Kung-Tse-Chia-Yü, Wang Su

[Narraciones de la familia de Confucio]. Compilado por Wang Su en el siglo III d. de C. El autor pre­tendió haber recibido estas narraciones de un descendiente de la XXII generación de Confucio (551-479 a. de C.), para oponerse a otra corriente confucionista entonces po­derosa en el campo cultural chino. Se di­vide en diez libros en que están coleccio­nados todos los dichos de los libros anti­guos que se refieren a la doctrina de Con­fucio. El título es abreviado también en Chia-yü. Había sido publicado ya en un catálogo compilado antes de la época vul­gar, pero el original se ha perdido, y es muy probable que la presente edición haya sido falsificada por Wang Su; sin embargo, esto no disminuye el valor objetivo de la obra. (A. B. Hutchinson, The family sayinqs of Confucius, «Chínese Recorder» vol. IX- XI, 1878-1880; C. de Harlez, Konvtze-Kia- Yu. Les entretiens familiers, París y Lo- vaina, 1899).

P. Siao Sci-yi

K’ung Ch’iao Tung Nan Fei, Anónimo

[Un pavo vuela hacia el Sudeste]. Antiguo poe­ma chino de autor desconocido, compuesto hacia la mitad del siglo III d. de C. e in­cluido en la antología Ya Tai Shu Yün. Su extensión supera la común de los poemas chinos y por la sencillez de su estilo re­salta en la literatura popular del sur de la China antigua. Los hechos en él relatados ocurrieron, como explica un breve prólogo, al final de la dinastía Han (aproximada­mente 196-220 d. de C.). Un empleado de Lu-kiang-fu, llamado Chiao Chung-ch’ing, se ha casado con Liu, pero su madre odia a la nuera.

El poema se inicia, en efecto, con una lamentación de la mujer de Chiao Chung-ch’infi; dice ella a su marido que en su casa no descansa nunca ni de día ni de noche, y que su anciana madre le es hos­til. Chiao Chung-ch’ing va entonces a su madre y la suplica que acepte los servicios de su mujer, pero ella se irrita y manda al hijo que eche a la nuera. Desesperado, su hijo contesta que nunca más volverá a ca­sarse, si ha de echar a su mujer; mas su madre no se deja conmover. Siguen los dolo­rosos coloquios de los cónyuges. El ma­rido persuade a su mujer que se retire a la casa de sus padres, que él buscará luego el momento más oportuno para llamarla nuevamente. Pero ella sabe que ya nunca volverá y deja a su esposo, como recuerdo, sus vestidos y sus joyas. Al amanecer el matrimonio sale de casa, el marido a caballo y la mujer en un coche; llegado el mo­mento de la separación, se cambian las más cariñosas recomendaciones. Liu es mal acogida en la casa paterna y cuando, a los dos meses, le son dirigidas dos peticiones de matrimonio, su hermano mayor la obliga a que consienta. Chiao Chung-ch’ing, al enterarse de ello, va a ver a Liu, y se pro­meten encontrarse de nuevo en la otra vida. La misma noche la mujer, en el silen­cio de las sombras se tira al río, y su marido, en cuanto se entera de su muerte, se cuel­ga de un árbol. Los despojos de los dos esposos son enterrados juntos; los árboles plantados en su tumba mezclan sus ramas y los pájaros cantan entre las hojas.

Este poema, según dice el prólogo, fue compues­to por los vecinos del matrimonio a raíz de su muerte: tendría, en otras palabras, un origen popular. En realidad, se trata de una elaboración de un canto popular más antiguo, al que un literato dio unidad y forma poética. Es conocido también con el título: La mujer del empleado de Lu-Kiang. 

S. Lokwang

Kung-Sun Lung Tzû, Kung-Sun Lung

[El libro del maes­tro Kung-Sun Lung]. Obra de Kung-Sun Lung (325?-250? a. de C.) que es la figura más eminente de la historia de la lógica china: originariamente confucionista, se convirtió más tarde al «sofismo» de Hui Shih, que era amigo de Chuang Tzû (v. Chuang Tzû). El libro se divide en seis partes, de las que la primera (que pre­senta la vida del autor) parece haber sido añadida por sus discípulos; en las otras partes hay errores que a menudo hacen in­comprensible el texto, al punto que es acon­sejable estudiarlo refiriéndose al Mo Ching (v.). He aquí sus teorías principales:

1) El «caballo blanco no es caballo»; se trata de una distinción entre lo particular y lo universal: «blanco» es un nombre para in­dicar el color, y «caballo» un nombre para indicar la forma; ahora el «caballo blanco» está constituido por estos dos conceptos, que no pueden ser considerados como «ca­ballo» en el sentido universal.

2) «La pie­dra dura y blanca»; es éste un argumento que demuestra la facultad sintetizadora de la mente humana: una piedra blanca y dura llega a nuestro conocimiento a través de los distintos órganos de nuestros sentidos; la mano nos dice que es dura, la vista nos dice que es blanca; estas sensaciones que­darían, sin embargo, separadas, y de no tener la capacidad sintetizadora de la mente no conseguiríamos nunca conocer una piedra blanca y otra dura.

3) El «Chih de las cosas»: el carácter «Chih» parece que significa «lo particular» de las cosas, como el color, la forma, etc.: el conocimiento de las cosas depende precisamente de estos particulares; en efecto, si eliminamos el color, la forma, la solidez, etc. de un ob­jeto ya no quedaría nada que pueda ser llamado «cosa».

4) «Nombre y realidad»; el nombre de una determinada cosa es una señal que representa los particulares de la cosa: por ejemplo «fuego» representa todos los atributos del fuego. «Confucio» repre­senta toda la personalidad y la doctrina de aquel gran filósofo chino.

Y puesto que de­terminados nombres evocan para nosotros determinadas «cosas» con todos sus caracte­res distintivos, tenemos que aplicar bien es­tos nombres, para no provocar confusiones en la misma valoración de la realidad. Gene­ralmente se cree que los veintiún casos so­físticos expuestos en el Chuang Tzû han sido establecidos por Kung-Sun Lung y sus colegas. Estos veintiún casos se pueden reu­nir en cuatro categorías:

1) Todas las dife­rencias y semejanzas son relativas: hablan­do de diferencias, todas las cosas son dife­rentes (por ejemplo, el mismo compás no hace 4 nunca dos círculos completamente idénticos), mientras, hablando de semejan­zas, todas las cosas son iguales (ejemplo: «el huevo tiene plumas»; no es cierto que el huevo sea diferente a las plumas, ya que de no tener elementos de plumas, ¿de qué manera podría tenerlos más tarde la ga­llina?).

2) Todas las distinciones especiales y temporales no son ciertas: por ejemplo: «la sombra del pájaro volador no se mue­ve», ya que en realidad se cambian las sombras sucesivamente, y la que sigue no es la anterior.

3) El análisis del conocimien­to: por ejemplo, cuando digo «la gallina tiene tres patas» no me equivoco, ya que una tercera pata, que está en la mente, mueve las otras dos. Y así si digo: «El fue­go no está caliente» quiero decir que cuan­do lo percibimos solamente con la vista, tenemos únicamente la percepción de una llama roja.

4) «El nombre»: al principio po­demos llamar las cosas como queremos, y he aquí la verdad del dicho «el perro puede ser cabra»; sin embargo, cuando ya tenemos unos nombres establecidos, tenemos que emple­arlos según su significado propio para evi­tar confusiones.

La sofística china ha sido despreciada casi siempre por los filósofos chinos, ya que sirve poco para la vida prác­tica; por ello, después de nuestro sofista, ya no hubo ningún otro brillante desarrollo de este género. Los antiguos sofistas chi­nos, aunque pareciéndose entre ellos, lle­gan a conclusiones distintas: los sofismas de Hui Shih conducen a una filosofía de la vida en la que hay un amor universal para con los seres; mientras que los de Kung- Sun Lung nos llevan a una lógica de la justificación de los términos, y en esta ca­racterística consiste especialmente su valor en la historia del pensamiento humano.

P. Siao Sci-Yi

Kumāra-Sambhava, Kālidāsa

[El nacimiento de Kumāra]. Poema épico indio de Kālidāsa (siglo IV-V), derivado de las leyendas puránicas. Kumāra es el nombre del dios de la guerra Skanda, engendrado por Siva para que los dioses tuvieran un jefe en la lucha contra los demonios. El poema consta de 17 libros, aunque sólo los ocho primeros son auténticos.

En ellos se cuenta cómo Urna, hija del Himalaya, llamada común­mente Parvati (la hija de la montaña), venció con sus atractivos a Siva, que se había entregado a un duro ascetismo, y se unió con él. Kama, en efecto, el dios del amor, decide turbar con la fascinación de las mujeres y de la primavera el ascetismo de Siva (libro III), aunque duda lograrlo al ver el rigor de su penitencia. Urna se presenta a Siva, y Kama aprovecha el mo­mento para arrojar su flecha contra el dios; sin embargo, éste doma el ardor que se despierta en él y con una mirada terrible mata a Kama. Urna regresa desilusionada a su casa, mientras que Rati, mujer de Kama, llora la muerte de su marido. Urna, entretanto, se dedica a ejercer una terrible penitencia, conquista el corazón de Siva y se celebran los esponsales; Siva invita a los siete Rishi o videntes y a Arundhatj, la imagen de la esposa fiel, y encarga a ésta que pida por él la mano de Urna. En el sexto y séptimo libros se describen las ceremonias de los desposorios; en el VIII, la fiesta del placer del matrimonio.

La esposa, al principio reacia por pudor, se entrega más tarde sin escrúpulos a su es­poso. Siva describe a su mujer la belleza de un ocaso y el llegar de la noche, y pasa con Urna, su mujer, en los placeres amoro­sos, 150 estaciones, como una única noche de amor. Quizás en un canto ahora perdido Kālidāsa describiera el nacimiento de Kumāra. Los cantos IX-XVII no pertenecen a Kālidāsa ni por el estilo, ni por la len­gua, y tienen escaso valor; narran cómo Agni, primero en forma de paloma y luego personalmente, se acercó a Siva para im­plorar su ayuda. De la semilla de Siva caí­da en el Ganges y repartida entre las seis Krttika o pléyades, nace Kumára, y crece siendo la delicia de sus padres con sus juegos de niño. Pero los dioses están asus­tados, y su ciudad está aterrorizada por Tarāka. Indra pide ayuda, Siva acoge su ruego y encarga a Kumāra combatir contra Tarāka. El libro XIV describe el gran ejér­cito de Taráka, luego los prodigios que ten­drían que alejarlo de la guerra (libro XV). Ciego de orgullo invita a Kumára a regre­sar a la casa de sus padres y a dejar de luchar contra él, le ataca con sus rayos, su fuego mágico y, finalmente, con el cora­zón traspasado, cae muerto.

El poema ofre­ce así mucho más de lo que el título pro­metía. Depende en muchos puntos del Ramayana (v.)—descripción de la primavera en constraste con el dolor de Rama, deses­peración de Rati, que recuerda la de Tára, Tarāka que es dibujado según el Ravana del Rāmāyana —. En otros puntos Kālidāsa se ha acordado de Asvaghosa en el Bud hacarita (v.)—descripción de las mujeres de la ciudad a la llegada de Siva y de Umá—. No se sabe por qué Kālidāsa dejó inacabado su poema. Alguien pensó en es­crúpulos religiosos por la descripción de los amores divinos, otros creen que juzga­ría el nacimiento maravilloso del dios un argumento inadecuado para la poesía. Los cantos I-VII fueron publicados y traduci­dos al latín por A. F. Stenzler en Londres en 1838 y traducidos al inglés por R. T. H. Griffith en Londres, II ed., 1879. Los can­tos VIII-XVII fueron editados por la Re­vista Pandit (1866). Una buena edición de todo el poema es la de Bombay, 1906. Trad. italiana de los ocho primeros cantos en prosa, de U. Norsa (Lanciano, 1929).

A. M. Pizzagalli

Ku Chin T’u Shu Chi Ch’eng, K’ang Hsi

[Colec­ción de estampas y de libros antiguos y mo­dernos]. Gran enciclopedia china, compi­lada por orden del emperador K’ang Hsi (1662-1723). quien confió su dirección a Ch’en Meng-lei, un rebelde al que había perdonado. Sin embargo, al subir al poder Yung Cheng (1723-1735), éste desterró a Ch’en cuando el trabajo había sido llevado a cabo casi del todo, ya que la enciclopedia fue publicada por Chiang T’ing-shi en 1726. Es uno de los mayores repertorios de la cultura china y consta de 1628 volúmenes, de aproximadamente 200 páginas cada uno. con muchas ilustraciones. Todo el material está dividido, de una manera algo extraña, en 32 partes, cada una de las cuales lleva un título (por ejemplo, astronomía y mate­máticas. la tierra, las estaciones del zodíaco, topografía, países extraños, religiones, reino animal, reino vegetal, etc.). De esta obra aparecieron sucesivas ediciones (la última, en caracteres móviles, es de 1888), y H. A. Giles, conocido sinólogo inglés, publicó eD 1911 un índice alfabético de la misma muy útil para los europeos que han de consul­tarla. Por lo que se refiere a su valor, los pareceres son discordes; sin embargo, qui­zás en Europa se la haya valorado exage­radamente.

M. Muccioli