Kumāra-Sambhava, Kālidāsa

[El nacimiento de Kumāra]. Poema épico indio de Kālidāsa (siglo IV-V), derivado de las leyendas puránicas. Kumāra es el nombre del dios de la guerra Skanda, engendrado por Siva para que los dioses tuvieran un jefe en la lucha contra los demonios. El poema consta de 17 libros, aunque sólo los ocho primeros son auténticos.

En ellos se cuenta cómo Urna, hija del Himalaya, llamada común­mente Parvati (la hija de la montaña), venció con sus atractivos a Siva, que se había entregado a un duro ascetismo, y se unió con él. Kama, en efecto, el dios del amor, decide turbar con la fascinación de las mujeres y de la primavera el ascetismo de Siva (libro III), aunque duda lograrlo al ver el rigor de su penitencia. Urna se presenta a Siva, y Kama aprovecha el mo­mento para arrojar su flecha contra el dios; sin embargo, éste doma el ardor que se despierta en él y con una mirada terrible mata a Kama. Urna regresa desilusionada a su casa, mientras que Rati, mujer de Kama, llora la muerte de su marido. Urna, entretanto, se dedica a ejercer una terrible penitencia, conquista el corazón de Siva y se celebran los esponsales; Siva invita a los siete Rishi o videntes y a Arundhatj, la imagen de la esposa fiel, y encarga a ésta que pida por él la mano de Urna. En el sexto y séptimo libros se describen las ceremonias de los desposorios; en el VIII, la fiesta del placer del matrimonio.

La esposa, al principio reacia por pudor, se entrega más tarde sin escrúpulos a su es­poso. Siva describe a su mujer la belleza de un ocaso y el llegar de la noche, y pasa con Urna, su mujer, en los placeres amoro­sos, 150 estaciones, como una única noche de amor. Quizás en un canto ahora perdido Kālidāsa describiera el nacimiento de Kumāra. Los cantos IX-XVII no pertenecen a Kālidāsa ni por el estilo, ni por la len­gua, y tienen escaso valor; narran cómo Agni, primero en forma de paloma y luego personalmente, se acercó a Siva para im­plorar su ayuda. De la semilla de Siva caí­da en el Ganges y repartida entre las seis Krttika o pléyades, nace Kumára, y crece siendo la delicia de sus padres con sus juegos de niño. Pero los dioses están asus­tados, y su ciudad está aterrorizada por Tarāka. Indra pide ayuda, Siva acoge su ruego y encarga a Kumāra combatir contra Tarāka. El libro XIV describe el gran ejér­cito de Taráka, luego los prodigios que ten­drían que alejarlo de la guerra (libro XV). Ciego de orgullo invita a Kumára a regre­sar a la casa de sus padres y a dejar de luchar contra él, le ataca con sus rayos, su fuego mágico y, finalmente, con el cora­zón traspasado, cae muerto.

El poema ofre­ce así mucho más de lo que el título pro­metía. Depende en muchos puntos del Ramayana (v.)—descripción de la primavera en constraste con el dolor de Rama, deses­peración de Rati, que recuerda la de Tára, Tarāka que es dibujado según el Ravana del Rāmāyana —. En otros puntos Kālidāsa se ha acordado de Asvaghosa en el Bud hacarita (v.)—descripción de las mujeres de la ciudad a la llegada de Siva y de Umá—. No se sabe por qué Kālidāsa dejó inacabado su poema. Alguien pensó en es­crúpulos religiosos por la descripción de los amores divinos, otros creen que juzga­ría el nacimiento maravilloso del dios un argumento inadecuado para la poesía. Los cantos I-VII fueron publicados y traduci­dos al latín por A. F. Stenzler en Londres en 1838 y traducidos al inglés por R. T. H. Griffith en Londres, II ed., 1879. Los can­tos VIII-XVII fueron editados por la Re­vista Pandit (1866). Una buena edición de todo el poema es la de Bombay, 1906. Trad. italiana de los ocho primeros cantos en prosa, de U. Norsa (Lanciano, 1929).

A. M. Pizzagalli