Aksapāda Gautama

La tradición in­dia hace de Gautama y de Aksapāda (o Aksacarana) una sola persona: Gautama se­ría el nombre gentilicio y Aksapāda, que significa «el que tiene los ojos en los pies», el sobrenombre vinculado a una leyenda según la cual, caído Gautama en un pozo mientras estaba absorto en la meditación, habría recibido de un dios la facultad de ver con los pies, a fin de que no pudiera repetirse tal incidente.

Según algunos, sin embargo, se trataría de dos personas dife­rentes: la primera, en efecto, identificable con el Gaotema recordado en el Avesta (v.), sería el fundador del sistema filosófico Nyāya; la segunda, más reciente, sería el autor del Nyāyasūtra (v.), sistema de lógica for­mal en el que se analizan los diferentes medios adecuados al conocimiento, y cuya redacción definitiva se remonta quizás al siglo IV d. de C.

O. Botto

Janis Akuraters

Nacido el 13 de enero de 1876 en Dignaja (Letonia), m. el 25 de julio de 1937 en Riga. Transcurrió su in­fancia en un ambiente agreste, del que el escritor conservó nítidas impresiones apa­recidas después en su obra maestra en pro­sa El verano de un criadito (v.).

De ánimo inquieto y ardiente, compartió la enseñanza con la actividad literaria y hacia 1905 era uno de los más conocidos y atrevidos indi­vidualistas neorrománticos. Pero aquélla fue también la época de las conspiraciones anti- zaristas fomentadas por los intelectuales letones por motivos nacionales.

El joven Akuraters se adhirió a ellas, y hubo de sufrir perse­cuciones políticas y un duro destierro en Noruega. En el período bélico combatió en las trincheras, y como fervoroso patriota dio abundantes muestras de su valor.

Cuan­do se formó la Letonia independiente en 1919, fue miembro de la Asamblea Consti­tuyente, y ocupó después puestos eminentes en las instituciones culturales de Riga. Pero ni siquiera en este período de bienestar, interrumpido por breves viajes al extran­jero, se aplacó su espíritu altivo y román­tico: trató de llegar a las cumbres del im­presionismo a través de la más diversa emotividad.

Aun viviendo intensamente la vida, permaneció siempre fiel a su juvenil credo poético, pretendiendo que el sueño de la vida es mucho más bello que la mis­ma vida.

M. Rasupe

Sergei Timofeevich Aksakov

Nacido el 20 de septiembre de 1791 en Ufa, m. el 30 de abril de 1859 en Moscú. Fue una de las más típicas figuras de literato ruso de la primera mitad del siglo XIX, que pasó de las ideas tradicionales del clasicismo al rea­lismo, bajo la influencia de Gogol, aunque quedó libre de la superestructura romántica gogoliana gracias sobre todo a una doble adhesión a su propia personalidad de obser­vador y al fondo acentuadamente étnico sobre el que se desenvuelven sus narra­ciones autobiográficas.

A dos obras sobre todo se debió, y todavía se debe, su fama: la Crónica de familia (v.) y Los años de infancia del nieto Bagrov (v.). A. debió esta más profunda fidelidad a la vida real a un acentuado espíritu nacionalista (sus hijos Ivan y Constantino llegaron a convertirse en teóricos del eslavismo), conse­cuencia de su apego a las tradiciones pa­triarcales de su familia, gracias a las cuales cometió, sin embargo, el error de caer en una cierta idealización del campo ruso, desde el momento en que, exagerando sus aspectos positivos, ignoró, por el contrario, casi todos los negativos.

Admirable fue A. en la descripción de la naturaleza, y eso no sólo en las dos obras citadas, sino en otras consideradas inferiores, como las Memo­rias de un pescador de caña y las Memorias de un cazador en el gobierno de Oremburgo, las cuales merecieron el elogio de Ivan Turguenev, quien, precisamente en el mismo período (1847-52), publicó sus Rela­tos de un cazador (v.).

Mucho más pró­ximo a un cierto gusto moderno es el estilo del escritor, que se recrea en minuciosas descripciones de episodios cotidianos: un crítico muy agudo, D. Mirski, lo ha comparado a Proust. A. fue también uno de los más sagaces críticos teatrales de su tiempo.

E. Lo Gatto

Akazome Emon

Hija de Taira-no-Kanemori (m. en 990), fue adoptada por Amazona-no-Tocomocho, que era «uemon no jo» (teniente de la guardia de derecha) de donde procede el apelativo con que se la conoce.

No sabemos su nombre ni tampoco cuándo nació ni cuándo murió. Fue dama de compañía de Tomoko, esposa del omni­potente ministro Fujiwara – no – Michinaga (964-1053), y considerada como una de las mejores escritoras de su época. Casada con Oe-no-Masahira (952-1012), tuvo de él un hijo, Takachika.

En una ocasión en que éste, a causa de una grave enfermedad, se encontró en peligro de muerte, ella se diri­gió al templo de Sumiyoshi, dedicado a las tres divinidades marinas que, según la leyenda, protegieron a la emperatriz Jingo Kogo en su expedición contra Corea, y a ellas dirigió la plegaria contenida en la siguiente famosa poesía:

Kawaran to                                                      Cámbiala [con la suya],

inoru inochi wa                                                te lo ruego, mi vida

oshikarade                                                         no me importa;

sate mo wakaremu                                         ¡qué dolor sería

koto zo kan ashiki.                                           separarme de él!

Su deseo fue escuchado, y su hijo, curado. A. es la presunta autora de Eigwa Monogatari (v.); de ella poseemos también mu­chas poesías dispersas en las antologías ofi­ciales.

Y. Kawamura

Mark Akenside

Nacido en Newcastle-on-Tyne, el 9 de noviembre de 1721, de una modesta familia de presbiterianos; m. en Londres el’ 23 de junio de 1770.

Era hijo de un carnicero y, siendo todavía niño, se hirió por azar con una cuchilla de su pa­dre, quedando lisiado. Inició sus estudios en la ciudad natal, donde asistió a una es­cuela privada dirigida por un pastor disi­dente, Wilson.

En 1739, los disidentes de Newcastle, orgullosos del genio precoz del joven, que ya a los dieciséis años colabo­raba en el Gentleman’s Magazine, lo envia­ron a sus expensas a Edimburgo a estudiar teología.

Pero A. los defraudó pronto: pa­sado el primer invierno, abandonó los estu­dios teológicos para pasar a los de medi­cina. Desde entonces, alternó la profesión de médico con la actividad literaria.

En 1741 regresó a Newcastle, donde, además de ejercer la profesión de cirujano, trabajó sobre todo en el poema que le ha propor­cionado fama: Los placeres de la fantasía (v.). El poema, publicado en tres volúmenes en Londres, en enero de 1744, acrecentó su ya notable reputación: Pope, a quien se había dado a examinar el manuscrito a consecuencia de una petición de subsidio en efectivo por parte de A., declaró a Dodsley que aquél no era «an everiday writer» (un escritor ordinario).

En abril del mismo año, se dirigió A. a Holanda, donde en dos me­ses se licenció en medicina en Leyden. Desde la Navidad de 1745 hasta el invier­no de 1747 se estableció como médico en Hampstead, sin preocupaciones económicas, porque su amigo J. Dyson le había alqui­lado una casa y le asignaba una pequeña renta.

En este período escribió Hymn to the Naiads y colaboró con numerosos ensa­yos en prosa en el Museum. Con estas obras se cierra el período mejor del poeta: inte­ligencia rápida y pronta, a los 25 años había alcanzado A. la fama y la riqueza; en los años sucesivos, prefirió dedicarse a la profesión de médico. Al subir al trono Jor­ge III, completó su brillante carrera con el nombramiento de médico de la reina, encargo con el que se premió su renuncia al partido «whig».

Sin embargo, no aban­donó nunca por completo su actividad lite­raria, hasta su muerte, ocurrida en 1770. Se dice que el brillante poeta del Himno a las náyades murió en el mismo lecho en que había muerto Milton.

M. L. Stringa