Nacido el 20 de septiembre de 1791 en Ufa, m. el 30 de abril de 1859 en Moscú. Fue una de las más típicas figuras de literato ruso de la primera mitad del siglo XIX, que pasó de las ideas tradicionales del clasicismo al realismo, bajo la influencia de Gogol, aunque quedó libre de la superestructura romántica gogoliana gracias sobre todo a una doble adhesión a su propia personalidad de observador y al fondo acentuadamente étnico sobre el que se desenvuelven sus narraciones autobiográficas.
A dos obras sobre todo se debió, y todavía se debe, su fama: la Crónica de familia (v.) y Los años de infancia del nieto Bagrov (v.). A. debió esta más profunda fidelidad a la vida real a un acentuado espíritu nacionalista (sus hijos Ivan y Constantino llegaron a convertirse en teóricos del eslavismo), consecuencia de su apego a las tradiciones patriarcales de su familia, gracias a las cuales cometió, sin embargo, el error de caer en una cierta idealización del campo ruso, desde el momento en que, exagerando sus aspectos positivos, ignoró, por el contrario, casi todos los negativos.
Admirable fue A. en la descripción de la naturaleza, y eso no sólo en las dos obras citadas, sino en otras consideradas inferiores, como las Memorias de un pescador de caña y las Memorias de un cazador en el gobierno de Oremburgo, las cuales merecieron el elogio de Ivan Turguenev, quien, precisamente en el mismo período (1847-52), publicó sus Relatos de un cazador (v.).
Mucho más próximo a un cierto gusto moderno es el estilo del escritor, que se recrea en minuciosas descripciones de episodios cotidianos: un crítico muy agudo, D. Mirski, lo ha comparado a Proust. A. fue también uno de los más sagaces críticos teatrales de su tiempo.
E. Lo Gatto

