Kubla Kan, una Vision en un Sueño, Samuel Taylor Coleridge

[Kubla Khan, a Vision in a Dream]. Poema de Samuel Taylor Coleridge (1772-1834). publicado en 1816. El motivo inspirador, a través de los Peregrinos de Purçhas [Purer has his Pilgrims, recopilación de viajes de 1625], asciende al Millón (v.) de Marco Polo, donde se describe el palacio del Gran Kan Kublay en Chandú. Coleridge, habién­dose dormido sobre el pasaje de Purchas por efecto de una dosis do opio, soñó el breve poema, y al despertarse se puso a escribir los versos recordados, pero, inte­rrumpido por una visita, olvidó el resto. Además del paso de los Peregrinos, la poe­sía guarda reminiscencias de algunas otras lecturas de Coleridge: el curioso proceso gracias al cual elementos aparentemente dispares se han confundido, ha sido estu­diado por el profesor americano J. L. Lowes en The Road to Xanadu, A Study in the Ways of the Imagination (Londres. 1928). Este poema, pese a no estar acabado, es una refinada y musical evocación de un escenario oriental lleno de magia su­gestiva.

M. Praz

Es un paisaje del trópico en un clima popular. (E. Cecchi)

Kuan TZU¸ Kuan I-wu

[EI libro del maestro Kuan]. Obra china de Kuan I-wu o Kuan Chung (m. en 645 a. de C.), genio político que es considerado como el padre de la legis­lación, ya que, en su opinión, el cumpli­miento de la ley es indispensable para realizar una política económica y utilita­rista. Kuan Chung fue el primer ministro del duque Huan. Defendió con éxito a su país de las invasiones bárbaras, creó nuevas instituciones y por fin hizo del duque Huan, del pequeño reino Ch’i. el jefe de todos los príncipes.

Los méritos de Kuan Chung son muy grandes, y por ello Confucio dijo: «Hasta hoy el pueblo sigue go­zando de su sabiduría. De 710 sor por Kuan Chung, llevaríamos el pelo suelto y los botones en la parte izquierda» (como los bárbaros). Su libro (que, según la historia de los Han. constaba de 86 capítulos, de los que hoy sólo quedan 76) es segura­mente una falsificación; entre otras cosas, porque no es seguro que existan libros es­critos por los particulares antes de Confució (551-479 a. rio O.). Por razón del estilo y fie ciertos pensamientos se cree que pro­bablemente fue escrito en el llamado «pe­ríodo de los estados combatientes» o de Chan-kuo (403-256 a. de C.). Do todos modos es una obra fundamental para el estudio del pensamiento económico y polí­tico de las épocas Chan-kuo y Ch’un-Ch’iu (770-404 a. de C.). El estado de Ch’i. situado en el Shantung actual, que era a la sazón un territorio poco fértil con un pueblo en­teramente agrícola, difícilmente hubiera conseguido alcanzar la supremacía sobre los otros estados de no haber desarrollado una genial política económica. Los tres principios del gobierno expuestos en el libro son:

1) el rey ha de cuidar de la agricultura según las estaciones, de manera que el pueblo tenga comida y vestido su­ficientes, y luego la riqueza. La riqueza atrae a los emigrantes de otros países, y lentamente el territorio se va ensanchando y goza de una vida pacífica que hace pros­perar a la población, de manera que el remo llega a ser fuerte.

2) La educación del pueblo consiste en cuatro cosas: los «ritos», ya que practicando éstos el pueblo se comporta de la justa manera, y el rey está tranquilo; la «justicia», ya que cuando se practica la justicia, el pueblo no desea lo que no se debe desear, y entonces des­aparecen, el engaño y la astucia: la «honra­dez». ya que siendo honrados no se oculta el mal. y entonces la conducta llega a ser perfecta; la «vergüenza», que impide hacer cosas ilegales, permitiendo el dominio del orden y la realización de la voluntad del rey.

3) Hay que crear una tradición para adorar a Dios, los dioses, los espíritus en general, el templo de los antepasados, etc., de manera que las costumbres se hagan buenas v sencillas, y el pueblo y el reino se enriquezcan fácilmente.

Siguen a los prin­cipios las aplicaciones particulares: acerca de los méritos que deben reunir los minis­tros hay tres condiciones: la virtud de la persona debe corresponder al cargo ocupado; el mérito ha de corresponder a la recom­pensa recibida; la habilidad de la persona debe corresponder al oficio que ocupa. Acerca de los rumbos de! gobierno hay cuatro condiciones: no se puede dar la suprema autoridad en el reino a quien carece de un gran sentido de benevolencia, aunque sean grandes sus otras virtudes; no se puede confiar una alta posición a quien no deja sitio al que está más capacitado que él: no se puede conceder el cargo de jefe militar a quien favorece a sus parientes y a los nobles; el gobierno tiene que interesarse en el provecho de la tierra y tratar de disminuir los impuestos, dividien­do el reino en distintos distritos. Final­mente vienen las proposiciones para el des­arrollo económico del Estado: cultivar los bosques, cuidar de los ríos y de los riegos, etcétera.

Merece además una mención par­ticular su proposición sobro la industria minera (cobre), la sal y la pesca; sobre la exportación a los reinos contiguos, para que el estado pueda recaudar los impuestos de la aduana; iniciativas estas que son muy singulares para aquellos tiempos. Cfr. V. G. von de Gabelentz. L’oeuvre du philosophe Kuan-tse, «Mémoires de la Société des Etudes japoneises», V (1886); Vorbereiten­des zur Kritik des Kuan-tse, «Sitzungs­bericht der Konigl. Preuss. Akademie der Wissenschaften» (1892); C. de Harlez. Uri maître chinois au VIII siècle av. J. Chr., «Journ. Asiat.», Vol. VII (1896).

P. Siao Sci-yi

Kuan Ch’ang Hsien Iising Chi, Li Pao-chia

[Manifestaciones del mundo de los mandarines]. Novela histórica china de Li Pao-chia (1867- 1906), periodista muy conocido, publicada por entre-gas, de 1901 a 1905, en una revista de Shangai. El autor tenía la intención de dividir su trabajo en diez partes, de doce episodios cada una, pero la muerte le sor­prendió cuando había llegado a la mitad de su obra. El motivo de la novela lo sacó del descontento del pueblo contra la clase dirigente y degenerada de los mandarines, que eran acusados de todas las humilla­ciones y de las derrotas sufridas por China en sus contactos con las potencias occiden­tales. Li Pao-chia, haciéndose intérprete del descontento general, pone al descu­bierto la corrupción de los gobernantes del tiempo, describiendo y censurando áspera­mente todas sus bajezas y sus defectos. La codicia, la lujuria, las intrigas de la corte, los abusos de poder, el espíritu reaccio­nario y misoneísta que animaba el mundo de los funcionarios, encuentran palpitante testimonio en los hechos expuestos en el libro, al que la vivacidad de la descripción confiere un valor literario nada mediocre. El estilo, satírico y punzante, cede a me­nudo ante el ímpetu de la pasión y dege­nera a veces en un sarcasmo no exento de afectación. Falta, sin embargo, un verda­dero argumento, y además los 60 capítulos se parecen entre sí. lo cual da a la obra cierta monotonía. Sin embargo, la novela tuvo un gran éxito, tanto por el carácter de actualidad que entonces tenía, como por el amor hacia el escándalo tan vivamente sentido por los lectores.

S. Lokwang

Krotkaja, Dostoievski

Narración de Dostoievski [Fedor Michajlovič Dostoevski] (1821.-1881), publicada en 1873 en el Diario de un escritor (v.), compuesto y redactado por el mismo gran escritor ruso.

Es el largo monólogo de un hombro ante el cadáver de su mujer que acaba de suicidarse. El hombre trata de darse cuenta de lo sucedido; es uno de los más típicos personajes dostoievskianos, perpetuamente oscilando entre el bien y el mal. Ex oficial, que rechazó batirse en due­lo por un motivo ridículo, ha de presentar su dimisión y. al recibir al poco tiempo una pequeña herencia, abre una casa de empeños. Entre sus clientes tiene ocasión de ver a menudo a una pobre huérfana de diecisiete años; se encapricha de ella y se casa, sobre todo para arrancarla de las ga­rras de otro pretendiente, un mercader rudo y brutal. La muchacha, la «Krotkaja» es decir la «humilde», quisiera amar a su ma­rido, pero lo siente frío y lejano: él desea que su mujer llegue a comprender por sí sola el drama íntimo de su vida. Pero la mujer es demasiado joven e ingenua, se rebela contra la aparente frialdad de su marido en quién, sólo ve a un usurero ab­yecto y vil, y su exasperación llega tan lejos que una noche se aproxima al lecho del hombre con un revólver cargado: le odia y quiere matarlo. Él oye y ve, pero finge dormir y sólo por un instante mira de frente a su mujer para hacerle compren­der que no teme la muerte. Si en otros tiempos no quiso batirse, no fue por cobardía. La «humilde» no puede seguir sopor­tando la situación y se arroja por una ven­tana. El viudo siente que la culpa de lo sucedido es suya, que esperaba hacerse comprender por su mujer y crear entre ellos una atmósfera de amistad e intimidad. Ahora sólo le queda el arrepentimiento.

La idea fundamental del cuento está así expre­sada por el autor en las últimas líneas: «¡Aislamiento! ¡Oh naturaleza! Los hom­bres están solos en la tierra… no se com­prenden, ¡esta es la desgracia!». Más que personajes aparecen aquí puros sentimien­tos de almas torturadas: es el mundo de un espíritu- enfermo, que se convierte inespe­radamente en protagonista del suceso: el espíritu de Rusia en los últimos años del siglo XIX.

G. Kraisky

La inolvidable Krotkaja, una de las co­sas más poderosas de Dostoievski. (Gide)

Kreisleriana, Robert Schumann

Fantasía para piano, op. 16, de Robert Schumann (1810-1856), compuesta en 1838. Son ocho piezas para piano, bastante emparentadas entre sí por afinidades de material temático, dispuestas con estudiado equilibrio de contrastes entre fragmentos agitados e impetuosos y otros más tranquilos y serenos.

El matiz hoffmaniano de su inspiración denota un em­peño romántico más apasionado y tumultuoso que el blando humorismo sentimental del Carnaval (v.); aquí tenemos, en efecto, extremos de pasión exagerada y llameante. Compuesto en la época de la más encendida pasión de Schumann por Clara Wieck, Kreisleriana es el ápice del cancionero de ambos que rápidamente atraviesa por entre la gama de los más lejanos y cambiantes estados de ánimo, desde el llameante ardor de los sentidos hasta el ansia de una aspi­ración a lo imposible; deseo de lo infinito, anhelo de valores religiosos y eternos en la efímera humanidad de los sentimientos amorosos. Con todo, siempre, en la base de cada una de estas piezas hay una invención específicamente musical. La declarada in­mediatez de los sentimientos no pone en peligro la arquitectura formal. En efecto, particularmente el segundo, enriquecido con dos intermedios, y el tercero, tienen mayo­res ambiciones constructivas que las breves anotaciones del Carnaval y de la Davidsbündler (v.); pero, por otra parte, no con­siguen apaciguar el tumulto del mundo efectivo en la clásica pureza formal de las contemporáneas Novellette (v.).

No parece sino que la lucha interior del alma román­tica se refleje dolorosamente en la forma estética, disminuyendo su perfección y con­firiéndole, en cambio, un hechizo palpi­tante de documento, de cosa vivida. Indu­dablemente. se asiste en estas luchas por la conquista de una libertad formal, que no sea negación de la forma en la efímera e inmediata notación sentimental, al naci­miento de la música moderna, como se de­mostrará palpablemente en Wagner y en Brahms. Pero aun en los momentos en que la unidad no es completamente lograda, como sucede en el segundo trozo, se admira la musical eficacia del fragmento inicial, célula en cuya sugestiva riqueza armónica — como eco de campanas familiares — ani­da una secreta fuerza de penetración, una misteriosa intimidad, romántica en todo, que habla directamente al corazón. En fin, baste recordar solamente el perfecto acier­to del último trozo, en que un ritmo cons­tante, que encarna todo el hechizo legen­dario de una balada romántica, se repliega en-admirables curvas melódicas y francas expresiones de alegría, de fiesta, de felicidad, de aquellos sentimientos que Schumann y Clara definían entonces con una sola palabra: nupcialidad.

M. Mila