Contes literaris amb personalitat pròpia

Eulàlia Antonés i Grau
Firmi aquí, si us plau
Relats de mar
Il·lustracions de Thaïs Rovira
Ed. Neopàtria, 2023, 87 pàgs.



per Anna Rossell

Llegir històries interessants és sempre un gaudi. Tanmateix ho és doblement quan van embolicades d’una tècnica d’escriptura original i innovadora. Aquest és el cas d’aquest llibre de contes d’Eulàlia Antonés i Grau. Firmi aquí, si us plau n’és un exemple clar. La seva manera d’abordar l’escriptura té una personalitat pròpia, gens freqüent, que de vegades sembla beure de gèneres literaris consagrats i antics, com la faula —sense moralina—, però que alhora trenquen el seu patró i en fabriquen un de nou.

No hi ha dubte que l’escriptura d’Eulàlia Antonés i Grau és enormement personal. L’estil que gasta és original, sorprenent, franc, directe, senzill (que no simple), amb tendència al laconisme, sense estalviar res que sigui essencial, cosa la qual exigeix una concisió i un domini estricte del llenguatge. El laconisme també es manifesta en els títols i en la llargària de les històries que narra. Els títols són sempre curts, sovint només una paraula que conté l’essència del relat: «Tendresa», «Espero», «Saviesa», «Junts», «Massa tard»… l’extensió mitja dels contes és d’una pàgina i mitja. I en tant poc espai pot passar de tot.
Hi trobem consciència de la bellesa i la necessitat física i psíquica —anímica— de la natura, una sensibilitat envers ella fins al punt que tant plantes com animals sovint prenen vida i esdevenen la veu narradora, fins al punt que, inclús quan la veu narradora és omniscient i humana, aquesta dialoga amb flora i fauna («Saviesa», «Adeu, adeu» o «La barqueta»). Antonés transgredeix els límits entre la realitat i la fantasia, entre la imaginació i el somni. De vegades el protagonista és un paisatge marítim o un jardí florit i arbrat. Inventa situacions insòlites i sap deixar molt d’espai a la fabulació del lector. En ocasions el relat evoca un sol fet molt puntual («Tendresa») o un episodi ple de misteri («Júlia»), la veu narradora sap dosificar molt adequadament el suspens: l’expectativa del lector resta en tensió fins al desenllaç final («Follia»).

Alguns dels contes que ens regala Antonès desprenen un anhel de llibertat, de sortir de la rutina i de noves experiències, que la curiositat del personatge protagonista no reprimeix i es permet explorar.

Cal destacar l’originalitat dels seus recursos literaris, la contundència i sorpresa d’alguns finals i el subtil, però permanent sentit de l’humor de l’autora.

Cada conte va acompanyat, al final, per una suggerent il·lustració de Thaïs Rovira que fa referència al contingut.
Llis i ras: llegiu-lo.

© Anna Rossell
(Filòloga alemanya, escriptora, poeta, crítica i gestora cultural)
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Marta la Piadosa, Gabriel Téllez

Comedia en tres actos y en verso del español fray Gabriel Téllez (Tirso de Molina, 15849-1648), cono­cida también con el título de La beata ena­morada, comprendida en la Tercera parte de su teatro. La joven Marta, para poder continuar sus relaciones amorosas con don Felipe y rechazar el matrimonio de con­veniencia que su padre quiere imponerle con otro pretendiente, el rico y viejo ca­pitán Urbina, se finge presa de una crisis de misticismo y declara haber hecho voto de castidad. Marta lleva el hábito monacal y con el pretexto de prepararse dignamente a su nueva misión se hace dar lecciones de latín por un devoto estudiante, el dómine Berrio, que es nada menos que el apuesto don Felipe. Con dichas premisas es fácil imaginar cuál será la conclusión de la co­media, que, dentro del numeroso grupo de comedias con argumento análogo, resulta original por el hecho de que Marta emplea las artes de su astuta inteligencia y de su hipocresía sin malicia con el único fin de defender enérgicamente su libertad senti­mental. Marta la piadosa es una de las comedias más vivas y movidas de Tirso y, con la gracia de su comicidad maliciosa, dio a la comedia de carácter un tono que se mostró fecundo hasta Moratín.

A. R. Ferrarin

Marta y María, Armando Palacio Valdés

Novela de Armando Palacio Valdés (1853-1938), publicada en 1883. Las hermanas Marta y María repre­sentan, como las hermanas de Lázaro, en el famoso episodio evangélico, una antítesis de femineidad: María, la hija mayor del ingeniero Elorza, pasa de una vaga forma de romanticismo a un exaltado misticismo que la lleva a proponer a su novio, Ri­cardo, un matrimonio acompañado de un estrecho voto de castidad; Marta, la menor, se siente transportada hacia la vida activa, y a sus catorce años sólo sueña en un ma­trimonio que la pueda convertir en la ama­da y laboriosa ama de su casa.

Marta ama en secreto al novio de su hermana, pero éste, que espera resignado que María se decida a ser su mujer, no llega ni siquiera a sospechar la pasión de su futura cuñada. El misticismo de María toma en cierto momento un aspecto político: identificando al Pretendiente carlista con un enviado del cielo, se entrega activamente a la causa y se hace detener por una tentativa de delito político que la lleva junto con su novio, oficial de artillería, ante un consejo de guerra. Su madre, doña Gertrudis, no re­siste al escándalo y muere; la joven mís­tica confiesa su culpa e, indultada, toma el velo. Ricardo, decepcionado, advierte al fin la pasión de Marta y pide su mano. La novela tiene indudablemente una tesis: la de condenar las exageraciones del misticis­mo, no en nombre de abstractos principios racionalistas, sino de las exigencias vitales, de la alegría de vivir.

Aunque el arte del narrador consiga poner en segundo plano la tesis, es más visible en esta novela que en la posterior, La Hermana San Sulpicio (v.); éste es el pequeño defecto de Marta y María, novela construida sólida y re­posadamente, a la antigua manera española, manera que Palacio Valdés había de su­perar en sus obras siguientes, mejor logra­das, encontrando una modalidad narrativa más nerviosa y propia.

A. R. Ferrarin

El Martillo del Pueblo, Alejandro Petöfi

[A helyésg kalapácsa]. Poema heroicocómico del poeta Alejandro Petöfi (1823-1849), publica­do en 1844. El herrero Cabezota, héroe del poema, se duerme en la iglesia, y el intri­gante sacristán Badajo lo encierra para dar tiempo al rival del herrero, el cantor, de declarar su amor a «Isabel la púdica», una hostelera cincuentona. Pero el prisionero se escapa y llega a tiempo a la hostería, don­de se entabla una pelea homérica, que sólo termina con la intervención del juez del pueblo y de la «amazónica» mujer del can­tor, la valerosa Marta. El poema parodia, sobre todo, el estilo de los epígonos del ossianismo, y su sano humorismo está sub­rayado por un verso irregular y caprichoso, pero siempre intensamente rítmico.

G. Hankiss

Marta, Friedrich von Flotow

Ópera semiseria en cuatro ac­tos, del maestro mecklemburgués Friedrich von Flotow (1812-1883), sobre libreto (ale­mán) de Crevel de Charlemagne, estrenada en Viena en 1847.

El nombre de Marta es el pseudónimo de lady Enriqueta Durham, dama de la reina Ana, pero camarera por capricho, junto con su amiga Nancy, en la granja donde el propietario señor Plumkett vive con su amigo Lionel. Pronto se ad­vierte que ambas camareras no sirven para nada, pero son tan lindas, que sus amos no consiguen mantener las distancias y se ena­moran de ellas. Las muchachas empiezan a temer haberse metido en una complicación. Por fortuna llega lord Tristan, maduro y tierno primo de Enriqueta; las mete en su carroza y se las lleva a su casa. Pero el contrato de servicio era por un año, y ex­tendido con garantías y testigos; por ello cuando los dos amigos las encuentran ves­tidas de elegantísimas cazadoras, reclaman el cumplimiento del contrato de trabajo. Los toman por locos, y Lionel se vuelve de veras medio loco, hasta el punto que conmueve a Enriqueta, quien se entera, además, de que Lionel es noble. Al fin le corresponde. Pero entonces es él quien pone dificultades. Entre tanto, Plumkett se entiende magníficamente con Nancy y está dispuesto a casarse con ella con tal que consienta en hacer la colada. Todo se arregla y se celebran dos bodas.

El aria popularísima, «Me pareció toda amor», con su segunda parte: «Me hirió, me en­caprichó», y el trío «Marta, Marta, desapa­reciste», no es lo único logrado de la ópe­ra. Otros fragmentos, de la misma sencillez conmovedora, se encuentran en la partitu­ra y justifican su éxito. Éxito en cierto modo excepcional si se piensa que es la única ópera semiseria — podemos decir que incluso cómica — que hizo al revés el ca­mino de las demás: nacida en alemania, emigró hacia Italia y Francia y allí quedó consagrada, mientras las demás, italianas o francesas de origen, se consagraron en alemania.

E. M. Dufflocq