cumnor Place. El perfecto caballero de Cornualles Edmund Tressihar, partidario del rival de Leicester, el conde de Sussex, cree que Amy, a la que vanamente había cortejad, vive en Cumnor Place como amante de Varney, y, después de haberla instado inútilmente para que regresara a su casa, denuncia a Varney como seductor ante la reina, y Varney, para salvar a su patrono Leicester, declara que Amy es su esposa. Isabel ordena a Amy que se presente ante ella en Kenilworth, donde ella es huésped de Leicester. Varney persuade a Leicester para que ordene a Amy que diga ser la esposa de Varney; ésta, furiosa, llega secretamente a Kenilworth, ayudada por Tressilian para pedir su reconocimiento oficial como condesa de Leicester.

En Kenilworth consigue de Leicester que la reconozca públicamente como mujer suya, por lo cual él se atrae el furor de la reina. Pero Varney insinúa a Leicester la existencia de relaciones ilícitas entre Amy y Tressilian, por lo cual el conde ordena se lleve a su mujer a Cumnor Place y se le dé muerte. Demasiado tarde se conoce la verdad, y cuando Tressilian llega a la villa, Amy acaba de morir en una trampa. La descripción de las fiestas de Kenilworth es uno de los pasajes más notables de la novela; bien perfilado el carácter de la rei­na Isabel, especialmente en la escena de la audiencia en el palacio de Greemvich, en la que los levantiscos Sussex y Leicester son obligados a someterse. Kenilicorlh dio a Gaetano Donizetti (1797-1848) el argu­mento para su ópera musical Isabel en el castillo de Kenilworth [Elisabetta al’castéllo di Kenilworth a Gaetano Gioa (1768- 1826), para su ballet Kenilworth, y a Fran­cesco Beltrame de Conegliano le sugerió unos muy mediocres versos sobre la Muerte de Amy lílíorte di Amy I y la tragedia Amalia de Leicester. [Trad. española por D. P. H. B., bajo el título El castillo de Kenil­worth o los privados rivales en el reinad.o de Isabel de Inglaterra (Valencia, 1831) y de Vicente Pagasartundua (Madrid. 1832)].

M. Praz

Kavanagh, Henry Wadsworth Longfellow

Narración en prosa del poe­ta norteamericano Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882). publicada en 1849.

Es una especie de crónica de Fairmeadow, un imaginario pueblo de la Nueva Inglaterra, que el autor nos describe en su desesperada melancolía, con las oscuras vicisitudes de sus moradores, sus esperanzas, sus mise­rias. Está Mr. Churchill. que la naturaleza ha hecho poeta y el destino maestro de es­cuela, que quiere escribir una novela, aun­que le falte la inspiración y algo más ur­gente venga a distraerle cada vez que toma la pluma. Está Alicia Archer, muchacha de temperamento sensible, de lágrima fácil, perdida en sus ensueños, afligida por una incipiente ceguera. Su compañera de infan­cia y gran amiga es Cecilia Vaughan. Ceci­lia es rica, Alicia pobre; Cecilia, guapa e inteligente, es cortejada por todos los jó­venes del pueblo; a Alicia nadie le hace caso. Al marcharse el anciano pastor evan­gélico. llega para sustituirle el joven Ar­turo Kavanagh, que. de antigua y rica fa­milia católica, se ha convertido al protes­tantismo. Alicia se enamora de Kavanagh; pero, en una excursión.

Kavanagh se ena­mora de Cecilia, y ésta de él. El desengaño duele mucho a Alicia. Sin embargo, se re­procha a sí misma por su debilidad y su egoísmo, y quiere gozar de la felicidad de su amiga. Cecilia y Kavanagh se prometen. En invierno Alicia muere y el secreto de su amor y de su dolor es enterrado con ella. La novela que Mr. Churchill deseaba encontrar y narrar había ocurrido en su misma aldea, ante sus ojos. Sin embar­go. él miraba y buscaba lo raro y lo lejano, y los acontecimientos que latían cerca de él se le escapaban. Kavanagh y Cecilia se casan y emprenden un largo viaje por Euro­pa, viaje no solamente de boda para Kava­nagh, sino también de sagrada misión, ya que espera difundir en los corazones bue­nos el deseo de la unión de todas las igle­sias en una única iglesia universal. Al cabo de tres años Kavanagh y Cecilia regresan a Fairmeadow. La aldea se ha transformado: el ferrocarril ha provocado grandes cam­bios. Los amigos han envejecido. Mr. Chur­chill sigue pensando en escribir una novela, pero todavía no ha conseguido escribir una línea. Kavanagh fue la segunda y última novela en prosa escrita por Longfellow. Aunque compuesta con más esmero que la primera. Hiperion (v.), y aunque la ala­baron Emerson y Hawthorne. no alcanzó mucha popularidad.

N. di Piétro

Kāvyādasā, Dardin

[El espejo del arte poética]. Tratado indio sobre arte poética, com­puesto por Dardin, el autor del Daśakumāiracarita (v.), hacia fines del siglo VII. Aunque no conozcamos las obras indias más antiguas sobre retórica o arte poética («alamkāraśāstra») y el Kavyādarśa no sea la más antigua de las que han llegado hasta nosotros, su importancia es grande, ya que el libro, muy preciso y amplio, recoge sis­temáticamente todo el desarrollo alcanzado hasta entonces por el arte poética, y sigue siendo fundamental en las edades siguien­tes.

Escrito en verso, contiene gran número de ejemplos ilustrativos, en gran parte del mismo autor, y alguna vez sacados de otros poetas. Dandin distingue en cada composi­ción poética un cuerpo y los adornos poé­ticos. El cuerpo es la parte sustancial, cons­tituida por la dicción, que puede estar sujeta a metro o no, o también puede com­binar las dos formas. No es la forma mé­trica la que determina la característica de la composición poética — la forma métrica, por sus ventajas mnemotécnicas, se encuen­tra muy divulgada en la India incluso en obras científicas de matemáticas, astrono­mía, medicina, etc. —, sino aquella dicción elaborada que, aunque carente de todo vín­culo métrico, sigue los dictámenes del arte poético. Una obra poética de particular importancia es el «mahākāvya» o poema clá­sico sobre eí que se detiene el Kavyādarśa para precisar la forma de su comienzo, los temas y adornos poéticos que le son adecua­dos. la división en cantos («saiga») homo­géneos en su conformación exterior. Tam­bién la prosa poética y la mezcla de prosa y verso encuentran su exposición teórica en el tratado de Dandin. Sin embargo, el mérito característico y común a toda com­posición poética está constituido por los adornos («alamkāra»), divididos en adornos referentes al sentido («arthálamkára») y adornos referentes a la palabra («śabdälamkāra»). Entre los primeros se mencio­nan la descripción, la similitud y la metá­fora; después, la alusión indirecta, la hipérbole, el doble sentido. Entre los adornos relativos a la palabra se destacan las nu­merosas formas de «yamaka», o paranomasia, cuyo variado empleo viene facilitado por la estructura y la grafía del sánscrito.

En estos «śabdälamkāra » la artificiosidad Formal del verso llega a un máximo minea alcanzado en otros idiomas o literaturas. Encomiados por los teóricos del arte poé­tica, aparecen por vez primera en el Rāmāyana (v.), se acentúan ya en los poemas de Kālidasā — por ejemplo el Raghuvamsā (v.)—llegando a ofuscar en épocas suce­sivas la inspirada y sustancial vena poé­tica. Trad. alemana (del texto sánscrito) de O. Böhtlingk (Leipzig. 1890).

M. Vallauri

Kautilīya-Arthaśāstra

[Tratado de política de Kautilya]. Publicado en Mysore en 1909, según un manuscrito descubierto en 1905, este texto indio en sánscrito — re­lativo a la política en tiempo de paz y de guerra, la teoría y la práctica del gobierno en sus tres poderes, ejecutivo, administra­tivo y judicial — se remonta probablemen­te, en la redacción que ha llegado a nos­otros a los siglos III-IV d. de C. Pero en. él se encuentran teorías y doctrinas más anti­guas, y su atribución a Kautilya (o Kautalya, o Cānakya (v.) o Visnugupta), fa­moso ministro del célebre Candragupta que en 321 a. de C. destronó a la dinastía de los Nanda e inició su reinado fundando en Pātaliputra la dinastía de los Mauryas, ates­tigua la gran importancia reconocida por la tradición indígena al Arthaśāstra, que representa, también para nosotros, una de las obras más significativas y preciosas de toda la literatura india.

Contiene aspectos absolutamente nuevos y en la mayoría de los casos insospechados de aquella antigua civilización, y ofrece un realismo tan vivo y a menudo tan crudo en su moral y en su práctica despreocupadamente utilitaria, que desmiente la antigua y ahora ya enve­jecida afirmación de que la India es sólo un país de soñadores y de ascetas, y su lite­ratura un complejo gigantesco de tradicio­nes religiosas, matizadas por una excepcio­nal poder de fantasía. La obra está dividida en quince partes e ilumina, como nin­guna otra, el complicado funcionamiento de la máquina del estado, el orden econó­mico y las numerosas actividades de la vida pública de la antigua India.

Las tareas de los inspectores gubernativos en las provin­cias, las retribuciones para la gran masa de los funcionarios, los métodos y las compro­baciones de la indagación judicial, la polí­tica exterior en tiempo de paz y de guerra, un amplio y muy interesante sistema de espionaje, al que está confiada la salva­guardia del rey, la dirección de la guerra, el empleo de medios alevosos (entre los que domina el envenenamiento) para ani­quilar de todos modos y sin ningún escrú­pulo a los enemigos internos y exteriores, son — entre muchos — los temas más nota­bles y sugestivos de este prodigioso texto que contiene los gérmenes de muchas cien­cias, que serán estudiadas en detalle en obras posteriores. Así, por ejemplo, la cien­cia de las construcciones {que comprende la fundación y la topografía de los centros urbanos, la escultura, la pintura y las obras de mecánica), la ciencia de la cría de caba­llos y de elefantes (los animales bélicos por excelencia), la ciencia de las armas, la teoría y la práctica en el conocimiento de las piedras preciosas (una de las entra­das del tesoro real). Trad. inglesa de R. Shamasastry (Bangalore, 1915, 3-ª ed. Mysore, 1929); trad. alemana de J. J. Meyer, con amplio comentario {Leipzig. 1926).

M. Vallauri