Kipps, Herbert George Wells

Novela del inglés Herbert George Wells (1866-1947), publicada en 1905. El protagonista, Arturo Kipps, es un joven empleado de comercio con ambiciones de gran señor, pero ni muy inteligente ni ver­daderamente capaz de elevarse. La mayor felicidad de su monótona vida en Folkestone son las lecciones de dibujo que recibe en una escuela a la que asiste la pequeña burguesía, donde puedo admirar a una gra­ciosa señorita que, naturalmente, no se digna dedicar ni una mirada al insignificante empleado. Pero, he aquí que, habien­do heredado un gran patrimonio, Kipps se convierte en el centro de atracción de los desocupados y de los ambiciosos de toda la ciudad. Y con esta radical transformación empiezan los sinsabores. Incluso la radiante felicidad de su noviazgo con la hermosa joven de la escuela de dibujo se ve oscu­recida por las pretensiones de la mucha­cha. que quiere a toda costa convertirle en un «verdadero señor».

Esta vida resulta de­masiado dura para el pobre Kipps, el cual, bruscamente, planta a su prometida y corre a casarse con su primer amor. Ana, una camarera. Con Lodo, después de su matri­monio, el peso de la riqueza, con las obli­gaciones sociales que a causa de ella sus conciudadanos quieren imponerle, amenaza con turbar para siempre su felicidad. Final­mente, a causa de la malversación de su abogado, pierde casi toda su fortuna. Se reintegra de nuevo al trabajo en una tiendecilla de su propiedad y es. por fin, feliz.

A propósito de este libro se dijo que Wells, abandonando su primera manera, había querido seguir la escuela de Dickens. Pero el humorismo de Wells es más cáustico, más áspero y rebelde su descontento por el orden social que le rodea: es, en fin. más cerebral y mucho menos artista. Wells no es un estilista, no busca jamás el efecto ar­tístico; en cambio, raramente cae en el melodrama o en la retórica de la que Dic­kens no quedó inmune. Singularmente vi­gorosa es su descripción y representación de ambientes; por esto en la vastísima y ecléctica obra de este novelista y sociólogo las novelas de ambiente como Kipps son su obra más duradera. [Trad. española de Jaime Elias en Obras completas, tomo II (Barcelona. 1954)].

L. Krasnik

Kéramos. Última Thule, Henry Wadsworth Longfellow

Son los dos últimos volúmenes de versos publicados por Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882). Kéramos (1878) es un breve poema de cuatrocientos y tantos versos, en que el poeta canta el arte de la cerámica y de sus más hermosos productos. Es bella la evo­cación de los paisajes donde se encuentran las fábricas. Ultima Thule (1880) compren­de 18 poesías. La primera, que da título a la colección, es una breve pieza lírica: el poeta, sintiéndose llegado al término de su viaje terrenal, se detiene por un instante en la última «isla» para descansar y can­tar. De las otras, algunas son poesías de ocasión: a la muerte del poeta Bayard Taylor, para los funerales de Richard Henry Dana; por el regalo de una preciosa pluma, sobre una butaca hecha con la madera de un árbol que el poeta amaba: algunas otras recuerdan las canciones populares. Todas son composiciones sencillas desprovistas de artificio, en las que Longfellow expresa be­llamente sus reflexiones y sus sentimientos.

N. Di Pietro

Khovantchina, Modest Petrovič Musorgskij

Drama musical popu­lar, en cinco actos, de Modest Petrovič Musorgskij (1839-1881), compuesto entre 1873 y 1875, y refundido, completado e instru­mentado por Nikolij Rimsky-Korsakov. Estrenado en San Petersburgo en 1886.

El texto, sugerido por el poeta Stasov, fue escrito por el mismo Musorgsky y se ins­pira en la revolución de los Strelltz. capi­taneada por los príncipes Iván y Andrés Khovansky. en 1682, durante la regencia de la zarina Sofía, mientras el zar Pedro era todavía menor de edad. La palabra Khovantchina significa «gesta de Khovans­ky», y fue pronunciada en tono despectivo por el zar Pedro cuando se enteró de la tentativa de aquellos príncipes para apode­rarse del trono. El argumento dramático elaborado por Musorgskij es algo compli­cado: en lugar de un protagonista único de gran relieve, como en el Boris Gódunov (v.), destacan aquí cuatro figuras princi­pales: el príncipe Iván Khovansky, repre­sentante de la antigua Rusia fanática y oscura, el cual se apoya en la secta de los «viejos creyentes» («Raskolnik!»), congre­gación religiosa que se niega a seguir las modificaciones aportadas al rito ortodoxo por los nuevos tiempos; el solemne Dositeo, jefe de esta secta; el príncipe Golizin, amante de las reformas a la europea, que se opone a los anteriores, y María, extraña joven fanática y al mismo tiempo pecadora, religiosa y hechicera, perteneciente a los «viejos creyentes».

Al comienzo de la ac­ción, el boyardo Saklovity dicta a un escri­bano la delación al zar de la conjuración de los Khovansky. Aparece luego el prín­cipe Iván, aclamado por sus fieles. Su hijo Andrés, mientras tanto, enamorado de una joven alemana, intenta llevarla consigo: pero en auxilio de ésta llegan María, en otro tiempo prometida y todavía enamo­rada de Andrés, y Dositeo, el cual, una vez salvada la muchacha, incita al pueblo a luchar por la verdadera fe. En el cuadro siguiente, el príncipe Golizin se hace pronosticar el porvenir por María; pero al oír profecías desfavorables da orden de que ésta sea ahogada. Pero ella reaparece al cabo de poco, anunciando que ha sido sal­vada por los «Petrovzi» o guardias del zar Pedro; la delación de Sakovity se lee ahora por las paredes de las casas, y el zar ha dado orden de que los rebeldes sean bus­cados y capturados. En el cuartel de los «viejos creyentes» María llora el abandono de Andrés. Mientras tanto, el pueblo, ente­rado por el escribano de la llegada do los guardias del zar, implora el auxilio del príncipe Iván. Mientras éste celebra un banquete en su palacio, entre danzas do bailarinas persas, le llega la orden de pre­sentarse ante la zarina; pero es asesinado en el umbral.

Golizin es desterrado; los «viejos creyentes» preparan una pira sobre la cual morirán todos; y María arrastra también a Andrés a las llamas. Musorgskij ha sabido dar un fuerte carácter dramático a la peripecia histórica y hacer surgir este dramatismo de la música, que se funde per­fectamente con el texto. La capacidad de caracterización musical de los personajes, típica del gran compositor ruso, se afirma aquí en el relieve que se da no sólo a los protagonistas, sino también a las figuras menores, como, por ejemplo, la del escri­bano, que en su comicidad es comparable a los hermanos Varlaam y Missali del Boris. Varios son los medios musicales empleados para las partes de los protagonistas: mien­tras María y Dositeo, místicos y exaltados, se expresan en frases ricas de melodía, para el frío Golizin y el rudo Iván se usa un recitativo altamente expresivo. Como dominante en toda la obra sólo se puede re­conocer un solo motivo: el del viejo Khovansky. Do gran fuerza musical son algu­nos «números», ya vocales («canción de María»), ya orquestales (preludio del pri­mer acto y «danzas persas», que son el frag­mento más conocido de la obra). Como el Boris, la Khovantchina es un drama musi­cal «de raíz popular»; sobre toda la obra pesa una atmósfera mística — como el alma de la antigua Rusia oscurantista — que emana de la fe exaltada de los «viejos creyentes» (para cuyos coros, de profunda y sugestiva belleza, el autor se inspiró en antiguas cantinelas del rito ortodoxo) y culmina en la escena final de la pira.

M. Dona

Kham Dinh Viet-Su Thong Giam Cuong Muc, Phan-Thanh-Gian

[El espejo de los Anales del Viet-Nam, compuesto por orden de Su Ma­jestad]. Publicación emprendida por la Oficina de los Anales del reino de Tu-Duc (1847-1883), bajo la dirección general de Phan-Thanh-Gian. Los trabajos de recopi­lación y redacción duraron desde 1856 a 1850: fueron sometidos a la censura impe­rial entre 1871 y 1884, y no fueron editados hasta este último año. Escrita en chino, la lengua oficial de la época, la obra se com­pone de un prefacio y de cincuenta y dos tomos, divididos en dos partes; el pei’íodo llamado anterior (cinco tomos), que va desde la legendaria dinastía de los Hong- Bang hasta el fin de La primera dominación, china (2879? a. de C. a 967 d. de C.); el período de independencia nacional, que va de la primera dinastía de los Dinh hasta el final de la dinastía de los Lé (cuarenta y siete tomos), o sea, desde 968 a 1789.

La obra menciona los hechos año por año, y cada suceso relatado se acompaña de los hechos con él relacionados y de los detalles que lo completan. Siguen a continuación los comentarios y anotaciones de la Oficina de los Anales. Finalmente, los comentarios reales se consignan en la cabecera de las páginas. Toda la obra trata de la historia del Viet-Nam; tanto los historiadores de las dinastías anteriores como los cronistas chi­nos y vietnamitas han sido aprovechados. Este vasto repertorio tiene el mérito de reunir numerosos materiales dispersos en varias colecciones y tratados más o menos conocidos. No siempre está libre de graves imperfecciones. Ciertos comentarios ten­denciosos o demasiado exclusivistas alteran la verdad histórica ofrecida por las obras antiguas y la sustituyen por puntos de vista excesivamente subjetivos. Además, el método de presentar los hechos año por año, estudia naturalmente los sucesos de modo fragmentario, sin un encadenamiento lógico y sin una posibilidad de coordina­ción, de tal modo que el lector no puede hacerse una idea de conjunto de un deter­minado período.

No obstante, tal y como está la obra, constituye una fuente preciosa de información. Esta historia ha sido tra­ducida al francés por Abel des Michels. Ediciones Ernest Leroux (París. 1892); solamente han sido traducidos los cinco primeros tomos, referentes al período conocido con el nombre de anterior. Recientemente, la Escuela francesa del Extremo Oriente en Hanoi ha emprendido la reedición de esta gran obra, con traducción francesa. Se halla actualmente en curso de publica­ción.

Kebra Nagast, Isaac

[La gloria de los reyes]. Es una de las obras literarias más notable que nos ha legado Etiopía. Es muy proba­ble que se escribiera originariamente en árabe y más tarde fuera traducida al etió­pico. Se remonta seguramente a los comien­zos del reinado del rey Amda Sion (1314- 1344) y su autor, Isaac, debió ser cabeza de la clerecía de Axum. El propósito de la obra era demostrar la legitimidad de la dinastía salomónica y las pretensiones de los mejores eclesiásticos que habían soste­nido la nueva dinastía.

Remontándose hasta Adán y Set. que debieron ser los primeros reyes salomónicos, esta obra no tiene casi ningún valor como fuente histórica. Hay en ella varías leyendas e historias sacados de diversas fuentes. Durante el transcurso del Concilio de Nicea, Gregorio Taumaturgo (que los abisinios confunden con Gregorio el Iluminador) declara haber meditado so­bre la historia de la humanidad, que narra partiendo desde sus orígenes, es decir, desde el rey Adán hasta el rey Sem, a quien Dios había honrado con el arco iris y prometido para el futuro el Arca de la Alianza, lla­mada Sión. Los padres aprueban las pala­bras de Gregorio, sobre todo en lo que se refiere a: Arca, que sería, igual que sucede con la Virgen María, una imagen de la Jerusalén celeste. Viene a continuación la historia del «Antiguo Testamento» hasta el rey David, y concluye con una representa­ción terrena de Sión.

Entonces el patriarca de Constantinopla, Domicio, cuenta que ha descubierto un libro en el que se dice que los reyes de Roma y de Etiopía des­cienden de Sem y de Salomón; de este modo resultaría que el mundo entero per­tenecería a estos dos reyes. Domicio evoca la historia de los reyes de Etiopía y afirma que la Reina del Mediodía, de quien habla el Evangelio de San Mateo (v.), XII, 42, es la Reina de Etiopía. Esta reina se ha­bía decidido a visitar al rey en Jerusalén (a causa del relato de un comerciante etío­pe. Tamarín), donde fue recibida con todos los honores. Durante la noche que precedió a la de su partida (la obra se extiende largamente sobre estos incidentes), Salo­món tuvo un sueño en el que veia brillar un sol sobre Israel, pero el sol fue ofendido por los judíos y comenzó a lanzar sus des­tellos sobre Roma y Etiopía. Finalmente, Mákedá partió, después de haber recibido del rey un anillo como regalo, por el cual siempre podría ser reconocida. Durante el viaje dio a luz un niño, al que puso por nombre Bayna-lehkem o Bin al-hakim, «hijo de Sabio», nombre del que deriva el de Ménilek. Al llegar a la mayoría de edad, el muchacho marchó a Jerusalén, llevando consigo el anillo; allí se le consagró rey, con el nombre de David. Luego partió de nuevo hacia Etiopía, acompañado de los hijos mayores de los grandes de Israel, de quienes descienden algunas familias etíopes.

Los hijos de los sacerdotes que les acompa­ñaban robaron el Arca. Al llegar al Mar Rojo es gracias a ellos que pudieron pasar sin obstáculos; Salomón intentó en vano darles alcance. Sigue luego la historia de los últimos años del reinado de Salomón, en la que se da la genealogía de María y de José y en la que se demuestra que todos los reyes del mundo son semitas, puesto que el mundo pertenece a los des­cendientes de Sem. Tras el relato de la ele­vación de Ménilek al trono de Etiopía, Domicio concluye su declaración haciendo alusión a la magnificencia de los reyes de Etiopía y a la obra de Cristo. Gregorio Tau­maturgo vuelve de nuevo a escena y de­muestra que las profecías mes iónicas se han realizado en la persona de Cristo: los romanos se apartaron de la ortodoxia, pero los etíopes permanecieron siempre fieles. Citando Cristo vuelva sobre la colina de Sión, se encontrará el Arca, y Dios castiga­rá a Israel. Justino, rey de Roma, y Káléb, rey de Etiopía, marcharán juntamente con­tra Jerusalén. restablecerán la ortodoxia y matarán a los judíos. El rey de Etiopía dejará a su hijo como rey de Israel, y de regreso a su patria hará entrega del trono a su segundo hijo, Masqal. En la lucha que se entablará entre los dos hermanos para poseer Sión. Irsael escogerá el Carro de Sión, mientras que Masqal preferirá tomar la misma Sión, y de este modo el rey de Etiopia será el mayor de los reyes de la tierra. El Kebra Nagast goza de gran autoridad en Abisinia y ha ejercido consi­derable influencia sobre la literatura pos­terior. El texto etiópico fue publicado por C. Bezold en 1903>, en las «Actas de Ja Acade­mia de Ciencias de Munich, vol. XXIII. F. A. W. Budge hizo una traducción al inglés en The Queen of Sheba (Londres. 1922).

G. Furlani