[La gloria de los reyes]. Es una de las obras literarias más notable que nos ha legado Etiopía. Es muy probable que se escribiera originariamente en árabe y más tarde fuera traducida al etiópico. Se remonta seguramente a los comienzos del reinado del rey Amda Sion (1314- 1344) y su autor, Isaac, debió ser cabeza de la clerecía de Axum. El propósito de la obra era demostrar la legitimidad de la dinastía salomónica y las pretensiones de los mejores eclesiásticos que habían sostenido la nueva dinastía.
Remontándose hasta Adán y Set. que debieron ser los primeros reyes salomónicos, esta obra no tiene casi ningún valor como fuente histórica. Hay en ella varías leyendas e historias sacados de diversas fuentes. Durante el transcurso del Concilio de Nicea, Gregorio Taumaturgo (que los abisinios confunden con Gregorio el Iluminador) declara haber meditado sobre la historia de la humanidad, que narra partiendo desde sus orígenes, es decir, desde el rey Adán hasta el rey Sem, a quien Dios había honrado con el arco iris y prometido para el futuro el Arca de la Alianza, llamada Sión. Los padres aprueban las palabras de Gregorio, sobre todo en lo que se refiere a: Arca, que sería, igual que sucede con la Virgen María, una imagen de la Jerusalén celeste. Viene a continuación la historia del «Antiguo Testamento» hasta el rey David, y concluye con una representación terrena de Sión.
Entonces el patriarca de Constantinopla, Domicio, cuenta que ha descubierto un libro en el que se dice que los reyes de Roma y de Etiopía descienden de Sem y de Salomón; de este modo resultaría que el mundo entero pertenecería a estos dos reyes. Domicio evoca la historia de los reyes de Etiopía y afirma que la Reina del Mediodía, de quien habla el Evangelio de San Mateo (v.), XII, 42, es la Reina de Etiopía. Esta reina se había decidido a visitar al rey en Jerusalén (a causa del relato de un comerciante etíope. Tamarín), donde fue recibida con todos los honores. Durante la noche que precedió a la de su partida (la obra se extiende largamente sobre estos incidentes), Salomón tuvo un sueño en el que veia brillar un sol sobre Israel, pero el sol fue ofendido por los judíos y comenzó a lanzar sus destellos sobre Roma y Etiopía. Finalmente, Mákedá partió, después de haber recibido del rey un anillo como regalo, por el cual siempre podría ser reconocida. Durante el viaje dio a luz un niño, al que puso por nombre Bayna-lehkem o Bin al-hakim, «hijo de Sabio», nombre del que deriva el de Ménilek. Al llegar a la mayoría de edad, el muchacho marchó a Jerusalén, llevando consigo el anillo; allí se le consagró rey, con el nombre de David. Luego partió de nuevo hacia Etiopía, acompañado de los hijos mayores de los grandes de Israel, de quienes descienden algunas familias etíopes.
Los hijos de los sacerdotes que les acompañaban robaron el Arca. Al llegar al Mar Rojo es gracias a ellos que pudieron pasar sin obstáculos; Salomón intentó en vano darles alcance. Sigue luego la historia de los últimos años del reinado de Salomón, en la que se da la genealogía de María y de José y en la que se demuestra que todos los reyes del mundo son semitas, puesto que el mundo pertenece a los descendientes de Sem. Tras el relato de la elevación de Ménilek al trono de Etiopía, Domicio concluye su declaración haciendo alusión a la magnificencia de los reyes de Etiopía y a la obra de Cristo. Gregorio Taumaturgo vuelve de nuevo a escena y demuestra que las profecías mes iónicas se han realizado en la persona de Cristo: los romanos se apartaron de la ortodoxia, pero los etíopes permanecieron siempre fieles. Citando Cristo vuelva sobre la colina de Sión, se encontrará el Arca, y Dios castigará a Israel. Justino, rey de Roma, y Káléb, rey de Etiopía, marcharán juntamente contra Jerusalén. restablecerán la ortodoxia y matarán a los judíos. El rey de Etiopía dejará a su hijo como rey de Israel, y de regreso a su patria hará entrega del trono a su segundo hijo, Masqal. En la lucha que se entablará entre los dos hermanos para poseer Sión. Irsael escogerá el Carro de Sión, mientras que Masqal preferirá tomar la misma Sión, y de este modo el rey de Etiopia será el mayor de los reyes de la tierra. El Kebra Nagast goza de gran autoridad en Abisinia y ha ejercido considerable influencia sobre la literatura posterior. El texto etiópico fue publicado por C. Bezold en 1903>, en las «Actas de Ja Academia de Ciencias de Munich, vol. XXIII. F. A. W. Budge hizo una traducción al inglés en The Queen of Sheba (Londres. 1922).
G. Furlani

